Antigua era más duro
El Observatorio Indígena de Políticas Pú-blicas de Desarrollo y Derechos Étnicos es un espacio intercultural de investigación y de formulación de propuestas políticas, orientado a sistematizar, producir y difun-dir de manera regular y permanente co-nocimientos pertinentes y especializados sobre las problemáticas políticas, cultura-les, económicas, territoriales y de exigibi-lidad de derechos más relevantes para los pueblos indígenas de Colombia, a la vez que busca generar propuestas de políticas y estrategias para el movimiento indígena sobre dichos aspectos. La divulgación de los resultados del Observatorio se recogen en la revista Etnias & Política y otras
pu-blicaciones tales como boletines, libros y otros.
El Centro de Cooperación al Indígena (Ce-coin) es una ONG indígena adscrita a la Organización Indígena de Antioquia (OIA), que tiene como finalidad primordial de su acción aportar al conjunto del movimiento indígena colombiano herramientas investi-gativas y analíticas para la profundización de sus procesos de construcción de auto-nomía territorial, al tiempo que contribuye con el conjunto de la sociedad en la pro-ducción de conocimiento cualificado que permita apuntalar los principios de la di-versidad étnica y cultural que promulga la Constitución Política colombiana.
Antigua era peor: hablan las mujeres indígenas de An-tioquia es una sistematización del trabajo realizado por
los equipos de trabajo de género y el área jurídica de la Organización Indígena de Antioquia (OIA) y el Centro de Cooperación al Indígena (Cecoin) durante 2008. A través de las voces de las mujeres indígenas se presentan seis historias de vida de mujeres embera-katías y senúes, en su mayoría líderes locales y todas ellas involucradas en la Escuela de Género, Generación y Familia de la OIA. También a través de entrevistas tanto con mujeres como con hombres indígenas se registran sus reflexiones sobre temas como género, familia, violencia contra la mujer, participación comunitaria, entre otros. Finalmente, se exponen algunas consideraciones sobre el proceso que viene adelantando la OIA acerca de justicia propia y gé-nero.
Cecoin
Observ
atorio indígena
Lucy Gu A má, Ave Lin A P A ncho, eL en A Rey 3 3 LuCy GuAmá AvELINA PANChO ELENA REyhablan las mujeres indígenas
de Antioquia
Antigua
hablan las mujeres indígenas
de Antioquia
Antigua
COLECCIÓN AUTONOMÍA INDÍGENA
Nº 3 Antigua era más duro:
hablan las mujeres indígenas de Antioquia
Lucy Guamá, Avelina Pancho, Elena Rey
Centro de CooperaCión al indígena CeCoin organizaCión indígena de antioquia oia Carrera 10 nº 24-76 ofiCina 706 Bogotá, d.C., ColomBia telefax (57-1) 334 1810
Correo eleCtróniCo: [email protected] página WeB: www.observatorioetnico.org.co
ISBN 978-958-95143-7-5 Elena Rey ediCión Emma Ariza revisión de textos Marta Rojas preparaCión editorial
Martha Isabel Gómez
diseño de la ColeCCión
Ediciones Antropos Ltda.
impresión
Primera edición, Bogotá D.C. mayo de 2009
El contenido de esta publicación es responsabilidad exclusiva de CECOIN y en ningún caso compromete a las entidades financiadoras.
Se autoriza su reproducción parcial o total citando la fuente. Se agradece enviar copia.
Lucy Guamá Avelina Pancho
Elena Rey
hablan las mujeres indígenas
de Antioquia
Antigua
Contenido
Presentación
6 Esta es la época de las mujeres indígenas AÍDA PETRONA SUÁREZ
8 Introducción
Capítulo 1
12 Los derechos de los pueblos indígenas son derechos de las mujeres indígenas ELENA REY
Capítulo 2
35 Historias de vida de mujeres: las indígenas hablan
LUCY GUAMÁ, AVELINA PANCHO, ELENA REY
Capítulo 3 112 Mujeres y hombres
hablan sobre mujeres y género
LUCY GUAMÁ, AVELINA PANCHO, ELENA REY
Capítulo 4
149 El mito como instrumento para el análisis
de las relaciones de género en los pueblos indígenas de Antioquia
MAURIcIO cAvIEDES
Capítulo 5
173 Algunas consideraciones sobre el proceso
de justicia propia y género
Pr
esentación
Las mujeres indígenas de Antioquia llevamos toda la vida contribuyendo al fortalecimiento de nuestros pueblos y a la defensa de los derechos colectivos, y preservando y defendiendo la cultura de nuestros pueblos. Esta labor, en muchos casos, invisibilizada y no apreciada empieza a cambiar. Nosotras las mujeres indígenas de Antioquia queremos y debemos participar plena y activamente en las decisiones políticas de nuestros gobiernos, queremos vivir bien, y queremos que la lucha por los derechos de las mu-jeres indígenas entren a formar parte de la agenda indígena nacional y regional como prioridad. Las mujeres indígenas de Antioquia –emberas, tules, senúes– hacemos un llamado a nuestros compañeros para que conjuntamente revisemos, analicemos y transformemos las relaciones de inequidad de género existentes en nuestras comunidades. El proceso no va a ser fácil, en él vamos a encontrar obstáculos y diferen-cias, pero si tenemos y mantenemos claridad en el objetivo –el fortalecimiento de la autonomía y libre determinación de nuestros pueblos–, los resultados serán sorprendentemente beneficiosos para nuestras comunidades.
El trabajo que a continuación se presenta es un aporte importante en la lucha que venimos realizando las mujeres indígenas de Antioquia para visibilizar y profundizar en el conocimiento de la situación de las mujeres, en el marco del desarrollo y fortalecimiento de la quinta política de la orga-nización: la Política de Género, Generación y Familia.
Esta es la época
La violencia que existe en contra de las mujeres en nuestras comunidades es una verdad que no se puede negar. No podemos seguir ocultando lo que está ocurriendo en nuestras familias, en nuestras comunidades. La búsqueda de nues-tras propias estrategias es la solución, nuestra cultura debe guiar el camino a la construcción de unas relaciones de género en las que predomine la armonía y la equidad. Unas relaciones de género que nos fortalezcan como pueblos.
Los pueblos indígenas en Antioquia vivimos diariamente las consecuencias del conflicto armado interno en nuestras comunidades, vivimos la negación de nuestros derechos por parte del Gobierno, vivimos la negación de nuestros terri-torios ancestrales, vivimos las violaciones a nuestros territerri-torios por parte de las empresas, vivimos la negación de nuestros derechos a una educación propia y a una salud propia. La violencia contra las mujeres que se deriva de la negación y violación de todos esos derechos es una realidad. Por ello, las estrategias que desarrollemos en la lucha para erradicar la violencia contra las mujeres indíge-nas deben partir de la vigencia de los derechos de los pueblos indígeindíge-nas, de la vigencia de los derechos humanos y de la vigencia de los derechos de las mu-jeres indígenas.
Esta es nuestra época, necesitamos que se oigan nuestras voces.
AÍDA PETRONA SUÁREZ.
consejera Organización Indígena de Antioquia (OIA)
Las mujeres indígenas de Antioquia, protagonistas de esta sistematización, llevan muchos años luchando por los de-rechos de los pueblos indígenas y menos años luchando por sus derechos de género. Ambas luchas son la misma, la libre determinación de los pueblos para definir autóno-mamente su estatus político, perseguir su propio desarrollo social, cultural, político y económico con la participación plena, efectiva y equitativa de las mujeres indígenas para conducir libremente sus vidas y realizar su potencial a tra-vés del pleno control sobre sus decisiones y acciones.
En colombia, las investigaciones o sistematizaciones sobre mujeres indígenas son casi inexistentes, algo que evi-dencia la discriminación histórica de que son objeto. Los equipos de trabajo del centro de cooperación al Indíge-na (cecoin) y de género de la Organización IndígeIndíge-na de Antioquia (OIA), con el apoyo del equipo jurídico de esta última, estuvieron trabajando durante el año 2008 en el proyecto “Desarrollo de la Política de Género, Generación y Familia de la OIA”. con el soporte de la ONG catalana cooperacció y la Agencia Española de cooperación para el Desarrollo (AEcID), uno de los resultados de este proyecto es la sistematización que se presenta a continuación.
Desde el equipo de trabajo se tiene la profunda con-vicción de que la lucha de los derechos de las mujeres indígenas es intrínseca a la lucha de los derechos de los pueblos indígenas. La necesidad de cambios profundos y la construcción de propuestas transformadoras que con-duzcan a una participación plena, activa y democrática de
Intr
las mujeres indígenas en sus estructuras de gobierno propias, a unas relaciones de género con equidad y a unas estrategias propias de lucha frontal y efectiva contra la violencia que se produce hacia las mujeres dentro de las comunidades, son elementos claves para el fortalecimiento de la organización y autonomía de los pueblos indígenas.
La violencia contra las mujeres indígenas tiene múltiples causas, la mayoría de ellas como consecuencia de la histórica marginación en la que han vivido los pueblos indígenas y la negación sistemática de sus derechos como pueblos. Pero esa situación no puede ocultar que la violencia contra las mujeres tam-bién existente dentro de las comunidades indígenas, tal como lo constata esta sistematización. La negación del problema no conduce a nada positivo para los pueblos indígenas; aportes al diagnóstico de la situación y su visibilización deben conducir a una priorización por parte de autoridades y comunidades in-dígenas. Esta sistematización pretende ser un aporte a la construcción de nuevas políticas, que lleven a repensar las relaciones de género en las comunidades y a un mejoramiento de los derechos de las mujeres indígenas.
En el primer capítulo, “Los derechos de los pueblos indígenas son derechos de las mujeres indígenas”, se presentan los debates existentes entre cultura y
gé-nero, así como los conceptos de dualidad y complementariedad, tan importantes en los pueblos indígenas para entender las relaciones de género existentes y sus posibilidades de transformación. También se sistematizan las propuestas políti-cas de las mujeres indígenas a nivel internacional, principalmente a partir de la conferencia de Beijing en 1995, y sus propuestas teóricas sobre cómo trabajar la violencia contra las mujeres indígenas. Igualmente se exponen los temas cla-ves que las mujeres indígenas reconocen como causantes de la violencia con-tra ellas. Por último se hace una breve presentación del con-trabajo de las mujeres indígenas de Antioquia, para finalizar sistematizando los elementos centrales de la política de Género, Generación y Familia de la Organización Indígena de Antioquia, que ha sido el referente de trabajo de esta investigación.
En el capítulo 2, “Las indígenas hablan”, se presentan seis historias de vida de mujeres indígenas de Antioquia, con lo que se pretende contribuir de ma-nera modesta al vacío existente sobre la realidad de las mujeres indígenas. Se construyen seis historias de vida de tres mujeres indígenas del pueblo embera-katío y tres del pueblo senú. Las mujeres relatan su infancia, las relaciones de poder con los hombres y su participación organizativa. En demasiados casos, sus vidas estuvieron marcadas por la violencia contra ellas. Pero todas
aprove-chan sus condiciones de vida, en ocasiones evaden las sanciones, eluden los poderes y enfrentan las situaciones más difíciles, y sobreviven. Y no lo hacen como seres devastados en quienes la enajenación se ensaña, sino que al vivir se enriquecen, confrontadas, conflictuadas y con unas inmensas motivaciones por cambiar esa situación.
En el tercer capítulo, “Mujeres y hombres hablan sobre género”, se siste-matizan 14 entrevistas con hombres y mujeres, principalmente de la etnia ka-tía, para entender y comprender mejor la situación de las mujeres indígenas de Antioquia, con el fin de enriquecer la información obtenida en las historias de vida. Se invitó a que las personas hablaran sobre unas temáticas establecidas en relación con la situación de las mujeres en diferentes espacios, como la fa-milia, la comunidad y la organización, y a que dieran sus opiniones frente a la Política de Género, Generación y Familia.
En los capítulos 2 y 3 no se encuentra un análisis ni de las historias de vida ni de la sistematización de las entrevistas. La prioridad era conocer y presentar lo que las mujeres indígenas de Antioquia piensan, valoran, quieren y desean, y, en la medida de lo posible, indagar qué es lo que los hombres están pensando en cuanto a la situación de las mujeres. Análisis posteriores, enriquecidos desde las mujeres indígenas, contextualizarán y analizarán causas y propuestas.
Uno de los ejes del trabajo realizado con las mujeres indígenas de Antio-quia en 2008 se presenta en el capítulo 4, “El mito como instrumento para el análisis de las relaciones de género en los pueblos indígenas de Antioquia”. Este trabajo tuvo como punto de partida la reconstrucción de narraciones míticas y su exploración junto con las comunidades. Este punto de partida permitió abrir debates sobre las actuales relaciones de género, y demostró la utilidad de ana-lizar las relaciones de género en los mitos y leyendas para reflexionar sobre la actual inequidad en dichas relaciones.
En el capítulo 5 se sistematiza el trabajo de Justicia Propia y Género, rea-lizado por la OIA, donde se plantean “Algunas consideraciones sobre el proce-so de justicia propia y género” que han ido surgiendo a lo largo de los últimos años en el quehacer con las comunidades. Revisar, plantear las dificultades y aciertos, y enfocar estrategias que prevengan y modifiquen la actual situación de impunidad ante las violaciones de los derechos de las mujeres es lo que se pretende con este documento de análisis.
Por último, es necesario agradecer a las mujeres indígenas de Antioquia que participaron en este proyecto y que con su generosidad y paciencia nos
contaron sus vidas; igualmente a los hombres y mujeres que aportaron en el debate sobre la situación de las mujeres y en las reflexiones sobre la Política de Género, Generación y Familia, especialmente al entonces comité Ejecutivo de la OIA por su incondicional apoyo, imprescindible para el buen desarrollo de este proyecto; finalmente, a cooperacció y a la Agencia Española para la cooperación al Desarrollo (AEcID) por su apoyo solidario y generoso.
Los derechos de los pueblos
indígenas son derechos
de las mujeres indígenas
1ELENA REY*
Introducción
En este capítulo se presentan los debates existentes entre cultura y género, así como los conceptos de dualidad y complementariedad, esenciales entre los pueblos indíge-nas, para entender las relaciones de género existentes y sus posibilidades de transformación. También se sistematizan las propuestas políticas de las mujeres indígenas a nivel in-ternacional, principalmente las desarrolladas a partir de la conferencia de Beijing en 1995, y sus propuestas teóricas sobre cómo trabajar la violencia contra ellas. Igualmente, se exponen los temas claves que son afirmados por las mu-jeres indígenas como los causantes de la violencia de que son objeto. Por último, se hace una breve presentación del trabajo de las mujeres indígenas de Antioquia, para fina-lizar con la sistematización de los elementos centrales de la Política de Género, Generación y Familia de la Organi-zación Indígena de Antioquia que ha sido el referente de trabajo de esta investigación.
1 Declaración del Foro Internacional de Mujeres Indígenas: Acer-cando las perspectivas indígenas al ámbito internacional: una con-ferencia Mundial de Mujeres Indígenas, Nueva York, 27 de febrero 2005.
* Investigadora cecoin.
Cultura y género
vásquez García (2006) indica que cada cultura construye y cultiva diferentes ideologías para justificar y mantener las diferencias de género, ya sea hacien-do énfasis en su funcionalidad, en su biología o en su carácter sagrahacien-do. Entre los pueblos indígenas, la resistencia y en muchos casos la oposición a evaluar las relaciones dentro de las comunidades se basa en argumentos que priman la necesidad de la autoafirmación y la preservación de sus culturas en contra de la cultura hegemónica.
En consecuencia, al observar las relaciones de género en los pueblos indígenas se encuentran una serie de obstáculos político-ideológicos y meto-dológicos. Debido a la historia violenta de los procesos de colonización e in-dependencia, y a la desvalorización de las culturas y los pueblos indígenas, se ha considerado prioritario la defensa de su valor, su derecho a la diferencia, su autoafirmación y su protección. Siguiendo a Meentzen (2001), desde este punto de partida han surgido principalmente dos corrientes que se resisten a dar una mirada crítica a las culturas indígenas mismas: una está conformada por algu-nos dirigentes indígenas, en su gran mayoría hombres, quienes, por la urgencia de autoafirmación y revaloración de sus culturas y pueblos frente a la cultura dominante, se resisten a reconocer o, por lo menos, a expresar públicamente ante los no indígenas, las desigualdades y formas de discriminación de la mujer en sus propias culturas. La otra corriente la conforman aquellos sectores polí-ticos y académicos que dicen proteger a las culturas indígenas de los cambios negativos impuestos por las culturas dominantes. En esta corriente existe la ten-dencia a idealizar a las culturas indígenas como igualitarias y complementarias entre hombres y mujeres, y a negar la existencia de desigualdades de género y de subordinación de ellas dentro de sus propios pueblos, y así justificar la ne-cesidad de conservar las culturas indígenas en un estado puro.
Ambas corrientes encuentran, además, la aceptación de aquellos y aquellas que se resisten a tomar en cuenta la perspectiva de género y, para justificarlo, plantean que “no se debe interferir en las organizaciones y las culturas indíge-nas desde el exterior” (Meentzen, 2001). curiosamente, el argumento de la no interferencia externa, que dañaría a los pueblos indígenas, sólo aparece en
re-lación con procesos organizativos y sociales, y no con las medidas “técnicas”, que no son consideradas como intromisión externa, como si éstas no tuvieran también un fuerte impacto social y cultural. Este último hecho tiene un efecto de círculo vicioso: como las acciones de desarrollo “técnicas” no se consideran
interferencia externa, tampoco se mide su impacto social ni en las relaciones de género de los pueblos indígenas. El desconocimiento del impacto social de lo considerado exclusivamente técnico sirve a su vez para no considerarlo in-terferencia externa, lo que no pocas veces acelera un cambio ya sea deseado o no (Meentzen, 2001).
En cualquier caso, la construcción de una perspectiva de género para los pueblos indígenas tiene que hacerse con las mismas comunidades, y bajo una premisa desde abajo hacia arriba, que desarrolle procesos de repensar sus pro-pias sociedades. Indudablemente, contar con el apoyo de la dirigencia indígena es vital para impulsar transformaciones necesarias en las comunidades.
Dualidad y complementariedad
Hablar de un enfoque de género para los pueblos indígenas supone remitirse a los conceptos de dualidad y complementariedad. La mayoría de cosmovisiones indígenas establecen estos dos conceptos, claves para entender cómo definen sus relaciones de género: dualidad y complementariedad. La dualidad se basa en que “todo el universo se rige en términos de dualidad: cielo–tierra, felicidad– tristeza, hombre–mujer”. Esta dualidad se completa de manera natural con el segundo concepto: la complementariedad, que se concibe como que el hombre y la mujer son contrarios complementarios que se relacionan armónicamente, no solo entre ambos sino también en su relación con la naturaleza; por tanto, la complementariedad es la interacción y relación entre hombre–mujer–natura-leza. La armonía se convierte así en el elemento fundamental para el desarrollo histórico-social de una comunidad.
En la actualidad existen dos visiones diferenciadas sobre cómo entender la complementariedad (vásquez García 2006). La corriente conservadora, enmar-cada en un planteamiento culturalista, defiende la complementariedad como una característica innata de la sociedad indígena y presupone una armonía de hecho en las relaciones entre los hombres y las mujeres, con lo que, para esta corriente, no hay nada que replantearse ni cuestionar en la actual situación de la mujer indígena en sus comunidades. Otra corriente es la revisionista o crí-tica, que acepta la necesidad de la complementariedad, pero considera que hay que construirla nuevamente ya que en la actualidad no existe, lo que se impone es una total desigualdad, pero la equidad y la complementariedad se pueden construir. En esta corriente concurren dos posturas sobre cómo construir la complementariedad: una, que podemos definir como más tradicional, afirma
que hay que recuperar las relaciones igualitarias entre hombres y mujeres que existían en las sociedades originarias y que fueron destruidas por los procesos de conquista y colonización; la otra postura duda de la existencia de esas rela-ciones igualitarias en las sociedades originarias y se centra en la reconstrucción y reinterpretación de las tradiciones, reconociendo los pluralismos internos y la construcción de una complementariedad con equidad.
Este planteamiento de dualidad y complementariedad ha sido profunda-mente cuestionado por la sociedad no indígena, al entender que discrimina a las mujeres indígenas. Pero, desde la visión de las mujeres indígenas, la comple-mentariedad significa partir del respeto y la valoración del otro, de unos hacia otros y no de la supremacía del uno sobre el otro, lo que supone respetar las diferencias del otro y no afectarlas (IcMIA 2003).
Ambas corrientes tienen en común la consideración de la familia como un pilar de la vida comunitaria indígena y como expresión de la complementariedad de los sexos. La familia entendida como una formación nuclear heterosexual que interactúa con la generación anterior y que tiene fuertes compromisos comuni-tarios. Según las mujeres indígenas (IcMIA 2003), la familia se ha visto transfor-mada de forma violenta en los últimos tiempos debido a la situación de pobreza en la que se encuentran la mayoría de las familias indígenas, las migraciones, los desplazamientos forzados, la falta de comunicación interpersonal y demás factores externos. Pero, para las mujeres indígenas, este cambio es estructural y no está relacionado con un sistema autoritario de patriarcado.
La complementariedad y el énfasis y defensa de la familia (vásquez García 2006) conllevan una serie de implicaciones que son incuestionables, como la división del trabajo (trabajo doméstico y crianza) como una función natural de lo femenino, en la que cualquier interrogante al respecto resulta sorpresivo. La familia, como ente social regido por la armonía y la complementariedad, tiene también un papel fundamental en la transmisión de la cultura. Reiteradamente se asigna a las mujeres la responsabilidad de la transmisión de la cultura en el núcleo familiar, como garantes de la crianza y educación de los hijos e hijas, y encargadas de enseñar la lengua y los valores comunitarios. Entonces, de una manera natural e incuestionable, recae sobre las mujeres la gran tarea de pre-servar la cultura, pero en la mayoría de ocasiones se desconoce qué se quiere conservar y cómo se va a realizar esta ardua tarea.
Para las mujeres indígenas, la categoría de género no sólo significa rela-ciones de poder entre hombres y mujeres, aunque reconocen que es importante
para asegurar la igualdad y el equilibrio, sino que también requiere una mirada que integre la pluralidad y diversidad desde el ejercicio de los derechos individuales y colectivos de sus pueblos (IcMIA 2003). Por ello, en sus declaraciones públicas y documentos, las mujeres indígenas reclaman que la lucha en defensa de los derechos de los pueblos es la lucha de los derechos de las mujeres indígenas.
La agenda política de las mujeres indígenas combina demandas especí-ficas de género con las demandas autonómicas de sus pueblos. Denuncian la opresión económica y el racismo al que se ven sometidos sus pueblos en los di-ferentes países y, paralelamente, están desarrollando un discurso y una práctica política propia a partir de una perspectiva de género situada culturalmente, que cuestiona tanto el sexismo y el esencialismo de las organizaciones indígenas como el etnocentrismo del feminismo hegemónico (Hernández castillo 2001). Los desencuentros entre el movimiento feminista y las mujeres indígenas son históricos, aunque en los últimos tiempos se podría considerar que ha habido un cierto acercamiento: las mujeres indígenas reconocen aportes del feminis-mo a las reivindicaciones de los derechos de las mujeres en el mundo, y las feministas empiezan a considerar que las mujeres indígenas tienen propuestas propias que son válidas2. Por ello, es importante conocer los planteamientos y
propuestas que están realizando a nivel internacional las mujeres indígenas.
Posicionamiento de las mujeres indígenas
La conferencia de Beijing fue uno de los primeros espacios a nivel internacio-nal donde las mujeres indígenas del mundo articularon sus demandas de for-ma conjunta. Elaboraron una declaración3 en donde se recogen sus principales
demandas políticas y sus críticas a la Plataforma para la Acción de Beijing. Las críticas que expresan las mujeres indígenas, entre otras, se centran en aspectos políticos profundos e importantes que, en su opinión, la Plataforma Beijing no dimensiona correctamente, como las causas de la pobreza que padecen milla-res de mujemilla-res en el mundo. Las mujemilla-res indígenas sostienen que “la causa de esta pobreza son las naciones e intereses poderosos que nos han colonizado y que continúan recolonizándonos, homogeneizándonos e imponiéndonos su
2 Para profundizar sobre este tema, véase Domínguez (2004) y Hernández castillo, R. Aída (2001: 206-229).
3 La mayoría de declaraciones internacionales de las mujeres indígenas se pueden encon-trar en Foro Internacional de Mujeres Indígenas – FIMI: www.indigenouswomensforum.org/ resources-sp.html.
propio modelo para el crecimiento económico y monocultural.” Además sos-tienen que la Plataforma Beijing “Incluso subestima la importancia de la libe-ralización del comercio y el acceso a mercados abiertos y dinámicos, que para nosotras presenta la principal amenaza a nuestros derechos a los territorios, a los recursos intelectuales y patrimonio cultural”.
También se encuentran en esta declaración las demandas y propuestas que las mujeres indígenas plantean como prioritarias para ellas:
n Reconocer y respetar nuestro derecho a la autodeterminación.
n Reconocer y respetar nuestro derecho a nuestros territorios, el derecho
al desarrollo, educación y salud.
n Detener las violaciones de los derechos humanos y la violencia contra
las mujeres indígenas.
n Reconocer y respetar nuestros derechos a nuestra herencia intelectual
y cultural y nuestros derechos a controlar la diversidad biológica en nuestros territorios.
n Asegurar la participación política de las mujeres indígenas y ampliar
sus capacidades y su acceso a los recursos.
A raíz de la conferencia de Beijing y sus subsecuentes conferencias y foros de seguimiento a las recomendaciones, las mujeres indígenas se han fortalecido en los diferentes espacios internacionales y están desarrollando sus demandas y propuestas. Fue así como nació el Foro Internacional de Mujeres Indígenas (FIMI), que ha venido trabajando desde 1999 sobre la base de una profunda convicción en la necesidad de coordinar e integrar estrategias para el adelanto de los derechos humanos de las mujeres indígenas a nivel local, nacional e internacional.
Los principios orientadores del FIMI son: el principio de la libre determina-ción, que se refiere tanto a los derechos de los pueblos indígenas para determi-nar libremente su estatus político, perseguir su propio desarrollo social, cultural, político y económico, como al derecho de las mujeres indígenas a determinar libremente sus vidas y realizar su potencial a través del pleno control sobre sus decisiones y acciones. El segundo principio enfatiza la importancia del respeto a los sistemas de conocimiento tradicional, con una consideración particular por el Principio de la Séptima Generación, por el cual toda toma de decisiones se basa en la consideración del impacto que las acciones propias pueden tener en el bienestar de la séptima generación por venir. Se respeta a los antepasados, cuya sabiduría sigue siendo la base y guía en la defensa de los derechos de las
mujeres y de los pueblos indígenas. El tercer principio es la solidaridad, enten-dida en términos de facilitar y ser parte del intercambio global entre las mujeres indígenas y no indígenas, con el fin de maximizar las capacidades de todas las mujeres para trabajar en busca de un cambio social progresivo en el contexto de sus hogares y para impulsar una plataforma compartida en el campo internacional. El cuarto principio orientador es la complementariedad y reciprocidad, es decir, el trabajo está guiado por el principio de complementariedad entre las mujeres y los hombres, reconociendo el valor de la solidaridad con hombres que están comprometidos con los derechos de las mujeres indígenas, y la complementa-riedad entre los sistemas sociales, culturales, económicos y políticos indígenas y no indígenas. El último principio del FIMI es la participación y promoción de la democracia, entendida como el uso de la participación a todos los niveles. Se basa en el reconocimiento de que las mujeres indígenas, las comunidades y las organizaciones deben liderar su propio desarrollo, de acuerdo con sus pro-pias necesidades e intereses. Se sugiere que debe prestarse especial atención a la participación de los y las jóvenes y los y las mayores para garantizar la trans-misión intergeneracional del conocimiento y la experiencia.
Desde el FIMI se han impulsado estudios sobre la situación de las mujeres indígenas, entre los que destaca “Mujeres indígenas confrontan la violencia – Mairin Iwanka Raya”, publicado en 2006 como un informe complementario al estudio sobre violencia contra las mujeres del Secretariado General de las Naciones Unidas. El estudio contiene un aporte muy importante para el trabajo con las mujeres indígenas, pues establece una ruta metodológica para combatir la violencia contra ellas, a través de lo que denominan la intersección de tres movimientos. Estos tres movimientos son: los derechos de los pueblos indígenas, los derechos humanos y los derechos humanos de las mujeres. Se enfatiza que para combatir la violencia contra las mujeres indígenas es esencial reconocer los derechos colectivos de los pueblos indígenas, que han sido el eje de las ini-ciativas antiviolencia de las mujeres indígenas en todo el mundo (FIMI 2006: 14). La razón de estas intersecciones se explica de la siguiente manera:
1. Los derechos colectivos de los pueblos indígenas
como un elemento clave para las estrategias antiviolencia
El continuo hostigamiento que los pueblos indígenas han enfrentado (geno-cidio, desplazamiento forzado, colonización, asimilación forzada y demás) ha provocado que las comunidades indígenas se encuentren entre las más pobres y marginalizadas del mundo. Las políticas actuales basadas en el
racismo y la exclusión han conllevado el aumento de los ataques contra los pueblos indígenas en años recientes, mientras que “los Estados y las corporaciones se disputan el control de las cada vez más limitadas fuentes de recursos naturales en el mundo, muchas de las cuales están ubicadas en los territorios de los pueblos indígenas” (FIMI 2006: 14). Todo ello im-plica que el factor de mayor riesgo para la violencia de género, incluyen-do la violencia perpetrada dentro de las comunidades, sea la sistemática violación de los derechos colectivos de los pueblos indígenas.
2. Universalidad e indivisibilidad de los derechos humanos: los derechos colectivos
Significa que las mujeres indígenas solo pueden disfrutar del derecho a una vida sin violencia cuando los derechos colectivos de sus pueblos son respetados. En este apartado, las mujeres indígenas cuestionan los derechos individuales versus los derechos colectivos, y afirman que comúnmente las mujeres indígenas sufren violaciones de los derechos humanos en la intersección de sus derechos individuales y sus derechos colectivos. Las violaciones al derecho al territorio que frecuentemente ellas enfrentan violan sus derechos tanto individuales como colectivos. Por ello afirman que defender el derecho de las mujeres indígenas a tener una vida libre de violencia de género requiere una revisión funda-mental del paradigma tradicional que postula al individuo como sujeto de derechos (FIMI 2006: 17). No se trata de reemplazar los derechos colectivos por los derechos individuales sino que se hace un llamado a superar esta dicotomía, entendiendo que el reconocimiento de los de-rechos colectivos es un complemento necesario para el disfrute pleno e integral de los derechos individuales.
3. Los derechos humanos de las mujeres
En este sentido, las mujeres indígenas sostienen que el avance de sus derechos humanos está intrínsecamente vinculado a la lucha por pro-teger, respetar y ejercer tanto los derechos colectivos de los pueblos in-dígenas como los derechos como mujeres a nivel de las comunidades y a nivel nacional e internacional. Para el FIMI, la Plataforma de Acción de Beijing sigue siendo inadecuada, pues enfatiza excesivamente sobre la discriminación de género e igualdad de género, lo que despolitiza cuestiones que confrontan las mujeres indígenas, para quienes las viola-ciones a los derechos humanos están basadas no sólo en el género sino,
más allá, en la interacción del género y otros aspectos de sus identida-des. Según el FIMI, la plataforma de Acción de Beijing no reconoce la concomitancia entre la pobreza y las relaciones económicas impuestas por las élites del Norte, ni tampoco las amenazas del imperialismo cul-tural asociado con la globalización económica. Al igual, la Declaración de las mujeres indígenas de Beijing critica enfáticamente el hecho de que no se cuestione la visión occidental de los sistemas nacionales de educación y salud, ni identifique cómo estos sistemas discriminan a los pueblos indígenas.
En el desarrollo de una conceptualización indígena sobre violencia contra las mujeres, el FIMI cuestiona que en la mayoría de estudios sobre violencia de género ésta se categoriza como actos que ocurren en la familia, en la comuni-dad y en el Estado. De estos tres ámbitos se cuestiona que el significado de fa-milia y de comunidad para las mujeres indígenas es diferente y más amplio y se necesita una mayor conceptualización para establecer la afectación para ellas. El FIMI también propone incluir una categoría “transnacional” para tomar en cuenta la violencia contra las mujeres indígenas que es producto o se manifies-ta en ámbitos globales (FIMI 2006: 20). En ese sentido, se propone desarrollar categorías de las formas emergentes de violencia asociadas con las crisis, como piratería biológica, piratería genética, comercio de órganos humanos y cambio climático, que imponen un riesgo desproporcionado para las mujeres indígenas. Además, el FIMI formula otras categorías como la de violencia espiritual (FIMI 2006: 20), que intenta elaborar la relación entre la violencia contra las mujeres y el ataque sistemático contra las prácticas espirituales indígenas, y la de violen-cia ecológica para establecer las formas en que la salud, las formas de vida, el estatus social y la supervivencia cultural de las mujeres indígenas están siendo amenazadas por las políticas y prácticas que “afectan negativamente a la tierra, su estabilidad climática y sus diferentes ecosistemas” (FIMI 2006: 20).
El FIMI afirma que existen seis cuestiones que enfrentan, en mayor o me-nor medida, las mujeres indígenas en el mundo y que están interrelacionadas y son mutuamente influyentes en la generación de particulares manifestaciones de violencia contra aquéllas:
n Neoliberalismo y desarrollo agresivo
Las mujeres indígenas afirman que el fortalecimiento de los mercados, la reducción del gasto por parte del Estado, la privatización de los servicios
básicos, la liberación del comercio y la producción para la exportación, ejes principales de las políticas neoliberales actuales, han exacerbado la violencia contra ellas y han generado nuevas formas de violencia. Las políticas neoliberales promueven los procesos migratorios, violentan la competencia por los recursos y promueven el desmantelamiento de los servicios de salud por todo el mundo, mientras que las formas de im-perialismo cultural junto a la globalización económica han provocado una reacción que opera a través de la violencia contra las mujeres, lo que el FIMI llama “violencia en nombre de la tradición”.
Las tasas de violencia dentro de las comunidades han aumentado a nivel mundial. Preocupa especialmente a las mujeres indígenas el aumento de la violencia familiar intergeneracional que amenaza la supervivencia de las culturas indígenas. Esta ruptura en la transmisión de los valores culturales de una generación a otra es pronunciada, particularmente en las familias indígenas que han sufrido desplazamientos o migraciones como consecuencia de la globalización económica.
Además, los territorios indígenas son especialmente codiciados por las corporaciones, que buscan comercializar y adquirir los recursos natura-les, incluyendo petróleo, oro, agua, madera y fuentes de medicina. Las grandes represas hidroeléctricas, gasoductos, canales, rutas y puertos han sido construidos en los territorios indígenas en nombre del desarrollo eco-nómico y la modernización. El concepto “desarrollo agresivo” enfatiza la violencia contra los pueblos indígenas inherente a la implementación de dichos megaproyectos, incluyendo el desplazamiento forzado, la degra-dación del medio ambiente de los territorios y los conflictos armados. Los territorios indígenas constituyen algunos de los últimos lugares
inex-plorados que quedan en la tierra, en gran parte gracias al rol tradicional de las mujeres indígenas, quienes han preservado culturas, prácticas económicas y cosmovisiones que han protegido los recursos naturales y la biodiversidad de la tierra. Actualmente, la invasión por parte de las corporaciones amenaza la supervivencia económica de las comunidades indígenas, la salud ecológica de esos territorios y los roles tradicionales de las mujeres dentro de las comunidades. cada uno de estos efectos conlleva formas de violencia contra las mujeres indígenas.
Los proyectos de desarrollo que contaminan o dañan los recursos natu-rales son para las mujeres indígenas un tipo de violencia espiritual, ya
que ellas son tradicionalmente las responsables de la administración y mantenimiento de dichos recursos en sus comunidades.
n Violencia en nombre de la tradición
El término “prácticas tradicionales perjudiciales” fue creado para descri-bir la mutilación genital femenina y otras formas de violencia contra las mujeres que algunos defienden como culturalmente legítimas, pero que para el FIMI son claramente peligrosas para las mujeres, especialmente para su salud. Para las mujeres indígenas, este término posee la ventaja de ubicar la mutilación femenina y otros abusos fuera de la categoría de cultura, donde han sido situados de manera convencional, para llevar-los al contexto de la violencia y al marco de llevar-los derechos humanos. Sin embargo, el FIMI considera que el término intenta ignorar los cambios del imperialismo cultural y propone desarrollar conceptos de derechos humanos que funcionen de manera efectiva en nombre de las mujeres indígenas y otros que confrontan amenazas reales por parte del imperia-lismo cultural, así como las violaciones de derechos humanos que son justificadas en nombre de la cultura, la religión o las costumbres. Por tanto, el FIMI adopta el término “violencia en nombre de la
tra-dición”, con el que se quiere criticar la neutralidad ética del término “prácticas” para describir abusos como la mutilación genital, el matri-monio precoz forzado, la práctica de quemar a las viudas y los crímenes de honor. También se cuestiona que estas “prácticas” sean en realidad “tradicionales”, ya que la tradición, al igual que la cultura, es muchas veces pensada como inherente e inmutable, y las prácticas denomina-das tradicionales no son necesariamente antiguas.
El argumento de que varias formas de violencia contra las mujeres son puramente “culturales” refleja, según las mujeres indígenas, una sim-plificada y esencialista versión de la cultura como estática, sagrada, homogénea y existente por fuera de las fuerzas de la historia y de la política. Esta concepción puede ser fácilmente utilizada por los Estados, líderes cívicos y religiosos, y familias para defender las violaciones a los derechos en forma de tradición o religión. Los derechos humanos de las mujeres son amenazados por esta visión porque diversos grupos, incluyendo a los pueblos indígenas, perciben a las mujeres como quie-nes deben preservar y transmitir la cultura, provocando que algunos concluyan que la conformidad de las mujeres con normas culturales es necesaria para la supervivencia cultural.
Las mujeres indígenas desafían la dicotomía entre los derechos huma-nos y la cultura, demandando el cese de los abusos a los derechos hu-manos contra ellas dentro de la lucha por los derechos de los pueblos indígenas. El FIMI enfatiza que no existe una “cultura” que se apoye en las causas de la violencia contra las mujeres, sino más bien en prácticas y normas que les niegan la igualdad de género, educación, recursos, poder político y social. Al igual que en cualquier otra cultura, algunos aspectos de las culturas indígenas pueden promover los derechos de las mujeres y ciertos aspectos pueden tender a violar esos derechos.
n Violencia por parte del Estado y violencia doméstica
Los Estados continúan realizando campañas coordinadas de violencia contra las mujeres indígenas. La criminalización de la violencia domésti-ca es una estrategia potencialmente efectiva que cuenta con el apoyo del FIMI. Pero estas estrategias deben ser emprendidas tomando en cuenta consideraciones críticas en cuanto a la violencia física y estructural per-petrada por los mismos Estados en contra de las mujeres indígenas y otras mujeres, partiendo de la base de pertenencia al grupo. Las mujeres indí-genas no gozan de su derecho de igualdad ante la ley sino que las leyes son escritas e interpretadas en formas que las discriminan y amenazan. Es imprescindible que las estrategias para combatir la violencia
domés-tica consideren la problemádomés-tica de las obligaciones de los Estados de hacer cumplir los procesos debidos a los miembros de las comunidades que el Estado en sí mismo oprime. El FIMI apoya el plan de desarrollar procesos complementarios para la criminalización, como los de justicia restaurativa y alternativas como la movilización política, que se consi-deran esenciales para garantizar los derechos de las mujeres indígenas y de otras mujeres que han sufrido violencia por parte de sus parejas y por parte del Estado.
El FIMI trabaja para abordar las formas en que la violencia de género ha permeado las comunidades indígenas, pero rechaza la idea de que la violencia cometida por los hombres indígenas sea simplemente una consecuencia negativa de la colonización. Por el contrario, dicha vio-lencia es un mecanismo de control utilizado para conformar las rela-ciones de poder dentro de las familias y las comunidades indígenas. Los abusadores, ya sean indígenas o no, cometen actos de violencia debido a que perciben algunos beneficios para ellos mismos.
n Conflictos armados y militarización
El principal objetivo de la violencia militarizada en contra de las mu-jeres indígenas es neutralizar la oposición indígena para incautar sus recursos, principalmente los territorios. La “guerra contra el terrorismo” de los Estados Unidos ha permitido que los gobiernos de todo el mundo consideren terroristas a los pueblos indígenas que están luchando por la libre determinación y el control sobre los recursos naturales.
En diversos países como Filipinas, Guatemala, colombia y Nigeria, los gobiernos han incrementado los ataques militares contra los pueblos indígenas en nombre de la lucha contra el terrorismo. En general, estas guerras son mejor entendidas como “guerras de recursos” o competen-cias sobre las tierras ubicadas en los territorios indígenas; estas guerras se encuentran indispensablemente relacionadas con el neoliberalismo y el desarrollo agresivo que conllevan sus propias formas de violencia contra las mujeres indígenas.
Las mujeres indígenas han sido desproporcionadamente sometidas a la violencia sexual durante épocas de conflicto en toda América Latina, desde el inicio de la conquista europea en la región hasta la actuali-dad. En las guerras que tuvieron como objetivo erradicar a los pueblos indígenas y/o su resistencia a la conquista, las mujeres indígenas han sido atacadas a través de violaciones sexuales, embarazados forzados y mutilaciones genitales para negar su capacidad biológica de producir la siguiente generación y destruir sus roles sociales de crear, preservar y transmitir la identidad indígena a la generación futura.
Debido a que muchos de los conflictos armados del mundo están sien-do desatasien-dos en territorios indígenas, las mujeres indígenas, en muchos casos, se han visto obligadas a asumir roles de liderazgo como media-doras, negociadoras y actoras en procesos de construcción de paz en todo el mundo. Por ello, el FIMI apoya el reconocimiento de las dis-tintas contribuciones a los procesos de paz, ya que significa promover el liderazgo de las mujeres indígenas en los procesos de paz oficiales y apoyar sus habilidades y experiencias como mediadoras y negocia-doras dentro de sus comunidades4. Los acuerdos negociados deben
in-4 véase capítulo 2 de este libro, “Historias de vida de mujeres: las indígenas hablan”, espe-cialmente la historia de vida de Aura Rosa, embera-katía de Dabeiba.
cluir políticas que puedan apoyar efectivamente las condiciones para una paz duradera, incluyendo políticas que promuevan los derechos sociales, económicos y culturales, así como los derechos colectivos de los pueblos indígenas.
n Migración y desplazamiento
Se centra principalmente en las condiciones de violencia que las mu-jeres indígenas enfrentan en diversas situaciones de desplazamiento, migración y urbanización dentro de las Américas. En estos escenarios, las mujeres indígenas enfrentan las mismas amenazas de violencia que las no indígenas, pero se consideran dos factores adicionales: primero, las mujeres indígenas enfrentan situaciones de discriminación no solo como migrantes y como mujeres, sino también como pueblos indígenas; segundo, la identidad cultural y las prácticas culturales de las mujeres indígenas se encuentran directamente relacionadas con sus territorios ancestrales, lo que conlleva una crisis existencial que se convierte en un dilema personal de asimilación forzada.
Actualmente, la necesidad económica es la principal causa por la cual los pueblos indígenas en las Américas abandonan sus territorios. La migración implica la extinción de un idioma completo y la pérdida de las formas culturales y los sistemas de conocimiento que las mujeres indígenas han desarrollado durante siglos. La urbanización bajo con-diciones de pobreza, sin suficiente apoyo social para las mujeres y sus familias, muchas veces supone la exacerbación de la violencia contra las mujeres, incluyendo el abuso de alcohol y de drogas, depresión, suicidios y la pertenencia a pandillas.
También, por ejemplo, las mujeres que realizan la peligrosa travesía de la frontera México-Estados Unidos enfrentan la violencia sexual por parte de guías inescrupulosos, extorsiones y abusos por parte de los agentes fronterizos y la violencia racialmente motivada por los grupos vigilantes derechistas en los Estados Unidos, como los “Minute Man”. Las mujeres indígenas enfrentan un mayor riesgo por sus altas tasas de analfabetismo, pobreza y monolingüismo.
La mayoría de las personas afectadas por el desplazamiento forzado ter-minan en barrios urbanos hacinados y empobrecidos, donde tienen que enfrentar la violencia, la falta de servicios básicos y múltiples manifes-taciones de desintegración social, incluyendo abuso doméstico y abuso
de drogas. Las mujeres desplazadas internamente están en mayor riesgo de ser abusadas sexualmente, violadas o forzadas a la prostitución.
n VIH/sida y violencia contra las mujeres
Para el FIMI es sorprendente que no exista casi ninguna investigación que analice el impacto de vIH/sida sobre las mujeres indígenas en tér-minos generales o que explore la salud de los pueblos indígenas o la salud de las mujeres indígenas. considera que esta falta de investigación representa una continuación de la tendencia discriminatoria, en la cual los pueblos indígenas han sido excluidos del área de investigación y de políticas de salud pública.
Los pocos estudios que proveen datos estadísticos desagregados en relación con los pueblos indígenas identifican una prevalencia en el aumento del vIH en las comunidades y en particular entre las mujeres indígenas.
Las mujeres indígenas están reclamando el acceso a servicios de salud culturalmente apropiados y basados en los derechos humanos, que in-cluyan información y tratamiento disponible en idiomas indígenas; la incorporación de la medicina tradicional y profesionales de la misma en los modelos de salud; prestadores de servicios de salud indígenas, incluyendo mujeres, que trabajen dentro del marco de los derechos humanos, y la incorporación de las perspectivas de los derechos hu-manos de las mujeres y de los pueblos indígenas en la provisión de los servicios de salud.
Esta posición teórica establecida por las mujeres indígenas a nivel in-ternacional es fundamental para asentar el trabajo con ellas en colombia. La propuesta de establecer tres pilares básicos para trabajar la violencia contra las mujeres indígenas –los derechos de los pueblos indígenas, los derechos huma-nos y los derechos de las mujeres indígenas– es excelente para desarrollar tanto diagnósticos de las situaciones en las que ellas se encuentran como planes de acción. La propuesta es contundente al asegurar los derechos de las mujeres indígenas y es integral al garantizar los derechos de los pueblos indígenas como grupo, para lo que es necesario garantizar los derechos humanos integrales de las personas y los derechos colectivos del grupo. Las mujeres indígenas necesi-tan seguir siendo apoyadas para posibilitar el desarrollo necesi-tanto conceptual como práctico de esta propuesta teórica.
En colombia, la Organización Indígena de Antioquia (OIA) ha sido pionera en desarrollar un trabajo de género con equidad en sus comunidades, que ha tenido como eje la Escuela de Promotoras y Promotores de Género, Generación y Familia. El trabajo realizado se enmarca dentro del desarrollo y fortalecimiento de la quinta política de la OIA. como se ha mencionado, este libro es un aporte al fortalecimiento de dicha política, que a continuación se presenta.
Política de Género, Generación y Familia
de la Organización Indígena de Antioquia (OIA)
5La OIA nace en 1985 como un movimiento social y político de corte reivin-dicativo de derechos con perspectiva étnica, soportado por los cuatro pilares del movimiento nacional: autonomía, tierra, unidad y cultura. Surge como res-puesta a la necesidad directa de supervivencia de diferentes comunidades y grupos indígenas que habitan el departamento de Antioquia. Actualmente, la OIA orienta su trabajo a través de cinco líneas políticas: administración y go-bierno, cultura y etnoeducación, territorio y medio ambiente, salud, y género, generación y familia.
Construyendo el proceso de las mujeres indígenas de Antioquia
Históricamente, siempre que se hace el recorrido de las mujeres indígenas de Antioquia se menciona su aporte en la recuperación de los territorios ances-trales, a finales de los años setenta y principios de los ochenta, especialmente el de las mujeres embera-chamíes en cristianía. En este proceso consiguieron visibilizarse y mostraron sus capacidades y potenciales para apoyar y fortalecer el proceso organizativo (Kalujai 2007). En los años siguientes se crearon gru-pos y comités de mujeres en diferentes zonas y comunidades. Momento lento pero importante, ya que a través de este proceso empezaron a visibilizarse y a ser tenidas en cuenta en sus comunidades, a la vez que se comenzó a valorar sus aportes para la pervivencia de sus pueblos. Significó que mujeres a quienes nunca se les había reconocido su capacidad y su derecho de opinión y deci-sión, conocieron del trabajo que estaban adelantando otras mujeres indígenas en el departamento de Antioquia, encontrándose con problemáticas similares y con expectativas conjuntas de cómo transformar el presente y proyectarse de un modo organizado hacia un futuro.
5 Para una profundización sobre la Política de Género, Generación y Familia de la OIA, véase Organización Indígena de Antioquia (2007).
Este proceso de conformación de comités de mujeres fue reconocido y apoyado a partir del vI congreso Departamental de la Organización Indígena celebrado en el año 2000. Dicho congreso respaldó el fortalecimiento de los comités de mujeres, que conllevó un despliegue de trabajo local tanto en es-cenarios de producción como de capacitación y organización, muy importan-te para el posimportan-terior desarrollo de la Política de Género, Generación y Familia de la OIA.
Pero fue a comienzos de este siglo XXI cuando realmente el trabajo con las mujeres indígenas de Antioquia se formalizó y en el año 2002 se hizo una propuesta específica para trabajar el tema de género en la organización. A raíz de esta propuesta, en agosto de 2003 se realizó el Primer Encuentro Departa-mental de Mujeres Indígenas de Antioquia, que permitió formular líneas de ac-ción para su participaac-ción activa, con el fin de ser incluidas en las políticas y estrategias de la OIA. El evento permitió que las mujeres indígenas identificaran y se pronunciaran colectivamente en torno a las diferentes formas de violencia que a diario padecen, tanto en la esfera familiar como en medio del conflicto armado interno. En este encuentro se afianzan tres ejes de trabajo:
n Organización y participación, que significa que la mujer indígena
ne-cesita instrumentos que le permitan participar plenamente en sus co-munidades y órganos de decisión de la organización, así como elaborar conceptos y ganar en criterios frente a sus capacidades y oportunidades para contribuir al desarrollo de sus pueblos.
n Mujer indígena y salud: reclama la participación de las mujeres en las
me-didas que se tomen para garantizar la salud de los pueblos indígenas.
n Impacto del conflicto armado en la mujer indígena: las mujeres indígenas
son víctimas de violaciones, masacres, torturas y desaparición forzada, y en muchas ocasiones se tienen que refugiar, junto con sus familias, lejos de sus tierras, viviendo situaciones muy precarias a nivel cultural, económico y social.
Todos estos procesos sirvieron como elemento movilizador y de sensibi-lización tanto para mujeres como para hombres indígenas. Pero fue en el año 2004 cuando el vII congreso Departamental Indígena de Antioquia instituyó la quinta política de la OIA, la Política de Género, Generación y Familia, y dio el mandato de la creación de un programa específico que impulsara y desarro-llara dicha política.
La quinta política
La Política de Género, Generación y Familia se compone de tres elementos, como bien lo indica su nombre:
a. Equidad de género b. Generación c. Familia
La equidad de género se refleja en la manera en que hombres y mujeres se relacionan, con la propuesta de que es necesario cambiar la forma de actuar, de manera que exista una complementariedad de los géneros para así ser parte de un todo inevitablemente unido y esencial para el mantenimiento de la única arma: la resistencia. El punto fundamental de este enfoque es el cambio de la noción de poder, pasando de un poder de control y dependencia a un poder de vinculación. Es decir, se propone un poder de proyección, de construir y hacer comunidad, en el que hombres y mujeres son conscientes de que son actores políticos y sociales con igual importancia tanto para el proceso organizativo como para mantener el proyecto de resistencia, para hacer movilización social y para la pervivencia de la cultura y de los pueblos.
Por ello, el componente de equidad de género hace un llamado a volver a las concepciones originarias, a través de la complementariedad, principio fundamental de la existencia, no sólo entre los humanos sino entre todos los seres y ámbitos que tienen que ver con la existencia del planeta. El retorno al principio de complementariedad invita a la valoración de las diferencias y a la transformación de los comportamientos dominantes que tiempo atrás los hombres vienen ejerciendo hacia las mujeres, así como al fortalecimiento de la participación de las mujeres en todos los procesos organizativos. Se busca, a través de un enfoque de derechos humanos, que se fortalezcan principios básicos para el respeto y desarrollo de una vida digna, sin distinción alguna de raza, género, lengua, edad o cualquier condición que discrimine.
La búsqueda de la equidad de género no implica un trabajo dirigido ex-clusivamente a las mujeres; requiere el reconocimiento y la inclusión de las necesidades, percepciones, ideas y propuestas de hombres y mujeres respon-sables de generar formas de relacionarse para vivir bien.
Las condiciones de las mujeres de las comunidades se encuentran cada día en mayor desventaja con respecto a las de los hombres. Existe poca valo-ración de sí mismas y el poder que ejercen las somete y convierte en las
prin-cipales víctimas de la violencia intrafamiliar, en todas sus formas: sexual, física y psicológica. De ahí que no se denuncien las violaciones y maltratos de los que son víctimas, pues temen a lo que esto pueda generar, y además hacen fal-ta instrumentos y volunfal-tad política para la aplicación de la justicia propia que garantice el castigo de los responsables.
Pero el impacto de la violencia contra la mujer indígena no se reduce a la violencia intrafamiliar; son también víctimas del conflicto armado, por las acciones de los violentos o por los desplazamientos forzados y el continuo temor a tener que compartir el territorio con los diferentes actores armados legales e ilegales.
La falta de respeto, promoción y protección de los derechos humanos de la mujer indígena se muestra en múltiples formas, como la desigualdad en el acceso a la educación y a la capacitación, porque los hombres no se lo per-miten o porque las múltiples funciones asignadas a las mujeres indígenas les impiden participar en este tipo de actividades.
Las desigualdades en las estructuras políticas indígenas limitan la parti-cipación de las mujeres; esas estructuras son ejemplo de la mayor disparidad en la que viven hombres y mujeres indígenas frente al ejercicio del poder y la toma de decisiones a todos los niveles: familiar, comunitario y organizativo. El hecho de que la mayoría de las mujeres indígenas tengan limitaciones de comprensión del español obstaculiza aún más su presencia y su palabra en los espacios de reflexión y discusión que se generan por fuera de la comunidad. En las comunidades, las mujeres no son consideradas “sujetos activos” del proceso organizativo, sus intervenciones en las asambleas comunitarias no se toman en cuenta o, en el mejor de los casos, son distorsionadas.
Las mujeres tienen un acceso desigual a los recursos, lo que se evidencia en la tenencia de la tierra y en la disponibilidad de alimentos, aspectos que son controlados por los hombres.
Se afirma que la subordinación a la que se han visto sometidas la mayoría de las mujeres indígenas es resultado de las actuales formas de organización social y los fuertes cambios sufridos por la presión del mundo occidental. Hoy, las mujeres indígenas son conscientes de la necesidad de transformar la reali-dad para que hombres y mujeres puedan continuar mejorando las condiciones de vida de las comunidades indígenas.
El eje de género con equidad propone las siguientes alternativas:
1. Actualización del diagnóstico sobre la situación de equidad en las co-munidades para conocer las características que acompañan dicha in-equidad y el porqué de su existencia.
2. Recuperación del principio de complementariedad, que debe incorpo-rarse en la construcción de los planes de vida. Este regreso a la ley de origen traerá consigo la trasformación del significado de ser mujer y de ser hombre, lo que implica un reconocimiento urgente y permanente de las condiciones de subordinación y discriminación que padecen las mujeres, así como de sus potenciales. Será necesario transformar no solo la mentalidad sino también las políticas, leyes, creencias y prácti-cas que mantienen esas desigualdades.
3. Autonomía y participación: la situación actual obliga a emprender un camino que dirija al logro de una mayor autonomía de las mujeres indí-genas, que les permita ser ellas mismas y tomar sus propias decisiones. Esta estrategia posibilitará ampliar la base social cualificada, donde las mujeres serán reconocidas como sujetos políticos que inciden activa-mente en su propio desarrollo y en el de las comunidades. La partici-pación es crucial en la construcción de la equidad de género para que todos los miembros de las comunidades participen en las decisiones que afectan su cotidianidad, mecanismo necesario para la ampliación de la democracia.
4. Actividades de formación: proceso fundamental que debe partir de programas de alfabetización en combinación con capacitaciones sobre derechos, legislación, género, sexualidad y participación, entre otros. como eje central de este proceso de formación se requiere una escuela de promotores y promotoras de equidad de género.
5. Fortalecimiento organizativo: es necesario generar condiciones para identificar los temores y las resistencias que impiden una relación equi-tativa entre los géneros, por lo que se deben desarrollar estrategias dife-renciadas para apoyar a los grupos que de acuerdo con el diagnóstico se encuentren en condición de desventaja.
El eje de generación reconoce que no se cuenta con un diagnóstico di-ferencial sobre la situación y la condición de los grupos generacionales, espe-cialmente en relación con niños, jóvenes y ancianos. Se constata que los niños y las niñas sufren un alto nivel de descuido, abandono físico y afectivo, desnu-trición, abusos sexuales y demás. De igual manera, se constata que los adultos mayores o abuelos están siendo relegados a lugares de abandono, donde no se les reconoce como actores productivos, y sus saberes históricos y
tradicio-nales son desvalorizados, e incluso son sometidos a constantes situaciones de maltrato. La influencia de Occidente ha afectado aspectos de la relación entre las generaciones, no existen canales de comunicación ni espacios apropiados para transmitir todo el saber y conocimiento recopilado históricamente, sobre el que se fundamentan las prácticas culturales.
En cuanto a las alternativas de este eje se propone, en primer lugar, rea-lizar un diagnóstico poblacional que permitirá reconocer los problemas y las necesidades. En segundo lugar, adelantar procesos de sensibilización para lo-grar una voluntad individual y luego una voluntad comunitaria que posibilite el desarrollo de acciones de intercambio, de debate y de negociación entre los grupos generacionales desde el reconocimiento de capacidades y saberes, que lleve a la creación de un pacto entre generaciones que conduzca a la equidad. En tercer lugar, se propone realizar un ejercicio exploratorio en torno de la exis-tencia de una condición de juventud indígena y, en último lugar, construir una organización juvenil enfocada hacia el mejoramiento comunitario.
El último eje de la política es la familia. Independientemente del pueblo indígena al que se pertenezca, la familia es el principal espacio de transmisión del conocimiento ancestral, de las creencias, leyes, rituales, principios y demás elementos que contribuyen a la permanencia de la identidad. cuando se habla de familia se tiene que hablar de la equidad de género, pilar para la construc-ción de relaciones pacíficas dentro de las familias, y de las desigualdades de poder entre hombres y mujeres, así como de formas equilibradas de relación. Se plantea un enfoque de derechos humanos para tratar este eje, ya que la vio-lencia doméstica es un problema de justicia y equidad que atenta contra la li-bertad y la dignidad individual, comunitaria y social.
Una problemática que afecta gravemente a la familia indígena es la violen-cia doméstica en todas sus manifestaciones, principalmente contra las mujeres. También se encuentra el maltrato a los hijos, que en ocasiones se inicia desde el embarazo de la madre, como consecuencia de la pobreza, malnutrición, abandono o apoyo insuficiente. Pero existen otros factores socioeconómicos que afectan esta problemática familiar, como las precarias condiciones econó-micas en las que viven los indígenas, que limitan su alimentación, educación y salud, y que inciden negativamente en la armonía familiar.
En las familias indígenas de Antioquia no hay prácticas de planificación, por lo que el tamaño y la estructura de las familias no coincide con las posi-bilidades socioeconómicas con las que se cuenta para la manutención de un
número elevado de hijos; se hace necesario entonces revisar las condiciones y posibilidades para garantizar que los hijos que se tengan puedan vivir bien.
En el eje de familia se propone, en primer lugar, una movilización organi-zativa y comunitaria, un desarrollo conceptual y de investigación diferenciado para cada grupo étnico, una estrategia de prevención en salud familiar, accio-nes de reparación para las víctimas de la violencia intrafamiliar, y accioaccio-nes en defensa y protección de la familia.
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Historias de vida de mujeres:
las indígenas hablan
LUcY GUAMÁ, AvELINA PANcHO, ELENA REY*
Capítulo 2
Introducción
En los últimos años encontramos diferentes publicaciones y estudios que se han enfocado en relatar y darnos a co-nocer la vida de las mujeres en colombia, anteriormente casi ignorada. Al mismo tiempo, encontramos dos publi-caciones que se han centrado en presentarnos la vida de algunos líderes indígenas también anteriormente ignora-dos. Trabajos sobre la situación de las mujeres indígenas en colombia son más difíciles de encontrar, y los pocos existentes aluden de manera sistemática a la falta de infor-mación, investigación y sistematización del tema.
En ese sentido, las seis historias de vida que a con-tinuación se presentan pretenden contribuir de manera modesta a llenar este vacío sobre la realidad de las muje-res indígenas. creemos que, en demasiadas ocasiones, la desconfianza existente entre las mujeres indígenas y las or-ganizaciones y grupos que luchan por los derechos de las mujeres se basa en diferentes razones, pero definitivamen-te una de las principales es la ausencia de conocimiento mutuo. Por ello, estas seis historias de vida nos cuentan las experiencias, ideas y pensamientos que tienen las mujeres indígenas de Antioquia.