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El CIS no ha modificado su indicador de valoración de líderes desde finales de los años setenta, pero otras encuestas analizadas en este trabajo utilizan formatos diferentes. Así, la encuesta postelectoral de TNS/Demoscopia de 2004 emplea el texto siguiente:

Quisiera saber ahora sus sentimientos hacia algunos líderes políticos. Aquí tiene una escala que va de 0 a 10. Si se siente muy favorable hacia esa persona, puede darle la valoración más alta, de 10; si se siente muy desfavorable, puede darle la valoración de 0, la más baja posible; si se siente absolutamente neutral hacia esa persona, puede darle una valoración de 5.

Esta misma pregunta, con ligeras variaciones, es la incluida en los encuestas de Data para las elecciones de 1979, 1982 y 1993.1

Como puede verse, la escala de valoración es prácticamente el único denominador común de las dos preguntas. La pregunta del CIS, que hace referencia a la valoración de la

actuación política del líder, se asemeja a los indicadores de aprobación presidencial o job approval, utilizados por Gallup y otras empresas de sondeos americanas, en los que se

pregunta a los encuestados si aprueban o desaprueban la labor llevada a cabo por el presidente. La diferencia es que la versión del CIS no pregunta si se aprueba o no la actuación del líder sino que pide una valoración en una escala de 0 (la valora muy mal) a 10 (la valora muy bien). En cambio, la pregunta de TNS/Demoscopia y Data tiene otras connotaciones, ya que alude a los sentimientos (favorables o desfavorables/hostiles) hacia la

persona del líder, sin mencionar explícitamente su actuación política. En este caso, se ha

adoptado el formato de los indicadores de simpatía, y en concreto el de los feeling

thermometers, incluidos, por ejemplo, en el National Election Study. Con la diferencia de

que éstos, en lugar de la escala de once puntos, hacen uso de un “termómetro” que puede variar entre 0 (cold) y 100 (warm).

Ambas preguntas miden actitudes de tipo afectivo, aunque la primera es más claramente evaluativa, mientras que en la segunda prima el componente emotivo (véase Ottati y Wyer 1993). Los resultados de centenares de sondeos americanos constatan que la medida de simpatía tiende a dar valoraciones más positivas que la de aprobación, pero las diferencias suelen ser pequeñas y, en determinadas circunstancias, pueden llegar a invertirse (Barisione 2006). El presidente Clinton también obtuvo peores valoraciones en términos de aprobación hasta que su nivel de simpatía personal empezó a decaer a raíz del caso Lewinsky. A partir de entonces, y hasta el final de su mandato, el porcentaje que aprobaba su actuación se mantuvo por encima del porcentaje que se declaraba favorable.

Nuestros datos tan solo permiten comparar los indicadores de aprobación y simpatía con suficiente fiabilidad en tres momentos en los que las observaciones de los estudios del CIS y Data coinciden en el tiempo: tras las elecciones 1979 y 2004, y antes y después de las elecciones de 1993. Como se aprecia en la tabla 2.1, salvo en una ocasión, las notas del CIS

1 En la encuestas de Data, las etiquetas que definen los extremos de la escala son “hostil” y “favorable”, en lugar de “muy desfavorable” y “muy favorable”.

(aprobación) son significativamente más elevadas que las de Data (simpatía), con diferencias que oscilan entre 0,26 y 1,14 puntos. Así pues, en contraste con lo observado en el caso americano, el indicador de aprobación suele producir puntuaciones más generosas que el de simpatía. Los españoles parecen valorar mejor la labor política de los líderes que a los líderes mismos. A pesar de ello, las posiciones relativas de los líderes se mantienen siempre iguales. En 1993, por ejemplo, con independencia de cuál sea la pregunta empleada, González es mejor valorado que Anguita, y éste es mejor valorado que Aznar. Las puntuaciones cambian pero el orden de preferencias es el mismo.

Tabla 2.1 Diferencia entre las puntuaciones obtenidas a partir de las preguntas de aprobación (CIS) y simpatía (Data/TNS), 1979, 1993 y 2004

(A) (B) Diferenciaa % no respuesta

Aprobación Simpatía (A) – (B) (g.l.) Aprob. Simpatía

Postelectoral 1979 Carrillo 4,05 3,69 +0,36 ** (5.973) 35 5 González 5,85 5,44 +0,41 *** (6.015) 33 4 Suárez 6,06 5,48 +0,58 *** (6.105) 38 4 Fraga 3,69 3,08 +0,61 *** (5.904) 28 5 Preelectoral 1993 Anguita 4,84 4,09 +0,76 *** (3.333) 22 4 González 5,35 5,42 -0,07 (3.542) 16 1 Aznar 4,70 3,84 +0,86 *** (3.482) 17 3 Postelectoral 1993 Anguita 5,73 4,69 +1,03 *** (2.145) 20 4 González 6,15 5,72 +0,43 *** (2.135) 15 1 Aznar 5,32 4,18 +1,14 *** (2.208) 16 2 Postelectoral 2004 Llamazares 4,31 3,45 +0,86 *** (4.092) 29 20 Zapatero 6,61 5,58 +1,03 *** (5.004) 10 6 Rajoy 4,83 4,57 +0,26 *** (4.949) 11 7

a Significación estadística de la diferencia de medias a partir de la prueba t (grados de libertad entre paréntesis).

*** p < 0,001; ** p < 0,01; * p < 0,05; † p < 0,1

Fuente: estudios CIS 1193, 2060, 2061 y 2561; Data 1979 y 1993; TNS/Demoscopia 2004.

A lo largo de este trabajo, la medida de simpatía será la más utilizada como indicador de la popularidad de los candidatos. Resulta difícil prever qué consecuencias pueden derivarse del uso de las diferentes preguntas. Probablemente, los dos redactados suscitan criterios de evaluación ligeramente distintos. Barisione (2006) ha señalado que los indicadores de simpatía son menos restringidos que los de aprobación, puesto que su ámbito de referencia va más allá del plano estrictamente político. El indicador de aprobación pone el acento en la dimensión pública del líder, lo cual lleva a pensar que la percepción retrospectiva de su actuación en el ejercicio de su cargo primará en este tipo de valoraciones.

En cambio, el indicador de simpatía tiene connotaciones más personales, lo cual favorece la influencia de consideraciones procedentes de otros ámbitos. El caso de Clinton parece confirmar que el indicador de simpatía puede ser más susceptible a acontecimientos ajenos al terreno estrictamente político. Sin embargo, diversos autores han demostrado que también la aprobación de la actuación del presidente se ve afectada por la percepción de su imagen personal (Cohen 2000; Greene 2001; McAvoy 2003; Miller 1999; Newman 2003 y 2004). Así mismo, resulta más que obvio que las consideraciones abiertamente políticas están muy presentes en los sentimientos de simpatía expresados a través de feeling themometers (Graetz y McAllister 1987; Markus 1982; Markus y Converse 1979; Page y Jones 1979). Como intentaré demostrar más adelante, la imagen personal de los líderes no puede separarse de su faceta política, y las características personales son importantes sobre todo en la medida en que tienen una lectura política. Por otro lado, los trabajos de Cohen (1999 y 2000) acerca de la valoración de los presidentes americanos indican que los resultados de los indicadores de simpatía y aprobación, sin ser idénticos, muestran una correlación altísima tanto a nivel agregado como individual.2 Además, la mayor parte de los análisis que realizo en esta investigación están basados en datos recogidos en encuestas electorales, y, consiguientemente, en fechas en las que las consideraciones de tipo político priman por encima de cualesquiera otras. En definitiva, hay razones suficientes para pensar que la utilización de distintos indicadores no debe hacer variar esencialmente las conclusiones que se deriven de su análisis.

Por otro lado, los resultados de la tabla 2.1 son sorprendentes por cuanto parecen contradecir los argumentos que habitualmente se utilizan para explicar el hecho de que las preguntas de simpatía suelan producir valoraciones más favorables que las de aprobación. Se ha constatado que existe un sesgo de positividad hacia las personas en tanto que objetos de actitudes (Sears 1983). Cuanto mayor es el grado de “humanidad” del objeto, más similar a sí mismo lo percibe el evaluador, lo cual promueve una evaluación más positiva (véase también Lau y otros 1979). Así, las valoraciones de un objeto tienden a ser más favorables cuando éste se presenta en términos personales (como en el indicador de simpatía) que cuando se hace en términos impersonales (como en el indicador de aprobación, que se refiere a la “actuación política”); así mismo, la valoración general de una persona (simpatía) suele ser más positiva que la de sus atributos por separado (aprobación) (ibíd.). Hay indicios de la

2 Según un sondeo de 1997, las respuestas de las dos variables coincidían en un 94 por ciento de los casos; es decir, el 94 por ciento de los entrevistados o bien aprobaba su gestión y era favorable al presidente, o bien la desaprobaba y se mostraba desfavorable (Cohen 2000: 171).

existencia de un sesgo de este tipo en las actitudes de los españoles hacia los objetos políticos (véase Aarts y Blais 2003). En la tabla 2.2 se comparan las valoraciones de los líderes y de sus respectivos partidos medidas a partir de las mismas escalas. En 1978, utilizando un indicador de aprobación para la evaluación de los líderes, sólo en el caso del PSOE el partido recibe una puntuación más alta que el candidato y, aunque estadísticamente significativa, la diferencia es muy pequeña.3 Las demás comparaciones, incluida la del promedio individual de las valoraciones, los líderes salen mejor parados que sus formaciones. En 1979, utilizando esta vez un indicador de simpatía, se repite el mismo patrón, de manera que las valoraciones de los líderes resultan más favorables que las de los partidos – aunque en el caso del PCE no alcanza la significación estadística. Las diferencias no son muy abultadas, pero tienden a confirmar la hipótesis del sesgo de positividad.4

Tabla 2.2 Sesgo de positividad en las valoraciones de los líderes, 1979

Líder Partido Diferenciac Correlación N

Aprobación (1978)a Carrillo / PCE 4,58 4,36 +0,22 *** 0,77 *** 2.913 González / PSOE 5,99 6,07 -0,07 * 0,77 *** 2.995 Suárez / UCD 5,85 5,43 +0,42 *** 0,78 *** 3.048 Fraga / CD 4,19 3,74 +0,45 *** 0,79 *** 2.828 Media 5,08 4,82 +0,26 *** 0,77 *** 2.668 Simpatía (1979) b Carrillo / PCE 3,70 3,65 +0,05 0,70 *** 5.077 González / PSOE 5,44 5,28 +0,16 *** 0,67 *** 5.085 Suárez / UCD 5,47 5,00 +0,47 *** 0,74 *** 5.151 Fraga / CD 3,06 2,89 +0,17 *** 0,63 *** 5.007 Media 4,41 4,19 +0,22 *** 0,58 *** 4.908 a Escala de 1 a 10. b Escala de 0 a 10.

c Los asteriscos indican el nivel de significación estadística de la diferencia de medias a partir de la prueba t.

*** p < 0,001; ** p < 0,01; * p < 0,05; † p < 0,1

Fuente: estudios CIS 1157 y Data 1979.

Los resultados parecen indicar que el mismo mecanismo está presente tanto cuando se utiliza el indicador de aprobación como cuando se utiliza el de simpatía. Esto hace pensar que las diferencias observadas en la tabla 2.1 quizá no respondan tanto al contenido de las

3 El texto de la pregunta sobre partidos se limita a pedir al entrevistado una “valoración personal en una escala del 1 al 10”.

4 A partir de un análisis similar, Granberg y Holmberg (1990) ofrecen una interpretación alternativa, según la cual la ventaja de los candidatos obedecería en realidad a la existencia de un sesgo negatividad respecto a los partidos, como actores principales del sistema político parlamentario (véase también Granberg y Holmberg 1988).

preguntas como a variaciones en su formato y administración. Una de las más llamativas es que el indicador de simpatía empleado por Data y TNS/Demoscopia no contempla abiertamente la posibilidad de que el entrevistado no conozca al líder, ni le da la opción de responder que “no sabe”, características que sí se incluyen en la modalidad de aprobación y, en general, en las encuestas del CIS. Esto puede haber arrastrado a algunos entrevistados a dar una opinión sin sentirse suficientemente seguros. Diversos estudios han demostrado que la valoración de los personajes políticos disminuye significativamente cuando se sustenta en menores niveles de información y convicción (Blais y otros 2000; Glasgow y Alvarez 2000). Así pues, el nivel de respuesta derivado del método de administración de las encuestas, más que el contenido específico de las preguntas, parece ser el principal responsable de las diferencias entre los indicadores de simpatía y de aprobación.5