La investigación científica sobre el disfrute del ejercicio nos enseña lo que ya sabíamos de la experiencia en el mundo real, que el disfrute y el rendimiento van de la mano. Un descubrimiento de la investigación es que cuanto más disfruta el ejercicio una persona, mayor es la probabilidad de que continúe ejercitándose. En un estudio, Beth Lewis, psicóloga deportiva y del ejercicio
en la Universidad de Minnesota, hizo que un grupo de adultos sedentarios completaran una sesión de intensidad moderada y luego un cuestionario diseñado para determinar el efecto sobre su estado de ánimo. Luego se animó a los participantes a que mantuvieran un programa de ejercicio regular. Lewis encontró que los que más disfrutaron de su primer ejercicio tenían significativamente mayor probabilidad de seguir ejercitándose seis meses y un año después[13].
Interpretado más ampliamente, este resultado sugiere que invertimos más esfuerzo en el ejercicio cuando lo disfrutamos. Para el principiante, invertir más esfuerzo significa no abandonar. Pero para el corredor competitivo significa esforzarse un poco más en los entrenamientos clave. Es una diferencia mucho más sutil que la diferencia entre mantener un nuevo hábito de ejercicio y volver a la cama, pero ese esfuerzo extra de 1 o 2 por ciento que el corredor que está disfrutando con el entrenamiento realiza en sesiones de trabajo más exigentes puede fácilmente generar diferencias medibles en las carreras.
La psicología del ejercicio también ha demostrado que el estado de forma aeróbico está relacionado con el disfrute del ejercicio aeróbico. Las personas que están más en forma disfrutan más del ejercicio que las
personas que están menos en forma, porque el equilibrio entre afecto negativo y positivo (placer y dolor) durante el ejercicio parece estar primariamente determinado por la proximidad de la persona al agotamiento y los individuos menos en forma se aproximan al agotamiento antes y con intensidades menores. Dicho de otra forma, el disfrute del ejercicio es esencialmente la sensación de capacidad en relación al ejercicio, de modo que cuanto más crece esta capacidad (es decir, cuanto más en forma se pone una persona), mayor será el disfrute que se obtenga del ejercicio. En un sentido fundamental, los mejores corredores del mundo son capaces de disfrutar más de correr que lo que podemos el resto de nosotros. La sensación de velocidad es excitante y la sensación de correr sin esfuerzo es placentera. Solo en los más grandes corredores la excitación de la velocidad y el placer de correr sin esfuerzo se combinan al más alto nivel. Sin embargo, todos los corredores tienen, afortunadamente, la misma capacidad de aumentar su disfrute mejorando su estado de forma. De nuevo, pese a que el patrón de disfrute del ejercicio que se corresponde con el aumento de disfrute del ejercicio ha sido demostrado únicamente con población no entrenada[14], todo corredor experimentado sabe que este patrón se aplica también al
atleta entrenado. Hablando de mi caso, yo siempre he disfrutado más de correr cuando mi estado de forma era más elevado.
En este sentido, correr no es diferente de otras actividades, como tocar el violín o resolver problemas matemáticos. Disfrutamos más de las cosas que hacemos con la mayor competencia. Los psicólogos utilizan el término «autoeficacia» para denominar el sentimiento de competencia específica a una tarea. La relación entre la autoeficacia y el disfrute del ejercicio está bien demostrada. Varios estudios han mostrado que el aumento del disfrute del ejercicio que mucha gente experimenta cuando sigue un nuevo programa de entrenamiento durante el tiempo suficiente para obtener resultados medibles está ampliamente mediado por la autoeficacia[15]. En otras palabras, las personas disfrutan del ejercicio en mayor medida porque sienten una gran sensación de dominio de cualquiera que sea el tipo de ejercicio que están practicando.
La autoeficacia en el ejercicio y el estado de forma no son conceptos idénticos. Mientras que el estado de forma contribuye al disfrute del ejercicio primariamente mediante sensaciones corporales, la autoeficacia en el ejercicio contribuye al disfrute del ejercicio en mayor medida mediante una retroalimentación objetiva sobre
el rendimiento. Esta distinción es importante porque sugiere que los corredores pueden organizar conscientemente su entrenamiento para que les ofrezca la mejor y más consistente evidencia de su progresión y, de esta forma, poder maximizar su disfrute del correr que, a su vez, promoverá una progresión mayor. El potencial que tiene la retroalimentación sobre el rendimiento para influir en la autoeficacia y por tanto, el disfrute, para bien o para mal, ha sido destacado en un interesante estudio en la Universidad de Illinois. Una muestra de 46 mujeres universitarias fue separada en dos grupos, cada uno de los cuales completó una tarea de ejercicio determinada y recibió retroalimentación sobre su rendimiento mientras la realizaba. Sin embargo, sin que las participantes lo supieran, la retroalimentación sobre el rendimiento fue manipulada de modo que algunos miembros de un grupo creyeron que fallaron estrepitosamente mientras que miembros del segundo grupo creyeron tener un éxito glorioso. Los cuestionarios completados posteriormente revelaron que los miembros del segundo grupo disfrutaron mucho más del ejercicio, y evaluaron su autoeficacia con puntuaciones mucho mayores, que los miembros del primer grupo, incluso aunque el rendimiento real de ambos grupos fue el mismo[16].
La lección que nos aporta este estudio no es que podemos maximizar la autoeficacia, el disfrute y la progresión en nuestro entrenamiento engañándonos a nosotros mismos para creer que estamos rindiendo mejor de lo que lo hacemos, aunque la lección no está muy alejada de esto. Lo que el estudio de Illinois dice realmente a los corredores es que deberíamos sentirnos libres para organizar nuestro entrenamiento de cualquier forma que haga que nuestra progresión sea más evidente. Lo que todo corredor debe hacer es recoger retroalimentación objetiva y relevante sobre el rendimiento (kilometraje, ritmo, frecuencia cardíaca, etc.). Pero depende del corredor individual determinar los tipos de entrenamientos particulares y las formas de secuenciarlos para que procuren la mejor evidencia de progresión.
Una cierta cantidad de repeticiones en el entrenamiento es necesaria como prueba de progreso. Si nunca realiza dos veces el mismo trabajo, y especialmente, si nunca realiza dos veces un ejercicio exigente, no tendrá base para comparaciones de rendimiento manzanas-con-manzanas. Pero si hay excesiva repetición en su entrenamiento, no hay estímulos para la progresión. También, cuando la variación en el entrenamiento es progresiva por
naturaleza (por ejemplo, su carrera larga esta semana es de 15 kilómetros y su carrera larga de la próxima semana es de 18 km), entonces en sí misma es evidencia de progreso. Por ello, es importante equilibrar la repetición y la variación progresiva en el entrenamiento.
PRÁCTICA CUERPO-MENTE
La progresión hace que se disfrute más con correr, y el disfrute estimula la progresión; por tanto, organice su entrenamiento para que su progresión sea más evidente.