3. MARCO CONCEPTUAL 14
3.4. RELACIÓN ENTRE KALYVAS Y ORTIZ, CON LOS PLANTEAMIENTOS SOBRE LA VIOLENCIA DE
Si se hace un cuadro comparativo entre los planteamientos que proponen los profesores Kalyvas y Ortiz, se encuentran varias similitudes que dan luces para establecer un concepto general del papel de la violencia como instrumento. En
este sentido, si se establece una matriz comparativa entre las hipótesis sobre la soberanía cuando se han dado varias rondas de violencia –es decir, que el nivel de la guerra es muy avanzado- y las formas de relacionamiento de la población con los actores armados, se puede evidenciar una continuidad entre los dos discursos (ver anexo 3).
3.4.1 ORTIZ EN KALYVAS
Si se establece una matriz en la que se toma como premisas fundamentales las hipótesis de Kalyvas, y se le yuxtaponen los conceptos de Ortiz, es posible evidenciar que en un momento avanzado de la guerra se presentan ciertas características particulares que dan cuenta de tres escenarios.
En el primero, para la hipótesis 1, de la zona 1 y 5 es posible evidenciar que de acuerdo a los postulados de Ortiz, que la categoría 1 no es tan relevante, mientras que la tercera (parte 3) cobra mayor importancia, y la cuarta, deviene casi en la norma. Es decir, para el caso en que se presente plena soberanía en un territorio y no se aplique violencia masiva, es probable que la adhesión política con fines programáticos, ligados a los intereses colectivos y con las identidades sea casi nula; la proclividad de los jóvenes para adherirse a los grupos armados sea alta, y la adhesión por el temor, que supone la aceptación de la autoridad fundada es la única opción que tiene la población.
Por su parte, el segundo escenario plantea para la hipótesis 2, de la zona 2 y 4, la posibilidad de identificar que, como en el primero, no es relevante la primera categoría de Ortiz, así como es evidente que la categoría 2 tiene un elemento de baja relevancia, pero que aún persiste; mientras que las categorías que más sobresalen son las categorías tercera (partes 1, 2 y 3) y la cuarta. Lo que implica que no es tan probable que la adhesión por fines programáticos sea lo que predomine, sino que la población incurrirá, a demás de la adhesión por fines de utilidad o conveniencia de tipo económico, a la adhesión por los tres factores de utilidades no económicas -como la adhesión con intereses electorales, apoyo a acciones colectivas prestando contrapartidas o la proclividad de los jóvenes a
enrolarse en las filas de los grupos armados-, y la adhesión por el temor que, aunque no se instaura como norma, si es predominante en el ejercicio de la fuerza para consolidar el nivel de soberanía.
Por último, para la hipótesis 3, la zona de disputa, se evidencia que en un punto avanzado de la guerra es el panorama es más incierto, pues se presenta el caso de la disputa por el acceso a la soberanía sobre la población. Por lo tanto, en el nivel de convivencia se manifiestan de la misma importancia la tercera categoría (partes 1, 2 y 3) y el nivel de temor, que debe ser bien administrado. En este sentido, es más probable que no predomine ninguna de las categorías, sino que se presente la instrumentalización del temor y al mismo tiempo se aproveche la ayuda en términos electorales, por apoyo con contrapartidas y, sobre todo, la proclividad de los jóvenes por enrolarse en las filas del grupo armado, en función de adherir a la población.
Para efectos de este trabajo, se escogerá el segundo escenario de la matriz como punto de referencia para el análisis, fundamentalmente por dos razones. Primero, porque no existía para este caso una soberanía pura de algún actor armado, y segundo, porque, de la misma manera, tampoco era el caso de una soberanía totalmente en disputa. Sino que por el contrario, era una zona que contaba con un alto grado de control por parte de un grupo, pero al mismo tiempo los otros grupos tenían acceso a la población.
3.4.2 WALTER BENJAMIN EN EL SEGUNDO ESCENARIO DE LA MATRIZ
Existe un gran consenso, por lo menos en los pensadores que se han dedicado al tema de la violencia. En Hanna Arend, la violencia se constituye como un problema de negación del poder, en tanto tiene un carácter puramente instrumental, que la aproxima al poderío, mas la distingue del poder como la anulación de la posibilidad de crear acción en concierto. (1970:41,42) es decir, la tanto la violencia, como el poderío tienen un carácter individual, referido a la condición de una persona o un objeto en particular, mientras que el poder no se puede entender sino en conjunto; la “violencia y los implementos de la violencia,
como las demás herramientas, se diseñan y emplean a fin de multiplicar la fuerza natural hasta llegar a sustituirla en la etapa final de su desarrollo” (1970:42). Para
Walter Benjamin, en su texto, Para una crítica de la violencia, el problema de la
violencia deviene en un problema jurídico, como una tensión constante entre el Iusnaturalismo y el Iuspositivismo, en tanto que “Toda violencia es, como medio, poder que funda o conserva el derecho. Si no aspira a ninguno de estos dos atributos, renuncia por sí misma a toda validez” (s.f.:9). Lo que constituye entonces
la esencia de la violencia, que no es un fin en si misma sino que es un medio para:
a fin de multiplicar las fuerzas, o con el propósito de construir o instaurar un orden jurídico.
Una vez clarificado el propósito de la violencia como instrumento, se puede mostrar la forma en que se manifiesta en el segundo escenario de la matriz que aquí se ha construido. En él se observan características que pueden presentar la implementación de la violencia como un mecanismo, bien sea para instaurar el
derecho5 o bien para conservar el derecho constituido por parte de los actores
armados. Según Bejamin,
El militarismo es la obligación del empleo universal de la violencia como medio para los fines del estado. Esta coacción hacia el uso de la violencia ha sido juzgada recientemente en forma más resuelta que el uso mismo de la violencia. En ella la violencia aparece en una función por completo distinta de la que desempeña cuando se la emplea sencillamente para la conquista de fines naturales. Tal coacción consiste en el uso de la violencia como medio para fines jurídicos. Pues la sumisión del ciudadano a las leyes (…) es un fin jurídico. Si la primera función de la violencia puede ser definida como creadora de derecho, esta segunda es la que lo conserva. (s.f.:6)
Esto implica fundamentalmente dos cosas, primero, que la violencia no se emplea únicamente para consecución de fines naturales, sino que implica la conservación
del derecho creado, y segundo, que el militarismo, invocador del aparato de estado
5 Para efectos de este trabajo, el derecho no se entiende en sus puras concepciones positivas, en el sentido que es promulgado solamente por el estado, sino que se entiende como un derecho de facto, que instaura ciertas pautas que influyen en la conducta de la población sobre la que se dirige.
(Deleuze, 2004: 360), implica la conservación de la estructura mediante la coerción. Así, en el caso del escenario en que se presenta un control por parte de uno de los actores armados, pero que los otros tienen acceso a la población, la manifestación de la violencia irá necesariamente a la conservación de los derechos adquiridos y a aplicarla de forma tal que pueda instituir el derecho en las zonas en las que no es tan fuerte el control.
Esta situación da cuenta de la manera en que se relacionan la población con los actores armados. Cuando la zona habitada por los pobladores corresponde a la zona donde se ejerce el mayor control, la violencia percibida se relaciona con la conservación del derecho impuesto. Por lo tanto, el instrumento preciso que se percibe es la amenaza, ya que “(…) el poder que conserva el derecho es el que amenaza. Y su amenaza no tiene el sentido de intimidación, (…). La intimidación, en sentido estricto, se caracterizaría por una precisión, una determinación que contradice la esencia de la amenaza, y que ninguna ley puede alcanzar, pues subsiste siempre la esperanza de escapar a su brazo” (sf.:7). Ahora bien, aquellos que habitan en la zona en donde otros actores tienen acceso a la población, deben percibir el uso de la violencia en la vida desnuda (sf.:16), es decir, no mediante la amenaza sino como pura medida coercitiva del que quiere perpetuar el derecho y de quienes quieren instaurarlo, porque “(…) su significado no es el de castigar la infracción jurídica, sino el de establecer el nuevo derecho. Pues en el ejercicio del poder de vida y muerte el derecho se confirma más que en cualquier otro acto jurídico”. Por ello las elecciones de los pobladores no se rigen por el beneficio que trae adherirse a un actor en particular, sino en la manera en que se construye el derecho en el momento singular del ejercicio de la violencia.
Teniendo esto en cuenta, es posible observar cómo se presentan las dinámicas en la formación de dispositivos de control en el territorio analizado, de tal suerte que se puedan constituir ciertos estratos, códigos, roles, etc., que implican la construcción del derecho y su conservación como fundamentos de la creación de un centro de poder que actúa como referente.