Joaquín siente que su madre está ocupada por personas y oficios, siente que no es confiable y que él no ha sido gratificado de la forma en que quisiera, que mamá no ha estado todo el tiempo que él desea. Siente que sus necesidades no han llegado a ser suplidas de forma satisfactoria, y que su madre no ha podido cumplir todas sus expectativas. De esta forma, los deseos de destrucción y venganza llenan el espacio terapéutico en una de las sesiones:
Voy al salón a recogerlo. Cuando me ve, me dice:
P ¿Me vas a sacar? Menos mal porque ahora me va a sacar la coordinadora, me va a hacer firmar El observador1
-Al salir para el consultorio, uno de sus compañeros le indica que le va a decir a la coordinadora que él está en “terapias”. Joaquín se pone furioso, le dice que no, le hala el pelo y lo empuja. Yo lo aparto y le digo a Joaquín que nos vamos. Saca la agenda de la maleta y nos dirigimos hacia el consultorio. Me dice que le duelen las piernas y me cuenta que ayer en una clase hicieron una carrera. Entramos al consultorio, le hago firmar la hoja de asistencia. Coge una espada de plástico que estaba en la caja de los juguetes compartidos.-
P: ¿Sólo tienes una? T:Sí, sólo está esta.
1 El observadores un libro usado por el plantel educativo para controlar el mal comportamiento de sus alumnos. Tiene que ser firmado por el niño para hacer compromisos disciplinarios.
Cuando Joaquín pregunta si solamente había una espada, expresa su voracidad, un bebé que nunca está satisfecho con lo que se le ha dado, pues no ha tenido la vivencia de tener un pecho que pueda estar disponible para él y darle el tiempo y el espacio suficiente para permanecer tranquilo. De esta forma, pone en escena la destrucción, que ha fantaseado, de un pecho que nunca fue satisfactorio:
-Él coge la espada y a mí me da el estuche de la misma, que ahora se convierte una espada para mí-.
P: Ahora tú y yo jugamos a esto, peleamos por los barcos. -Hace una línea imaginaria en el piso-.
P: A no pasarse. Éste es mi barco y éste es el tuyo.
-Señala los dos espacios que había creado en el consultorio. En este momento, jugamos a que éramos dos personas que luchábamos con las espadas, yo no podía pasarme a su territorio, y él no podía hacer lo mismo con el mío. Veo que está un poco brusco, le pega duro a mi espada-.
T:Acuérdate que estamos jugando pasito. -Empieza a jugar más suave-.
P:Ahora tú me pegabas.
-Yo hago que le pego con la espada, pero como en cámara lenta. Él se tira al piso, vuelve a pararse y seguimos jugando unos minutos. Me dice que me acueste, me dice de qué manera y que si no lo hacía me mataba. Me chuza el pecho con la espada y me dice que me va a sacar el corazón. Me ordena que me acueste en el piso y que primero me recueste sobre la pared. Yo lo hago. Después hace que me corta el cuello, dice que me ahorca, me hala el pelo, después se aleja un poco de mí y busca algo en la caja de los juguetes y se echa un gas. Después me pone un tetero de juguete en la boca-.
P: Es un veneno. ¡Muérete!
-Yo hago como si me lo tomara y me muriera-.
T: No te basta con hacerme todo esto… me intoxicas y te echas peos también para matarme.
P ¡No hables más! ¡Toma!
-Ahora coge una jeringa de juguete, me pone inyecciones y me dice que es más “intoxiquín”, coge la espada, me chuza, dice que alce el brazo y me corta dedo por dedo, hace como si los levantara del piso, me los vuelve a poner y me los corta de nuevo, me corta la mano, me da más “intoxiquin” con el tetero-…
El ataque a la madre-terapeuta es por todos los lados y a todas las partes de la madre: pecho, recto, útero-mente indiscriminados. Toda una guerra muy sádica contra mamá, papá, hermano, terapeuta; es la dominación, hasta la esclavitud del objeto, es una venganza sangrienta por la traición de la madre-pecho. Ella ahora se casa, elige otro como compañero, otra vez habrá que aniquilarla desde adentro –intoxiquín-, y desde afuera –cortándola en pedazos-. Continúa la masacre:
P: Ahora, levántate.
-Me levanto y me da órdenes acerca de cómo moverme, para dónde desplazarme-. P:¡Hacia atrás, corre, hacia delante, camina! ¡Voltéate a la izquierda, ven hacia acá, para!
-Cuando estoy cerca a él-. P: ¡Peligro, dispara!
-Hago que le disparo y él finge quedar muerto tirado en el piso-.
T:Ahora, como crees que me has hecho mucho daño con intoxiquín, sientes que yo te mato y me vengo de ti.
-Se levanta del piso y de nuevo empieza a dar órdenes-. P:Peligro, dispara. Con una ametralladora.
-Hago lo que me pide. Queda muerto otra vez, tirado en el piso-.
T:¡Ah! Ahora el niño sí que está bien muerto. Cree, que yo lo maté porque él me hizo muchas cosas, me intoxicó y todo… cree que me vengué y lo maté.
-Me acerco a Joaquín, paso por encima de él-. P:¡No!
-Se levanta, coge la espada y me arrincona contra la pared. Pone una silla delante de mí-.
T:No, por favor.
P:Sí, te voy a dejar encerrada.
-De repente se agacha debajo de la ventana y me dice que ahí estaba la coordinadora. Habla en murmullo. Se para, alza otra silla del consultorio y hace como si me la fuera a tirar, pero la pone al lado de la primera silla con la cual me había arrinconado. Empieza a sacar juguetes de la caja y me los bota, yo me tapo la cara con las manos. Después, coge el tetero y me lo pone en la boca, me inyecta con la jeringa. Continúa tirándome juguetes-.
T: Claro, ahora me atacas… ¿Sabes qué creo? Antes, tú fuiste el que te sentías envenenado, con la leche, así con ese tetero y tú ahora te quieres vengar. Y por eso le halaste el pelo a ese niño, eso también es intoxiquín, y quieres darle eso también a la coordinadora, porque eso es intoxiquín…
-Casi no me deja decirle cosas, sigue lanzándome juguetes, pero me pregunta si me está pegando duro y si me duele-.
T:Sientes que cuando eras bebé, te intoxicaban con la leche…
P:¡Sí, cuando era bebé, tú me intoxicaste…!
Se puede observar con claridad lo que Joaquín le quiere hacer al pecho materno, sentido como malo. Tiene fantasías sádicas y de flagelación, porque tiene la vivencia de que como el pecho no lo satisfizo de forma adecuada, quiere, entonces, vengarse haciéndolo pedazos; pero siente que el pecho se volverá contra él y le hará lo mismo, por eso, en el juego, mutila y mata, pero después le dice a la terapeuta que haga lo mismo con él. En la sesión, también escenifica la forma como siente que a él lo envenenaron, pues tiene la vivencia de que, en la relación con la
madre, la leche que tomó cuando era bebé estaba intoxicada. Así, el hecho de darle a la terapeuta ‘intoxiquín’ es una escena que lo representa a él mismo intoxicado por la leche de la madre, contaminada por la presencia del padre o el hermano. Es una forma de actuar, en la consulta, todo el drama, el daño y la amenaza con respecto a la relación de la mamá con terceros, algo que no ha podido elaborar para seguir adelante y aceptar la presencia de otros, así como no puede tolerar la presencia de otros pacientes en el consultorio-mente de la terapeuta. Joaquín pelea con los niños-hermanos, así como quiere pelear con el pecho malo y con los que lo contaminaron, quiere sacar del camino a esos otros personajes que no le dieron un espacio prioritario dentro de su mamá.
En la sesión, parece que la coordinadora interpreta, en toda esta escena sádica, el papel de un Superyó persecutorio.
Después de una escena sádica, donde la rabia y su expresión más concreta se hicieron presentes, le da a la terapeuta la salvación: trata de protegerla mediante mecanismos maníacos:
-Suena el timbre-.
T:Bueno, se nos acabó el tiempo, recojamos. P:Mira, tómate estas pastillas.
-Coge un tarro y hace como que me da pastillas-. T:¿Y para qué son?
P: Para que te salves.
T:Sientes que me has dañado tanto que ahora quieres curarme.
-Me da unas pepitas y realmente quiere que me las trague, coge unos tarros, me dice que son remedios, me los pasa, yo simulo que me los tomo. Suena el timbre-.
T: Ayúdame a recoger.
-Lo hace, llega la ‘sombra’ por él y se va-.
En otro momento, me encuentro con la ‘sombra’ y me comunica que la madre de Joaquín se irá a vivir con el novio.
Al final de la sesión, el niño le da unas pastillas a la terapeuta; representan la salvación de la terapeuta-madre, porque se tiene que asegurar de que ella no se queda dañada, intoxicada o muerta. Precisa un intento maníaco de salvar a la terapeuta, pues el miedo a su propia capacidad de daño y a la venganza del objeto, le demandan un acto apresurado para que te salves. De esta forma, una manera de tenerla segura para su regreso es darle las pastillas que la curen. Se podría
pensar como un primer esbozo de su capacidad para la reparación. Cabría la pregunta: ¿Está comenzando, poco a poco, a pensar en el efecto de su daño? O ¿Es el engaño y la hipocresía por el miedo a la retaliación? Aunque la terapeuta termina la sesión en el clímax del ataque, ella ha puesto tiempo y nombre a los hechos, y ha intentado aclarar el significado de esta escenificación, de ese acontecer psíquico del bebé-niño.
Algo similar ocurre en otra de las sesiones, cuando siente que nadie puede contener su ansiedad, su angustia ni su crueldad, lo cual le lleva a insistir en la escena de ataque; entonces quema y embiste a la terapeuta, así como fantasea con quemar el pecho de mamá:
Joaquín propuso el juego de las espadas, en el cual luchábamos y él empezaba a hacerme daño, muy similar al narrado anteriormente.
En esta sesión, jugamos con las espadas, me dice que es un juego de pelea, que se trataba de no dejarse tocar con la espada de la otra persona. Que si uno se dejaba tocar, perdía. Me explica el juego como en la película de Stars Wars.
P:Haz así: ‘poder’.
-Me extiende su brazo y su mano la abre dirigida hacia mí-. P: Y tú te vas hacia atrás, pero me tienes que hacer lo mismo.
-Refiriéndose a que yo también tengo que extender el brazo y la mano y decir ‘poder’, con el objetivo de contrarrestar la fuerza del contrincante-.
P: Y los dos nos vamos hacia atrás -comenta-.
-Seguimos jugando con las espadas, a no dejarnos tocar por el otro y a hacernos ‘poder’. Con mi espada rozo su mano y me dice que perdió la mano, pero que la puede recuperar, y que eso se puede hacer tres veces; entonces, yo lo toco de la misma manera en varias ocasiones, recupero, y él también hace lo mismo conmigo. En una parte del juego, cuando yo lo toco y le quito una parte del cuerpo, se pone muy agresivo y trata de pincharme con fuerza, pero después baja su agresión y sigue jugando más calmado-.
P: Si tú no me haces al mismo tiempo ‘poder’, pues entonces yo te debilito, ¿listo? Pero es inmediatamente.
T:Bueno.
Hacer ‘poder’, está representando en su mente, la omnipotencia del acto del niño, aquellos actings que remplazan el pensamiento. Todo lo que alguna vez quiso hacerle a la madre, lo evidencia en el juego, pues no es capaz de pensar en el ataque que en algún momento sintió que le hizo al pecho y a la madre, para después poder encontrar la forma de repararlo.
Recuperar la mano, podría ser recuperar su capacidad de relacionarse con mamá sin el ataque cruel y sádico; pero acá en esta sesión, no hay preocupación por el daño, sólo hay miedo al ataque hacia él. Entonces, fue el momento de implementar reparaciones maníacas. No tolera pensar en recuperar una buena relación, cuando plantea otro funcionar en el juego:
-Me hace ‘poder’, pero yo me demoro mucho, y él, frunciendo el ceño y apretando los labios con fuerza se acerca poco a poco a mí-.
P: No…
-Esta modalidad del juego la hacemos varias veces, hasta que, en una ocasión, él me debilita completamente -
P:Ahora te voy a violar. T:¿Qué?
P:Te voy a violar.
Este estímulo al ataque parece que es buscado para exacerbar su excitación y plantear ahora el ataque sexual, la entrada por la fuerza en el interior de la madre, para saquearla de los contenidos de otros, y también por la fuerza, de sus contenidos-bebés rabiosos e invasores. El recinto de la creatividad lo convierte en cueva de ladrones que invaden el territorio sagrado de los bebés. La violación es un ataque al coito creativo y tranquilo de los padres, no tolera que haya una unión no sádica entre ellos, por lo cual lo tiene que tergiversar en violación. Vuelve a la lucha:
-Coge mi espada, hace una “X” con las dos y las pone en mi cuello-. P: ¿Te dejas violar?
-Lo dice en tono fuerte-. P: Contesta, ¿Te dejas violar? T:Pero…
-Me interrumpe-.
P:Ahora tú puedes hacer poder.
-Yo lo hago, él bota mi espada al piso y me dice que la recoja. Volvemos a jugar, como antes, en lucha con espadas y haciendo poder, pero después de unos minutos, él vuelve a hacer lo mismo. Me hace poder, me debilita hasta que me pone en un rincón del consultorio, contra la pared-.
P: Te voy a violar.
T:Pero, señor, ¿qué es violar?
P:Cállate, dime si sí, o si no, ¿te dejas violar? Si me dices que no, te mato y te violo muerta, pero si me dices que sí, te violo.
-Me corta por pedacitos, primero los brazos, después las piernas, me dice que me va a quitar la cara-.
P: Ahora, estas espadas quemaban. Tssssssssssss -Hace el sonido-.
Continúa el ataque sádico, sin compasión por el objeto ni sus contenidos; sus propios bebés crueles invasores son ahora pedacitos inservibles que derrite y se derriten en el ataque violento de los celos, la envidia y la destructividad hechas acto, actos de muerte.
P: Tú gritabas. Y también te voy a quitar la ropa, te la voy a quemar.
-Empieza por señalar con la espada el cuello de mi camisa, va bajando por el pecho, en medio de los senos, el estómago y por las piernas-.
P: ¡Te vas a quedar en bola!
T:Lo que quieres es vengarte de mí…
-Haciendo voz de moribunda-.
P:Ahora te quemaba…tsssss…. Te derretía, y que te derretía las tetas.
T:Me derretías las tetas, porque no querías que te diera más leche, más alimento… Aparece en él la fantasía de coito violento-violador que quema, derrite y deja inservible el pecho y el recinto en el cual podrán gestarse los bebés. La envidia deja sin posibilidad de que los otros bebés en la mente de mamá puedan quedarse dentro de ella, o puedan ser elegidos para nacer en otro momento. Su estado mental representa la rabia contra un alimento que en la sesión pasada había sido contaminado por terceros. Una leche mala y sucia que desea eliminar.
P:Tú te puedes recargar. T:No, ya recargué…
-Ya había recargado las veces que Joaquín me dijo que eran permitidas-. P:No, a ti te faltaban… digamos que te puedes recargar.
-Recargo-.
P: Y ahora, tú me hacías ‘poder’ y yo me caía, ¿listo? T:Bueno.
-Hago lo que me dice, le hago ‘poder’ hasta que se cae al piso y yo tomo las dos espadas-
P:Dime que me vas a violar.
T:Pero es que yo no sé qué es violar…
P:Es así, lo que te hice… es quitar partes y quemar.
T:¡Ah! Como tú me lo hiciste, ahora piensas que yo te lo voy a hacer a ti. P:Sí…
-Lo amenazo con las espadas, y él se queda muy quieto, como acorralado, tirado en el piso-.
T: Claro, ya entiendo, ahora tienes miedo de mí, porque como tú me hiciste todo eso, crees ahora que yo te lo devolveré todo… y hasta peor… pero no… no te haré eso. Yo no.
-Trata de escaparse, pero lo paralizo con las espadas-. T: Pero, esto debe tener más explicaciones…
-Me cojo la cabeza y estiro mi mano hacia la cabeza de él-. T: Ahora voy a coger tus recuerdos…
-Él me sigue lo que le digo y queda como desmayado, inmóvil en el piso-.
T: Ya sé… veo cuando eras bebé… y lo que hacías era orinar a mamá, así como cuando me quemabas, y sentías que la partías en pedacitos… por eso me lo haces a mí…
-Le doy los recuerdos de nuevo-. T: Tómalos de nuevo…
-Se vuelve a despertar-.
T:Y ahora crees que yo te orinaré y te partiré igualito…
-Él se queda muy quieto, tirado en el piso, no me dice nada; después, me dice que le dé su espada, seguimos jugando de la misma forma, al ataque en contra de la terapeuta hasta que tocan el timbre. Lo dejo en el salón-.
En este juego, Joaquín representa el ataque al pecho materno, quiere agredirlo, quemarlo, mutilarlo y violarlo, lo deja tan débil y dañado, que ninguna otra persona se podrá quedar con él.
El niño repite una y otra vez el evento de daño, porque no le es posible elaborar el dolor de no tener a una madre que esté siempre al tanto de él, como tampoco es capaz de tolerar la espera, de compartir el espacio mental de la madre, que quiere únicamente para él. Son los intentos del pecho-terapeuta por recoger y armar al paciente en un acto de comprensión, pero el recurso quedó inmerso en el juego y no logró aclarar bien la relación entre realidad psíquica y realidad representada, escenificada, lo cual daría a Joaquín una distancia óptima para realizar él mismo la observación de sus estados mentales, para darle tiempo y significado. De esta manera, el acto no da paso al pensamiento, sino que se queda en la repetición y no le bastan los señalamientos de la terapeuta. Sin embargo, esto continuará en próximas sesiones.