REBT ante la Ira y la Hostilidad
PUNTO DE VISTA REBT SOBRE LOS TRASTORNOS DE IRA
DiGiuseppe, Tafrate y Eckhart (1994) sugieren que los clientes iracundos a menudo no ven su ira como problema. En términos REBT, los clientes iracundos llegan a consulta solicitando tratamiento para modificar los sucesos activadores negativos. Este problema existe porque la ira es una emoción que se origina a par- tir de un punto de vista de sí mismo como virtuoso y con autoridad para decidir cómo deberían comportarse las otras personas. Como los transgresores han viola- do los códigos morales de la persona iracunda, los transgresores son responsables de los resultados, incluida la ira del cliente. El problema (la ira) sería resuelto si los transgresores se comportaran debidamente.
Además, el refuerzo a corto plazo influye sobre las personas haciéndoles creer que la ira es una respuesta útil para las interacciones sociales difíciles. La ira moti- va muchas veces a las personas a comportarse agresivamente hacia su transgresor. Estas acciones pueden eliminar temporalmente las conductas del transgresor, reforzando así las reacciones emocionales y la agresión conductual de la persona airada. Sin embargo, el problema es que la ira y la agresión producen a largo plazo unos efectos perjudiciales sobre las relaciones sociales y las transgresiones apare-
cen de nuevo. Kassinove y Sukhodolsky (1995b) publicaron datos de estudios realizados con estudiantes americanos y rusos que indicaban que el 45 % de los episodios de ira de las personas que habían participado en los estudios habían concluido negativamente. El resultado negativo más común de los episodios de ira era la debilitación de la relación del sujeto con la persona que había sido obje- to de su ira. Algunos episodios de ira tienen buenos resultados. Aristóteles decía en su Ética a Nicómano “Alabamos al hombre que siente ira sobre las bases correc- tas y contra las personas correctas y también en el momento correcto y durante el tiempo correcto”. Sin embargo, Aristóteles también añadía que sólo unos pocos pueden lograr este grado de control sobre su ira.
Otra dificultad que impide a las personas airadas contemplar la ira como pro- blema es la común aceptación del valor catártico de la expresión de la ira. La mayoría de los clientes mantienen la falsa creencia de que es deseable sacar la ira y expresarla conductualmente. Los comentarios groseros o arrojar objetos al suelo suelen verse como conductas constructivas para el manejo de la ira. Nuestra cul- tura occidental y su aceptación del modelo hidráulico de Freud de la expresión emocional (Tavris, 1989; Torrey, 1992), parecen defender la idea de que la ira debe ser expresada para disipar la energía o dicha energía se acumulará y dará lugar a la conducta explosiva. Los clientes creen que no expresar su ira les con- duciría, en algún momento, a producir mayores estallidos. Con esta idea se puede justificar la expresión de la propia ira y las muestras agresivas contra los trans- gresores como algo necesario para la buena salud mental.
DiGiuseppe, Tafrate y Eckhardt (1994) creen que la primera intención del terapeuta debe ser evaluar las creencias que sostiene el cliente sobre la ira y que le impiden responsabilizarse de su reacción emocional y atender a la naturaleza disruptiva de la emoción. El primer paso para el tratamiento de la ira es el exa- men de la propia ira y decidir si es útil para las propias necesidades, lo que es coherente con la filosofía REBT que persigue el alcance del hedonismo a largo plazo. Una vez que el cliente decide que su ira es contraproducente, se necesita una respuesta emocional alternativa. Muchos clientes iracundos se sienten per- plejos ante la idea de prescindir de su ira. DiGiuseppe, Tafrate, Eckhardt y Robin (1995) sugieren que los terapeutas deben ayudar a sus clientes a elaborar un nuevo guión emocional para los sucesos activadores asociados con la ira. Tal guión incluiría modelos de cómo sentirse y actuar si el suceso activador es recurrente. El desarrollo de guiones alternativos incluye las fases de revisión de las conduc- tas de modelos, de imaginación de las consecuencias del guión en la vida del cliente y de imaginación para motivar la experimentación del guión.
La terapia racional emotiva distingue entre los estados emocionales de la ira y del enfado. La ira se diferencia del enfado en dos áreas. En primer lugar, la ira se produce junto con pensamientos que son demandas dogmáticas y absolutistas de que el mundo se adapte a las propias necesidades. El enfado se produce con cogniciones que reconocen que el mundo no cumple las propias preferencias. Las situaciones frustrantes generan decepción y se reconoce la realidad de la frustra-
ción. En segundo lugar, la REBT contempla la ira como una emoción clínica- mente trastornada que es destructiva para el individuo. La ira conduce a una intensa activación fisiológica, a juicios distorsionados y a una conducta disfun- cional. El enfado, por otra parte, conduce a niveles moderados de activación fisio- lógica, resolución de problemas y conducta funcional para buscar vías alternati- vas para alcanzar los objetivos o para centrarse en objetivos alternativos. La teo- ría REBT no contempla el enfado como una forma menos intensa de ira. Son dos estados emocionales cualitativamente diferentes. La investigación de Kassinove y Sukhodolsky (1995b) indica que tanto los americanos como los rusos diferencian ambos estados emocionales.
Aunque la ira se considera como una emoción disfuncional según la teoría REBT, las personas normales pueden experimentar ira regularmente, quizá una vez al mes. Períodos aislados de ira no serían suficientes para calificar a alguien en la categoría diagnóstica propuesta para el trastorno de ira. Para que un clien- te sea diagnosticado con trastorno de ira, la persona debería experimentar ira de forma más intensa, con una mayor duración y con mayor frecuencia que la mayoría de las personas. Por el momento existen pocos datos que sugieran cuá- les son los parámetros normales para la experiencia de ira. Los datos con que contamos proceden de los estudios de Kassinove y Sukhodolsky (1995b) con estudiantes americanos y rusos. Usando las valoraciones de la Escala de Unida- des Subjetivas de Incomodidad, la puntuación media para la intensidad de los episodios de ira estaba alrededor de 50, con una desviación estándar de 24. La intensidad podía inferirse del grado en que los sentimientos, pensamientos e imágenes de ira de la persona interferían con otras actividades rutinarias en su vida. La normalización de los datos de auto-informe que evalúan esta informa- ción podrían añadir más información sobre la intensidad normal de los episo- dios de ira de las personas.
La duración de la ira puede ser medida en términos de cuánto tiempo ha estado una persona experimentando períodos de ira intensa y cuánto dura cada episodio de ira. Un criterio sugerido por DiGiuseppe, Tafrate, Eckhardt y Robin (1995) es que uno haya experimentado demasiados episodios de ira durante un período de 6 o más meses. Un episodio normal de ira de un individuo dura apro- ximadamente entre 5 y 30 minutos (Kassinove & Sukhodolsky, 1995b). Los epi- sodios que duran entre varias horas y un día entero van mucho más allá del lími- te habitual. La frecuencia de los episodios es otra medida del trastorno de ira. Una frecuencia semanal sería más que una desviación estándar de 1 por encima de lo “normal” sobre la base de los estudios de Kassinove y Sukhodolsky (1995b).
La ira parece ser una emoción del corazón. Nuestra experiencia clínica sugie- re que la mayor parte de la ira se dirige hacia esas personas a quienes conocemos íntimamente. Esta idea fue confirmada por Kassinove y Sukhodolsky (1995b) que descubrieron que casi la mitad de todos los episodios de ira se producían en el hogar y el 70% de todos los episodios se dirigían a alguien a quien la persona
conoce bien o quiere. La teoría presente de la psicología social sugiere que los sucesos activadores de la ira y los episodios agresivos comparten algunas caracte- rísticas comunes (Tedeschi & Nesler, 1993). En primer lugar, implican una vio- lación de un código moral o regla, y en segundo, existe una atribución de que la transgresión podría haber sido evitada por el transgresor. El hecho de que la ira se elicite a partir de la transgresión moral se revela una vez más en las palabras de las personas airadas. Una de las frases más frecuentemente repetidas es, “¡Pero no es justo!”.
La teoría REBT sugiere que las cogniciones subyacentes a la ira son deman- das para que el suceso activador sea diferente del que es en realidad. La teoría dis- tingue entre la preferencia de que el suceso activador no exista de la demanda de que no exista. Los clientes airados revelan esta idea en afirmaciones habitual- mente expresadas como, “¡No puedo creer que haya pasado esto!” o “¿Cómo han podido hacer eso?”. Literalmente no registran el suceso como sucedido y gastan gran parte de su energía tratando de enfrentarse o de alejar el suceso. Esta filoso- fía demandante representa la adopción dogmática y rígida de esquemas previa- mente sostenidos sobre el mundo en el que evidencian lo contrario. Desde un punto de vista evolutivo, se podría decir que la ira surge del proceso de asimila- ción. Las personas airadas asimilan la información que reciben en sus viejos esquemas sin acomodar la nueva información y sin construir nuevos esquemas del mundo. Las creencias racionales alternativas reconocen que el mundo no es como a uno le gustaría que fuera, mientras reconocen la decepción por no haber logra- do la propia preferencia.
Ellis propone que la identificación de la propia filosofía sobre la demostración de ira también implica ciertas creencias irracionales que se derivan de la adhe- rencia a los viejos esquemas. Estos pensamientos incluyen la creencia de que uno no puede aguantar las conductas “erróneas” de los otros y condena globalmente la personalidad de los otros que actúan indebidamente. Los individuos depresivos se condenan a sí mismos, las personas airadas usan la misma valoración global de la persona pero sin valorarse a sí misma, valoran al transgresor.
Modificar esta filosofía de la “tendencia a la ira” mediante las diversas técni- cas REBT conducirá a una reducción de la experiencia y expresión de la ira y a un aumento de la propia capacidad para adoptar decisiones prácticas. Al trabajar a favor de una filosofía más racional, el cliente puede experimentar una alterna- tiva racional para la ira –el enfado. La experiencia del enfado en lugar de la ira puede permitir al cliente manejar la situación más constructivamente y seleccio- nar soluciones más apropiadas y prácticas, conductual y cognitivamente (Dryden & Yankura, 1993).
En el siguiente caso ilustrativo se presenta una revisión detallada del trata- miento de una cliente que presentaba dificultades con la ira. Se describirá la eva- luación cognitivo-conductual del problema de la cliente y la identificación de su sistema de creencias y se detallarán los enfoques de tratamiento REBT que han sido utilizados.
CASO ILUSTRATIVO