V. La guerra: herramienta para el reordenamiento
nos sirva de puente para contactar y estrechar relaciones con otras organizaciones populares, con los sindicatos, con los pobladores de los barrios marginales de la ciudad capital, con los grupos estudiantiles y con otros grupos”.
En nota al pie, agrega la fuente: De en medio de la asamblea también se escuchó alguna voz que proponía acciones más concretas: “Señor obispo – dijeron–, también le pedimos a usted y a la Iglesia que nos ayuden a conseguir armas para defendernos”22.
La respuesta del obispo fue obvia: pidió calma, y agregó: “Mantened las demandas dentro de la vía pacífica, porque la enseñanza de la Iglesia nos dice que sólo cuando se agotan las vías pacíficas es legítimo buscar otro camino”23.
La solicitud de armas por parte de las comunidades siguió siendo una constate a lo largo de la guerra hacia la guerrilla. Pero las armas nunca llegaron.
Entre 1976 y 1980, el Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP) organizó y desarrolló en la región el frente guerrillero que se conoció como Frente Ho Chi Min, pero lo hizo sobre una población ya integrada y constituida como una fuerza político-social grande. La gente ya estaba organizada por sí misma en función de sus propias luchas comunitarias y de otros espacios, que se fueron determinando en la medida en que se fue afirmando el movimiento de desarrollo comunitario. De manera que el Ejército no llegó a la región en 1976 por la existencia de un frente guerrillero que en este tiempo no existía. Lo que había era un gran levantamiento comunitario en busca de su desarrollo. No eran pueblos que buscaban la guerra, sino pueblos que se estructuraron y fortalecieron buscando su propio desarrollo y, después, para defenderse de las agresiones y ataques del Ejército a sus comunidades.
De hecho, los primeros enfrentamientos armados fuertes entre guerrilla y Ejército no tuvieron lugar hasta 1980, en Xemalá, en el área de Nebaj, y Pie del Águila en Sacapulas.
Sin duda, durante este proceso de construcción, existieron enlaces entre los pueblos y los alzados, así como personas que simpatizaron, colaboraron e incluso formaron parte de las filas de la guerrilla.
4. El control militar y el aislamiento
de la población cercada
22. Diócesis del Quiché. El Quiché: el pueblo y... Pág. 123. 23. Diócesis del Quiché. El Quiché: el pueblo y... Pág. 123. 24. T-FR 10/04/2008.E
n la medida en que el Ejército fue consolidando el cerco y la infraestructura militar en el área, los mecanismos de control fueron adquiriendo nuevas características. Luego de cercado el territorio, el paso siguiente era el control de la población, tanto físico como psicológico, aspecto que dio lugar a patrullajes continuos y permanentes, realización de censos de población, imposición de toques de queda, inspección meticulosa de documentos de identificación y operaciones de búsqueda y captura de simpatizantes de la guerrilla en todos los pueblos del norte de Quiché, entre otras agresiones.Fue un momento en que se prohibieron las reuniones políticas, y los controles sobre el suministro de agua e introducción de productos y medicinas del exterior fueron más estrictos. El control sobre la producción, almacenaje y distribución de alimentos se hizo también más riguroso.
La profundización de la militarización del área inhibió el carácter civil de la vida y de la población, secuestró sus derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales. En resumen, se suspendieron todos los derechos humanos.
De esta manera, las incursiones del Ejército en las comunidades empezaron a ser más constantes, y con ellas, la captura o asesinato de las personas sospechosas de colaborar con la guerrilla. Los testimonios sobre estas capturas empiezan a ser cada vez más frecuentes.
En el año 80, el Ejército empezó las capturas a los hombres, pues por el miedo ya no veníamos en los pueblos y sólo venían nuestras mujeres24.
Las visitas de los militares eran para indagar sobre el movimiento de la guerrilla, sobre las personas que podrían estar involucradas en ella.
En el mismo año ochenta, cuando ya en esos momentos el Ejército venía a las aldeas a reunir a la gente, a platicar con la gente, a preguntar si no pasa la guerrilla en la comunidad... Preguntan si nosotros estamos dando comida a la guerrilla, también que avisan si alguien está
organizando en la aldea por la guerrilla. Ésa es la política que trae el Ejército y nosotros no sabemos nada de guerrilla. No sabemos que es guerrillero también, porque eso es una sorpresa que nos vienen a decir porque no sabemos nada. Entonces en este tiempo ya no podemos negociar, ir a Nebaj25.
Existe un mayor control sobre la gente que entra y sale de Nebaj. Las capturas de hombres tanto en las comunidades como en los caminos inmovilizó a la gente.
Desde el ochenta, llevaron a un señor de Xolcuay, lo secuestraron y ya no apareció el señor. (…) Entonces así ya no pudimos salir, estuvimos aquí en la casa trabajando, sembrando la milpa. (…) No es cierto lo que ellos dicen que somos guerrilleros… En este sentido nos dio más miedo y siempre a cada poco vienen a reunir a la gente, preguntan si pasa la guerrilla26.
El control del comercio ambulante se endureció, el movimiento de productos desde el exterior y al interior se tornó más minucioso y detallado.
…nos registran la carga a nosotros que llevamos, es un poco de peligro para ellos que nosotros llevemos arroz, azúcar, mosh y otras cositas que eran comestibles. Entonces nos tratan de que es comida de la guerrilla la que nosotros llevamos. Pero nosotros llevamos venta para ir a vender a otros lugares, las fincas, las aldeas. Así ya nos dio un poco de miedo y ya no podemos viajar tranquilos27.
Como mecanismo de control, la tarjeta militar28 sustituyó a la cédula de vecindad como documento de identificación, cambio que funcionó a la vez como medio de captura. Sobre aquel que no la poseía o no había pasado el control recaía la sospecha de ser guerrillero y la posibilidad de ser capturado o reprimido. De esta manera la movilidad personal pasó a estar bajo control del Ejército.
La inmovilización por el temor a los hechos que se venían sucediendo en el área alcanzó incluso a población que necesitaba bajar a la costa a trabajar a las fincas de caña y café.
…en 1980 ya no puedo bajar a la costa porque ya tengo miedo porque hay mucho registro y captura y asesinato y también hubo una masacre en el 31 de enero en la embajada de España, para exigir sus muertos ya fueron secuestrados y asesinados. Según salió en la radio… Al escuchar lo peor tuve miedo, ya nunca bajé a la costa, sólo trabajando para vivir en nuestro lugar con mucho miedo porque el Ejército incursiona en nuestro lugar29.
La captura de líderes comunitarios, el control y la inmovilidad de la población provocaron altos niveles de incomunicación del área con el exterior, de tal manera que los agentes de la pastoral fueron quedando como única vía de comunicación hacia fuera. De esta forma, “el presbiterio con el obispo se vieron en la obligación de constituirse en voz de los sin voz y comenzaron a denunciar sistemáticamente tantos e indiscriminados hechos de violencia”30. Es importante en este punto recordar que la solicitud hecha a la Iglesia católica de relacionarse con el movimiento social más amplio del país los llevó a realizar alianzas con el movimiento popular y estudiantil. En este
25. T-TU 29/07/2007.
26. T-TU 29/07/2007.
27. T-TU 29/07/2007.
28. “Durante este tiempo era tan estricto el control militar en todo el país,, pero sobre todo en las regiones que el Ejército declaraba ‘áreas de conflicto’, que cualquier persona necesitaba llevar siempre consigo un mínimo de cinco documentos, ya que podía exigírseles su presentación en cualquier momento y lugar. Dichos documentos eran los siguientes: 1) cédula de vecindad; 2) cédula de ciudadanía. 3) tarjeta de identificación personal; 4) tarjeta de inscripción militar, y 5) hoja de control. La tarjeta de identificación personal: era un documento extendido por el Ejército, en el que constaban los siguientes datos:
nombre, lugar de residencia, profesión u oficio, n.º de la cédula de vecindad, lugar en que fue extendida la cédula, religión, fecha y lugar de nacimiento, estado civil, nombre civil, nombre de la esposa, nombre del padre, nombre de la madre, lugar y fecha; sello de la zona militar, firma del responsable militar que la extendía, firma o huella digital del portador. Esta tarjeta, con fotografía y todos los datos exigidos, equivalía a la cédula de vecindad, pero tenía carácter militar y era extendida por las autoridades del Ejército, previas ‘pruebas de que no era subversivo’. El hecho de pedir la religión del portador era significativo, pues indicaba a los controles si su dueño era de la AC, con lo cual automáticamente se hacía sospechoso y estaba en peligro de ser reprimido”. “La
hoja de control era una hoja con los datos del portador que se extendía periódicamente, cada vez que los habitantes de alguna región eran obligados a presentarse a algún control militar en el cuartel más cercano. En esta hoja se hacía constar que el portador ya había pasado este control”. “Evidentemente, este sistema de documentación múltiple había sido establecido para que el Ejército pudiera en cualquier momento controlar al máximo a la población de un lugar, para regular su posible movilización y para, dado el caso, justificar las acciones represivas del Ejército”. Diócesis del Quiché.
El Quiché: el pueblo y…
Pág. 124.
29. T-DRD S/F.
30. Véase: Diócesis del Quiche. El Quiché: el pueblo y… Pág. 147.
V. La guerra: herramienta para el reordenamiento
marco, y con el afán o intento de denunciar el acoso militar que padecían las comunidades del norte del Quiché, se dio la toma de la Embajada de España (1981) como mecanismo de presión para lograr ese cometido. Con la acción no se consiguió el objetivo buscado y tuvo el fin por todos conocido, pero, al igual que la masacre de Panzós, lo que mostró una vez más fue el cierre de un nuevo espacio político y/o canal de denuncia más, orillando a la población a buscar apoyo en otros espacios, dado que los canales oficiales no estaban —y nunca han estado— abiertos para el movimiento campesino e indígena.
La relación Iglesia-Ejército se fue tensando, a la vez que las amenazas y hechos de violencia en contra de la Iglesia se incrementaron. El sacerdote José María Gran, párroco de Chajul, fue asesinado el 4 de junio de 1980, y Faustino Villanueva, párroco de Joyabaj, el 10 de julio. Posteriormente, el 19 de este mismo mes, se frustró un atentado para asesinar al obispo, por lo que la Iglesia decidió cerrar la diócesis, lo que significó un aislamiento aún mayor de la población en una región cercada y controlada militarmente. Aun así, el 15 de febrero de 1981 fue asesinado el padre Juan Alonso, quien se había hecho cargo de la pastoral del norte31.
L
as llegadas del Ejército a las comunidades con el fin de realizar capturas causaron temor dentro de la población y la obligaron a buscar mecanismos para protegerse de estas agresiones; el resultado fue diverso. Hubo personas que abandonaron sus comunidades de forma permanente....en el año 1980, cuando el Ejército llegó a la casa, querían secuestrarme, entonces abandoné mi casa32.
En otros casos, la población salía de la comunidad a refugiarse en el monte cuando el Ejército llegaba, para volver de nuevo al estar seguros de que las patrullas se habían retirado.
“La gente se escondía porque cada vez que llegaba el Ejército, llegaba a matar, a capturar gente. Por eso la gente se escondía, porque tenía temor”33. Las comunidades
empezaron a crear sus mecanismos propios de seguridad y protección: “Pues así […respondió] la gente a la persecución del Ejército, y la gente empezó a tener la idea de esconderse, pero no llevaba sus cosas y sus animales. Sus animales quedaban en su alrededor, en sus casas”34.
Ya para “final del ochenta… empezamos a dormir fuera de la casa escondidos, sólo las mujeres se quedaban en la casa, regresábamos por la mañana”35. De esta forma, las capturas y el control de la población se empezaron a hacer
difíciles para el Ejército, planteándole como solución, al mejor estilo colonial, la concentración de la población. En el transcurso del primer semestre de 1981 se inició una campaña de convencimiento sobre la población para la concentración. Pero la represión y las agresiones sufridas a manos del Ejército habían socavado ya la confianza y alimentado más bien la desconfianza.
…en el 80 se quedó en silencio toda la gente, la comunidad con miedo, ya no hay confianza al Ejército36.
En este sentido, en la medida en que los mercados se constituyeron en un centro propicio para la captura de población y el reclutamiento forzoso para el servicio militar —esto último, en especial, para el área de Sacapulas—, los mercados fueron desapareciendo (entre ellos, los de Salquil Grande, Palop, Vicalama, Vicotz, Sacapulas, Parraxtut, Nebaj pueblo, Cotzal, San Francisco, La Perla, Ilom, Chel, Santa Marta). Este cierre funcionó en muchos casos como un aliado de la concentración, como se verá más adelante.
La concentración constituía un aspecto fundamental de la pacificación, que desde la perspectiva de la población no era “paz a la gente, sino más bien que acepte el mandamiento militar y obedecer las órdenes emitidas por el Ejército. Los que obedezcan tienen derecho a la vida, los que desobedezcan [o eran subversivos] pueden perder la vida…”37. La pacificación —desde la perspectiva de la contrainsurgencia— para un área político-