TRANSITIENDO PARA CREAR
3.2 No sólo hay caras rosadas
Para mí, es un crimen que una persona no descubra todas las posibilidades de su cuerpo, por convenciones sociales o represiones católicas [...]. Es decir, que haya señoras que no han tenido un
orgasmo en toda su puta vida, para mí, eso es un crimen.
Diana J. Torres
No podría llegar al entendimiento de mi cuerpo sin expresarme como mujer; me gusta ser mujer; pero sí me ha costado mucho, y desde muy pequeña, encontrar esa coherencia entre las formas de ser mujer y lo que siempre he sentido. Pues, aunque nací con un estado de fragilidad, casi de porcelana, como me decían mis padres, siempre he sido muy fuerte, y no solamente de carácter, sino también de acciones, de pensamiento; pues no soy de las mujeres que se mueren porque se les rompa una uña o que se mueran por otras cuestiones tan triviales como esa. Desde muy pequeña, mis pensamientos eran otros, el encuentro con mundos desconocidos, desde la fantasía, desde el amor por los libros, las múltiples preguntas del mundo que, en muchas ocasiones, fueron resueltas por las amistades masculinas con las cuales me la pasaba en esas épocas, y que me enseñaron a descubrir otras facetas de la feminidad. Y, qué curioso, pues desde los machos encontré la otredad femenina; esa feminidad que se une con la masculinidad todo el tiempo y que se funde tanto que no encuentras cabida en ninguna de ellas; soy mujer, pero una mujer disidente.
A continuación, traigo a colación la creación escrita propia que referencia la enunciación de algunas de las exclusiones por las que ha pasado mi cuerpo:
¡Hoy hablan, por mí y por mis escritos!
“Después de comer y pensar, mi cuerpo exige descansar” ¿Soy un ser excluido?
Las exclusiones en mi vida han sido varias y se presentan desde mi niñez. Mi existencia se ha tornado dura; mi salud nació frágil, mi cuerpo creció frágil, mi mente se construyó frágil. Mis padres cuidaban a su “porcelanita”. Los entiendo, pero parece que también hicieron un daño en mí.
¡No subas al árbol! ¡No vayas por ahí! ¡No corras, te puedes caer! – Y lo que no sabían era que mi caída iba a ser más adelante - y que, de esa caída, me iba a levantar.
¡No hables tan duro! ¡Pareces un niño! ¡Habla como hablan las niñas! ¡Pasito y pausadito!
(Jajajajajajaja), “porcelanita” - ¿Cuál porcelanita? Si era todo un roble. Desde muy pequeña, llevaba la contraria en todo; era parte de mí. Si decían blanco, yo decía negro; no lo hagas; pues lo hacía; no hables tan duro; pues gritaba…
¡Eres una ilusa! - ¿Ilusa por luchar por mis sueños? Pues quiero; lo que sueño lo obtengo.
Están construyendo, paso a paso, un monstruo, el monstruo social. La academia “me dio palo”, te destruye, te excluye de tu propia esencia. Cuando dentro de ti sientes diferente; en tu corazón, en tu cuerpo, eres otra cosa; lo que los demás no aceptan, no entienden y critican.
¿Pero, quién eres profesor? ¿Acaso me conoces? - ¡Déjeme!, quiero pintar la cara de esté muñeco de violeta - ¿Pero, por qué no? - ¡Pero, no se lleve los colores! - Pero ¿Por qué me pega en las manos?
Tengo un silencio de vida, una rabia, yo soy eso… “la diferencia”, - ¿Caras rosadas?… una más de mis etiquetas.
¡La rebeldía siempre ha estado presente en mí, y se afianza con el tiempo!
¡No estudie eso! ¡Eso no da plata! - Su vestimenta me asusta; es oscura como su alma…
Dos estados de coma, una salud frágil, un ser construido desde la fragilidad; toma la decisión de ser guerrera, valiente, recuerda la berraquera paisa, y toma la decisión de vivir, pero de vivir bien, de perdonarse en sí el daño que los demás no te van a perdonar nunca.
¿Qué cambiaría de mi vida? Pues, más que cambiar algo de mi vida, si me to cara partir ya de este mundo, me iría muy feliz porque comprendí la importancia de estar viva, mejor le pido a la vida que me permita vivir muchas cosas más.
¡No tengo la vida perfecta! Pero, ir en contra de la corriente ha alimentado mi esencia. Estoy dejando mi huella. ¡Soy lo que quiero ser! No hablar pasito me llevó a cantar; estudiar lo que no me daba plata, me llevó a ser feliz; pintar las caras de violeta, me llevó a encontrar mi creatividad.
Soy esencia de la inconformidad y me molesta la conformidad. Mi proyecto: “La manifestación de mi ser y postura política; enunciando al pornoterrorismo”. (Ejercicio de creación, electiva, 2014, Docente. Pedro Morales)
Muchas veces, pienso lejanamente en mis apuestas especulando en la sensibilidad corpórea y me respondo: me gusta el otro, el diferente, lo que se sale de la norma; lo oculto, lo que no es tan tangible, lo misterioso, lo voluble; la desnudez, el cuerpo que se despliega para tener su propio encuentro; el que con una simple mirada seduce, pero seduce desde la protesta y desde el permitirse ser; lo que transita y lleva al deseo y al placer; los cuerpos que se muestran y son capaces de expresar lo inimaginable.
Y por cuestiones de acercamiento y de los hallazgos de la misma investigación -creación en las indagaciones corporales y sensibles de los agentes Diana Torres, Nadia Granados, Ladyzunga, Deniat Pit Parce, y Yecid Calderón, he llegado a indagarme sobre el sentir desde el propio cuerpo; su relación con el mundo, sus apuestas con él mismo; pero, también, he encontrado que los agentes me han permitido transitar a partir de la compresión de sus propias construcciones corpóreas sensibles.
Hablar del cuerpo que se evidencia en el concepto y práctica del pornoterrorismo, y de las manifestaciones trasgresoras y subversivas que se dan en la ciudad de Bogotá, en cada uno de los agentes, implica detenerse a ver la fuerza visceral que tienen estos cuerpos. No se habla de un cuerpo “vacío”, sino de un cuerpo que expulsa, que es explosivo, que se cuestiona desde sus entrañas desmembradas; de una lucha individual, pero, al mismo tiempo, colectiva; que no se entiende con las injusticias, que se manifiesta con pronunciamientos a partir de la sexualidad y el género como una condición humana que se decide a partir del humano que la vive; un cuerpo que está, que es presente desde un sentir
propio; que niega las injusticias, que niega los dominios ejercidos hacía el cuerpo, los etiquetamientos. Torres (2011) pregunta: “Por qué cuando la sociedad te coloca una etiqueta nunca te pide tu permiso o tu opinión para hacerlo, se trata de un afán clasificatorio, esa urgencia tan típica por ponerle nombre a todo” (p.19)
Lo que se busca es una reflexión, a partir de una libertad que se encuentra en entender que el cuerpo es un arma de bastante poderío; utilizada por unos pocos como pronunciamiento de varios; que nos pertenece, que grita desde él, que no se deja oprimir, que se rehúsa a estar encadenado a unas relaciones de poder que no le pertenecen, que lo alejan, lo suprimen, o lo niegan. Entender que el cuerpo es un arma de mucho poder, y con las reflexiones acerca de la investigación-creación, dadas dentro de la Maestría en Estudios Artísticos, me llevó a una exploración personal de mi cuerpo, en un transitar con los cuerpos de los agentes.
Cuerpos que se encuentran desde una visceralidad; que, en cierta medida, se desprende de sus órganos para poder transgredir las normas; desde las formas de actuar pensantes que conectan su razón de vida, con una lucha emergente de las inconformidades e injusticias de su propia existencia. Deleuze & Guattari (2002), confirman que: “Deshacer el organismo nunca ha sido matarse, sino abrir el cuerpo a conexiones que suponen todo un agenciamiento, circuitos, conjunciones, niveles y umbrales, pasos y distribuciones de intensidad, territorios y desterritorializaciones medidas a la manera de un agrimensor” (p.164-165).
Estar sin órganos es no encontrase marcado; pues, tener órganos es una manera de estar; esto nos hace ser presas visibles, manipulables, eliminables. Hablaríamos también de las otras formas de sensibilidades que se desprenden de un cuerpo que carece de órganos y que en cierta medida se relaciona con los cuerpos de los agentes que han respondido al no diálogo con las instituciones, que se resisten a ser tildados, a ser sometidos, a ser apresados por los regímenes y relaciones de poder que buscan someter al cuerpo y encasillarlo; siendo la resistencia a las represiones una manera de aflorar sensibilidades desbordantes, que se manifiestan a partir de la construcción de la propia organicidad y modo de ser.
Aunque pareciera que esas presiones sobre el cuerpo sólo se encargan de marginar a unos, he encontrado que la marginación sitúa a todos los cuerpos, lo que sucede es que algunos están tan inmersos en sus papeles y en sus roles, que no han visto que sus maneras de actuar son marcadas y situadas dentro de una serie de normas y controles, que no les permiten encontrarse de una manera real en sí mismos.