DOBLE EFECTO ORGANIZACIONAL
4. GOBIERNO Y ACCIÓN PÚBLICA GUBERNAMENTAL
4.4 El Estado como saber y reconocimiento
Es el Estado, fundamentalmente, un “discurso de saber y reconocimiento” político que se expresa desde sus propias razones de constitución e intervención sobre la población. De esta manera se le ha otorgado al Estado un amplio sentido de orden y trascendencia social y económica, para lo cual ha tomado unas formas de pensamiento sistemático104 de todo
aquello que puede considerarse como la manifestación del poder en aras de conciliar a la población con su medio. Esto sin duda fue lo que hizo carrera en los constitucionalistas, quienes en sus percepciones del Estado como discurso fueron consolidando el “Estado ideal” (Weber, 1904), lo cual terminó por definir una práctica jurídica y jurisdiccional que pretende legitimar el ordenamiento disciplinar del devenir de las poblaciones como sociedades motivadas y ordenadas. Estas prácticas105 se manifiestan en una panoplia de
dispositivos, en este caso el de movilidad, el cual conforma el “ordenamiento” en sus definiciones políticas y económicas del desplazamiento.
Desde esta perspectiva, aludo a ese Estado que pretende delimitar y contemporizarlo todo – incluyendo la manera de ir de un lugar a otro - con la pretensión de enfocar toda la atención en las relaciones de producción económica. Abandono la concepción del Estado de los
104Es un “ejerciciode institucionalización” que Jean-Francois Lyotard (1987:17) en la “Condición Posmoderna” y en “La naturaleza del lazo social” define como: “…, los enunciados de mando en los ejércitos, de oración en las iglesias, de denotación en las escuelas, de narración en las familias, de interrogación en las filosofías, de performatividad en las empresas…La burocratización es el límite de esta tendencia”.
105 Rose afirma que “Tratemos de pensar las prácticas tal como se pueden ver, en lo que determinadas autoridades tratan de actuar sobre
las acciones de otros, y veamos cómo tales prácticas toman forma, las vías por las que tratan de hacerlo, cómo imaginan sus sujetos, y desde esta perspectiva hagamos la pregunta por el Estado, ¿Qué rol del Estado se desprende de los tipos formales de poder político?”. Es
constitucionalistas clásicos cuya preocupación fue definir las dimensiones de poder e injerencia en los procesos que establecían manejo, soberanía y dominio, y asumo la visión de Castro-Gómez (2010:10) para quien, apoyándose en Foucault, afirma que el Estado no es otra cosa que un <efecto> de relaciones de poder que le preceden, y por eso ha dirigido su mirada hacia esa multiplicidad de relaciones microfísicas y no hacia sus cristalizaciones molares de estructura y definiciones de fuerza. Esto hace del Estado contemporáneo una entidad sublime y reverenciada como “ente imprescindible”. Así los esfuerzos se concentran en moldear un sujeto económico que esté de acuerdo con las dinámicas y dimensiones vigentes, contando con sus propias sinergias de movilización o técnicas apropiadas, y por ende con todas las formas administrativas y logísticas dispuestas y requeridas. Este es el caso de los sistemas de comunicación, locomoción y transporte. La anterior síntesis sobre la visión del Estado, contrasta con aquella que lo caracterizaba como un “panóptico” que marcaba y vigilaba los comportamientos de los sujetos según un reducido y preestablecido número de ideales. Esto es rebasado en la actualidad por una “visión contemporánea” que enfoca la atención de los análisis constituyentes/instituyentes hacia la manera como desde y con el Estado se intervienen los cuerpos y se refuerza el deseo con la esperanza del logro. A partir de prácticas perfeccionistas de emprendimiento y conquista, se pretende abandonar la noción clásica de que disciplinar es corregir y en contraste se pasa a reconocer que “disciplinar un sujeto no es dominar un(al) sujeto” (Rose, Nikolas, 2012:5). Se trata de definir al sujeto en sus prácticas cotidianas, articulándolas con el bienestar común y sus pequeños y grandes aportes al mismo. Ahora éste sujeto debe ser consciente de que existen situaciones confusas e irresolubles, pero altamente significativas para el engrandecimiento del propio Estado en perspectiva de movimiento.
Por lo afirmado, cuando veo a los gestores estatales en sus maneras de gobernar, lo que percibo es el deseo de estructurar un Estado productor que articule sujetos productivos. Para Foucault “el poder es productivo y produce sujetos” (Rose, Nikolas. 2012:6) con unas competencias claramente establecidas en cuanto a propósitos y redefinición de contextos como en el caso del desplazamiento. Los dilemas surgen al tratar de redefinir, en el marco
del Estado liberal, cómo una conducta es conducida o dicho de otra forma, el traslape que se presenta entre una sujeción psicológica y un sujeto presionado por la necesidad. De esta manera es desde donde se puede estar planteando, en perspectiva de Estado, la conducción de la población bogotana. Con una condición adicional para el Estado, la de ser conductor pero a la vez conducido por las élites que ejercen sobre el Estado una persistente presión para imponer sus propias prácticas y programas económicos.
Para el caso de la movilidad he podido visualizar unos efectos prácticos que desde el Estado -en su redefinición contemporánea- se promocionan constantemente para definir y establecer otra manera de ver(se) y percibir(se) los individuos. Lo que hace que se requiera pro-mover una población dinámica en su manera de conocer(se) y reconocer(se), una población que se debe concebir como “ente cinético”; esto es, un individuo-móvil en donde la inestabilidad sea el “estado natural” del sujeto contemporáneo.
De ese Estado que pro-mueve a la población bogotana se debe indagar, no tanto por los instrumentos de desplazamiento –la ingeniería de los sistemas- sino esclarecer el “saber” que hace posible conducir las conductas hacia la movilidad. Es indudable que ese “saber” sobre prácticas de movilidad tiene que ir de la mano del Poder para definir cómo y cuándo se mueven las poblaciones. Puedo afirmar, por consiguiente, que se origina un tránsito permanente entre el saber- poder –conocimiento- al saber-hacer –disciplina-. Para ello los discursos de redefinición del Estado liberal106son prolíficos en la conformación de
instrumentos disciplinares (las Políticas Públicas) dentro de una tarea incesante de consolidar la eficiencia y la gobernabilidad plena en torno al movimiento.
A partir del saber-poder y el saber-hacer, considero que en las últimas décadas, fundamentalmente desde los años sesenta en donde emerge la teoría de las Políticas Públicas, se ha emprendido el ejercicio de crear una serie de instrumentos tecnológicos que
106Ese tránsito del “Estado de derecho” con su amalgama de conocimientos jurídicos y jurisdiccionales; al Estado de derechos y
permitan dar cuenta de la mejor manera el des-sujetar al sujeto107frente al Estado, en
prácticas recurrentes y minuciosas enmarcadas por las definiciones de la Economía Política y las autonomías territoriales. Son filigranas108 de los procesos de gestión pública que a
manera de “red” cubren todo el espectro social económico y político en donde emergen los rasgos de apropiación en que se desenvuelve la población y sus relaciones de producción. Lo que inicialmente fue considerado como una tarea particular y una manera de gobernar, pasó a ser proyectado y difundido como una de las razones de la acción administrativa. Hoy en día se le conoce como administrar por proyectos. Es un saber de amplia y diversa escenografía de reconocimientos que se pueden entender bajo el lema de “el Estado en acción”109. Sin embargo, a todas luces esto es una especie de paradoja en lo instituyente y lo
instituido, por cuanto la que se dinamiza y moviliza es la población y no el Estado –ente imaginado- que es un sinónimo de lo estático. No obstante, los méritos y señalamientos corren por cuenta de reconocer un Estado efectivo que concreta para sí todos los méritos y reconocimientos en cuanto a las acciones ejecutadas por el “funcionariado” para el logro del bienestar de los asociados. Para clarificar más la idea del Estado como saber y reconocimiento aplicado al tema del transporte, es útil hacer la consideración de la movilidad como dispositivo, en los términos que desarrollo en el apartado siguiente.