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Raso del Chirolí (Carmona, Sevilla)

In document Sociedad y Mundo Funerario en Tartessos (página 129-139)

II. LA DOCUMENTACIÓN ARQUEOLÓGICA

13. Raso del Chirolí (Carmona, Sevilla)

tipo Cruz del Negro, vasos «chardón» usados como recipientes para ofrendas y platos de barniz rojo en- tre 20 y 50 mm en La Joya (Garrido 1970; Schubart 1976: 183 fig. 1, 188; Garrido y Orta 1978) y 38 y 45 en la Cruz del Negro (Schubart 1976: 190); pudiendo datarse también en el mismo muchas de las fosas de Bencarrón, Alcaudete, etc. Este tipo de estructuras se prolongan hasta el siglo VI a.C.: tumba 35 de la Cruz del Negro y conjunto 19 de Medellín, ya con fíbulas anulares hispánicas en su ajuar.

En lo que se refiere al segmento social que usa este tipo de tumbas, éste no parece pertenecer a un estatus social elevado, salvo en el caso de la tumba 9 de la necrópolis de la Joya, que presenta un rico ajuar fu- nerario e importantes dificultades interpretativas, ya que se ha sugerido que realmente se trata de dos enterra- mientos superpuestos (Ruiz Mata y Pérez 1995a: 184) y la posibilidad de que hubiera estado cubierta por una superestructura tumular (Garrido com. pers.); y algu- nas sepulturas excavadas en la Cruz del Negro entre 1900 y 1905, que incluyen en sus ajuares objetos de marfil: tumbas 1, 2, 8 y 19; alabastra: tumbas 7 y 28; y algunas piezas de oro: tumbas 21 y 35 (vid. Maier 1992).

Dentro del mundo fenicio, las fosas de cremación no son particularmente abundantes, debiendo señalar- se que sus características estructurales son idénticas a las orientalizantes tartésicas, ya que este tipo de es- tructuras se han concebido para acoger la pira en que

se va a llevar a cabo la cremación del difunto. Por tanto, en este tipo de tumbas, no podemos hablar de acultu- ración desde el mundo colonial fenicio sobre el indí- gena, sino de convergencia cultural al resolver de maneras similares un mismo objetivo. En Cartago se ha documentado el tipo en las necrópolis de Junon y Douïmes, datándolas Benichou-Safar entre finales del siglo VIII y principios del VI a.C., dentro de su rito I de cremación (Benichou-Safar 1982: 101, 350), inclu- yéndolas dentro de su tipo VII, del que distingue tres subtipos (Benichou-Safar 1982: 101-102). En Cerdeña se han excavado fosas de cremación simple en la ne- crópolis de Monte Sirai (Bartoloni 1985: 248-249, 255 fig. 1) y en Bitia (Bartoloni 1996: 55 y ss.). En la Península Ibérica se documentan únicamente en las tumbas 18 y 22 de la necrópolis de Jardín (Schubart, Niemeyer y Maass Lindemann 1972: 34, fig. 7), ha- biéndose excavado también algunas en la necrópolis ibicenca del Puig des Molins (Costa 1991: 40-41, 56 lám. III).

Fosas escalonadas de cremación

Este tipo de tumba sólo se ha documentado en cuatro necrópolis: Bencarrón (túmulo II, fosas de 1902 alrededor del túmulo del Camino y túmulo I de 1908), El Judío, La Cruz del Negro (tumbas 1898/3, 1 y 2 de las campañas de 1900-1905, fosas de la campañas

FIGURA 21.—Fosas simples de cremación. 1: La Joya (según Garrido y Orta, 1978); 2: Alcaudete (según Sánchez, 1994; a partir de Bonsor, 1899); 3: Medellín (según Almagro-Gorbea, 1977).

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1989-1990 y algunas de la de 1993) y Alcaçer do Sal (tumbas del tipo 4 de Correia, tumba 22/80 y tumba G10).

Estructuralmente, constan de una primera fosa de planta rectangular excavada en el suelo y dimensio- nes variables, pero que oscila entre 1 (túmulo II de Bencarrón) y 4 m de longitud (Alcaçer do Sal) y en- tre 0.50 y 1.50 de anchura (túmulo II de Bencarrón y tumba G10 de Alcaçer do Sal). En el interior de la misma se abre una segunda fosa cuya finalidad es des- conocida, aunque se especula con la posibilidad de que sirviera para mejor tiro de la combustión de la pira funeraria (Costa 1991: 42-43). Las dimensiones de esta segunda fosa oscilan entre 1.60 y 1.90 m de longitud: tumbas 22/80 y G10 de Alcaçer do Sal; y una anchu- ra entre 0.36 y 0.88 m en los casos en que se cono- cen las medidas de este canalillo central: tumba 1898/ 3 de la Cruz del Negro y tumba 22/80 de Alcaçer do Sal.

El cierre de estas fosas se realizaba con tierra y piedras de diferente tamaño: túmulo II de Bencarrón y fosas de Alcaçer do Sal; o con una especie de pavi- mento de adobe y cal: Cruz del Negro; erigiéndose sobre todo el conjunto una pequeña superestructura tumular como en la Cruz del Negro y Alcaçer do Sal (Maier 1992: 108; Silva y Gomes 1992: 256 fig. 48A), actualmente arrasada en muchas ocasiones, que pue-

de alcanzar un diámetro de 4.20 m y una altura de 0.65: tumba G10 de Alcaçer do Sal.

La orientación de estas fosas siempre es este-oes- te: tumba 2 de las campañas 1900-1905 de la Cruz del Negro y varias fosas de la necrópolis de Alcaçer do Sal; o nordeste-sudoeste: túmulo II de Bencarrón, tumba 1898/3 de la Cruz del Negro. Esta orientación coinci- de con la documentada mayoritariamente en las fosas de cremación simple (vid. supra tabla 1).

Cronológicamente parecen encuadrarse entre fina- les del siglo VII a.C. y todo el siglo VI a tenor de los materiales que componían los ajuares de dichos enterra- mientos. En el caso del túmulo II de El Acebuchal destaca la placa de marfil con un guerrero que viste un casco griego, lo que la relacionaría con la llegada de los primeros materiales griegos a finales del siglo VII a.C. (Shefton 1982: 346). El escarabeo con el nom- bre de Horus de Psamético I (664-610 a.C.) hallada en la tumba 48 de Alcaçer do Sal también apunta a la segunda mitad del siglo VII a.C. para este tipo de estructuras. No obstante, en dos de las tumbas con esta tipología excavadas en la Cruz del Negro, números 1 y 15 de las campañas de 1900 a 1905, se han recupe- rado lucernas de barniz rojo de una sola mecha, que parecen sugerir una fecha en el siglo VIII o comien- zos del VII a.C. para las mismas, por lo que no habría que descartar que este tipo de tumba estuviera ya en

FIGURA 22.—Fosas de cremación escalonadas. 1: Alcacer do Sal (según Silva y Gómes, 1992); 2: El Judío (según Sánchez, 1994; a partir de Bonsor, 1899); 3: túmulo II de Bencarrón (según Sánchez, 1994; a partir de Bonsor, 1899).

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uso desde momentos tempranos del Período Orientali- zante. No obstante, tal vez pudiera tratarse de imita- ciones indígenas más tardías.

Estructuralmente, se ha documentado este tipo de tumbas en las necrópolis fenicias de Cádiz (Perdigo- nes, Muñoz y Pisano 1990: 47-48), el Puig des Molins (Gómez Bellard 1990: 157-159 cuadro IX; Costa 1991: 41-43, 55 lám. II) y Monte Sirai (Bartoloni 1985: 248- 249, 256-257 figs. 2-3), con la misma cronología de finales del siglo VII y VI a.C. Dada la forma tan ca- racterística de la fosa y la coincidencia cronológica de su uso dentro de las necrópolis fenicias y las indíge- nas, es más que probable que en este caso sí nos en- contremos ante la adopción por parte tartésica de una estructura funeraria de origen colonial. Este hecho se vería reforzado por la aparición de lucernas en una de las tumbas de este tipo excavada en la Cruz del Ne- gro, que indica también la transmisión de parte del ritual fenicio, ya que estas piezas aparecen con bastante fre- cuencia en las tumbas fenicias.

4. FOSAS DE CREMACIÓN BAJO TÚMULO

Distingo este tipo de las fosas simples de crema- ción a partir del hecho de que presentan una superes- tructura tumular de mayores dimensiones que aquellas

incluidas en el apartado anterior, llegando incluso a al- canzar los 30 m de diámetro y los 4 de altura conser- vada. También es de destacar la técnica mucho más cuidadosa con la que han sido realizadas estas fosas, señalándose la presencia de paredes enlucidas: túmu- lo de la Dehesa de las Canteras, Bencarrón; y cierres elaborados de las fosas a base de un amontonamiento de piedra y tierra: túmulo del Olivo de Bencarrón; o unos ajuares sobresalientes por su riqueza: tumba 1 de Santa Lucía y túmulos de Alcantarilla y la Cañada de Ruiz Sánchez.

Dentro de este tipo de estructura funeraria se in- cluirían con seguridad los túmulos de la Dehesa de las Canteras y del Olivo, de la necrópolis de Bencarrón; el túmulo A de la necrópolis de El Acebuchal y los túmulos de Alcantarilla y la Cañada de Ruiz Sánchez. Con más dudas, podría incluirse también la tumba 1 de la necrópolis de Santa Lucía, dada la altura de su cubierta tumular y la riqueza de los materiales excavados en la fosa de cremación: un magnífico lote de marfi- les orientalizantes.

Las orientaciones que presentan estas fosas de cre- mación son variadas, siendo este-oeste en el túmulo de la Dehesa de las Canteras y en el de la Cañada de Ruiz Sánchez, nordeste-sudoeste en el túmulo del Olivo y en el A de El Acebuchal y, por último, norte-sur en el túmulo de Alcantarilla; por lo que se vuelve a ob-

FIGURA 23.—Fosas de cremación bajo túmulo. 1: Cañada de Ruiz Sánchez (según Sánchez, 1994; a partir de Bonsor, 1899); 2: Alcantarilla (según Sánchez, 1994; a partir de Bonsor, 1899).

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servar la tendencia ya observada anteriormente de la orientación este-oeste de las tumbas o nordeste-sudeste, con la única excepción del túmulo de Alcantarilla, que presenta una orientación norte-sur.

En lo que se refiere a los ajuares, en el túmulo de la Dehesa de las Canteras únicamente se documentó la presencia de lo que Bonsor interpreta como armas, tanto de bronce como de hierro; en el del Olivo se ha señalado la presencia de un broche de cinturón de tipo- logía incierta; en la tumba 1 de Santa Lucía se recu- peró un importante lote de marfiles con decoración orientalizante compuesto por peines, placas, una pyxide y una cuchara, además de un huevo de avestruz con el borde dentado y decoración pintada geométrica en rojo; del túmulo A de El Acebuchal sólo se menciona la presencia de un fragmento de hierro informe a causa de la acción del fuego; en el de Alcantarilla se recu- peraron varias vasijas de cerámica tosca, un pasador de bronce con los extremos rematados por sendas bolas aparentemente de hueso y los restos de una placa cos- mética de marfil con decoración calada; y, por último, de la Cañada de Ruiz Sánchez procede un jarro piri- forme de bronce con boca trilobulada y un recipiente ritual de asa de manos, un pasador de hierro con los extremos rematados por bolas y dos puntas de lanza de hierro.

Por lo tanto, observamos que en tres de las sepul- turas que han sido incluidas en este tipo se ha obser- vado la presencia de un ajuar compuesto por objetos de prestigio: Santa Lucía, Alcantarilla y Cañada de Ruiz Sánchez; por lo que podemos adscribirlos a enterra- mientos de tipo aristocrático, pudiéndose hipotetizarse para el resto de los casos una mala excavación por parte de Peláez o Bonsor o, por el contrario, un saqueo de las tumbas ya en época antigua.

Cronológicamente, este tipo de monumentos pue- den fecharse a partir de las evidencias que proporcio- nan los ajuares funerarios depositados en los mismos en el siglo VII a.C. Esta datación parecen sugerir las piezas de marfil halladas tanto en la tumba 1 de San- ta Lucía como en el túmulo de Alcantarilla; al igual que el jarro de bronce piriforme de boca trilobulada documentado en la Cañada de Ruiz Sánchez, trasunto en metal de los oinochoai de cerámica de barniz rojo fenicia que se fechan preferentemente en los siglos VIII- VII a.C. y por el hecho de que las vasijas de bronce recuperadas en las tumbas orientalizantes de élite (La Joya, túmulo 2 de Huelva, Alcurrucén) o en otros con- textos (Valdegamas, Cancho Roano) fechados ya de

finales del siglo VII en adelante responden a prototi- pos griegos: jarra rodia de la tumba 5 de la necrópo- lis de La Joya; o etruscos: jarro de Valdegamas y ja- rros de Alcurrucén. El desconocimiento del tipo del broche de cinturón documentado en el túmulo del Olivo de la necrópolis de Bencarrón y la poca representa- tividad de los materiales excavados en el túmulo de la Dehesa de las Canteras de Bencarrón y el A de la necrópolis del Acebuchal hacen imposible una datación ajustada de los mismos.

5. FOSAS SIMPLES DE INHUMACIÓN. Colectivas

Las inhumaciones colectivas en fosa son una ver- dadera excepción dentro de la tipología de estructu- ras funerarias orientalizantes. De hecho, sólo se inclui- rían dentro de esta categoría el túmulo I de Bencarrón, del que se sospecha fundadamente que se trata de una sepulcro colectivo megalítico probablemente erigido en el Calcolítico o el Bronce Pleno y que más bien ha- bría que incluir en la categoría de las inhumaciones colectivas bajo túmulo (vid. infra), y las tumba 13 y las inhumaciones del sector B de la necrópolis de la Joya. Otras inhumaciones colectivas como las docu- mentadas en el túmulo G de la necrópolis del Acebu- chal, túmulos C y D de la necrópolis de la Huerta del Cabello y túmulo I de la necrópolis de Setefilla res- ponden, bien a enterramientos en cámara, bien a enterra- mientos en fosas de carácter monumental cubiertas por una superestructura tumular de grandes dimensiones y que también funcionarían a manera de cámaras fune- rarias.

Por tanto, una vez señalada la filiación calcolítica del túmulo I de la necrópolis de Bencarrón, sólo res- tarían los enterramientos documentados en la necrópolis de La Joya. Éstos presentan un carácter enormemente problemático incluso a la hora de interpretarlos como verdaderos enterramientos, tumbas secundarias respecto a otra estructura, u ofrendas, verdaderos sacrificios humanos, ofrecidos a los difuntos de otras sepulturas (Garrido 1983: 541-542; Garrido y Orta 1989: 35).

En la tumba 13 de esta necrópolis se excavó una fosa de planta aparentemente oval que contenía los restos de dos individuos en posición violenta, «apa- rentemente fetal», aunque el excavador señala que real- mente los dos difuntos «se encuentran encogidos, como

NECRÓPOLIS/TUMBA LONG. FOSA ANCH. FOSA ORIENTACIÓN DIÁM. TÚMULO ALT. TÚMULO

Bencarrón, T. de la Dehesa de las Canteras ... 2.65 m 1.52 m E-W 12 m 4 m Bencarrón, T. del Olivo ... 3.15 m 2 m NE-SW 15.30 m 3 m Santa Lucía 1 ... ? ? ? 2.35 m Acebuchal, túmulo A ... 2.65 m 1.25 m NE-SW 10 m 1.80 m Alcantarilla ... 3.90 m 2.17 m N-S 30 m 4 m Cañada de Ruiz Sánchez ... 2.84 m 1.78 m E-W 16 m 3.60 m

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si se les hubiese atado conjuntamente» (Garrido y Orta 1978: 39, lám. XVII). En el sector B de está necró- polis también se han documentado ocho inhumaciones en posición violenta aparentemente superpuestas en dos niveles que, aunque en un principio fueron considera- das como sepulturas individuales, finalmente se inclu- yeron en la misma tumba, a pesar de que en ningún momento se especifica en las diversas publicaciones la estructura o estructuras en las que fueron localiza- dos los cuerpos (Garrido 1983: 540-541, 545 fig. in- ferior; Garrido y Orta 1989: 32 fig. 17, 34).

Como bien notaron Garrido y Orta (1978: 39-49; 1989: 32), los paralelos para este tipo de enterramientos se documentan en los denominados «lapidados» de El Acebuchal (Bonsor 1899: 88-95; Amores 1982: 102- 103; Sánchez 1994: 140-141, 284-286), y en la pos- teriormente excavada necrópolis del Cerrillo Blanco, donde se excavaron veintiséis sepulturas de inhuma- ción, algunas de las cuales contenían un cadáver en posición forzada (González Navarrete y Arteaga 1980; Torrecilla 1985).

Pero, en todo caso, se trata de inhumaciones indi- viduales y en algunos casos con ajuares de cierta ri- queza como peines de marfil (tumba 14), por lo que no deja de resultar sorprendente el carácter «colecti- vo» que presentan algunas de las inhumaciones de la Joya, que únicamente se relacionarían con las de Ce- rrillo Blanco en el aparente uso colectivo del espacio funerario que parece documentarse en esta necrópolis, ya que éste parece estar delimitado por una serie de ortostatos que definen un área circular situada en la cima de un cerro que, por esta razón, adquiere un aspecto marcadamente tumular.

Sin embargo, no debe dejar de señalarse que las tumbas de la necrópolis de Cerrillo Blanco son indi- viduales salvo en el caso de la denominada «tumba megalítica», que presenta una inhumación doble, hecho que contrasta con la aparente recuperación de los cuerpos de La Joya en una misma estructura funeraria.

Igualmente, la ausencia de ajuar en las mismas: un fragmento de cerámica a torno rodada de antiguo en

la tumba 13 (Garrido y Orta 1978: 40) y aparentemente ninguno en las inhumaciones del sector B104; hacen

aún más difícil una interpretación de las mismas, al no poderse sugerir una cronología para las mismas y ver la aparente relación que presentan con el resto de las estructuras funerarias excavadas en esta interesan- te necrópolis.

Individuales

Fosas de inhumación en individuales se ha docu- mentado en once de las necrópolis recogidas en este trabajo: La Joya (Huelva), La Nicoba (San Juan del Puerto, Huelva), Bencarrón (Alcalá de Guadaira y Mai- rena del Alcor, Sevilla), Santa Lucía (Mairena del Alcor, Sevilla), el Acebuchal, Cruz del Negro, Ranilla y Maza- goso (Carmona, Sevilla), Osuna (Sevilla), Vega de Santa Lucía (Palma del Río, Córdoba) y Casa del Carpio (Belvís de la Jara, Toledo).

Estructuralmente están constituidas por una fosa excavada en el suelo que presenta plantas muy varia- das, estando algunas veces cubiertas por una superes- tructura tumular de pequeñas dimensiones. Dentro de las fosas de planta rectangular, que a veces presentan las esquinas redondeadas, se incluyen la tumba 14 de la necrópolis de la Joya, la tumba 2 de la necrópolis de Santa Lucía, las fosas 2, 4 y 8 de los «lapidados» de El Acebuchal, la fosa del túmulo B del Campo de las Canteras, las fosas excavadas en la Cruz del Ne- gro durante las campañas de 1989, 1990 y 1993, las documentadas bajo los túmulos violados en Ranilla en

NECRÓPOLIS/TUMBA LONG. FOSA ANCH. FOSA ORIENTACIÓN DIÁM. TÚMULO ALT. TÚMULO

La Joya 14 ... 2.50 m 1m N-S ? ? La Nicoba ... ? ? ? ? ? Bencarrón ... ? ? ? ? ? Santa Lucía 2 ... ? ? ? ? ? Acebuchal, túmul L ... ? ? E-W ? ? Acebuchal, fosa 2 ... 2.05 m 0.80 m E-W — — Acebuchal, fosa 4 ... 1.70 m 0.60 m? E-W — — Acebuchal, fosa 5 ... 2.20 m 0.75 m NE-SW — — Acebuchal, fosa 8 ... 2 m 1 m E-W — — Cruz del Negro ... ? ? ? ? ? Ranilla, túmulos 1978 ... ? ? ? ? 0.50 m Osuna, tumba A ... 1.75 m 0.75 m E-W — — Osuna, tumba B ... ? ? E-W — — Vega de Santa Lucía ... 2.80 m 2.40 m N-S — — La Casa del Carpio ... ? ? ? ? ?

TABLA 3.—Dimensiones y orientación de las fosas simples de inhumación y dimensiones de sus superestructuras tumulares.

104 No obstante, se han publicado como procedentes del área donde se

documentaron estas inhumaciones tanto un escarabeo de pasta blanca de manufactura egipcia en el que se puede leer «Shu, hijo de Re» o «Maat, hija de Re», o esconderse el nombre de Amón criptográ- ficamente (Garrido y García Martínez 1995); como una fíbula de tipo Acebuchal asociada a fragmentos de un cuchillo de hierro (Storch de Gracia 1989: 223 fig IV-17, pieza IV-28; 470), lo que llevaría a fechar este sector de la necrópolis entre el 650 y el 550 a.C., que se corresponde relativamente bien con la fecha en torno a mi- tad del siglo VII a.C. propuesta para la necrópolis del Cerrillo Blanco (Porcuna, Jaén).

136 MARIANO TORRES ORTIZ 1978 y la estructura exhumada en la Casa del Carpio,

que presenta la particularidad de estar escalonada en tres niveles. De planta oval serían las tumbas A y B de la necrópolis de Osuna y la inhumación del fondo de cabaña 4 de Vega de Santa Lucía. De planta com- pletamente irregular cabría calificar la fosa 5 de los denominados «lapidados» de El Acebuchal. No caracte- rizables al no existir suficiente información en la bi- bliografía son la fosa documentada bajo el túmulo L del Acebuchal, dos fosas excavadas en la necrópolis de Bencarrón y algunas de las excavadas en las cam- pañas de 1989, 1990 y 1993 en la Cruz del Negro. En lo referente a las cubiertas tumulares, sus dimen- siones y características son desconocidas en lo que res- pecta a las dos tumbas de Bencarrón, la tumba 2 de la necrópolis de Santa Lucía, el túmulo L del Acebuchal y el B del Campo de las Canteras, sabiéndose que en la necrópolis de Ranilla la altura de los túmulos que cubrían la fosas de inhumación era de aproximadamente 0.50 m (Amores 1982: 118, fig. 18; Sánchez 1994: 216). Como puede observarse en la tabla 3, la orienta- ción predominante de estas estructuras es la este-oes- te (siete casos), documentándose también una tumba con orientación nordeste-sudoeste y dos que presen- tan orientación norte-sur. Esta tendencia a orientar las tumbas de este a oeste o nordeste-sudoeste coincide

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