• No se han encontrado resultados

Rostros famosos

In document Tus Distintos Rostros VIRGINIA SATIR (página 39-44)

e gustaría jugar Tus diversos rostros de otra ma- rá. Una forma que me ha ayudado a entender me- r las cosas es plantear y desarrollar una situación amática con la cual me divierto y aprendo a la vez. sa tu imaginación de nuevo y piensa en la gente fa- osa que has conocido o de la que has leído y que irce una atracción positiva sobre ti, que te hace ntir confortable interiormente. Escoge personajes

la política, de la historia, del cine, televisión, de ; deportes, negocios, religión o de cualquier otro mito en la vida, incluyendo cuentos e historietas.

D e v e l o p m e n t C o u n t e r

• r i a l N o . : J4325700622

t a of T o d a y : S a t Sep 30 10:37:29 2006

T o t a l 0674434

ha sido benéfica cuando otras personas me han pre- sionado a hacer algo incorrecto o algo que no me convence. En este momento se convierte en la parte que vela por mis intereses.

Tomaré ahora una característica que considero positiva: mi parte compasiva, que puede resultar desventajosa en una situaciÓjAola que más bien de-

bo de ser sabia. Puedo est^ájfl

Batida

con mi parte

compasiva, pero necesitO'tfe'nit Sabiduría. Conside- remos la parto sonoual, la de Mailene DieU'icii; si veo todo a través del s%xo|(esifeoyceHlfelr mismo carro

que si so}r torca frente a todo. Cmmziu peisuiiüij que

hanjc^aysuj-ado toda5SÜDsexualidad porque en algún

mornjsnttP d/§d§u:s vMa&íuvier:Qtttm2p(roblema a partir

del sexo.

PueSjt^que todas estas partes forman partie7<temi persona, puedo decir entonces q n p dpntrnl H P mí hay

una Eleanor Roosevelt, una Marlene Dietrich, un En- rique VIII, un Aristóteles, un Jesucristo, un Grou- cho Marx, etc.

Imaginemos un encuentro entre todas estas per- sonas. ¿Qué le diría mi Enrique VIII a Eleanor Ro-

osevelt?

¿Que

le diría ella a él? ¿Qué le dice Jesucris-

to a Marlene Dietrich, y cómo reacciona Groucho Marx respecto a lo que sucede entre Jesucristo y Marlene? La mayoría de nosotros hemos sostenido diálogos internos entre nuestras partes, semejantes a lo que vimos en el Teatro Interno.

Casi todos hemos experimentado una inmovilidad cuando dos partes entran en conflicto. Quizá tam- bién hemos sentido que nuestras partes perdían el control y hacían tanto ruido que no escuchábamos nada del exterior. En esos momentos es cuando co- metemos los peores errores.

Por el contrario, lo que hacemos con las plantas es quererlas, cuidarlas, saber qué necesitan y ponerlas donde les dé la luz adecuada, les ponemos agua y vi- taminas para que crezcan. De la misma manera se conducen los diferentes aspectos de nuestra perso- nalidad.

Nuestros rostros externos están hechos de acuer- do a los internos y en gran medida están determina- dos por estos últimos. Vayamos a la feria, al tiovivo, pensando en esto. Observemos de fuera los rostros que hemos fabricado desde el interior.

El tiovivo

Como tú sabes son los niños quienes se suben al tiovivo, pero muchas veces los adultos, sin decirlo, desean subirse también. En el centro del tiovivo hay música y alrededor hay varios caballitos que suben y bajan al ritmo de la música. Imaginemos que en nuestro tiovivo hay doce caballos y que cada uno tiene uno de nuestros rostros. De pie, los observa- mos. Haremos girar lentamente al tiovivo. Con esta fantasía te estoy pidiendo que te conviertas en un observador de tus propios rostros. Nombra a tus rostros en el tiovivo, usando los nombres de perso-

nalidades, Marlene Dietrich, Groucho Marx, etc., como lo hicimos antes o si prefieres, usa los nombres de los personajes de nuestra obra de teatro tales co- mo Coraje, Amor, Inteligencia.

Obsérvalos dar la vuelta lentamente. Tu mirada sólo puede detenerse durante algunos segundos en cada rostro porque pronto aparece otro en tu campo visual. Date cuenta de tu reacción al mirar a cada uno. Una vez que el tiovivo ha dado varias vueltas, piensa que esos son todos tus rostros. Observa cuáles te son más familiares, cuáles te agradan más, y cuáles provocan en ti sentimientos negativos. Ahora considéralos por separado y piensa qué uso o significado nuevo puedes darle a ese rostro. Al mis- mo tiempo averigua qué uso le has estado dando a cada uno. Al hacer esto, quizá te des cuenta de que falta alguno; si es así añade otro caballo. Probable- mente descubras toda una gama nueva de sentimien- tos: tristeza, esperanza, coraje, placer, sentimientos de bienestar así como otros que no haya mencionado. Recuerda que no importa qué clase de sentimientos sean, te pertenecen y, si los tratas bien, tus diversos rostros estarán para ayudarte.

Quizá te des cuenta de que uno de tus rostros es- tá en pañales. Por ejemplo, notarás tu rostro de co- raje y recordarás que lo estás usando como cuando tenías dos años y ponías mala cara; ahora tienes treinta y dos y aún pones mala cara. Esto sabes ha- cerlo muy bien. Es probable que te dijeras que era lo único que había que hacer cuando te enojabas y por ello lo sigues haciendo. ¿Podrías añadir nuevas ma- neras de responder, de decir lo que sientes, de darte la oportunidad de saber por qué estás enojado, reco-

nocer que te sientes inútil y actúas como enojado? ¿Quizá en situaciones desesperadas podrías gritar? ¿Qué significa para ti saber que hay muchas op- ciones para esa cara de enojo?

Tomemos otro ejemplo, tu rostro de inquietud. Cuando tenías doce años y estabas inquieta tenías que satisfacer tu inquietud de inmediato. Alguien tenía que escucharte en ese instante. Ahora, a los veintiséis años, sigues haciéndolo porque así es tu personalidad. ¿Podrías permitirte la posibiüdad de usar esa inquietud para darte algo placentero o com- partirla con alguien, ya sea haciendo un dibujo, tara- reando una canción o corriendo un kilómetro?

Pongamos un tercer ejemplo: tu rostro inútil. Cuando tenías dieciocho años y te sentías inútil, te apenabas y te ocultabas. Ahora, a los sesenta y dos años, aún te escondes. ¿No crees en la posibiüdad de pedir ayuda? ¿Te puedes permitir sentirte bien pues- to que es un sentimiento humano? O quizá tu inuti- lidad te está diciendo que tratas de hacer algo que no es muy constructivo. El sentimiento de inutili- dad suele ocultar a la frustración. Una vez que lo sa- bes caminas en otra dirección.

Considera todos tus rostros de esta manera; pien- sa que cada uno representa un rango de opciones. No lo puedes evitar, pero sí añadir nuevas posibili- dades a tu vida. ¿No crees que le das un sentido nuevo a tu fuerza personal al pensar esto? No tienes que responder de una sola manera. Siempre tienes posi- bilidades. Con esta nueva sensación de poder es po- sible que tengas otro sentido de responsabilidad res- pecto a ti mismo. Estoy tratando de decir que cuando tenemos opciones y éstas se adecúan a la situación,

entonces hacemos elecciones conscientes y no reac- cionamos compulsivamente.

Algún tiempo pensé que tenía que aniquilar esas partes de mi persona que me causaban conflictos. Ahora sé que pueden ser mis grandes ayudantes si decido hacerlas mis amigas.

Parecerá que vamos hacia el problema en vez de alejarlo. El secreto está en que cuando lo alejamos sólo aumentamos la tensión y nos asustamos más porque el problema no se aleja. De hecho, parece aún más grande de lo que es. Cuando nos acercamos al problema relajamos la tensión. Entonces podemos ver la situación como realmente es y tomar deci- siones más adecuadas. Se me ocurre lo siguiente: "entre más tensión haya te haces más ciego y más sordo; actúas más tontamente y te paralizas". Esto simplemente significa que cuando estás en una si- tuación peligrosa necesitas echar mano de todos tus talentos. Gastar tu energía en mantener la tensión te deja sin fuerza, paralizado.

88

Tomar nuestras decisiones

In document Tus Distintos Rostros VIRGINIA SATIR (página 39-44)

Documento similar