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3 Dinámicas agregadas

3.1 Relación entre las valoraciones

Al igual que en el caso británico, la ascensión de Anguita coincide con el desgaste de Felipe González. ¿Es una cosa consecuencia de la otra? Así como el voto es para los partidos un juego de suma cero (lo que uno gana lo dejan de ganar los demás), las valoraciones de los candidatos no tienen por qué guardar ninguna relación entre sí. En principio, un elector puede tener una buena (o mala) opinión sobre un líder sin que ello influya en cómo valora a los demás. Al mismo tiempo, es posible que determinados factores contextuales afecten la manera en que la gente ve a la clase política en su conjunto. Por ejemplo, puede haber épocas en las que un clima generalizado de desafección provoque malos resultados en todos los dirigentes, haciendo que sus puntuaciones varíen en la misma dirección. Por otro lado, si la popularidad está asociada con el apoyo a los partidos, cabe esperar que la relación entre las actitudes hacia los líderes reflejen la lógica de la competencia electoral.

Las estimaciones presentadas en la tabla 2.4 no resuelven todos estos interrogantes, pero sí aportan algunas pistas. En ella se muestra la relación bivariada entre las series trimestrales de popularidad de los líderes de los diferentes partidos.12 Los valores por encima de la diagonal muestran las correlaciones calculadas a partir de las series originales.13 Los

resultados indican que los líderes de IU/PCE obtienen mejores puntuaciones cuando los de PSOE y CDS se encuentran en peor situación. La popularidad de los candidatos socialistas mantiene una relación positiva con los del CDS, y negativa con los del PP. Y los líderes del PP van mejor en los malos momentos del CDS. Así pues, los resultados parecen reproducir

12 Para este ejercicio se han sustituido los valores perdidos por la interpolación lineal de los puntos adyacentes.

13 Las pruebas de Dickey-Fuller indican que las series originales son estacionarias, con lo cual en principio no deberían producir relaciones engañosas (véase Clarke y otros 1998).

la lógica de la competencia entre partidos. Lo cual significa que, en efecto, la popularidad de Anguita creció en parte como consecuencia del deterioro de la imagen de González. Puesto que PSOE e IU/PCE se disputan los votos de un mismo sector del electorado, el peor momento de los socialistas ha coincidido con el mejor de su principal adversario en la izquierda. Por otro lado, el hecho de que la relación entre las series de IU/PCE y PSOE sea superior a la de PP/AP y PSOE viene a confirmar que los comunistas han sacado mayor ventaja de las crisis socialistas que los conservadores.

Tabla 2.4 Correlaciones entre las valoraciones de los líderes, 1983-2006

IU / PCE PSOE CDS PP / AP __ -0,41 *** -0,72 *** 0,11 IU / PCE (106) (42) (108) 0,29 ** __ 0,37 * -0,25 * PSOE (105) (42) (106) 0,14 0,32 * __ -0,66 *** CDS (41) (41) (42) 0,38 *** 0,29 ** 0,22 __ PP / AP (107) (105) (41) Por encima de la diagonal, estimaciones basadas en las series originales; por debajo, en las series diferenciadas (con el número de observaciones entre paréntesis)

*** p < 0,001; ** p < 0,01; * p < 0,05; † p < 0,1

Fuente: Banco de Datos del CIS.

Dividiendo las observaciones en dos periodos, antes y después de las elecciones de 1993, podemos obtener un dibujo más ajustado a la estructura de la competencia entre partidos (véase Gunther y otros 2004). Según se observa en la tabla 2.5, tanto en el primer periodo, de hegemonía socialista, como en el segundo, marcado por el equilibrio PSOE-PP, la popularidad del líder del PSOE aparece negativamente relacionada con la de los líderes de IU/PCE, pero la disminución de los coeficientes da a entender que la relación se ha moderado considerablemente desde 1993. En cambio, las correlaciones entre las series del PSOE y de PP/AP son positivas y sólo la del segundo periodo resulta significativa. Así pues, la asociación negativa que emerge en el análisis de las series completas parece obedecer, sobre todo, a la sucesión de una época de acentuada popularidad del líder del PSOE y notas modestas de los líderes de PP/AP con otra de más moderada valoración de los socialistas y mejores puntuaciones de los conservadores. Al mismo tiempo, estos resultados corroboran la impresión de que la popularidad de los candidatos de los dos principales partidos españoles no evolucionan en sentido inverso, de manera que los malos momentos de unos no necesariamente se traducen en mejores resultados de sus oponentes – más bien, sus suerte tiende a correr pareja.

Tabla 2.5 Correlaciones entre las valoraciones de los líderes por ciclos electorales

1983-1993 1993-2006

IU / PCE PSOE PP / AP IU PSOE PP

__ -0,49 *** 0,12 __ -0,26 † -0,21 IU / PCE (54) (56) (52) (52) 0,05 __ 0,17 0,44 *** __ 0,29 * PSOE (53) (54) (52) (52) 0,24 † 0,03 __ 0,53 *** 0,43 ** __ PP / AP (55) (53) (52) (52)

Por encima de la diagonal, estimaciones basadas en las series originales; por debajo, en las series diferenciadas (con el número de observaciones entre paréntesis)

*** p < 0,001; ** p < 0,01; * p < 0,05; † p < 0,1

Fuente: Banco de Datos del CIS.

Los coeficientes de la parte inferior de las tablas miden la asociación entre las series diferenciadas. Los datos muestran un paisaje muy distinto al anterior y, en cierto modo, inesperado. A pesar de que las correlaciones no son muy elevadas y un par de ellas no alcanzan a ser estadísticamente significativas, todas llevan signo positivo (véase la tabla 2.4). Al examinar los coeficientes relativos a cada uno de los periodos definidos, observamos que el fenómeno se produce esencialmente a partir de 1993 (véase la tabla 2.5). Esto quiere decir que las valoraciones de los líderes, con independencia del par que se compare, tienden a fluctuar en la misma dirección. En otras palabras, cuando mejora la evaluación de un candidato lo más probable es que mejoren también las de los demás, y viceversa. ¿Qué puede hacer que las valoraciones varíen en el mismo sentido? Una posibilidad, ya aludida, es que existan factores contextuales que incidan en la valoración de los líderes en su conjunto, de manera que en determinados periodos los ciudadanos se muestren más severos con sus políticos y en otros sean más benevolentes.14 Así, pequeñas variaciones en la percepción de

la situación política o en la satisfacción con la actuación de la clase política, por ejemplo, podrían provocar cambios en los niveles de aprobación de los líderes en general. Sea cual sea

14 En esta misma línea, hay indicios de que la popularidad de los líderes españoles ha ido empeorando con el tiempo, al igual que ha sucedido, por ejemplo, en Estados Unidos (Wattenberg 1991, 2004). Hasta la segunda mitad de los años ochenta, era habitual que los dirigentes más populares obtuvieran puntuaciones medias cercanas a 6. Hoy, cotas como esas son algo extraordinario y, si llegan a registrarse, lo hacen sólo fugazmente. La correlación parcial entre las valoraciones y la fecha en la que fueron recogidas, controlando la intención de voto, es modesta pero significativa estadísticamente (r=- 0,2; p<0,001; sólo se incluyen los casos para los que se dispone de serie de intención de voto, es decir, IU/PCE, PSOE y PP/AP, N=318). Esto indica que los dirigentes políticos han perdido una parte de su reputación desde los tiempos de la transición.

la explicación correcta, lo cierto es que las puntuaciones de los líderes evolucionan de manera relativamente independiente a corto plazo y, cuando existe alguna relación, varían en la misma dirección, lo cual denota cambios de escala en el uso del instrumento de evaluación.15