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LA RGLP EN RELACIÓN A LA VULNERABILIDAD Y EL RIESGO HÍDRICO

De territorios vulnerables sólo emergen paisajes no deseados, temidos y de ne- cesaria transformación a través de las políticas públicas. Ello significa que los ciu- dadanos viven bajo la probabilidad de la ocurrencia de algún evento peligroso. En el caso de la RGLP son muchos y diferentes los eventos peligrosos, que hacen de ella un territorio o región vulnerable. Fenómenos como la pobreza, que tiene como consecuencia el grado de criticidad en la vivienda y la falta de saneamiento que incide en las condiciones de vida y la salud de la población; inundaciones cí- clicas del Río de la Plata que causan desastres; posibles accidentes que devienen de la producción y manipulación de materiales peligrosos en industrias de este tipo con urbanizaciones cercanas; prácticas de relleno con residuos sólidos urbanos en Ensenada, qué degradan y contaminan los bañados con los residuos de la Región Metropolitana de Buenos Aires; indiscriminada urbanización que se extiende sobre las áreas de cultivo intensivo, y alerta acerca de terminar con el suelo absorbente; y las consecuencias del cambio climático que hace por lo menos una década y media que expone a la sociedad con precipitaciones extraordinarias e inundaciones, que ni los drenajes ni el escurrimiento superficial pueden lograr tratar en tiempo y forma, de aquí que se trasforme en riesgo y desastre.

Sobre este estado ambiental de base de la RGLP –descripto anteriormente– se incorporó el cambio climático, que se hizo presente en varias ocasiones en forma 12 En este período también cambió la tecnología para realizar cualquier análisis territorial. Al principio observar el territorio a escala geográfica y cultural era posible por medio de series fotográficas reali- zadas desde vuelos aéreos especiales, al final, la configuración espacial o territorial portadora de cierta legibilidad, percibiendo formas, texturas y los colores era posible gracias a partir de Googe Hearth. La formación de la imagen o del paisaje como acto cognitivo y sensible, variando escalas según como y quienes necesitaran percibirlo cambió radicalmente. Disponer de ésta visibilidad agregaron al conoci- miento colectivo otras cuencas visuales, que permitieron ampliar o achicar las escalas a medida de las necesidades. Facilitaron la percepción de cualquier paisaje, que aunque VIRTUAL, le agregó accesibili- dad a la multidimensional al territorio. Esto es una herramienta y una técnica para conocer y planificar innovadora y aun no suficientemente explorada.

de lluvias extraordinarias, hasta que llegó el desastre del 2 de abril del 2013 con 89 muertes (pero que ya desde el 2002 había quedado verificado). Y, aunque no es la primera vez que la región sufre inundaciones, los registros demuestran que existen desde las primeras décadas del siglo XX por desborde de los arroyos Carnaval, Martín, Rodríguez, Don Carlos (todos estos en el eje NO), del Gato, Maldonado (Casco Fundacional y primer anillo), del Pescado (eje NE) y otros afluentes me- nores; y por sudestadas del Río de la Plata, que tienen por características el poder ser anticipadas como fenómeno. Aunque ambas amenazas, difieren en su gestión.

Estudiando las precipitaciones entre 1971-1980, se pueden contar 25 inun- daciones, entre 1981-1990 se duplicaron, y durante 1991-2000 se verificaron 78 eventos. Las causas entonces, se corresponden con la región geográfica por razones climáticas y edáficas, pero siempre se encuentran asociadas a la acción antrópica, referida a los procesos de urbanización por extensión y el cambio climático. De imposible gestión desde un enfoque local.

El fenómeno natural “sudestada” ha provocado innumerables inundaciones en Punta Lara, Ensenada y Berisso entre 1905-1994. En 76 oportunidades hubo creci- das extraordinarias alcanzando su pico máximo el 15 de abril de 1940, registrando una altura de +4,44 m. (Semáforo del Rio de la Plata en el Riachuelo)13 provo-

cando inundaciones que ocasionaron el anegamiento de 465.000 Ha. en toda la Región Metropolitana de Buenos Aires. Durante la década del ’80, hubo reiterados episodios de inundaciones por sudestada que, en noviembre de 1989 y febrero de 1993, inundaron partes de Berisso, Ensenada causando cuantiosos daños.

Pero la amenaza de las lluvias extraordinarias –aquellas que están por fuera de toda lógica estadística histórica– que se transformaron en inundaciones por escorrentía de superficie y provocaron cuantiosos daños en el Casco de La Plata, y las localidades de Los Hornos, San Carlos, City Bell, Gonnet, Villa Elisa, Tolosa, Ringuelet, El Dique–Ensenada y Villa Arguello–Berisso, se produjeron en 2002, 2008 y en abril de 2013.

El desastre de esta última fecha según un informe proveniente del CEDLAS –Fa- cultad de Ciencias Económicas de la UNLP– (Mayo, 2013), indica que el 34,7% de los hogares platenses fueron afectados (78.631 Hogares), de los cuales el 72,8% no se había inundado nunca. El 79,5% ha tenido agua en la vivienda (57.233 Ho- gares, con altura promedio de 48 cm). El 27,7% del Partido de La Plata se vio afectado. Las pérdidas totales en bienes, ascendió a 3.400 millones de pesos.

Se puede decir entonces, que las inundaciones en la región son un fenómeno y un proceso de acontecimiento periódico que puede resultar de tres factores y que, en forma combinada, aumenta aún más el nivel de peligrosidad y riesgo, a saber: las precipitaciones por encima de la media y extraordinarias; las napas freáticas que por saturación aumentan la presión hacia arriba a partir de su elevación, y la sudes- 13 - + 3,88 IGN.

tada, que eleva el nivel del Río de la Plata e inunda el litoral de Ensenada y Berisso, además de no permitir el libre escurrimiento de los arroyos. Esto combinado con una urbanización de llanura –en parte pampa ondulada– que es atravesada por lo menos por diez arroyos, y convierten a la sociedad asentada en sus bordes y plani- cies de inundación, en vulnerables.

No se puede dejar de nombrar además que este riesgo, es consecuencia de los valores que cada grupo social posea del conocimiento débil e imperfecto de la mag- nitud de su presencia, de la forma de presentación, y de las épocas en que se dan.

También el fenómeno va transformándose, a medida que la urbanización se extiende e intensifica, y la forma de cultivo –otro aspecto que incide en la proble- mática– alrededor de la ciudad va mutando. En los últimos veinticinco años, han sido muy importantes los cambios en la forma de producción del cultivo intensivo. Ha pasado de ser mayoritariamente a cielo abierto, a casi su totalidad bajo cubierta. Entre 1985 y 2005 las hectáreas cultivadas bajo cubiertas eran de 700 Ha y en sólo cinco años en 2010, llegaron a ser 3.000 Ha. Circunstancia que aumentó la canti- dad de suelo impermeabilizado aceleradamente, y disminuyendo de forma notable las posibilidades de infiltración.

Por otra parte, simultáneamente se inicia un proceso de urbanización por gran- des superficies –en forma de grandes espacios comerciales, barrios cerrados y coun- tries– que en general han ocupado planicies de inundación y no han sido tratadas como posibles obstáculos al escurrimiento natural, impactando negativamente, inundando los barrios que están en las cuencas medias y partes de la baja. Por lo tanto, uno de los principales problemas, es la falta de conciencia sobre el proceso continuo de ocupación del terreno natural por extensión de la urbanización y la subdivisión en parcelas urbanas en general, y sobre las planicies de inundación de los arroyos, en particular.

El modelo territorial vigente tanto para el caso La Plata, como para Ensenada y Berisso, como se ha expresado sólo responde a una Zonificación según Usos sin Plan previo que la sustente, cristalizada por sendos Códigos de Ordenamiento Ur- bano y Territorial, sin evaluación ni discusiones previas y carentes de regulaciones para la problemática de las inundaciones y/ o con propuestas antitéticas para el tra- tamiento de espacios naturales semejantes (Berisso y Ensenada). En La Plata si bien se reconocen las parcelas que limitan con los arroyos como partes de la planicie de inundación, en lo urbano se permite su ocupación. Tampoco se han ordenado las actividades del periurbano, simplemente se localizan las actividades sin previsión de sus consecuencias, ni se realizan las Evaluaciones de Impacto Ambiental para la localización de invernaderos aunque está previsto.

Se denota falta de trabajo interdisciplinario, cuando la complejidad del terri- torio regional lo está necesitando, tanto para el análisis de los problemas actuales y futuros, como para proponer soluciones. Incluso pensando que el régimen de lluvias fuera menos intenso, se necesitaría un modelo territorial diferente al actual

que incorporare el terreno natural, como parte necesaria y complementaria del sistema urbano. También las formas de ocupación del suelo deberían ser diferentes, de acuerdo a los sectores de ciudad.

Por lo expresado, no puede soslayarse la ausencia de planificación urbana y te- rritorial, porque nunca se llegó a plantear un Plan Director o Plan de Estructura- ción Urbano Territorial que orientara el crecimiento por extensión/densificación y/o consolidación hacia lugares seguros –entre otros factores– lo cual se visualiza en: la escasa restricción a la ocupación de las planicies de inundación de los arroyos,14 o al

proceso sistemático de entubamiento de los mismos; la ausencia de gestión y/ o con- trol del incremento de las superficies impermeables en la construcción de la ciudad; la falta de previsiones de la cíclica ocurrencia de estos fenómenos, que en muchos barrios han sido recurrentes; la falta de gestión y seguimiento de la ocupación de la zona rural, por invernaderos que aumentaron exponencialmente en las últimas dé- cadas.15 Esto amplia cada vez más la impermeabilización de la superficie absorbente

y por lo tanto, la vulnerabilidad ambiental, social y física-material ante el fenómeno. Un análisis en relación al avance de obras del plan hidráulico para la ciudad post inundación del trágico 2 de abril, realizado por el Arq. Luciano Pugliese (5/2017), expresa que: “a cuatro años de la inundación, en la que más gente murió en Argen- tina, las obras prometidas ni bien ocurrieron los hechos van tomando forma, sobre todo las más complejas. (…) En marzo pasado el plan había avanzado un 64% me- dido en ejecución presupuestaria que a precios de hoy superaría los 3 mil millones (…) No obstante la cuenca del Arroyo del Gato, la más importante de la región y la que más superficie y gente afectó, tenía un avance sensiblemente menor: el 51%”.

No obstante, afirma que sólo con obras no alcanza. Abordar esta problemática con un enfoque de riesgo, intentando aumentar la resiliencia como el propuesto por este proyecto de investigación, requiere –entre otros aspectos– de las siguientes acciones en las cuales aún no se ha avanzado. Ellas son:

• Todos los ciudadanos debieran tener en claro qué tipo de tormentas “resiste” el sistema hidráulico.

• El manejo de excedentes pluviales también es un tema de gestión del suelo y de distribución de costos y beneficios privados para la satisfacción de intereses públicos.

14 En 2000 se aprobó la Ordenanza 9231/00 de Ordenamiento Territorial y Uso del Suelo en el Partido de

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