Si durante el III milenio antes de nuestra era la documentación sobre las prácticas funerarias del su- doeste peninsular es muy rica y se centra en la exis- tencia de grandes enterramientos megalíticos de carácter colectivo, el panorama cambia en el milenio siguien- te, en el que las evidencias son mucho más escasas y, a veces, de carácter dudoso. No obstante, se presenta aquí una breve discusión de la evidencia disponible. 1. LA ANDALUCÍA OCCIDENTAL
1.1. Enterramientos en hábitats
La práctica de la inhumación de los cadáveres en el interior de los poblados se generaliza en todo el valle del Guadalquivir durante la Edad del Bronce, abando- nándose progresivamente la anterior costumbre de la
inhumación colectiva en monumentos megalíticos y cuevas artificiales. La adopción de este tipo de ritual en la Andalucía occidental puede estar en relación con la expansión de esta práctica funeraria desde el área que ocupa la cultura argárica en el sudeste de Anda- lucía.
Ejemplos de enterramientos en los espacios de habi- tación los encontramos en el nivel XIV del poblado de Setefilla (Lora del Río, Sevilla), en los niveles 20 y 22 del tell de Monturque (Córdoba), en el nivel 13 del corte CA-80/B de Carmona (Sevilla), y en el fon- do de cabaña excavado en El Estanquillo (San Fernando, Cádiz).
En el primer caso, se documentaron tres inhuma- ciones, una de las cuales había sido depositada en una fosa cubierta por un amontonamiento de piedras y presentaba un importante ajuar metálico consistente en un estoque o espada, un puñal y una alabarda de co- bre arsenical y un recipiente cerámico de gran tama- ño (Aubet y Serna 1981; Aubet et alii 1983: 45-47 fig. 13, 188-189 láms. XII-XIII). De este nivel se ha ob- tenido una fecha de C14 de 3520±95 bp, que calibra- da17 a dos sigmas arroja una cronología entre 2130 y
1610 A.C., con un intervalo de mayor probabilidad (97 %) entre 2050 y 1610 A.C. No obstante, los ma- teriales recuperados en este estrato así como los ele- mentos del ajuar sugieren una datación para la sepul- tura poco antes de mediados del segundo milenio a.C., debiéndose muy probablemente la antigüedad de la datación radiocarbónica a la presencia de madera vie- ja en este estrato.
En Monturque se han documentado dos sepulturas de inhumación de las mismas características que la excavada en Setefilla. Las mismas pueden datarse post quem a partir de la datación radiocarbónica obtenida en el nivel 22: 3040±90bp, que calibrada a dos sigmas
FIGURA 10.—Enterramiento en pithos excavado en el nivel 13 del corte CA-80/B de Carmona, Sevilla (según Pellicer y Amores, 1985).
17Todas las dataciones radiocarbónicas han sido calibradas con el pro-
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arroja un marco temporal entre 1450 y 1010 A.C. La datación obtenida de segunda mitad del II milenio a.C. parece plenamente aceptable.
También en Carmona se ha excavado un enterra- miento datado en la Edad del Bronce. En este caso se trata de una inhumación infantil en pithos (figura 10) que muestra claras vinculaciones rituales con la cultura argárica, siendo por el momento este enterra- miento un unicum en la Andalucía Occidental (Pellicer y Amores 1985: 103-104 fig. 43).
En El Estanquillo se ha documentado una inhuma- ción en fosa relacionada con un fondo de cabaña da- tado en torno a mediados del II milenio a.C. según se desprende del conjunto ergológico recuperado (Ramos et alii 1993: 134 fig. 4; Alcázar 1994).
1.2. Necrópolis de cistas
En la Andalucía occidental, este tipo de enterra- mientos se concentra en la franja de la sierra onubense, donde M. del Amo (1975; 1993) ha localizado una gran cantidad de necrópolis que presentan este tipo de es- tructuras. Este autor (del Amo 1975: 109-112), fecha estas necrópolis en la Edad del Bronce y, concretamente, las relaciona con las cistas del denominado Bronce del Sudoeste, documentadas principalmente en el sur de Portugal. A partir de las excavaciones en las necrópo- lis del Becerrero y Las Mesas, propone del Amo (1975: 148, 150, 157) una cronología que arrancaría a partir del 1500 a.C., en un ambiento cultural inmediatamente posterior al del horizonte de Ferradeira, alcanzando el
1300 a.C. en la necrópolis de El Becerrero (ibidem: 172). No obstante, la revisión de la cronología del horizonte de Ferradeira, al que ahora se considera encua- drado dentro del Calcolítico (Ruiz-Gálvez 1984a: 331; Barceló 1991: 16-18), situaría la cronología para el inicio del uso de estas estructuras funerarias a comienzos del segundo milenio a.C.
Sin embargo, estas necrópolis de cistas también han sido localizadas en la Tierra Llana de Huelva, en lo- calidades como Beas y Niebla, y en la zona del curso bajo del Guadiana (del Amo 1975: 172-178; Gómez et alii 1994: 347 fig. 1), al igual que en la provincia de Sevilla, concretamente en la zona limítrofe con Huelva, en el Cortijo de Chichina. En este yacimien- to se excavaron cuatro enterramientos en cista (figura 11) y uno en fosa que se relacionan con los excavados en la serranía y la tierra llana onubense (Fernández Gómez, Ruiz Mata y Sancha 1976).
Por todo ello, podemos comprobar como la provincia de Huelva, con una extensión en la zona de la serra- nía sevillana, presenta durante la Edad del Bronce unas costumbres funerarias que implican la inhumación del cadáver en una cista. A causa de ello, esta zona se enmarca dentro de tradición funeraria de la cultura del Bronce del Sudoeste, frente al resto del valle del Gua- dalquivir, que con sus inhumaciones dentro de las áreas de hábitat se encuadran más bien dentro de la tradi- ción argárica del sudeste peninsular.
Una posible extensión de estas prácticas funerarias en la provincia de Cádiz tal vez podríamos documentarla en la Loma del Puerco (Chiclana de la Frontera), donde se excavaron varias inhumaciones en fosa, de las que destacaba la denominada tumba 6. Ésta consiste en una sepultura colectiva en la que se han depositado los restos de, al menos, cinco individuos y que presenta una estructura formada por dos fosas circulares de peque- ñas dimensiones (1.14 y 1.22 m de diámetro) excavadas en la marga terciaria y separadas por lajas de arenis- cas dispuestas verticalmente, habiéndose documenta- do la existencia de varios fragmentos cerámicos amorfos, abundantes restos malacológicos y un adorno de co- bre. Para la misma disponemos de una fecha radio- carbónica sobre hueso de 2940±90 bp (UBAR-346 que calibrada a dos sigmas arroja unos intervalos entre 1390- 1330 (6%) y 1320-900 a.C. (94%) (Giles et alii 1993- 94: 46-47).
1.3. Enterramientos en cueva artificial
Sin embargo, a pesar de los cambios rituales ob- servados en los enterramientos desde el comienzo de la Edad del Bronce que se resumen en la adopción de la inhumación individual en cista o en el interior de poblados tal y como se ha señalado, las evidencias excavadas en los últimos años en un hipogeo situado en la necrópolis de Las Cumbres (Puerto de Santa María, Cádiz) atestigua de forma fehaciente la conti-
FIGURA 11.—Enterramiento en cista del Cortijo de Chichina (según Fernández, Ruiz Mata y Sancha, 1976).
51 EL SUSTRATO: LAS PRÁCTICAS FUNERARIAS EN EL SUDOESTE DE LA PENÍNSULA IBÉRICA...
nuidad de la vieja tradición calcolítica del enterramiento colectivo.
En esta cueva artificial se recuperaron los restos de 24 o 25 individuos en cuyo ajuar funerario se documentó la existencia de objetos de cobre arse- nicado y de bronce, entre ellos un puñal con roblo- nes de plata, asociados a cerámica campaniforme puntillada.
El conjunto ha sido fechado por sus excavadores entre los siglos XVII y XV a.C. en la transición entre el Calcolítico y el la Edad del Bronce dejando abier- ta la puerta a la pervivencia de los enterramientos co- lectivos y la cerámica campaniforme en plena Edad del Bronce (Ruiz Mata y Pérez 1995: 114-115).
Dado el interés de este hipogeo, la obtención de dataciones radiocarbónicas sería muy deseable para poder fijar la cronología absoluta del II milenio en Andalucía occidental.
2. EL SUR DE PORTUGAL: NECRÓPOLIS DE CISTAS Y LOSAS ALENTEJANAS
Uno de los elementos que ha servido para definir las prácticas funerarias de las poblaciones del sudoes- te peninsular han sido las denominadas losas alentejanas o estelas de tipo I en la tipología de Almagro Basch. Su carácter figurativo y monumental ha provocado un constante interés por parte de diversos investigadores, aunque su cronología y enmarque cultural ha sido ob- jetos de interpretaciones discordantes, como veremos a continuación.
El primer trabajo de síntesis que se ocupó de es- tos objetos fue la monografía que Almagro Basch dedicó a las estelas decoradas del sudoeste peninsular. Este autor propuso una cronología entre los años 1000 y 800 a.C. (1966: 204-208) a partir de ciertos elemen- tos representados en las mismas como escoplos, cin- celes, gubias y hachas de enmangue directo, conside- rando perduraciones la presencia de ciertos elementos más antiguos como espadas, alabardas e ídolos ancori- formes.
También en la misma línea de propugnar una fe- cha tardía para las mismas se pronunció Schubart (1971: 157), que en su síntesis sobre las culturas de la Edad del Bronce en el Sudoeste peninsular también propo- ne una cronología de Bronce Final para estas losas, concretamente entre 1100 y 800/700 a.C., destacando la presencia de cuentas de vidrio, a las que relaciona con el comercio fenicio, y vasos de tipo Odivelas en los ajuares de las cistas de su Bronce del Sudoeste II, para justificar esta cronología tan tardía.
Es, sin embargo, Almagro-Gorbea (1977: 186-187) el que comienza a barajar una fecha de inicio para las losas alentejanas en un momento indeterminado del segundo milenio, pero señala que no se puede fijar hasta cuándo pudieron perdurar los objetos representados en las mismas: espadas de tipología argárica, alabardas, etc; en el sur de Portugal. No obstante, aboga por una fecha final para las mismas en un momento indeter- minado del siglo X debido a que son claramente an- teriores a las extremeñas, que este investigador fecha- ba por aquel entonces a partir del siglo IX a.C. en adelante, y por la no representación en las losas alente-
52 MARIANO TORRES ORTIZ janas de espadas pistiliformes fechadas en el siglo X
a.C. por Almagro-Gorbea a partir de la evidencias radio- carbónicas obtenidas en los depósitos de la Ría de Huelva y San Estebán del Río Sil.
Igualmente críticas con la cronologías tardías atri- buidas por Almagro Basch y Schubart se muestran M.aE. Aubet y Serna (1981). Estas investigadoras creen
insostenible la perduración de las losas alentejanas hasta el Bronce Final por la tipología de los objetos repre- sentados en las mismas: alabardas, espadas de tipología argárica, etc; que pueden ser más bien relacionables con horizontes culturales del Bronce Antiguo y Me- dio. Igualmente, tienen dudas de que la representación de un hacha de enmangue directo en la estela de Assento y la técnica de grabado de la estela de Lon- groiva aboguen por una cronología exclusivamente del Bronce Final para estos monumentos.
También Ruiz-Gálvez (1984a: 331-332; 1984b: 518- 520) propone fechar las losas alentejanas dentro del Bronce Pleno y antes del Bronce Final, ya que la tipolo- gía de las espadas, relacionables con el mundo argárico, así lo exige. Señala igualmente esta investigadora con toda lógica la inviabilidad de que estas armas se re- presenten en el sudoeste no cuando están en pleno uso en la cultura argárica, sino cuando ésta ya ha desapa- recido.
Dentro de la misma corriente interpretativa, Barceló (1991) las vincula al Bronce Pleno y defiende una fecha de inicio hacia 1700/1600 a.C., empezando a perder su valor ideológico entre 1400/1300 a.C.: se esculpen hachas planas en vez de hachas de talón, que serían lo normal si se fecharan en el Bronce Final, y, ade- más, espadas de tipología argárica, que para Belén y Escacena (1995: 104) no perdurarían hasta el Bronce Final, en vez de espadas de tipología atlántica. Nin- guno de los autores que han revisado estas estelas han considerado el resto de los elementos analizados por Almagro Basch ya que son objetos de dudosa inter- pretación, como él mismo admite.
El análisis detallado y ecuánime de las losas alenteja- nas nos demuestra un inicio de la mismas en el Bronce Pleno, en algún momento indeterminado del segundo milenio, tal y como ya señaló en primer lugar Almagro- Gorbea (1977: 186-187). La fecha que marca el final de su uso cabría colocarla en torno al 1100 a.C. a partir de dos hechos. En primer lugar, la representación en las mismas de hachas de enmangue directo (Assento) que Almagro-Gorbea (1989: 282) pone en relación con los contactos mediterráneos que se producen con los movimientos de los denominados Pueblos del Mar en los siglos XIII-XII a.C. En segundo lugar, por la inexis- tencia de espadas pistiliformes representadas en las losas, clasificadas tipológicamente en el Bronce Final II de Coffyn y para el que Ruiz-Gálvez (1984b: 518- 520; 1995a: 82) propone un inicio circa 1100 A.C. en fechas calibradas de radiocarbono.
Por todo ello, creo que las losas alentejanas no se encuadran dentro del ámbito cronológico en el que se
enmarca este trabajo, aunque era necesario su análisis a causa de la tradición historiográfica que fecha estos monumentos en el Bronce Final.
Sin embargo, la organización del espacio funera- rio que presentan necrópolis de la Edad del Bronce como Atalaia (Schubart 1965: figs. 23-25) es comple- tamente coincidente con el de otros cementerios per- fectamente datados en la Edad del Hierro como Herdade do Pego, Fonte Santa, Chada, Fernao Vaz, Pardieiro, etc. Así, podemos hipotetizar la existencia de un phylum común que une las manifestaciones funerarias del sur de Portugal aún admitiendo la desaparición de las lo- sas alentejanas en torno al 1100 a.C. Soy consciente de que esta hipótesis se basa más en la lógica de la dinámica interna de los ritos funerarios documentados en el sur de Portugal que en datos más explícitos, pero creo que no por ello debe pasarse por alto, debiéndo- se la supuesta no identificación de las sepulturas fe- chadas entre 1100 y 700 a.C. a una continuidad en los ajuares cerámicos, aunque no los metálicos18, que no
permite definir la existencia de fases diferenciadas en el registro arqueológico. Sin embargo, una confirma- ción de lo expuesto anteriormente puede ser deducida de la datación de C14 (KN-201) obtenida en la sepul- tura 7 del grupo de sepulturas IV de la necrópolis de Atalaia (Ourique, Baixo Alentejo) y que arroja una datación de 2800±50 bp, que calibrada a dos sigmas arroja sendos intervalos de fechas entre 1077-1061 y 1051-826 a.C., siendo este último el de mayor proba- bilidad: 98%.
3. EXTREMADURA
3.1. Las necrópolis de cistas
Hasta hace relativamente poco tiempo las necrópolis de cistas en Extremadura se suponían más que tener pruebas fehacientes de su existencia. Tanto Almagro- Gorbea (1977: 151) como Esteban reconocían el ca- rácter único de la necrópolis de Valcorchero (Cáceres), señalando este último autor la posible existencia de otra necrópolis de estas características en Valencia de Alcán- tara, en el cerro donde se hallaron las estelas (Este- ban 1984: 59-61).
Más insegura aún era la cronología que se otorga- ba a las mismas. Almagro-Gorbea (1977: 151, 157) señalaba la relación que presentaban las cistas de Valcor- chero con las de la cultura de Atalaia-Aracena, pro- poniendo para las mismas una datación en el Bronce
18Debe notarse sin embargo el hecho de que las espadas de tipología
argárica no se depositan en ningún momento en las sepulturas del Bronce del Sudoeste en su fase más antigua, por lo que la no inclu- sión de espadas de tipología atlántica entre 1100 y 700 a.C. respon- dería al mismo patrón de deposición documentado en la fase anterior. Para la inexistencia de espadas en las necrópolis de cistas portugue- sas podrían aventurarse razones de tipo ritual: las espadas serían amortizadas en otros contextos; o de tipo económico: escasez y ele- vado valor sociotécnico de estos objetos, impidiendo su amortización en los ritos funerarios.
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Final basándose en su forma irregular y pequeñas di- mensiones, características estas propias de los ejem- plares más tardíos tipológicamente en el sudoeste. Pun- tualiza también Almagro-Gorbea la anterioridad de estas cistas frente a las estelas decoradas del sudoeste.
Esteban (1984: 66-67) afirma que el mundo fune- rario del Bronce Final en el Sudoeste de Extremadura se caracteriza en por la inhumación en cista del cadá- ver, procedimiento que tendría su origen en el Bron- ce Pleno. Igualmente, propone una fecha para Valcor- chero en el siglo XII a.C., pero sin ningún tipo de apoyo arqueológico, ya que las cistas se hallaron completa- mente saqueadas. Por ello, se basa en que son poste- riores a las de Huelva, fechadas por del Amo entre 1500-1300 a.C., y en la inexistencia de estelas extre- meñas, que indicaría una fecha anterior al siglo X a.C. Sin embargo, para este investigador, estas estructuras alcanzarían los siglos IX-VIII a.C., basándose en una supuesta asociación de cistas a las estelas halladas en Valencia de Alcántara, para finalizar en el siglo VII a.C. con la implantación del rito de la cremación.
No obstante, se ha demostrado que las necrópolis de cistas eran mucho más abundantes en Extremadura de lo que en un principio se suponía a partir de la publicación por parte de Gil-Mascarell, Rodríguez y Enríquez (1986) de quince necrópolis localizadas en la Baja Extremadura (Badajoz), a las que habría que añadir algunas más, como La Minita, en el transcurso de los últimos años (Pavón, González y Plaza 1993; Pavón 1995: 42).
Por los materiales hallados en las mismas, se han vinculado a los horizontes culturales extremeños de- nominados Epicalcolítico y Bronce Pleno, fechados en el II milenio a.C. Desafortunadamente, sólo se han podido asociar a poblados Epicalcolíticos, desconocién- dose la relación entre sepulturas y hábitats durante el
Bronce Pleno (Gil-Mascarell, Rodríguez y Enríquez 1986: 35, 40-41). Señalan también estos autores los paralelismos que existen entre la forma de estas cistas, posición del difunto y elementos de ajuar con las del Bronce del Sudoeste y, sobre todo, con las cistas onu- benses. Sin embargo, advierten que en el Sudoeste la organización de las cistas presentan una organización mucho más monumental que en la Baja Extremadura (ibidem: 35-36, 39).
Últimamente, Pavón (1993: 168 fig. 9) propone una fecha para las necrópolis de cistas extremeñas entre 1500 y 1100 a.C. y, en general, para el Bronce del Sudoeste en la cuenca media del Guadiana entre 1700 y 1100 a.C. (Pavón 1995: 45), aunque al relacionar las cistas existentes en las cercanías del poblado de Pala- cio Quemado con la fase II de este yacimiento (Pa- vón 1993: 151), con una fecha de radiocarbono de 3570±100 bp que, calibrada a dos sigmas, arroja unos intervalos entre 2200-2150, 2140-1680 y 1650-1620 a.C., siendo el segundo de los mismos el de mayor probabilidad (95%), sugiere indirectamente la existencia de estas estructuras funerarias desde la primera mitad del II milenio a.C.
El examen de la evidencia que proporciona el re- gistro funerario claramente sugiere un horizonte de enterramientos en cista que va a caracterizar la Edad del Bronce extremeña y que se inserta, en mayor o menor medida, en la tradición funeraria que se obser- va en el sudoeste de la Península Ibérica durante el II milenio a.C., constituyendo uno de los rasgos definito- rios de un área cultural con personalidad propia: el Bronce del Sudoeste (Schubart 1975).
3.2. Las estelas decoradas extremeñas
La vinculación de estos monumentos con el mun-