8. LA DEFENSA DE COPÉRNICO
8.1. R EIVINDICACIÓN DE LA DIMENSIÓN
COSMOLÓGICADELAASTRONOMÍA
COPERNICANAYRECTIFICACIÓN
DELATEORÍAÓPTICA
La primera objeción que La cena pone en boca de los antagonistas oxonienses de Bruno es la de que Copérnico «le atribuyó el movimiento a ella [la Tie- rra] en vez de a la octava esfera por razón de la co- modidad en los cálculos» (p. 127). Tomando como caso el movimiento diario (y dando por descontada su extensión al movimiento anual) los oxonienses asumen la recepción e interpretación, mayoritaria en
INTRODUCCIÓN CXXIII la época, de la obra de Copérnico como pura astro- nomía matemática y calculatoria, cuyos principios (heliocentrismo y movimiento de la Tierra) carecían de valor físico o cosmológico, siendo meras hipóte- sis de cálculo. Es lo que hoy solemos denominar «in- terpretación de Wittenberg» a partir de la recepción y uso de la obra copernicana teorizados por Melan- chton y Reinhold205 y que, como elaboración legíti- ma e inocua de la astronomía copernicana, había encontrado una presentación en la misma universi- dad de Oxford en las lecciones impartidas a comien- zos de la década precedente por Henry Savile206.
El interlocutor oxoniense (Nundinio) que plan- tea esta proposición presupone, además, que instru- mentalista, ficcionalista (o «hipotética» en este sen- tido carente de dimensión física) era la posición del mismo Copérnico y tal por consiguiente la función que él atribuía a sus principios, punto que no tenía por qué ir unido a la interpretación y uso de su obra, como muestran claramente Melanchton y Reinhold, quienes tenían muy clara la distinción entre la inten- ción (realista) de Copérnico y el uso que cabía hacer de su obra. En cualquier caso, la posición de los doc- tores oxonienses —como una tesis preliminar que
205 Véase R. S. Westman, «The Melanchton Circle, Rheticus
and the Wittenberg Interpretation of the Copernican Theory», Isis, 66, 1975, pp. 165-193 [recogido en P. Dear, ed., The Scienti- fi c Enterprise in Early Modern Europe. Readings from Isis, Chi- cago-Londres, 1997, pp. 7-36].
206 Véase G. Aquilecchia, «Tre schede su Bruno e Oxford»,
cit., pp. 378-382, así como R. Goulding, «Henry Savile and the Tychonic World-System», Journal of the Warburg and Courtauld Institutes, 58 (1995), pp. 152-179.
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zanja la discusión por cuanto que su aceptación im- plica la reducción del copernicanismo al territorio cerrado del mero cálculo astronómico, esto es, la su- presión de cualquier alcance real y por tanto la eli- minación de todo su potencial revolucionario en la filosofía-ciencia y en la «cultura» en general— obli- ga a Bruno a defender a la vez que la astronomía copernicana es una doctrina física acerca de la ver- dadera configuración del universo (por tanto, el he- liocentrismo y el movimiento de la Tierra son tesis físicas y además verdaderas) y que tal ha sido la con- cepción del propio Copérnico.
Para ello Bruno comienza identificando la fuente de la interpretación y tergiversación: la praefatiun-
cula «Ad lectorem de hypothesibus huius operis»
[Al lector sobre las hipótesis de esta obra], ante- puesta al De revolutionibus copernicano por quien207 para Bruno no podía sino ser un «asno ignorante y presuntuoso» (p. 127), un «loco» (pp. 133, 139), en suma: un «pedante». Bruno cita, en lo que es la pri- mera traducción literal y casi completa a una lengua vulgar, la misiva de Osiander208. También Digges en
207 Desde la revelación de Kepler en su Astronomia nova de
1609, identifi cado con el teólogo reformado Andreas Osiander (1498-1552). Conocer la identidad del autor habría hecho sin duda las delicias de Bruno, que le habría seguramente dedicado más de un comentario sarcástico.
208 Véase Cena, pp. 129-131. Bruno tan sólo omite, aparte de
un paso de la conclusión en el que se reitera el carácter pura- mente hipotético y ajeno a la verdad física de los principios de la astronomía, el pasaje central en el que Osiander excluye que la verdad sobre esas cuestiones pueda quedar dentro del alcance de la astronomía y de la fi losofía (señala, por el contrario, que sólo puede ser objeto de revelación divina) y aduce como ejem-
INTRODUCCIÓN CXXV su Perfit Description de 1576, reimpresa en 1583, ha- bía aludido de forma más imprecisa a este texto — sin nombrarlo explícitamente y sin citarlo— como un intento de «excusar fervorosamente» a Copérni- co atribuyéndole una intención meramente matemá- tica. Por eso, entre otras razones, ha escrito su obra: to the ende such noble English minds (as delight to rea- che above the baser sort of men) might not be altogether defrauded of so noble a part of Philosophy. And to the ende it might manifestly appeare that Copernicus men- te not as some have fondly excused him to deliver these grounds of the Earthes mobility onely as Mathematicall principles, fayned & not as Philosophicall truly averred209.
plo la incapacidad de decidir ante hipótesis alternativas como la excéntrica y la combinación de concéntrica y epiciclo en el caso del movimiento anual del Sol. Tal omisión se explica por la vo- luntad de no entrar en polémica sobre la cuestión del escepticis- mo y del fi deísmo (a la que Bruno dedicará el diálogo Cábala del caballo Pegaso). Ello comporta la eliminación de la breve refe- rencia a la doble explicación del movimiento solar (o terrestre), cuestión con la que Bruno se encontrará en la discusión del dia- grama copernicano (diálogo IV, pp. 225 ss.), pero donde no hará ninguna alusión a la doble explicación posible. En cambio en su traducción Bruno reproduce íntegramente la referencia de Osiander a la óptica a través del problema del tamaño aparente de Venus en su desplazamiento por el epiciclo. Ello permite al Nolano exponer su revisión de la disciplina y presentar los prin- cipios de la «vera optica». Sobre estos puntos véase M.-P. Ler- ner, «Giordano Bruno, traducteur de l’Ad lectorem du De revo- lutionibus», Bruniana & Campanelliana, XVIII, 2012, pp. 529- 536; en general sobre la praefatiuncula véase M.-P. Lerner y A.-Ph. Segonds, «Sur un “avertissement” célèbre: l’Ad lectorem du De revolutionibus de Nicolas Copernic», Galilaeana. Journal of Ga- lilean Studies, 5, 2008, pp. 113-148.
209 A perfi t Description, cit., p. 79; cursiva nuestra. Traduc-
ción española, cit., p. 50: «A fi n de que los más distinguidos es- píritus ingleses no se vean privados de una parte de la fi losofía tan
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Da la impresión de que Bruno, quizá ayudado en la lectura del texto inglés por alguien como John Florio, decidió ampliar la reivindicación de Copér- nico filósofo y cosmólogo, explicitando la fuente de la tergiversación ficcionalista y desarrollando litera- riamente los motivos planteados por Digges: el anó- nimo «portero» ha pretendido «exculpar fervorosa- mente» (fondly excused) a Copérnico ante lo que se le antojaba una limitación y defecto de su obra y ha presentado sus principios como «ficciones mate- máticas», pero en realidad lo que ha conseguido es privar a «los más distinguidos espíritus» de «una parte de la Filosofía tan noble». Bruno da forma li- teraria a la idea, añadiendo que la anulación del alimento filosófico de la minoría inteligente coinci- de con la devaluación de la filosofía copernicana a mera matemática calculatoria para alimento de la mayoría:
Il quale [Osiander] (come volesse iscusando faurir l’autore, o pur a fi ne che anco in questo libro gli altri asi- ni, trovando ancora le sue lattuche e frutticelli, avessero occasione di non partirsene a fatto deggiuni) in questo modo le avvertisce avanti che cominciano ad leggere il li- bro [...]. Or vedete che bel portinaio: considerate quanto bene v’apra la porta per farvi entrar dentro alla partici- pazion di quella onoratissima cognizione, senza la quale il saper computare e misurare e geometrare e perspetti- noble como ésta (placer inalcanzable para la clase más baja de los hombres). Y también para dejar claro que, por más que ése haya sido el pretexto esgrimido por algunos para exculparle fer- vorosamente, Copérnico jamás presentó los fundamentos de su hipótesis sobre el movimiento de la Tierra como meros princi- pios matemáticos, es decir, puramente fi cticios y en modo algu- no fi losófi camente verdaderos»; cursiva nuestra.
INTRODUCCIÓN CXXVII vare, non è altro che un passatempo da pazzi ingeniosi. Considerate come fi delmente serve al padron di casa210
[El cual (pretendiendo favorecer al autor por medio de excusas o bien con el propósito de que los otros asnos encontraran también en este libro sus lechugas y peque- ños frutos y no se vieran obligados a marcharse comple- tamente en ayunas) les advierte de la siguiente manera antes de que comiencen a leer el libro [...]. Pues bien, ¡ved qué magnífi co portero! Mirad qué bien os abre la puerta para haceros entrar y participar de ese honorabi- lísimo conocimiento, sin el cual el saber calcular, medir, geometrizar y perspectivizar no es sino un pasatiempo para locos ingeniosos. Mirad con qué fi delidad sirve al dueño de la casa.]
Osiander, pues, al negar el alimento intelectual del conocimiento filosófico de la verdadera configu- ración de la naturaleza y sustituirlo por el «juego» de las ficciones matemáticas (cfr. p. 243: «una cosa es jugar con la geometría y otra verificar con la na- turaleza») ha efectuado la subversión propia de los pedantes: ha eliminado la filosofía e implantado en su lugar el pasto vulgar de las «lechugas».
Para Bruno, por tanto, Osiander ha traicionado a Copérnico. Pero la contradicción con la verdadera intención de Copérnico resulta flagrante para el lec- tor atento de la epístola dedicatoria del De revolutio-
nibus al papa. Bruno cita en traducción italiana dos
pasajes de dicha carta (Cena, p. 131), de los que se trasluce el indubitable realismo cosmológico de Co- pérnico, y remite al libro primero de su obra, indu- dablemente físico y cuya existencia es incompatible con el carácter meramente hipotético de la centrali- dad solar y del movimiento de la Tierra: «no se pue-
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de inferir que él dude de lo que ha afirmado tan constantemente y de manera suficiente probará en el primer libro al responder a algunos argumentos de los que piensan lo contrario. Y en esta respuesta no hace únicamente oficio de matemático que presu- pone algo, sino también de físico que demuestra el movimiento de la Tierra»211.
De esta manera, reivindicada la realidad (o al menos la pretensión de realidad) de la astronomía copernicana, se abre la vía al despliegue de toda su dimensión revolucionaria o al planteamiento de toda su problematicidad en el ámbito de la física y de la teología, problematicidad resultante del triunfo en el período de «tinieblas» de una física errónea y de una representación equivocada de la relación entre filo- sofía y religión. El tratamiento y la respuesta a estos problemas constituyen la revolución copernicana, esto es, la restauración de la verdadera imagen de la naturaleza y de la correcta relación entre filosofía, religión y teología, donde corresponde a Bruno un papel definitorio que deja muy atrás el comienzo o la «aurora» copernicana. Sin embargo, antes de abor- dar estos problemas Bruno se entrega, siempre en relación con el prefacio de Osiander, a una larga di- gresión sobre cuestiones de óptica en relación con los cuerpos celestes. ¿Cuál es su función en la obra y en el proyecto de Bruno?
En su traducción de la praefatiuncula de Osian- der Bruno recoge la referencia al planeta Venus (p. 129). Al equiparar los principios copernicanos a la theorica geométrica del movimiento de Venus en
INTRODUCCIÓN CXXIX su epiciclo, Osiander había atribuido a los primeros un valor exclusivamente hipotético e instrumental a efectos de cálculo, igual que en la theorica del pla- neta se atribuye a éste un epiciclo de tal magnitud que «salva los fenómenos», pero resulta físicamente imposible porque el desplazamiento del planeta en el epiciclo debería producir, como consecuencia de la enorme variación de su distancia con respecto a la Tierra, unos cambios de magnitud aparente que de hecho no se observan. Es verdad, por otra parte, que esta peculiaridad del epiciclo de Venus se presenta sólo en el modelo ptolemaico y no en el copernica- no212, por lo cual no es en rigor una razón que pueda avalar la reducción de los principios copernicanos a hipótesis de cálculo. Bruno no muestra conocer el modelo copernicano del movimiento de Venus, pero si acepta la dificultad puesta por Osiander lo hace para deshacerla en sus mismos fundamentos, plan- teando una reforma de la disciplina óptica, por la cual el procedimiento exclusivamente geométrico de ésta se modifica con la introducción de considera- ciones de carácter físico.
212 Cfr. Almagesto, X, 2, en Ptolemy’s Almagest, translated
and annotated by G. J. Toomer, Londres, 1984, pp. 470-472. Co- pérnico se refi ere a la implausibilidad del modelo ptolemaico de Venus y a su «ingens epicyclus» en De revolutionibus, I, 10; véase N. Copérnico, Sobre las revoluciones (de los orbes celestes), es- tudio preliminar, traducción y notas de C. Mínguez Pérez, Ma- drid, 20092, pp. 63 s. Para el modelo copernicano de Venus —ex-
céntrica sobre centro móvil— véase De revolutionibus libri sex, en N. Copernicus, Gesamtausgabe, vol. II, ed. por H.-M. Nobis y B. Sticker, Hildesheim, 1984, libro V, caps. 22-23 (trad. espa- ñola, cit., pp. 523-531).
CXXX MIGUEL Á. GRANADA
Mientras la óptica geométrica que Osiander pre- supone determina el diámetro y tamaño aparente de un cuerpo en razón inversamente proporcional a su distancia al observador, la óptica física («verdadera óptica») de Bruno introduce la atención a la estruc- tura física del cuerpo en cuestión, si es luminoso u opaco y además su grado de luminosidad, esto es, si su luz es propia o refleja. Así, mientras un cuerpo opaco —señala Bruno— pierde su diámetro y deja de ser visible a una distancia relativamente breve, no impidiendo la visión de otros cuerpos luminosos que están detrás de él a mucha mayor distancia, el cuer- po luminoso conserva un diámetro aparente relati- vamente constante a lo largo de un gran trecho de espacio213. Por eso, según Bruno, Osiander yerra al inferir matemáticamente el tamaño de Venus a par- tir de su distancia, puesto que en general se puede preguntar cómo «a partir de la magnitud de los cuer-
213 Véase Cena, p. 153: «es necesario, a fi n de cuentas, que
dos cuerpos más luminosos, los cuales no pierden el diámetro tan pronto, no se vean obstaculizados para verse recíprocamen- te, al no haberse desvanecido su diámetro, como por el contrario ocurre en el cuerpo intermedio no luminoso o menos luminoso. Concluimos, por tanto, que un cuerpo mayor, más susceptible de perder su diámetro, aunque esté situado en el medio según una línea rectísima, no impedirá la visión de dos cuerpos todo lo menores que se quiera, con tal de que conserven el diámetro de su visibilidad, que en el cuerpo mayor se ha perdido». De ahí también la conclusión adelantada en p. 135: «de la magnitud aparente del cuerpo luminoso no podemos inferir su verdadera magnitud ni su distancia, pues así como no es la misma la razón en un cuerpo opaco y en uno luminoso, tampoco lo es en un cuerpo menos luminoso y en otro más luminoso o luminosísi- mo, de tal manera que podamos determinar la magnitud o bien su distancia».
INTRODUCCIÓN CXXXI pos luminosos se puede inferir la razón de su cerca- nía y lejanía y por el contrario de qué manera se puede, a partir de la distancia y cercanía de cuerpos semejantes, inferir alguna variación proporcional a su magnitud» (Cena, pp. 133-135).
¿Cuál es la función de esta larga (pp. 133-155) di- gresión sobre la «verdadera óptica», que Bruno vol- verá a presentar sin apenas modificaciones en el De
immenso de 1591, indicando con ello una continui-
dad teórica sobre una cuestión a la que concede gran importancia?214. Hemos de tener presente que éste es el problema cuya discusión ocupa más espacio en toda La cena, más incluso que la discusión del pro- blema teológico y de cualquiera de los componentes del problema físico. Ello es, sin duda, un indicio de la importancia que revestía a los ojos de Bruno (y que en el De immenso se pondrá de manifiesto con mu- cha mayor claridad), pero el hecho de que Bruno no explicite en La cena las consecuencias de esta óptica física, más allá de la neutralización de la sofística y malévola objeción de Osiander a la realidad de los principios copernicanos, hace de esta digresión un
214 Véase De immenso, III, 2-4 y V, 5, así como F. Tocco, Le
opere latine di Giordano Bruno esposte e confrontate con le italia- ne, Florencia, 1889, pp. 240-243 y 272 s. Para las fi guras véase Giordano Bruno, Corpus iconographicum. Le incisioni nelle ope- re a stampa, catalogo, ricostruzioni grafi che e commento di Mino Gabriele, Milán, 2001, pp. 215-230. Lejos de ser «margi- nales», como sostenía Michel (op. cit., p. 262), estas rectifi cacio- nes de la teoría óptica desempeñan a los ojos de Bruno un papel muy importante en la fundamentación de su cosmología. Ha insistido en ello L. de Bernart en su estudio Immaginazione e scienza in Giordano Bruno. L’infi nito nelle forme dell’esperienza, Pisa, 1986, pp. 142-154.
CXXXII MIGUEL Á. GRANADA
cuerpo aparentemente extraño y superfluo en la eco- nomía de la obra. En realidad no es así, pero ¿cuáles son las implicaciones en el plano cosmológico?
Dos son los tipos de fenómenos implicados, se- gún se puede deducir de los principios ópticos enun- ciados por Bruno y según lo que se planteará en obras latinas posteriores (los Articuli adversus Peri-
pateticos de 1586 y sobre todo los Articuli adversus mathematicos de 1588 y el De immenso de 1591): 1.º
La posibilidad de que cuerpos opacos (concreta- mente planetas inferiores interpuestos entre la Tie- rra y el Sol) puedan eclipsar a este último en función de su distancia con respecto a la Tierra. Es un punto que tiene relevancia para la disposición de nuestro sistema planetario y por tanto para el orden coper- nicano; Bruno podría haber abordado esta cuestión en el diálogo IV, en la discusión del diagrama coper- nicano, pero no lo hace, mientras que sí lo abordará en 1588 y 1591215. 2.º La razón de la invisibilidad de los planetas de otros synodi, esto es, de tierras orbi- tando en torno a otras estrellas-soles. Esta cuestión podría haberse planteado en La cena en las conside- raciones con que se abre el diálogo V, pero —como veremos también en el parágrafo 9.1— el texto de La
cena en este punto, aun dentro de la claridad con
que se abre a la discusión tanto de la extensión en profundidad de la región de las estrellas llamadas «fijas» como de los movimientos que allí tienen lu- gar, es notablemente ambiguo e impreciso con res-
215 Discutiremos la cuestión en el parágrafo 9.2 de esta In-
troducción, cuando tratemos de la discusión en torno al diagra- ma copernicano.
INTRODUCCIÓN CXXXIII pecto a las especies de cuerpos celestes. Sin embargo, ya desde los Articuli parisinos de 1586 Bruno aplica la «verdadera óptica» a la justificación de la no observa- bilidad de los planetas de otros soles y en el De im-
menso también a la no ocultación de otros soles por
sus planetas interpuestos entre ellos y nosotros216.
8.2. ELPROBLEMATEOLÓGICO: «ACOMODACIÓN