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Racionalidad evaluativa como complemento a H A Simon: Presencia en la Economía Experimental

3. R ACIONALIDAD DENTRO DE LA E CONOMÍA : E L PROBLEMA DE LA RACIONALIDAD CARACTERÍSTICA DE LA E CONOMÍA

3.4. Racionalidad evaluativa como complemento a H A Simon: Presencia en la Economía Experimental

Junto a la constatación de la ausencia de una racionalidad evaluativa o de fines en la concepción estudiada, es preciso completar el cuadro que aquí se ofrece. Por una parte, la racionalidad económica contempla factores evaluativos que inciden en la racionalidad de la Ciencia y en la racionalidad de la Tecnología; y, por otra parte, la racionalidad evaluativa desempeña un papel en la toma de decisiones de los agentes económicos. A este respecto, resulta relevante contar con la aportación de Reinhard Selten, Premio Nobel de Economía en 1994, que trabaja sobre la base de una racionalidad limitada inspirada en el planteamiento de Simon y que llega más lejos que él, en cuanto que admite claramente la presencia de una

racionalidad evaluativa en Economía. Lo hace en el ámbito de la Economía Experimental, un campo que se ha visto reconocido con el Nobel de 2002 en la persona de Vernon L. Smith. 64 Acerca de estos aspectos se sigue aquí lo expuesto en G

ONZALEZ, W. J., “Racionalidad científica y racionalidad tecnológica: La mediación de la racionalidad económica”, pp. 112-114. Sobre la relación entre la racionalidad tecnológica y la racionalidad económica, cfr. Ibidem, pp. 101-107.

65 Cfr. N

OZICK, R., The Nature of Rationality, Princeton University Press, Princeton, 1993. 66 Cfr. R

ESCHER, N., Razón y valores en la Era científico-tecnológica, cap. 4, pp. 99-121, y cap. 6, pp. 137- 148.

67 “Rational choice is a matter not of one-dimensional maximization, but of the structurally diversified optimization that calls for harmonizing a complex profile of diversified goods and goals”, RESCHER, N., “Maximization, Optimization, and Rationality. On Reasons why Rationality is not necessarily a Matter of Maximization”, en RESCHER, N., Ethical Idealism. An Inquiry into the Nature and Function of Ideals, University of California Press, Berkeley, 1987, p. 55.

Queda patente la necesidad de la racionalidad evaluativa en Economía cuando se acepta que “la racionalidad no depende de lo que queremos, sino de lo que debemos querer, esto es, de los fines que es aconsejable escoger en las circunstancias reales imperantes”68. En tal caso, la elección racional, que afecta entonces a los fines, viene condicionada no por lo que se prefiere, sino por aquello que es preferible. Desde esa posición relevante, la racionalidad económica contribuye a trazar límites a la Ciencia y también límites a la Tecnología: por un lado, los criterios de inversión de recursos de la Ciencia (financiación, tiempo, …) pueden condicionar los límites terminales de la actividad de la Ciencia; y, por otro lado, los factores de rentabilidad pueden constituir un límite efectivo para el quehacer tecnológicamente viable69.

Racionalidad de medios y racionalidad de fines son entonces dos facetas de la racionalidad económica, que han de ser contempladas en la interrelación entre la racionalidad científica y la racionalidad tecnológica. La convergencia entre ambas –la científica y la tecnológica– es posible en cuanto a la racionalidad de medios, especialmente cuando la racionalidad económica se entiende como racionalidad limitada procesual (esto es, como acotada en vez de ilimitada –distinta, por tanto, de la racionalidad maximizadora sustantiva–). En cambio, la convergencia en lo que respecta a la racionalidad de fines es más difícil, salvo cuando los usos y aplicaciones de la Ciencia enlazan con la proyección tecnológica. Porque la Ciencia y la Tecnología han de considerar la racionalidad económica para delimitar los fines a los que ha de encaminarse una y otra; pero la selección de los objetivos de la investigación científica y de la innovación tecnológica concede particular peso a razones que no son de suyo económicas (cognitivas, operativas, sociales, culturales, …)70.

Por tanto, la racionalidad económica no agota en modo alguno el campo de la racionalidad científica y de la racionalidad tecnológica, vistas ambas desde la perspectiva interna, ni ciertamente abarca todo el conjunto de la racionalidad científica y la racionalidad tecnológica que atañe a la perspectiva externa. Porque los valores económicos son sólo unos valores humanos importantes dentro de un conjunto más amplio de valores. De hecho, la racionalidad cognitiva, la racionalidad práctica y la racionalidad evaluativa, presentes –cada una a su modo– dentro de la Ciencia y la Tecnología, se desarrollan dentro de un entorno de valores propiamente sociales (históricos, culturales, …) y reciben el influjo de valores más extrínsecos, como son los políticos.

Parece fuera de duda que la racionalidad económica es una noción que está estrechamente conectada a la “elección” y la “toma de decisiones”, tanto en la Ciencia Económica, en general, como en orientaciones específicas, como es el caso de la Economía Experimental71. En este sentido, es costumbre en Economía presentar la racionalidad en una doble vertiente: 68R

ESCHER, N., Rationality. A Philosophical Inquiry into the Nature and the Rationale of Reason, p. 112. 69 Hay un “imperativo económico” para que sea viable la Tecnología (George Metakides, Director de la DG III- F de la Unión Europea, Tecnologías de la Información, Intervención sobre el V Programa Marco de la Unión Europea, Santiago de Compostela, 16 de octubre de 1998).

70 En algunos casos, los factores que no son en sí mismos económicos (prestigio social, imagen de un país, carácter de símbolo de un avance cultural, …) juegan un papel destacado en la selección de objetivos tecnológicos. El programa espacial norteamericano es un claro ejemplo (sobre todo, en su formulación inicial), pues el objetivo tecnológico aparece directamente asociado a otros fines (prestigio internacional, reconocimiento de la primacía en el desarrollo tecnológico frente al competidor, …).

71 Se atiende aquí a lo desarrollado en G

ONZALEZ, W. J., “Análisis de la racionalidad y planteamiento de la predicción en Economía Experimental”, en GONZALEZ, W. J., MARQUES, G. y AVILA, A. (eds), Enfoques filosófico-metodológicos en Economía, FCE, Madrid, 2002, pp. 145-172; en especial, pp. 152-155.

por una parte, la racionalidaddescriptiva, que se usa para reflejar el quehacer humano en orden a explicarlo o predecirlo; y, por otra parte, la racionalidad normativa, que señala lo que uno debería hacer para alcanzar un objetivo específico. Ambos aspectos –el descriptivo y el normativo– asumen que la conducta humana –la conducta del homo economicus– está orientada hacia objetivos (aims), y el énfasis se pone normalmente en la relación de medios a fines. Así, una elección económica racional aparece con frecuencia como una selección de los medios adecuados para conseguir unos fines dados.

Ahora bien, si los fines tienen más peso en la caracterización de la racionalidad y se acepta que, en rigor, “la racionalidad consiste en la búsqueda inteligente de fines apropiados”72, entonces la noción de racionalidad llega a ser más amplia que en la posición neoclásica dominante en Economía y también más completa que la concepción de Simon. Así, en lo que respecta a la elección y la toma de decisiones, hay tres

dimensiones de la racionalidad diferentes que han de ser contempladas: la epistémica o cognitiva, la práctica y la evaluativa. Existe, sin embargo, la tendencia a prescindir de la tercera, que se aleja de la matriz utilitarista presente en numerosos economistas. En este sentido, hace falta ocuparse de la evaluación racional de los fines y de su adecuación, de modo que –a diferencia de lo propuesto por David Hume– cabe una valoración sujeta a la razón y una racionalidad distinta de la puramente instrumental73.

Sin embargo, dentro de la orientación dominante en Economía, el análisis característico de la elección racional (especialmente del agente individual) suele ser ajeno a la evaluación de fines: primero realiza una atribución de racionalidad práctica (se asume la optimización de su acción, dados sus deseos y creencias: si el agente a desea d y cree que la acción r

asegura d, el agente es racional en términos prácticos al elegir r); después lleva a cabo una segunda atribución de racionalidad epistémica o cognitiva del agente (donde la racionalidad es entonces un atributo de la creencia, y consiste en reconocer que es correcta, dadas las pruebas empíricas a disposición del agente)74. Pero, normalmente, no se hace mención en absoluto de la racionalidad evaluativa: los fines están dados –no están evaluados– y un agente racional lo es de modo instrumental (es decir, él o ella deberían tomar decisiones prácticas sobre los medios para conseguir los fines dados). Este es también el caso de la concepción de la racionalidad de Herbert Simon75, a pesar de ser fuertemente crítico con el punto de vista de la racionalidad de la Economía dominante.

Aunque comparten un interés común por la racionalidad limitada, considero que las concepciones de R. Selten sobre la racionalidad económica van más lejos que la racionalidad instrumental de H. A. Simon, en la medida en que Selten (Premio Nobel por su trabajo en Teoría de Juegos, pero representante destacado de la Economía Experimental)76 acepta la presencia de la racionalidad evaluativa junto a la racionalidad 72R

ESCHER, N., Rationality. A Philosophical Inquiry into the Nature and the Rationale of Reason, p. 1. 73 Un desarrollo al respecto sobre la “racionalidad evaluativa” se encuentra en R

ESCHER, N., Razón y valores en la Era científico-tecnológica, pp. 79-90.

74 Cfr. B

ICCHIERI, C., “Two Kinds of Rationality”, en MARCHI, N. DE (ed), Post-Popperian Methodology of Economics, Kluwer, Boston, 1992, pp. 155-188; en especial, pp. 161-162.

75 “We see that reason is wholly instrumental. It cannot tell us where to go; at best it can tell us how to get there. It is a gun for hire that can be employed in the service of whatever goals we have, good or bad”, SIMON, H. A., Reason in Human Affairs, pp. 7-8.

76 Su trayectoria intelectual se plasma en S

ELTEN, R., “In Search of a Better Understanding of Economic Behavior”, en HEERTJE, A. (ed), Makers of Modern Economics, Harverstern Wheatsheaf, Londres, 1993, pp. 115-139.

práctica y la racionalidad epistémica. Aun cuando no utiliza esa terminología en sus artículos, me parece que esas tres dimensiones de la racionalidad subyacen a lo que denomina “tres niveles de razonamiento”, que encuentra en la elaboración de estrategias racionales limitadas: 1) el análisis superficial; 2) la formación de metas o fines; y 3) la conformación de una actuación pública (policy)77.

Según esa diferenciación de niveles de Selten hay tres tareas complementarias. i) El “análisis superficial” se da cuando hay una información de fácil acceso, y el examen es cualitativo en vez de cuantitativo. En tal caso, la presencia de racionalidad epistémica es innegable. ii) La formación de una meta o fin parece llevar implícito (o incluso explícito) el uso de una racionalidad evaluativa. Así, cuando interviene algún sentido de “imparcialidad” o “equidad” (bien sea en términos de beneficios equitativos, proporcionales a los beneficios Cournot, …), a los efectos de determinar las cantidades para los jugadores que pueden ser “un punto ideal” (una meta cooperativa), entonces se realiza una evaluación racional de la meta. iii) La “conformación de una actuación pública” mira a los medios para alcanzar el fin: es necesario determinar un modo en el que se pueda alcanzar la meta (cooperativa en su techo ideal). Este caso es un uso característico de la racionalidad práctica. En su conjunto, este cuadro temático es más completo que el presentado por Simon.

Selten ha ofrecido un buen ejemplo de racionalidad evaluativa a través de un juego experimental de solidaridad78, porque las motivaciones dirigidas hacia otros de los jugadores pueden incluir razonamiento sobre los fines en sí mismos considerados. Por una parte, la solidaridad se encamina hacia una relación recíproca, pero es un nexo más sutil que el simple devolver lo que uno ha recibido (el do ut des). La solidaridad es diferente de la reciprocidad, en la medida en que los regalos hechos no son recíprocos. Y, por otra parte, los sujetos han de decidir, en el caso de ganar, cuánto desean dar al perdedor, cuando hay sólo uno en el grupo, o a cada uno de los perdedores, cuando sean varios. Lo que R. Selten y A. Ockenfels han encontrado con ese juego, que han contrastado experimentalmente, es bien diferente de la maximización de la utilidad: los jugadores siguen “un proceso de decisión que, primero, fija la cuantía total del sacrificio para la solidaridad y, entonces, se distribuye (redondeando) entre los perdedores, sin reparar en su número”79. El proceso de decisión que delibera sobre los fines está basado en el valor de la solidaridad y es diferente de la racionalidad práctica de cariz instrumental.

Comparando el planteamiento de Simon acerca de la racionalidad económica con la posición de Selten, parece claro –a mi juicio– que este último supone un avance respecto del primero en cuanto que admite una racionalidad evaluativa –la racionalidad en el plano de los fines– y la ejemplifica mediante experimentos de Microeconomía. En efecto, en el transcurso de juegos controlados en el laboratorio, aprecia la presencia de 77S

ELTEN, R., “Bounded Rationality”, Journal of Institutional and Theoretical Economics, v. 146, n. 4, (1990), p. 656. La posición de Selten sobre “racionalidad limitada” se completa en SELTEN, R., “Features of Experimentally Observed Bounded Rationality”, European Economic Review, v. 42, nn. 2-5, (1998), pp. 413-436; SELTEN, R., “Game Theory, Experience, Rationality”, en LEINFELLNER, W. y KÖHLER, E. (eds), Game Theory, Experience, Rationality, Kluwer, Dordrecht, 1998, pp. 9-34; y SELTEN, R., “What is Bounded Rationality?”, en GIGERENZER, G. y SELTEN, R. (eds), Bounded Rationality: The Adaptive Toolbox, MIT Press, Cambridge, MA, 2001, pp. 13-36. 78 Cfr. S

ELTEN, R. y OCKENFELS, A., “An Experimental Solidarity Game”, Journal of Economic Behavior and Organization, v. 34, n. 4, (1998), pp. 517-539.

79S

valores (solidaridad, equidad, …) que sirven para modular los fines de los agentes que toman decisiones. Los fines no están ya dados –como sucede en el autor estudiado en este libro–, sino que son objeto de la reflexión racional. En tal caso, se produce una mejora en la caracterización de la racionalidad económica sobre la base de una constatación empírica y con el supuesto aceptado por ambos economistas de ser una racionalidad limitada. Pero se podría pensar en dar un paso más que Selten, de modo que se pudiera diferenciar diversos planos que atañen a los fines, lo que supondría una articulación de la racionalidad evaluativa (y, por ende, una racionalización de los objetivos, según su índole sustantiva o adjetiva80).

4. RACIONALIDADYAGENTESECONÓMICOS: LARACIONALIDADENELQUEHACER

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