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Grados de Recomen

Dación (SIGN)

Instrumentos

Agua y jabón (Consejería de Sanidad, 1992a). D Suero fisiológico o soluciones específicas para la limpieza de los oídos

(Suárez, 2001).

D Bastoncillo con tope de seguridad (Suárez, 2001). D Agua oxigenada rebajada (Gómez Ayala, 2007). D Difusores de agua marina (Caballero, 2008). D No deben utilizarse objetos puntiagudos (bastoncillos de algodón,

pinzas, horquillas…) (Caballero, 2008; Lee et al., 2005; Lorente et al, 2006; McCarter, et al., 2007).

(D;D;D;D)

Edad de inicio 6 meses de edad en caso de difusores de agua marina (Caballero, 2008).

D Autonomía en

los menores

Nunca los menores solos, sobre todo si usan objetos rectos y rígidos (Giménez, 2005a).

D

Técnica

Únicamente eliminar la cera que sale fuera del conducto auditivo en el pabellón auricular con agua y jabón (Consejería de Sanidad, 1992a).

D Difusores de agua marina: el líquido debe permanecer de 1 a 2

minutos dentro del oído, manteniendo la cabeza inclinada, siendo el mejor momento durante la ducha o baño (Caballero, 2008).

D

Frecuencia

Cada 15 días (Gómez Ayala, 2007). D Cada 2 ó 3 días (Caballero, 2008). D

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2.2.5.4 Higiene íntima

2.2.5.4.1 Importancia de la higiénica íntima

La zona genital externa tanto masculina como femenina requiere, por su ubicación, morfología y funcionalidad, de una higiene y cuidados específicos, más exigentes que la de otras zonas corporales. La piel de la zona genital está más irrigada e inervada, y es más permeable que el resto de la piel corporal, por lo que presenta mayor reactividad frente a agentes irritantes (Bonet & Garrote, 2010b, p. 60).

Además, en el caso de las niñas, se suma que la vulvovagina pediátrica es particularmente susceptible a irritantes debido a “factores anatómicos que incluyen: mayor proximidad de la vagina al ano, la falta de grasa en las almohadillas labiales y vello púbico, la atrófica y no estrogenizada mucosa vaginal, la fina piel vulvar; y un alcalino pH vaginal” (Van Eyk et al., 2009, p. 853).

La falta de higiene íntima, tanto en hombres como mujeres, conlleva una acumulación de secreciones glandulares que unida al propio recambio celular conforma el esmegma. En las mujeres el esmegma suele acumularse en la zona entre los labios mayores y menores y alrededor del clítoris. En los varones el esmegma se produce por la mucina de la uretra mezclada con las células epiteliales descamadas subprepuciales y secreciones de las vesículas seminales y de la próstata (Chukwuemeka, Kashibu, Precious & Mohammad, 2012. p. 21). Los varones incircuncisos tienen mayor facilidad de acumular esmegma en el espacio balano prepucial, por lo que deben extremar la higiene (Bonet & Garrote, 2010b, p. 60). El acumulo de esta secreción conlleva la irritación de la zona genital.

La higiene del pene es un tema importante para la salud masculina, fundamentalmente para aquellos hombres y niños que tienen prepucio. La falta de higiene del pene puede llevar a padecer balanitis, balanopostitis, deposición de cálculos del prepucio (Menon & Rao, 2004, p. 200), fimosis adquirida, infección de las vías urinarias, cáncer de pene (American Academy of Pediatrics taskforce on circumcision, 1999, en Wilson, Cumella, Parmenter, Stancliffe & Shuttleworth, 2009, p. 107; Menon & Rao, 2004, p. 200; Warner, 1981, p. 971), parafimosis e infección por candida albicans (American Academy of Pediatrics taskforce on circumcision, 1999, en Wilson et al., 2009, p. 107). La infección del tracto urinario es una de las infecciones bacterianas más comunes que se observan en la infancia produciéndose es el 1% de los varones y el 3-5% de las niñas de menos de 14 años. Los niños incircuncisos tienen 12 veces más riesgo que los circuncidados. El acúmulo de esmegma puede ser colonizado por variedad de organismos siendo un primer paso para una infección ascendente de las vías urinarias (Chukwuemeka et al.,

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2012). Palaniswamy y Bhandari (1983, en Menon & Rao, 2004, p. 200) establecen una alta asociación entre una pobre higiene genital masculina y la estenosis de la uretra terminal. Una revisión de la literatura sobre la carcinogenicidad del esmegma sostienen que no existe evidencia científica que apoye que el esmegma sea un factor de riesgo de cáncer de pene, señalando que los estudios que encuentran relaciones entre cáncer y esmegma podrían en realidad ser debidos a la fimosis y a las prácticas higiénicas (Van Howe & Hodges, 2006).

A pesar de las consecuencias para la salud que una higiene deficitaria del pene puede suponer, Kalcev (1964, en Warner, 1981, p. 971) estudiando la relación entre circuncisión e higiene del pene en escolares, observó que de 50 niños de entre 4 y 5 años con prepucio completamente retráctil, sólo 27 practicaban higiene personal en el área genital; y de 69 menores de entre 14 y 15 años, con prepucio retráctil, únicamente 19 realizaban higiene del pene. Este estudio también revelaba que la mayoría de los padres conocían que a sus hijos no les gusta lavarse.

En las mujeres, una insuficiente higiene vulvar puede ser consecuencia de una fusión labial (Gaudens et al., 2008; Van Eyk et al., 2009), vulvitis y vulvovaginitis (Esmaeili & Kianifar, 2006, p. 135; Navratil, 2002, p. 475; Van Eyk et al., 2009).

Van Eyk et al. (2009), recomiendan recoger las prácticas de higiene vulvar en la historia de las pacientes con liquen escleroso. Enfatizan la necesidad de una escrupulosa higiene vulvar como parte destacable del tratamiento en mujeres con psoriasis en la vulva, y a menudo como única terapia en ciertas vulvovaginitis y fusiones labiales. Un estudio prospectivo y analítico de las vulvovaginitis llevado a cabo a dos grupos de 50 niñas y 50 adolescentes, en el Hospital Docente Gineco-obstétrico “Ramón González Coro” de La Habana, concluye que “el mal hábito higiénico es el principal factor desencadenante de esta afección en ambos grupos, constituyó el 76% en las niñas y el 70% en las adolescentes” (Varona et al., 2010, p. 73).

2.2.5.4.2 Recomendaciones para una adecuada higiene íntima

Dentro del abanico de medidas higiénicas a enseñar a los menores, se debe prestar especial atención a la higiene de los genitales, “sobre todo después de la micción y la defecación; es necesario además educar e ir creando los hábitos correctos de higiene, aseo y por tanto (…) a tener sus propios objetos de aseo y limpieza” (Varona et al., 2010, p. 83).

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Para una higiene íntima adecuada es suficiente lavar la zona con agua y un jabón suave específico para tal fin, “preferentemente dos veces al día: una por la mañana y otra por la noche” (Azcona, 2005, p. 64). Es importante aclarar bien con agua el jabón para evitar irritación e inflamación de la zona genital (Menon & Rao, 2004, p. 200). Los jabones íntimos deben tener un pH más bajo que el resto de jabones dermatológicos, tanto para evitar la formación de precipitaciones cálcicas en contacto con aguas duras, como para respetar el grado de acidez del área genital (pH 3,5-4,5), mecanismo de defensa frente a los microorganismos patógenos, favorecido en la flora vaginal femenina por bacilos de Döderlein (Divins, 2003, p. 47). Restrepo (2009, p. 309) incide en la necesidad de usar “jabones con pH neutro o ácido”.

En aquellos casos en los que no dispongamos de los medios necesarios para la higiene íntima, Azcona (2005, p. 64) señala las toallitas limpiadoras, como las indicadas en la higiene perianal infantil, como lo más útil. Su composición se basa en “un soporte textil o celulósico impregnado de (…) una mezcla de tensioactivos, humectantes (glicerina o propilenglicol) y agentes calmantes y acondicionadores, que no requieren aclarado tras su utilización” (Bonet & Garrote, 2010b, p. 60). Divins (2003, p. 49), aconseja diferenciar en el mercado de las toallitas íntimas, entre las de uso perianal, toallitas multiuso y las indicadas para la higiene íntima femenina.

En la higiene íntima de la mujer, Azcona (2005, p. 64) indica que “el lavado de la zona debe incluir la vulva, los labios mayores y menores y el clítoris. (…) La vagina no debe limpiarse, ya que presenta su propio mecanismo depurador: el flujo vaginal”.

En este sentido, Bonet y Garrote (2010b, p. 60) especifican que la realización de duchas vaginales “no se recomienda de ningún modo, a no ser que exista indicación médica para ello, (…) ya que actúan eliminando sustancias y flora autóctona con acción protectora”.

Rajamanoharan, Low, Jones y Pozniak (1999) realizaron un estudio de casos-controles en Londres con 100 mujeres con vaginosis bacteriana, y 100 sin dicha patología para examinar las asociaciones entre las prácticas de higiene genital, vaginosis bacteriana y grupo étnico. El estudio concluye que las mujeres que habitualmente incluyen en su higiene íntima duchas vaginales, antisépticos vulvares y vaginales o baños de espuma, pueden duplicar el riesgo de padecer vaginosis bacteriana. Esta conducta higiénica era adoptada fundamentalmente por mujeres negras afro-americanas y caribeñas.

Van Eyk et al. (2009, p. 853) recomiendan realizar la higiene íntima de las niñas sentándolas en una tina de agua limpia, templada y sin jabones, durante 10 a 15 minutos al día. En presencia de esmegma entre los pliegues labiales, realizar un lavado

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con un jabón suave. La vulva se secará con palmaditas suaves o al aire. Estos autores también aconsejan enseñar a las niñas a que orinen con las piernas separadas, y que se apoyen hacia delante para minimizar la orina que llega hasta la vagina. Asimismo, indican que tras orinar o defecar, las niñas deben limpiarse siempre en dirección de adelante hacia atrás para minimizar la contaminación de la vulva y la vagina con microorganismos entéricos (Restrepo, 2009, p. 309; Van Eyk et al., 2009, p. 853). En general, como hábitos desaconsejables en la higiene íntima femenina, Azcona (2005, p. 63) señala el uso de esponjas destinadas a la limpieza genital, pues suelen permanecer húmedas y acumulan suciedad y microorganismos; así como el uso de desodorantes tanto por el riesgo de irritación como por enmascarar posibles alteraciones.

En cuanto a la realización de una correcta higiene íntima masculina, se debe tirar suavemente del prepucio y enjuagar con agua y jabón. Una vez secado con una toalla, el prepucio debe ser llevado de vuelta a su estado original, cubriendo el glande (McGregor, Pike & Leonard, 2007). De este modo evitamos el riesgo de parafimosis (Menon & Rao, 2004, p. 200).

A los niños con fimosis fisiológica, que supone el 10% a los 3 años (McGregor et al., 2007; Menon & Rao, 2004, p. 200; Warner & Strashin, 1981, p. 971), y el 8% a los 6 años de edad, se les debe enseñar a retraer con suavidad el prepucio durante la micción o el baño para ayudar a conseguir un prepucio retráctil (McGregor et al., 2007). La literatura pediátrica sobre la edad a la que se debe iniciar la retracción del prepucio y su higiene en los menores es diversa. Osborn, Metcalf y Mariani (1981, p. 367) recomiendan a los padres iniciar la retracción del prepucio y su lavado cuando el niño tiene 4 años de edad, instruyendo al menor y dejando que realice los cuidados por sí mismo tras un periodo de supervisión. Estos autores estudiaron a través de un cuestionario enviado a 146 miembros de la Sociedad de Pediatría de Salt Lake City, en el estado de Utah, los consejos higiénicos del pene que éstos daban a los padres de niños no circuncidados, obteniendo respuestas muy variables. El estudio concluye una falta de conocimientos de los pediatras, concernientes a la atención higiénica de los niños no circuncidados.

Menon y Rao (2004, p. 200) aconsejan la retracción del prepucio desde los 2 años de edad, convirtiéndolo en un hábito para el niño tanto al orinar como durante el baño. Antes de los 2 años, estos autores solo indican limpiar la zona exterior del prepucio.

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Sin embargo, Santucci et al. (2005, en Wilson et al. 2009, p. 107), solo recomiendan incluir la retracción suave del prepucio durante el baño en la higiene diaria de los menores a partir de los 6 años de edad.

Tanto en la higiene perineal de niños como de niñas, el lavado del ano debe posponerse al del pene o vulva para evitar infecciones del tracto genitourinario (Consejería de Sanidad, 1992a, pp. 18-19).

En cuanto a la ropa interior, ésta debe ser de algodón (Gómez Carrizo, 2001, p. 101; Restrepo, 2009, p. 309), fundamentalmente en las niñas, como prevención de la vulvovaginitis inespecífica (Restrepo, 2009, p. 309), y ha de ser cambiada diariamente (Consejería de Sanidad, 1992a, pp. 29; Gómez Carrizo, 2001, p. 101).

En la tabla 2.5 se muestran de forma sintetizada las recomendaciones halladas en la literatura sobre higiene íntima y el grado de recomendación utilizado por el Scottish

Intercollegiate Guidelines Network (SIGN) (Harbour & Miller, 2001).

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