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Parte II. Dominar la práctica cuerpo-mente de correr

4. Zonas de comodidad

Cuando las cosas se hacen a tu manera, salen a tu manera. —Brent Musberger

La final masculina del Open de Australia de 2009 fue una guerra épica a cinco sets de cuatro horas y media de duración entre los dos mejores tenistas de la generación actual: Rafael Nadal y el suizo Roger Federer. Perdiendo por dos sets a uno, Federer obtuvo el control del cuarto set jugando con agresividad, ejecutando magníficos golpes ganadores y obligando a Nadal a jugar atrás. Federer ganó el set por 6-3 y parecía con posibilidades de conseguir batir el récord mundial con su decimoquinta victoria en Grand Slam en el quinto y último set. Pero Federer se mostró vacilante en dicho set y Nadal le arrebató la iniciativa. Con su servicio y un marcador en contra con 1 juego a 2, Federer cometió varios errores no forzados y perdió el juego. Los comentaristas que retransmitían el partido en televisión describieron aquel momento como un cambio decisivo

de empuje psicológico a favor de Nadal, que acabó ganando el set por 6-2 y el partido.

Se habla mucho de empuje en tenis, baloncesto y otros deportes en los que los rivales luchan entre sí, tanto por equipos como individualmente. Cuando se utiliza en contextos deportivos, el término «empuje o momento» psicológico no tiene el mismo significado que «momento lineal o cantidad de movimiento» que es definida como la fuerza equivalente al producto de la masa de un cuerpo en movimiento por su velocidad. Este producto también representa la cantidad de fuerza necesaria para detener un cuerpo en movimiento. En términos coloquiales, la cantidad de movimiento transmite la idea de que algo es difícil de detener. Un camión con remolque descontrolado a toda velocidad bajando un puerto de montaña tiene mucha cantidad de movimiento, es muy difícil de detener en el sentido más literal. Pero un escritor que ha conseguido encontrar un buen ritmo de escritura en su nuevo libro, que ha logrado dejar atrás los primeros días de bloqueo y desesperación de tal forma que ahora se sienta cada mañana delante del ordenador, tranquilo porque sabe que hará buenos progresos, también es posible decir de él que tiene «empuje», un tipo de fuerza psicológica. Al principio le resultaba difícil levantarse y avanzar en la

composición del trabajo, pero ahora que lo ha conseguido, siente que su progreso continuará de un modo que está casi fuera de su control. Hay una cierta fuerza, casi como alguna forma de ley natural, trabajando a su favor.

El empuje en deporte es un empuje psicológico. ¿Pero existe también en el atletismo? Yo así lo creo, pero en el atletismo es un poco diferente que en los deportes en los que dos rivales se baten entre sí. En estos deportes, el empuje consiste básicamente en que un contendiente ejerce control sobre el otro. En el atletismo, el empuje tiene lugar principalmente en el entrenamiento y toma la forma de un período de mejora del estado físico que parece tener fuerza propia. Las circunstancias son adecuadas, las cosas salen bien y el corredor siente la tranquilidad de que su mejora continuará.

El empuje es diferente a la confianza tal y como la definí en el capítulo 1. La confianza es un sentimiento positivo sobre nuestras propias capacidades. Usted puede, por supuesto, tener confianza en su capacidad para seguir mejorando con un entrenamiento adecuado, pero incluso esta forma de confianza es diferente del empuje psicológico en el entrenamiento. La confianza de cualquier tipo está centrada en uno mismo. Dice: «Sé

que puedo hacer esto». El empuje psicológico está orientado hacia fuera. Es el sentimiento de que una fuerza está operando a tu favor hacia el resultado deseado en una situación. La confianza incluye un sentimiento de control; la sensación de empuje psicológico no. A cambio, incluye una sensación de esperanza respecto a la situación general. Quizás la forma más sencilla de describir el empuje psicológico es como la sensación de que las cosas están saliendo bien y de que, probablemente, lo seguirán haciendo.

Incluso los atletas más seguros de sí mismos saben que no tienen un control total sobre sus situaciones y son conscientes de que su éxito depende de que la situación tome una forma que les beneficie. Esta es la causa de que muchos deportistas sean supersticiosos. Rituales absurdos, como llevar puestos los calcetines de la suerte, son las formas en que los atletas intentan controlar lo incontrolable, esto es, de mantener el empuje.

Dado que el empuje es una fuerza exterior, a menudo hay una ligera ansiedad mezclada con la sensación de esperanza o convicción en los logros del empuje psicológico. Todo jugador de baloncesto tiene buenas y malas rachas de tiro. En los jugadores más avanzados, la mayoría de estas rachas no presentan

causas discernibles. El jugador no es consciente de estar haciendo algo distinto con su técnica o con su selección de tiro ahora que disfruta de una buena racha en comparación con la última vez que sufrió una mala. Dado que sabe que no es totalmente responsable de su racha de tiro, siente una ansiosa dependencia de cualquier fuerza externa que esté trabajando a su favor y por lo tanto, sabe que la buena racha puede acabar en cualquier momento y, como siempre, antes o después termina.

Algunos psicólogos han propuesto que el empuje psicológico en los deportes es el efecto de resultados mejores-que-los-esperados, que a menudo son producto de golpes de suerte, en relación con las expectativas sobre futuros resultados[27]. Un golpe de suerte aumenta la confianza del atleta, o el optimismo o el sentimiento de control o el foco atencional o algún otro factor con base cerebral, y este efecto lo que hace es elevar el rendimiento del deportista y permite que la racha continúe. El ejemplo que acabamos de dar sobre baloncesto encaja bien en esta conceptualización. Todo buen tirador se siente obligado a lanzar tres o cuatro tiros difíciles seguidos con la ayuda de un poco de suerte. No obstante, la experiencia de ver que tres o cuatro tiros lanzados consecutivamente entran en el aro

crea en el cerebro del jugador la expectativa de que no puede fallar y esta expectativa es, hasta cierto punto, una profecía autocumplida.

Creo que esta explicación del empuje psicológico es bastante convincente y se debe, no en menor medida, a que es coherente con el modelo de rendimiento deportivo centrado en el cerebro. De hecho, las técnicas avanzadas de imaginería cerebral algún día podrán ser capaces de trazar la cadena causal del empuje psicológico, esto es, mostrar con precisión cómo los resultados mejores-que-los-esperados estimulan áreas del cerebro cuya elevada actividad durante las acciones de actuación deportiva está asociada con un mejor rendimiento.

Sin embargo, hasta la fecha ha habido poca investigación sobre cómo el empuje psicológico afecta a los deportes de resistencia o si afecta en absoluto, es decir, si el empuje psicológico aumenta el rendimiento. Pero sí hay un estudio interesante sobre ciclismo realizado por Stephane Perreault en la Universidad de Montreal[28]. Perreault contó con sujetos que participaron en una simulación de carrera ciclista en bicicletas estáticas equipadas con dispositivos gráficos que mostraban representaciones de los ciclistas y sus rivales. Los sujetos del experimento desconocían que las

carreras estaban manipuladas de forma que la potencia real producida por los corredores, que estaba siendo medida durante la carrera, no tenía ninguna relación con el hecho de que adelantaran o fueran adelantados por los demás competidores. Perreault encontró que la potencia generada por los sujetos tendía a aumentar tanto en los momentos en que adelantaban a otros corredores (por pura suerte) y en los momentos en que otros corredores los superaban. El efecto de aumentar la potencia generado al adelantar a otros corredores parece ser un resultado de mejora del rendimiento que tiene el empuje psicológico mediado por un aumento de la motivación. En el capítulo 5 exploraremos cómo opera la motivación en el nivel neurológico para aumentar el rendimiento deportivo.

Pero ¿qué es lo que es tan especial sobre el empuje psicológico si los sujetos de este experimento también mejoraban su rendimiento cuando el empuje se volvía en su contra, es decir, cuando eran adelantados por otros ciclistas? En el mundo real, cuando un ciclista (o corredor) es adelantado por un competidor en una carrera, el atleta que es superado suele experimentar un efecto de desánimo. Las circunstancias de este estudio diferían de las de las carreras del mundo real básicamente en que los sujetos eran adelantados de

forma fortuita, no cuando estaban pasando apuros. Por consiguiente, ser adelantado tenía mayor probabilidad de provocar el efecto de aumentar la competitividad. En cualquier caso, este estudio demostraba que la competición, en general, aumenta el rendimiento. Ya sea cuestión de ponerse en cabeza o de no quedarse atrás, la motivación de superar a los rivales anima al competidor a esforzarse más. Dicho esto, el estudio de Perreault también aportaba evidencia de que, independientemente de la competición, la buena suerte o que las cosas le estén saliendo bien a un atleta por cualquier motivo, el empuje psicológico también aumenta la motivación e incrementa el esfuerzo, lo que hace que sea tan especial.