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6.2 EL SISTEMA DE EDUCACIÓN SUPERIOR Y LA ORGANIZACIÓN GENERAL DE LA INVESTIGACIÓN.

Gráfica 2: Empresas spin-off creadas en 10 años en la UAB

6.4 RETOS DE FUTURO

La Unión Europea (2003) dictamina en su comunicación sobre “El papel de las universidades en la Europa del conocimiento” que, sólo tras la aplicación de profundos cambios, la universidad podrá utilizar todo su poten- cial en I+D para convertirse en auténtica referencia a nivel internacional. En ese sentido formula como metas: • Garantizar que las universidades europeas dispongan de recursos suficientes y duraderos y los utilicen

• Reforzar su excelencia, tanto en materia de investigación como de enseñanza, concretamente median- te la creación de redes.

• Lograr una mayor apertura de las universidades hacia el exterior e incrementar su atractivo a escala internacional.

A partir de estos referentes y de las cuestiones abiertas por la propia UE, proponemos una serie de medidas que deberían adoptar los diferentes sistemas de investigación.

A. ¿Cómo garantizar que las universidades dispongan de recursos suficientes para la investigación?

Se debería tender a una mayor financiación de la investigación por empresas y fundaciones, asegurando un porcentaje del PIB a las partidas específicas de enseñanzas universitarias e investigación. En el Consejo Europeo de Barcelona, en marzo de 2002, se fijó como objetivo el incremento del esfuerzo europeo en materia de investigación hasta alcanzar el 3% de su PIB, lo que supone un esfuerzo particular en el ámbito de la dota- ción de recursos humanos dedicados a investigación. En este sentido, se deben asegurar planes de inversión de manera sostenida y a largo plazo, de tal forma que se puedan desarrollar grandes actuaciones de investiga- ción. Durante esas fases de financiación consolidada, que podrían oscilar entre los 6 y los 9 años, se deberían introducir mecanismos de control y de rendición de cuentas.

De la misma forma, se considera que es imprescindible diversificar las fuentes de ingreso de los centros uni- versitarios. Para ello se establecen hasta cuatro propuestas específicas: 1) las aportaciones de capital por par- te de las administraciones de cada país; 2) los donativos de particulares, como por ejemplo los egresados universitarios y nuevos mecenas, considerando la posibilidad de modificar los reglamentos que prohíben a determinados centros acumular fondos privados y bienes propios; 3) los ingresos como resultado de la venta de servicios y de la explotación de los resultados de la investigación; y 4) la posibilidad de que los estudiantes paguen unas cantidades más ajustadas al coste real de la enseñanza universitaria, eso sí, teniendo en cuenta su renta y con sistemas de becas y ayudas eficaces. En este sentido, se hace imprescindible encontrar unida- des y órganos capaces de vincular las necesidades de las entidades, empresas, organismos y colectivos con los grupos específicos de investigación de cada ámbito de conocimiento.

Se establece la necesidad de lograr una mayor eficacia de la explotación de los resultados del trabajo científi- co, la explotación de la investigación y la creación de convenios con empresas para el aprovechamiento de las ventajas y logros científicos y tecnológicos. Para ello se deben fomentar líneas de actuación aplicada y útil a las necesidades, demandas y expectativas sociales.

B. ¿Cómo reforzar su excelencia tanto en materia de investigación como de enseñanza?

Para abordar la complejidad de la gestión de la investigación de excelencia, se proponen una serie de medidas para que se puedan ir experimentando en los diferentes sistemas de investigación al hilo de la gran diversidad de situaciones de partida, formas de articular la investigación, áreas de conocimiento, recursos disponibles, etc. En ese sentido, algunas propuestas en aras de la calidad se concretan en:

1. Se considera imprescindible dotar a los sistemas de I+D de pautas y procedimientos de gestión eficaz. Tal excelencia en la gestión debe atender a los aspectos financieros, administrativos, la toma de decisiones, etc. Cabe pensar en la posibilidad de que profesionales, no necesariamente académicos, se encarguen de las tareas de la administración de los proyectos, pues la gestión de la universidad moderna representa hoy una tarea harto compleja.

2. Fomentar una política de incentivos completa y articulada con la finalidad de premiar no únicamente el logro personal sino también la participación efectiva en equipos de investigación. La propuesta debe incluir los incentivos individuales y colectivos.

3. Se considerará como acción prioritaria la adopción de medidas para consolidar y favorecer las líneas de investigación y los equipos que cuentan con una dilatada experiencia. Se fomentará el intercambio con otros equipos y la cooperación de naturaleza interdisciplinaria. Ya quedó de manifiesto más arriba, cuando argumentábamos sobre la necesidad del trabajo en equipos multidisciplinarios, las causas y condiciones que genera tal necesidad y su incidencia en los resultados y calidad de los mismos.

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4. El actual mapa de investigación española y la escasez de los recursos obligan a la competitividad. Se desprende de ello la necesidad de los centros y departamentos de tomar decisiones acerca de las líneas de investigación prioritarias. La tendencia apunta a la especialización de centros y equipos y a la elección de ámbitos de excelencia que deberán desarrollarse tras la evaluación de cada sistema de investigación. 5. La formación de los investigadores resulta fundamental, estableciendo programas que garanticen las máximas garantías en los procesos de acreditación doctoral; también, es básico fomentar y facilitar su formación permanente. Mención aparte supone el sistema de promoción, retribución y motivación de los equipos de investigadores, donde las administraciones deben fomentar actuaciones para dignificar las condiciones laborales y evitar la huida de cerebros o las migraciones hacia los sectores más lucrativos. La formación parece no sólo es conveniente sino imprescindible, si consideramos las diferencias de concep- ciones que sobre el proceso y método de investigación aparecen con más fuerza a medida que aumentan los investigadores. El estudio de Lama, Daturi y Lama (2015), realizado en tres universidades mexicanas y entre 270 investigadores a tiempo completo, identifica que no todo el personal implicado conoce y asume las reglas sobreentendidas de la investigación científica, invitando a estudiarlas de manera explícita para optimizar la formación de los recursos humanos.

C. ¿Cómo gestionar el dilema entre producción científica y rankings universitarios?

Muchos de los rankings actuales están basados en indicadores que se obtienen de la información que las uni- versidades exponen en sus páginas web institucionales. La información que suele utilizarse para su elabora- ción es de tipo cuantitativo y procede de datos originarios de estadísticas nacionales (ofrecidas por los propios gobiernos y sus administraciones o las agencias), datos internos de las universidades, datos de publicaciones y citas. En ocasiones, se complementa con información cualitativa procedente de las opiniones de expertos y encuestas a ‘stakeholders’ (grupos de interés). En la mayoría de los casos, los rankings no son auspiciados por organismos públicos sino que dependen de agencias privadas vinculadas al mundo editorial o a empresas de consultoría dependientes de sociedades privadas y organizaciones no gubernamentales. Evaluar las univer- sidades y aplicar principios de competitividad entre ellas tiene aspectos negativos como el de la estandariza- ción. Para Krüger y Molas (2010), los rankings se han convertido en el modelo político que todas las universi- dades deben seguir.

Enders habla al respecto de la ‘carrera armamentista’ en la academia, al referirse a los rankings internacionales y la competencia global para crear universidades de referencia mundial. Como señala:

“Los rankings internacionales contribuyen al giro competitivo en la educación superior y afectan a diversos intereses internacionales, nacionales y organizacionales. A medida que proliferen tales clasificaciones y que interactúen con otros cambios en la gobernanza (trans)nacional de la educación superior, se necesitará más investigación para comprender más cabalmente y teorizar más sobre el papel y el impacto de estos sistemas en el campo de la educación superior” (2015:106-107)

Las actuales tendencias sobre la evaluación de la investigación en el contexto universitario se centran mucho en los productos que se generan y, muy especialmente, en el número e impacto de las publicaciones que se derivan de cada investigación. Krüger y Molas (2010) han demostrado que el número de publicaciones produ- cidas por los investigadores en un periodo de tiempo son un factor determinante sobre el sistema de gestión y financiación de la propia investigación. Los mismos autores definen como de ‘presión’ la dinámica a la que se ven obligados los académicos a la hora de generar productos en forma de publicaciones para mantener las vías de financiación de sus proyectos.

Una de las consecuencias del nuevo enfoque de gobierno y gestión de la investigación académica es la pro- liferación de sistemas de control y de evaluación externa. Especialmente se han generalizado los sistemas de medición, lo que ha favorecido la aparición de numerosos rankings universitarios. Algunas consecuencias de los sistemas de evaluación externa implican una mayor orientación hacia aquellos aspectos que son más va- lorados en las evaluaciones externas, y por tanto, en la productividad científica de artículos y las relaciones de tipo comercial e industrial con entidades del entorno. Pero también ha supuesto una mayor homogeneidad de las instituciones de educación superior y una menor competitividad en la medida que todas son evaluadas con los mismos criterios y al final todas deben utilizar estrategias de supervivencia muy similares.

Las universidades deben atender a una serie de importantes retos en la gestión de la investigación. Por ejem- plo, el denominado ‘research management’ que incluye decisiones acerca de las facilidades para investigar, la transparencia, la comunicación de la política científica o la colaboración entre personas y unidades implicadas en la investigación. También se apunta la importancia de tener estructuras de apoyo a la investigación acadé- mica como, por ejemplo, las oficinas de investigación que deben dar soporte a la gestión presupuestaria, iden- tificar las oportunidades de financiación, la preparación de proyectos y su gestión, el apoyo en las cuestiones burocráticas o gestionar las patentes y los productos generados.

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