La tan repetida frase de que "el Mediterráneo más que un mar es un lago y más que separar une ambas orillas", hay que considerarla hoy en día como una utopía.
Una detenida mirada al mapa y a la situación política actual nos confirma que aquello se centra más en los buenos deseos que en la realidad. Así, rivalidad entre países vecinos, guerras civiles reales o encubiertas, conflictos internos, contenciosos fronterizos, terrorismo, intereses económicos encontrados, regímenes políticos divergentes, lucha por mantener el liderazgo y hegemonía en la región, etc. A esto hay que añadir las diferencias tan acusadas NORTE-SUR: desarrollado al Norte y subdesarrollado al Sur, riqueza y pobreza, cultura y analfabetismo, control demográfico y explosión demográfica, unidad europea y desunión árabo-musulmán, OTAN y falta de integración en planes de seguridad, cierta independencia económica y total dependencia del norte, etc.
Se podría ennegrecer aún más la situación expuesta, mostrando la caída de cooperación tecnológica y en investigación y desarrollo, el retroceso de la cooperación financiera, la degradación económica y social de la mayoría de los países del Sur del Mediterráneo. En realidad, las estrategias fundamentalmente mercantiles del Norte son incompatibles con las necesidades de desarrollo de los países del Sur, refuerzan la marginación económica, aumentan el empobrecimiento y hacen inevitable aparte de la dependencia industrial, tecnológica y financiera un éxodo migratorio tan incontrolable como indeseado.
- RIESGOS
En primer lugar citaría la emigración hacia Europa. Este fenómeno no debería observarse únicamente desde el punto de vista económico; es decir mano de obra barata que ocuparían los puestos de trabajo de los naturales del país con el consiguiente aumento del número de parados. Esto, con ser importante, puede generar, como problema añadido, una discriminación y falta de integración, al ver en ellos, con sueldos reducidos, una competencia laboral que puede incitar conflictos coyunturales con las FFSS.
Pero, no debe olvidarse, que esta población emigrante lleva consigo su realidad sociológica, cultural y religiosa, y normalmente vivirán en grupos que se irán ampliando a medida que se vayan asentando y por lo tanto irán ocupando un espacio geográfico, dentro del cual y con el paso del tiempo impondrán dentro del entorno político y social que le rodea, sus leyes, cultura, religión y costumbres. Se podría prever a largo plazo la ocupación de un espacio geográfico con sus propias leyes. Sin ánimo de ser mal interpretado, se podría decir, un miniestado dentro del estado y en momentos de crisis hasta una quinta columna.
En segundo lugar, destacaría la extensión e imposición del Integrismo Islámico. Es importante comprender que el Islam no es una religión en el sentido de aquellas con las cuales el estado laico puede hacer un pacto de no agresión y de respeto mutuo fundado sobre el reconocimiento de la existencia de dos registros distintos y sin colisión: lo espiritual y lo político. En el Islam lo religioso y lo político se identifican. La Ley Coránica es la ley de la sociedad. No hay "ciudad de Dios" disjunta de la ciudad de los hombres. El orden social mismo implica la unanimidad religiosa.
Pero con el integrismo, además, el que piensa y actúa según su conciencia individual amenaza a todo el orden cósmico y social y debe ser eliminado. Desde el momento en que no está, por completo y sin matices, con el grupo está contra el grupo. Jomeini decía: "La instauración de un orden político laico viene a obstaculizar la progresión del orden islámico; es nuestro deber atajarlo y combatir sus efectos. Para hacer esto no tenemos otra solución que derrocar todos los gobiernos que no descansen sobre los puros principios islámicos ...".
En Jartum, el líder Abdallah Hassan El-Tourabi, en la cumbre islámica celebrada en abril de 1.992, con representantes de 55 países pertenecientes a tres continentes, Asia, Africa y Europa, expuso el programa de acción y de lucha contra Occidente, según lo que se ha denominado el Manifiesto de Jartum.
- Los musulmanes son la conciencia del mundo y su liberación representa la libertad del mundo. Somos los únicos que rechazamos a Occidente y los únicos que ofrecemos la base de la libertad.
- Es entre nosotros donde subsiste la ley divina para regir la acción del gobernante y la del estado y regular las relaciones entre los individuos.
- Se acepta un pluralismo político internacional y no circunscrito a las peculiaridades de cada país.
- Los regímenes que apoyan el programa islámico tendrán el apoyo popular y los que no serán combatidos.
En definitiva, lo que persigue el programa integrista islámico es alcanzar el poder en los países islámicos, para ello el fin justifica los medios.
Extender el Islam en aquellos espacios geográficos donde la presencia musulmana sea significativa.
¿Qué riesgo puede ocasionar a Occidente?. Si en Argelia se impone el FIS. se producirán dos fenómenos que habría que tener en cuenta.
El primero es la emigración. Al principio será hacia el Este u Oeste hasta que cierren las fronteras. Hacia el Sur será difícil pues les espera el Sahel, por lo tanto será hacia Europa; y los primeros en sufrir esta emigración no deseada, serán los países de la ribera norte del Mediterráneo. Habrá que tener en cuenta además que con los emigrantes irán infiltrados integristas.
El segundo es de carácter económico. El nuevo gobierno dirá que los acuerdos adoptados por un gobierno ilegal son ilegales. Es decir, habrá que volver a renegociar los contratos bilaterales y lógicamente serán al alza y no a la baja. Caso de España con el gas argelino.
La pregunta que también hay que hacerse es ¿qué pasará con Marruecos y Túnez?. ¿Podrán impermeabilizar sus fronteras a la influencia integrista?.
En el plano convencional, no es la amenaza de una agresión procedente del Sur un factor de riesgo a tener en cuenta, hoy por hoy y en un futuro previsible, dada la incapacidad estructural de los países de la ribera sur para proyectar sus modestísimas fuerzas navales y la notabilísima diferencia tecnológica que nos separa de los citados países. Por el contrario, sí debe considerarse la posibilidad de enfrentamiento Sur-Sur en el que se podría involucrar, cada vez más, intereses de seguridad de los países desarrollados del Norte.
Otro factor a considerar son las acciones terroristas llevadas a cabo por grupos armados, con un gran componente integrista contra objetivos políticos y sensibles occidentales.
Por último habrá que tener en cuenta la posesión, en estos países, de armas de destrucción masiva -NBQ- y muy especialmente el material nuclear, en la actualidad, de relativamente fácil adquisición.
CONCLUSIONES
Ante esta situación, es evidente que los países del Norte del Mediterráneo deben adoptar las medidas necesarias para tratar de impedir o contrarrestar los fenómenos anteriormente citados.
- Si persisten situaciones explosivas de injusticia social, pueden producirse situaciones revolucionarias que lleven al poder líderes radicales en zonas energéticas estratégicas sin que medien violaciones de fronteras que legitimen una intervención internacional.
- No se debe intentar modernizar una sociedad si con ello se elimina la realidad sociológica y cultural del pueblo árabe.
- Aunque los fenómenos del fundamentalismo islámico despiertan una lógica inquietud y preocupación, no debe caerse en el error de demonizar el Islam.
- Se debe tender más hacia la estabilidad de un país que a una errónea política de alianzas. No habrá estabilidad mientras no emerja una sociedad civil fuerte, basada en la tolerancia y observancia de los derechos humanos.
- Para conseguir la estabilidad, se necesita del apoyo de Europa. Un apoyo global, que lleve consigo soluciones económicas y socio-políticas, con los controles necesarios para evitar injusticias
sociales. Hay que replantearse una verdadera ayuda pública, euromediterránea, con inversiones de gran envergadura complementarias a los sectores clave de la economía europea. Simultáneamente, habrá que satisfacer las necesidades primarias del conjunto de las poblaciones. Todo ello dentro de un programa de ayuda que no tenga fundamentalmente objetivos mercantilistas, debiéndose forzar las leyes del mercado y la rentabilidad. Sin esta condición, lo que se conseguiría es un mayor empobrecimiento de los países del sur y por lo tanto menor posibilidad de democratizarse y desarrollarse.
- Finalmente, y por lo que respecta a la seguridad, habrá que "luchar" contra la proliferación de armas de destrucción masiva y limitar las exportaciones de armas con una mayor transparencia de su comercio en esta región.