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Grados de Recomen dación (SIGN)

Instrumentos

Limpiador lingual con forma de espátula adaptada a la curvatura de la

lengua (Hernández Martínez, 2002). D Cepillo de dientes (Alvira & Fustero, 2004; Bonet & Garrote, 2002; Bosh,

2007). (D;D;D) Cepillo o rascador lingual y geles linguales (Bonet & Garrote, 2010). D

Técnica

Realizarla de forma previa al cepillado dental (Hernández Martínez,

2002) D

Iniciar limpiando la zona central de la lengua seguido de un arrastre en

sentido postero-anterior (Hernández Martínez, 2002). D Se deben limpiar zonas más profundas de la lengua conforme la

sensación nauseosa disminuya (Hernández Martínez, 2002). D Frecuencia

Por la mañana y por la noche (Hernández Martínez, 2002). D Cada vez que se lavan los dientes (Alvira & Fustero, 2004; Bonet &

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que el hecho de tener los pies “casi siempre encerrados dentro del calzado hace que caigamos en el error de olvidarnos de ellos y sólo nos acordamos cuando nos causan dolor o alteraciones estéticas”. Para Hernández Martínez (2002, p. 142) el pie es la parte anatómica de nuestro organismo “más olvidada y descuidada por la mayoría de los habitantes del planeta”. Soportan el peso corporal, ejercen de palanca y dirigen el movimiento para la marcha, y además están expuestos a continuas agresiones.

Anatómicamente nos encontramos que “la piel del pie difiere del resto de la del cuerpo en que no posee glándulas sebáceas, de manera que la película hidrolipídica es menos rica en componentes grasos y no protege adecuadamente esa zona”. Además el estrato corneo de la epidermis tiene mayor espesor en los pies que en el resto del cuerpo, amortiguando el continuo roce al caminar. “Por otro lado, los pies presentan un elevado número de glándulas sudoríparas ecrinas. A través de ellas se eliminan el agua, las sales y las sustancias de desecho” (Azcona, 2007, p. 48).

Una adecuada higiene podal ayuda a prevenir el mal olor asociado al exceso de secreción sudoral del pie. Este líquido secretado por las glándulas sudoríparas ecrinas es inicialmente inodoro, pero la mala ventilación, la elevada temperatura y humedad y la ausencia de luz que ocasiona el tener los pies encerrados en los zapatos, favorece la proliferación de microorganismos saprófitos de la piel, que descomponen el sudor originando el mal olor. Asimismo, el exceso de sudoración puede macerar la piel de los pies, haciéndola más permeable, posibilitando el desarrollo de una infección o una dermatitis (Azcona, 2007, p. 50). Por tanto hay que tener presente que “una adecuada higiene del pie puede prevenir infecciones y lesiones en las extremidades inferiores” (Azcona, 2004, p. 62), además de prevenir el mal olor.

El primer estudio nacional sobre hábitos de higiene y cuidado podal en España, coordinado por Altozano (2007), con población española mayor de 14 años, revela las siguientes conclusiones principales:

• Uno de cada tres españoles reconoce tener problemas de olor y exceso de

sudor con sus pies.

• El 29,41% de los españoles no se lava correctamente los pies a diario.

• El 25,49% de los españoles tiene o ha tenido hongos en alguna ocasión.

• El 24,8% no toma ningún tipo de precaución en piscinas o gimnasios para evitar

infecciones.

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• Un 26,71% de los españoles no usa un calzado adecuado o usa un solo par de

zapatos a la semana.

• Casi un 40% ha pedido en alguna ocasión asesoramiento al farmacéutico ante

un problema en los pies.

Según este estudio, casi la mitad de la población española asegura no utilizar ningún tipo de producto específico para la higiene y el cuidado de los pies. Murcia es la comunidad española donde más se realiza un peeling semanal y se hidratan los pies a diario, y la segunda comunidad donde más se toman precauciones en playas y piscinas. Pero al mismo tiempo, se queda en los últimos puestos en uso de un calzado adecuado (Altozano, 2007).

2.2.5.2.2 Recomendaciones sobre los cuidados higiénicos de los pies, uñas y calzado

El lavado de pies se debe realizar con agua tibia o fría, con una duración aproximada de 10 minutos. Se empleará un jabón con pH fisiológico (Azcona, 2004, p. 62). Deberá ser diario e incluir el cepillado suave de las uñas y la frotación con piedra pómez de cualquier zona de piel endurecida (Fustero, 2007, p. 67). El secado posterior será concienzudo, especialmente en la zona interdigital, para prevenir la infección por hongos y/o bacterias (Azcona, 2004, p. 62; Divins, 2001, p. 40; Fustero, 2007, p. 67). También debe incluirse como parte de la higiene de los pies una correcta hidratación, por lo que es conveniente aplicar regularmente cremas hidratantes en los pies evitando con esta medida la formación de durezas, callosidades y grietas (Azcona, 2004, p. 62). Fustero (2007, p. 67) sugiere realizar la hidratación de los pies después del baño y sin olvidar incluir las uñas.

Realizar una exfoliación podálica semanal, debería incluirse dentro de los cuidados higiénicos regulares de los pies para eliminar las células muertas. Fustero (2007, p. 67) recomienda a tal efecto poner “los pies en remojo en agua tibia (y unas gotas de esencia de naranjo). Frotar luego con piedra pómez, secar bien y aplicar, con un masaje ascendente, una crema hidratante rica en germen de trigo”.

La higiene de las uñas de los pies está inmersa en la higiene podal. Hernández Martínez (2002, p. 164), aconseja el corte de las uñas del pie “después de haber lavado y secado los pies”. Para conseguir un adecuado corte de uñas de los pies, las pautas a seguir recomendadas son:

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• En caso de uñas duras, cortarlas con la punta de unos alicates. Si no es

necesario el uso de alicates, cortarlas con el extremo de unas tijeras. (Hernández Martínez, 2002, pp.164).

• Utilizar tijeras rectas (Consejería de Sanidad, 1992a, pp. 29).

• Realizar pequeños cortes a lo largo de la uña empezando por una esquina y

continuando cortando en línea recta (Giménez Ayala, 2006, p. 47; Muñoz, 2002, p. 69).

• No se debe cortar las uñas a los lados, ya que se corre el riesgo de que

posteriormente crezca una uña en forma de garfio e incrustarse en el dedo creando una uña encarnada (Divins, 2001, p. 40).

• Pasar una lima por las uñas para dejarlas lisas e impedir que una punta lesione

el dedo contiguo.

• Si existen problemas para realizar el corte de uñas debido a uñas

excesivamente duras, limarlas todos los días después de lavarse los pies.

En relación al limado de uñas, se debe usar limas de esmeril o cartón (Fustero, 2007, p. 67; Larruskain et al., 2008, p. 90). Según Fustero (2007, p. 67): “Las limas metálicas deshojan y vuelven frágiles las uñas. Evitar limar los costados”. Larruskain et al. (2008, p. 90) también aconseja realizar movimientos suaves y continuos con la lima, evitando pulir la lámina ungueal con métodos agresivos.

Azcona (2007, p. 49) recomienda el corte de las uñas de los dedos de los pies “en forma recta, sin picos y siguiendo la morfología del dedo”, como indica Fustero (2007, p. 67): “Sin darle forma redondeada”. De esta forma se evita la deformidad de la uña clavándose en la piel, dando lugar a la uña encarnada u onicocriptosis. “A consecuencia de ello, la piel se pone roja, se inflama, duele y puede llegar a infectarse” (Fustero, 2007, p. 70).

En caso de onicocriptosis ya establecida, la técnica de corte de uñas para la uña afectada consistirá en realizar el corte en forma de V en el centro de la uña para aliviar las tensiones de la misma sobre los bordes. Asimismo se pueden introducir trocitos de gasa con antiséptico en la zona de la encarnación (Giménez Ayala, 2006, p. 44; Muñoz, 2002, p. 76).

Como recomendación a la técnica del corte de uñas, Divins (2001, p. 40) afirma que las uñas de los dedos de los pies no deben cortarse demasiado cortas. Muñoz (2002, p.

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69) y Giménez Ayala (2006, p. 47) especifican que el límite del corte de las uñas no debe ir más allá de donde termina la yema del dedo.

Una deficitaria higiene podal también puede favorecer el desarrollo de onicomicosis, infecciones ungueales ocasionadas por hongos. “Más del 80% de los casos de onicomicosis se producen en las uñas de los pies (…). Es rara en los niños antes de la pubertad debido fundamentalmente al rápido crecimiento de la uña” (Larruskain et al., 2008, pp. 84-90). El exceso de transpiración de los pies y los zapatos con poca ventilación hacen los pies más vulnerables a esta infección (Bennett, 2006). Como medidas de prevención, Larruskain et al. (2008, p. 90) recomienda:

• Evitar la humedad en los pies, utilizando calzado apropiado (sandalias en

verano y calcetines de tejidos naturales y zapatos que permitan la transpiración en invierno) y secándose bien los pies, especialmente en los espacios interdigitales, tras la ducha o el baño (con toalla y/o secador de pelo) (…). No compartir toallas y evitar andar descalzo en piscinas y duchas públicas.

• No lesionar o eliminar la cutícula (…). El recorte exagerado de la cutícula (…)

aumenta la posibilidad de contraer infecciones. No es conveniente el uso de prótesis ungueales ornamentales.

“El uso de calzado, especialmente si este no es adecuado, se asocia de forma exponencial con numerosas patologías y deformidades de las uñas” (Gómez Ayala, 2006, p. 43). El calzado muy apretado puede ocasionar que las uñas de los pies se encarnen (Fustero, 2007, p. 70; Muñoz, 2002, p. 76). Debido a que los pies se hinchan a lo largo del día, ante todo en personas con retención de líquidos, y para evitar comprar un calzado estrecho, Azcona (2004, p. 62) recomienda la compra del calzado por la tarde.

Los zapatos deben permitir la ventilación del pie, de lo contrario no se favorece la transpiración y con ella el aumento del riesgo de infecciones en los pies (Bennett, 2006). El calzado debe mantenerse en buen estado y como norma general, se debe rotar de calzado a diario, evitando por tanto llevar dos días seguidos los mismos zapatos, para permitir que se sequen completamente entre el uso (Bennett, 2006, p. 327; Divins, 2001, p. 40).

Otra medida importante para evitar el exceso de sudoración es el uso de calcetines de lana fina, hilo o algodón, evitando el uso de fibras sintéticas que aumentan la sudoración (Azcona, 2004, p. 62; Fustero, 2007, p. 26). Bennett (2006, p. 327), sin

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embargo, aunque afirma la eficacia del uso de calcetines de algodón para absorber el sudor, indica como más efectivos los calcetines de lana o mezcla de acrílico, ya que absorben y mantienen la humedad más apartada del pie. Este autor recomienda el cambio diario de calcetines, o con más frecuencia si existe exceso de transpiración, utilizando además en estos casos almidón de maíz o polvo de hornear entre los dedos para mantenerlos secos.

En la tabla 2.3 se muestran de forma sintetizada las recomendaciones halladas en la literatura sobre higiene podal y el grado de recomendación utilizado por el Scottish

Intercollegiate Guidelines Network (SIGN) (Harbour & Miller, 2001).

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