Si entendemos como seguridad la ausencia de amenazas a los valores sociales fundamentales de una nación y no exclusivamente la protección contra un ataque armado, podría significar: la defensa del sistema de valores, del carácter étnico, de la lengua, de la cultura, de la economía, del comercio, de las fuentes de materias primas, etc de una nación.
Bajo este punto de vista, el fundamentalismo islámico puede llegar a amenazar a Europa de varias maneras:
Emigración
Supone, normalmente, una secuela de inadaptación de los emigrantes en los países que los reciben, que amenaza a su homogeneidad étnica y cultura.
Europa ha pasado, desde la II Guerra Mundial, de ser exportadora de emigrantes a receptora neta de ellos, pero al contrario que EEUU, no tiene capacidad para absorberlos e integrarlos.
En estos momentos, Europa se debate entre la necesidad de mano de obra, que compense la baja demografía, y el riesgo de perder su identidad. Y es en este aspecto, donde el Norte de Africa presenta una de sus mayores amenazas pues, se teme más al emigrante del Sur que al del Este. Algo que no carece de lógica, dada la resistencia del musulmán a la influencia cultural del país receptor: la guerra del chador en las escuelas francesas, donde peligró el concepto de enseñanza laica, fue un ejemplo de la dificultad de asimilació n de una población que, en Francia alcanza los tres millones de personas.
Valores democráticos
A su vez, la emigración produce un efecto negativo en nuestras sociedades, que afecta a nuestro sistema de valores occidental y cristiano: nace la xenofobia, el odio al emigrante, especialmente si es
árabe. Esto degrada a quien lo siente y a la sociedad donde se engendra, transformando sus raíces y haciéndola menos abierta y tolerante.
Inestabilidad en el país exportador de emigrantes
La emigración no solo puede desestabilizar a la sociedad que la recibe, sino también a la que la produce, pues la fuerza de trabajo que pierde es la más joven y capacitada.
Por ello, aún sin considerar la amenaza militar, en el horizonte se presenta una relación difícil entre las dos riberas del Mediterráneo. De un lado, la fortaleza europea, cerrada a la emigración musulmana, pero abierta a la del Este (desde 1987, Europa ha recibido entre 0.7 y 1 millón de europeos, que se han asentado principalmente en Alemania), pero cerrada al Sur, donde la situación económica y el crecimiento demográfico origina una desesperación que moverá, en los próximos años, a millones de africanos a moverse hacia el Norte.
Como hemos dicho antes, Europa no dispone de los mecanismos para integrar a estos emigrantes quienes, por otro lado, se sienten miembros de una comunidad no ligada al territorio, lo que motiva hacia ellos una desconfianza no demasiado injustificada.
Economía
Bajo el punto de vista económico, la llegada al poder de gobiernos antioccidentales puede tener a corto plazo un efecto negativo para la economía de la Unión Europea. A mayor plazo, la situación de dependencia, que estos países tienen de Europa, neutralizaría los excesos iniciales.
En 1992, España y Argelia firmaron un protocolo en Madrid para construir un gasoducto de 1200 km. entre los dos países. Supondrá la inversión de 150.000 millones de pesetas. Construido por ENAGAS y SONATRACH (empresa estatal argelina), entró en servicio a comienzos de 1996. Este gasoducto proporciona el 65% del consumo español de gas natural en el año 2000. Además, las empresas Dragados, Alcatel y Cepsa tienen importantes contratos de construcción, fabricación y exploración respectivamente, afectados por los acontecimientos de estos días.
El gaseoducto, en estos momentos, es una inversión de alto riesgo: España podría verse en el dilema de perder una cuantiosa inversión o aceptar un eventual chantaje sobre los precios. Sin embargo, como ya se ha dicho, el riesgo es más a corto que a largo plazo. Por otra parte, la forma de evitar riesgos con todo el Norte de Africa no es llevar una política de confrontación sino de
interdependencia económica. En ese sentido, es indudable que la política española está consiguiendo éxitos notables.
Ciudadanos extranjeros en el Norte de Africa.
La colonia extranjera en estos países es considerable. No podemos olvidar que gran parte de su tejido productivo está en manos o es dirigido por europeos, sin despreciar la importante presencia americana.
Solamente en Argelia, la colonia francesa era, antes de comenzar los asesinatos, de unas 70.000 personas, a las que hay que añadir sus dependientes. En esta nación la presencia española es también muy importante, antes de los sucesos citados de unas 600 personas más dependientes.
Si continúan los asesinatos en Argelia y si la situación en todos estos países se volviera inadmisible para los extranjeros, habría que pensar en planes de evacuación de una entidad que no podrían ser responsabilidad de una sola nación, por lo que exigiría la cooperación internacional.
Militar
Finalizada la Guerra Fría, y aún sin conocer claramente la evolución que la Federación Rusa pueda tener en el futuro próximo, la Alianza Atlántica, ya en su cumbre de noviembre de 1991, al aprobar el "Nuevo Concepto Estratégico", afirmó que "La estabilidad y la paz en los países de la periferia sur de Europa son importantes para la seguridad de la Alianza y más aún si se tiene en cuenta el crecimiento de la potencia militar y la proliferación de tecnología armamentista.
El riesgo está materializado por la expansión del fundamentalismo en la orilla opuesta del Mediterráneo, que podría incluso afectar a Turquía, uno de los países de la Alianza Atlántica.
Militarmente, ningún país del Mediterráneo Sur, por sí solo, constituiría, una amenaza creíble. Pero si el Norte de Africa cayera en manos del fundamentalismo, no cabe duda que consolidarían un potencial enorme.
Hasta ahora, la xenofobia y la guerra santa contra los intereses occidentales se ha manifestado por atentados terroristas aislados, captura de rehenes, bombas en aviones y asesinato de turistas y el ataque generalizado que, a finales de 1993, comenzaron a sufrir los extranjeros en Argelia.
Pero para el futuro, "se insinúa" una nueva amenaza: la posibilidad de dotarse de una fuerza de destrucción poderosa, apoyada en el arma nuclear, algo que preocupa a España y que, en su última Cumbre, nuestro Gobierno ha transmitido a la Alianza Atlántica.
De hecho, Irán, promotor de inestabilidad en la zona, fortalece sus fuerzas armadas y, aunque no existe confirmación de su capacidad no convencional, se considera que, al menos tiene la de armas químicas y no es seguro, pero se sospecha, que pueda estar llevando a cabo un programa para dotarse de armas nucleares: según una encuesta del Instituto Simón Wiesenthal dispone de diez instalaciones de investigación nuclear. También, se cree que dispone de misiles chinos y coreanos y que participa del programa No-dong de este último país, lo que le proporciona gran capacidad de destrucción. A la vez aumenta considerablemente su poder aéreo y dispone de una fuerza naval importante. Esto unido al control que las NNUU ejercen sobre Irak, le permite afianzarse como potencia regional, con claras intenciones expansionistas.
En principio está claro que los intereses de Irán pasan por exportar su revolución a todo el mundo musulmán, no solo a los países árabes, sino hacia el Norte, al vacío de poder dejado por la URSS y hacia el Oeste, Turquía. Su peón de brega para el Magreb es Sudán y si alguna vez en Argelia hubiera un gobierno fundamentalista, no cabe duda del riego que existiría para Marruecos y Túnez, con la que la teoría del dominó podría llevar a todo el Norte de Africa a ser francamente hostil a Occidente.
Aún debemos considerar otro punto de vista en los efectos de la caída de estos países en manos del fundamentalismo: el que tendría para el proceso de paz en Oriente Medio. Hasta ahora, Egipto ha sido ejemplo y garantía de que la paz es posible. En no pocas ocasiones ha sido impulsor y mediador. La caída de Egipto podría tener consecuencias nefastas, de las que no cabe excluir la interrupción del proceso de paz y la iniciación de una nueva serie de guerras, que aunque no alcanzaran el grado de totalidad de las anteriores, tampoco tendrían final a medio plazo.
La partida se presenta a nivel mundial. Es difícil creer que estas naciones puedan llegar a desear la guerra, pero lo menos que podemos decir de los extremistas es que no conocemos sus intenciones.
3.5.- PERSPECTIVAS
Lo que ocurra en Egipto y Argelia será decisivo para el futuro del Norte de Africa, pues su caída en manos fundamentalistas tendría un efecto decisivo sobre sus vecinos. Sin embargo, es casi
imposible hacer algo más que conjeturas sobre el devenir de los acontecimientos.
De conseguir los fundamentalistas el poder en Argelia se convertiría, posiblemente, en otro foco de irradiación de sus ideas, cuyo objetivo sería la conquista de Túnez y Marruecos. Además, se intensificaría la presión sobre Egipto, país que sufre sus ataques con la máxima intensidad.
Pese a todo, es más que probable que, si llegaran al poder en Argelia, los fundamentalistas tendrían que ser pragmáticos, en tanto en cuanto dependen de sus relaciones comerciales, especialmente de las exportaciones de crudo y de gas natural a Europa para su desarrollo. Algunas aseveraciones de dirigentes del FIS., en el sentido de que Europa no debe temer el corte de los suministros, así lo confirman. Pero, si el FIS. se hiciera con el gobierno, especialmente si lo consiguiera de forma violenta, se crearía una situación semejante a la de Irán a la muerte de Jomeini: que las fuerzas desatadas no podrían ser reconducidas durante un largo período y que pondrían antes que sus intereses, la xenofobia característica de estos movimientos.
Con todo esto, se destaca la importancia que para el mundo occidental, especialmente para Europa y en concreto para España, tendrá el resultado final de la pugna argelina. La caída de Argelia concentraría el esfuerzo de los extremistas en los países vecinos, que no podrían hacer frente a esa amenaza por sí solos, pero a los que Europa difícilmente podría ayudar y menos en el plano militar, si no se desea obtener resultados contraproducentes.
4.- FACTORES DE ESTABILIZACION