“Tenía trece años y me fui a una fiesta y cuando venía de la fiesta, sentí que me cogió un dolor adelante y atrás y medio manché y le dije a una tía mía que estaba asustada porque estaba manchando sangre y ella me dijo que eso era la menstruación, me dijo que si mamá no me había dicho. Le dije que no. Una sobrina de mi tía dijo que no podía hacer oficio porque era malo. Mi mamá nunca me dijo, seguro era que los viejos de antes no les gustaba decirle a uno esas cosas”. (MUjERsENú, 38 AñOs)
“No me hicieron gemené, yo crecí en una familia con ideas religiosas. Mi mamá creció con hermanas religiosas –con las Lauras–, y mi papá siguió las ideas de mi mamá. Entonces por la cultura de nuestra familia no lo practica- mos”. (MUjERkAtíA, 36 AñOs)
“cuando a uno le viene la regla, siempre le encierran a uno, un mes o tres semanas. A mí me encerraron tres semanas y después para poder salir los jaibaná tienen que sacar de ahí, no es gente cualquiera, tiene que sacar los jaibaná. Después que lo sacan, los abuelitos le echan jagua. Mi abuelita hizo todo esas cosas, después mi papá me aconsejó estudiar, y en este momento sigo estudiando porque papá me aconseja que no consiga marido, que siguiera estudiando hasta que llegue porque uno a veces se embolata por ahí, siempre me aconseja”. (MUjERkAtíA, 21 AñOs)
“Mi mamá me decía que cuando le iba venir la menstruación, de diez o de once años, que uno soñaba con pintalabio rojo, pañales rojo, paruma rojo, me preguntaba que si no había soñado. Después sí soñé así, entonces le co- menté, y cuando me vino, me dijo que no hablara con nadie, lo encerraba, no podía comer hueso, una dieta especial, nadie puede mirar, uno no puede mi- rar a nadie. A las cinco de la mañana lo bañan, a las doce de la noche, antes
de dormir lo bañan. Los katíos lo encierra un mes o tres semanas. Pero antiguo hasta dos meses, mi abuela me encerró un mes completo. Le enseñó a mamá y ella me aconsejaba mucho. Me decía que mi abuelita le contaba que los hom- bres también cocinan, que le mandaba hacer cosas como si fuera una niña, para que cuando estén grandes no esperen solo a la mujer. Eso nos aconseja- ba a nosotros y a los niños también. Los antiguos siempre son guapos”. (MUjER kAtíA, 21 AñOs)
“A mí, no me hicieron gemené, pero a mi hermanita sí. Hace un año y medio. cuando le vino la primera regla la encerraron, alistaron la chicha, la ropa completa, la cinta, la chaquira. cuando salga, ella no puede mirar a na- die. Alistamos todas esas cosas, y de la Pastoral Social nos ayudaron. Ese día, lo hicieron dos niñas juntas, pero también tiene la regla. Si una niña, si es se- ñorita, se emborracha; si ya ha estado con un hombre, no se emborracha. Te- níamos miedo que mi hermanita saliera así, pues la otra, según los chismes, ya es... Antes de eso le preguntan si está señorita o no, uno no sabe lo que hace la niña en el colegio, pero mi hermanita me dijo que no, que ella no había es- tado con nadie. Después que salga de encierro lo llevan a la fiesta, lo pintan todo de jagua negro, después lo encierran otra vez. Hacen invitación en cada municipio donde está la familia y amigos, invitan por la emisora, es una fies- ta grande. Pusieron equipo, empezó la fiesta. A la niña la sacan a las doce de la noche los viejos, los antiguos, no puede sacar los jóvenes. Después de que sacan, lo ponen la camisa nueva, la paruma nueva, y con un trapo blanco lo envuelve todo y lo traen despacio, afuera lo sientan en medio de la casa, le dan un poquito de trago de aguardiente, pero los jaibaná, con eso se emborracha. Si no se emborracha con eso, es porque no es señorita. Mi hermanita se quedó como una muerta y la otra no, lo guiñan, lo chuzan con cualquier cosa y la otra se movía, y pues eso lo castigan, porque se gasta plata en vano. Siempre se gasta plata, tienen que matar vaca, marrano, comida, entonces es maluco. La otra muchacha se emborrachó un ratico. Eso es muy peligroso, si uno no le da dulce se muere, tiene que dar agua, los dientes le quedan muy pegados y le tienen que abrir, es peligroso el gemené. El jaibaná le hace rezo. Lo alzan arriba, lo echan maíz, chicha, lo tiran para arriba. Después lo meten al cuarto otra vez y al otro día a las seis de la mañana la sacan a bailar con los viejos, no con los jóvenes porque los viejos saben trabajar, no tienen pereza, son guapos. Esta cultura sí tenemos todavía”. (MUjERkAtíA, 21 AñOs)
“cuando me vino la primera menstruación estaba en el salón de clases, estaban preguntando una lección de matemáticas cuando sentí alguna cosa como mojada: ¿será que me oriné adentro?, pensé. Le dije: hermana voy a ir al baño, me asusté, grité y la monja se vino a ver, me quité la ropa, abrí la puerta y le mostré, y ella me trajo ropa nueva, me puso a coser y allí aprendí a coser las blusas. Me dijeron que no podía tomar agua fría, que me bañara con agua caliente, que no tomara agua helada, no comiera frío, ellas me manejaron bien. No me dejaron estudiar por esos días, hasta que le dije que estaba aburrida, y me dijeron que ya podía ir a estudiar. Me enseñó que cuando uno está con marido y se ha perdido la menstruación tiene que cuidarse para no abortar”. (MUjERkAtíA, 56 AñOs)
“cuando tenía doce años, cuando me empezaron a salir los senitos, me explicaba que a uno la hacían una fiesta, que había que cuidarse después del periodo, que lo bañan con aguas especiales, que hacen una hoguera y lo que- man a uno, a veces le pegan a uno con unas plantas, lo ponen a uno a masticar maíz, toda eso, me contaba que había que hacer y todo eso me los hicieron. Lo único que a mí no me hicieron fue la fiesta, pero lo demás sí. El encierro, el camino aparte, por donde ir al río, me quemaron con la hoguera, con fogata a la orilla del río con leña especial, me pegaron con unas plantas, me bañaron, uyy..., durante una semana con unas aguas refrías con hierro, una cantidad de cosas, todo eso me lo hicieron”. (MUjERkAtíA, 21 AñOs)
“Nosotros no hicimos la fiesta de gemené a las hijas, pero he visto a mi mamá y mi papá, lo hacían. En el futuro le vamos a hacer a las nietas. No lo hi- cimos porque a veces se olvida un poco, además porque cuesta, hay que tener plata. Indígenas que sabe eso tienen que orientar a nosotros para que enseñen cómo hacen ellos. Entre todos la familia vamos a aportar para esa fiesta a las nietas, para mostrar, es bonito”. (HOMbREkAtíO, 58 AñOs)
“Mi primera menstruación llegó cuando yo tenía trece años. Pero yo sa- bía del gemené porque a mi abuelita se lo hizo a una tía mía; cuando ella se desarrolló, la encerraron en una pieza, comenzaron a comprar cosas, maíz, aguardiente. La encerraron por un mes; cuando la sacaron hicieron la fiesta. Un viejo sacó una copa de aguardiente y le dieron a ella y se pusieron a tocar la flauta, al rato, ella se cayó. Luego, cogieron a la muchacha y siguieron tocando la flauta. Luego, la tiraron a la quebrada, la sacaron y después la llevaron a la casa y allí ya estaba el muchacho, quien iba a ser el marido de ella. A mis hijas no les hice esta ceremonia porque es muy caro y no teníamos plata. Nosotros
solo encerramos a la niña por un mes, en un lugar donde esté bien tapado y no pueda hablar con nadie; ellas se tienen que bañar con agua bien fría y especial, el agua contiene hacha, machete. Luego de cumplido un mes, sale. Pero no hacemos entrega. Requiere de muchas cosas, las personas que cante y toquen los tambores y eso ya no hay, ya se ha perdido”. (MUjERkAtíA, 51 AñOs)
“cuando me vino la primera menstruación, le avisé a mamá, me cuidaron y me trataron muy bien, me hicieron el encierro durante un mes y cuando salí de ahí ya puede cocinar y andar. Después de un mes ajuntaban jagua, pintaba, me hicieron el ritual, al mes me casaron, hicieron una mazamorra que repar- tieron a todos, para que quede una mujer valiente, fuerte, trabajadora, que no sienta el sol”. (MUjERkAtíA, 52 AñOs)