2. PERSPECTIVA GLOBAL DEL CUARTO EVANGELIO
2.9 Cuestiones narrativas del Cuarto Evangelio
2.9.3 Relaciones dentro el texto
―Hay un gran acuerdo acerca de las relaciones del narrador con Jesús. El narrador sabe quién es Jesús y qué es lo que él sabe. Ambos conocen ―todas las cosas‖. El narrador, incluso, sirve como un intérprete autorizado de las palabras de Jesús‖100. Así, Jesús y el narrador son omniscientes y hablan en retrospectiva –o prospectiva - desde la situación de vida de la comunidad joánica, mientras es vista la vida de Jesús en el contexto de su origen y destino en gloria. Esto significa que a menos que los lectores no vean a Jesús a la luz del punto de vista temporal e ideológico del narrador, ellos no podrían entender quién fue el Jesús joánico.
El narrador y el autor implícito
Según Culpepper, la distinción entre narrador y autor implícito puede ayudar a destacar las opciones estéticas y retóricas con las que el autor ―real‖ puso por escrito el evangelio, pero aquí no hay razón para sospechar alguna diferencia con respecto al punto de vista ideológico, espacial, temporal o fraseológico del narrador, el autor implícito, y el autor. Porque del carácter peculiar del evangelio, las relaciones entre estas entidades son mejor aprovechadas mirando más lejos que las tres figuras con las cuales se han interpretado
97 El diccionario define un estereoscopio como un instrumento óptico con dos lentes los cuales
crean la ilusión de solidez y profundidad por ―permitir que el observador combine las imágenes de dos cuadros tomadas desde puntos de vista separados‖.
98 Ibid., 33 99 Ibíd., 34 100 Ibid., 34
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los roles en el evangelio: el narrador, el Paráclito y el discípulo amado. Implícita o explícitamente la autoridad de cada uno es enfatizada. El narrador omnisciente habla acerca de Jesús de modo retrospectivo con el efecto de que el lector pueda ser llevado a confiar en su testimonio. Jesús habla del futuro rol del Paráclito, el Espíritu de la verdad, el cual enseñará a los discípulos todas las cosas, recordándoles lo que dijo (14,26), y dando testimonio sobre él (15,26). El discípulo amado ha dado testimonio (19,35; 21,24- 25), y el narrador confirma que su testimonio es verdadero. Por tanto, se hace evidente una sólida y complementaria relación entre estos tres intérpretes joánicos de la tradición sobre Jesús101.
La similitud en las funciones del Paráclito y el discípulo amado dentro de la comunidad joánica sugiere que la comunidad está entendiendo al Espíritu como Paráclito a la luz de la reflexión sobre lo que el Discípulo Amado ha dado (…). Las referencias clave para la discusión en torno a las relaciones entre el discípulo amado, el narrador, el autor implícito y el autor están en Jn 19,35 y 21,24-25. La discusión sobre estos versículos generalmente ha concernido sobre su lugar dentro de la historia de la composición del evangelio: ¿19,35 fue escrito por el evangelista o el redactor? Quizá se haya podido ganar nuevas intuiciones iniciando por la observación de que es el narrador quien hace esos comentarios102. En Jn 19,35 el narrador, quien habla de Jesús de forma retrospectiva, relata algo que sucedió posteriormente a la crucifixión: llamándose ―el que ha visto estas cosas‖, presumiblemente el Discípulo amado, da testimonio de ellas. Entonces el narrador, que, como el Paráclito sabe todo acerca de Jesús, afirma que el testimonio del discípulo Amado es verdadero. El narrador, por tanto, no es el Discípulo amado pero habla como uno que sabe que es verdad, que conoce la mente del discípulo amado, y conoce que lo que el discípulo dice es verdadero. Es difícil ir más allá de las bases de este único versículo. Así, el discípulo amado debe ser otro personaje a través del cual es comunicado el punto de vista del autor, o él mismo puede ser una representación idealizada del autor (por tanto, una aproximación dramática al autor implícito), o una fiel caracterización del autor mismo103. Así, el narrador finalmente identifica, o mejor, caracteriza al autor implícito como el Discípulo amado: ―Este es el discípulo que da testimonio de estas cosas, y quien ha escrito estas cosas‖ (21,24). El evangelista no solo
101 Ibíd., 43 102 Ibíd., 44 103 Ibíd., 44
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crea una versión superior de él mismo, sino que define su personalidad superior como el discípulo amado. Por ello, cuando el narrador impulsa dramáticamente la veracidad del autor implícito en los versículos finales del evangelio, el lector reconoce que el Discípulo Amado encaja en dicha imagen puesto que es presentado como uno que conoce a Jesús íntimamente, apropia su perspectiva teológica, y puede interpretar verazmente, que ―su testimonio, es verdadero‖. El lector recibe así otra razón para creer en el evangelio: el autor implícito es el Discípulo amado.
Por otra parte, el narrador es presentado como un miembro del grupo (―nosotros‖) que sabe que el testimonio del discípulo amado es verdadero. En los últimos versículos el narrador añade que hay muchas otras cosas que no fueron escritas aquí y comenta que no cabrían en el mundo los libros que sobre éstas se habrían de escribir104. Así, ―el evangelio es el testimonio de uno que habla por todos aquellos que reconocen el logos en Jesús: ―…y nosotros hemos visto su gloria‖. Así, el ―nosotros‖ puede ser entendido para incluir todos los personajes en el evangelio que finalmente creen y llegan a ser testigos: Juan el Bautista, los discípulos, los samaritanos, el hombre ciego y los demás. Ellos han contemplado su gloria, y el lector ve lo que ellos vieron. El efecto de esta estructura narrativa, con su prólogo seguido por la repetición episódica del conflicto entre el creer y el no creer, es la que acompaña al lector en el camino a la fe‖105.
En síntesis, la separación del narrador del autor implícito, la cual no tiene paralelo en la literatura antigua, probablemente se produjo como resultado de la idealización del Discípulo Amado y el comentario de un editor más allá que una estratagema sofisticada de un autor individual (…). De este modo, el evangelio hace uso de todos unos recursos para intensificar la credibilidad y autoridad de una narración: apela a la tradición, la veracidad del narrador, la inspiración (el Paráclito), el testimonio de algunos, la autoridad de una figura estimada (el Discípulo Amado), y la aprobación de una comunidad106.