Lat. : Sebastianus. Fr Arc. : Bastien. Fr. : Sébastien. It. : Sabastiano, Bastiano. Ingl. : Sebastian. Al. : Sebastian, Bastian; Bast, Basc, Bastl, Bastel.
Nacido en las Galias, en la localidad de Narbona, y según san Ambrosio, criado en Milán, era centurión de la primera cohorte en los tiempos del emperador Diocleciano.
Denunciado porque exhorto a sus jóvenes amigos Marcos y Marcelino a permanecer firmes en su fe, por orden de Diocleciano fue atado a un poste del centro del campo de Marte, y sirvió de diana viva a los arqueros que lo asaetearon <<hasta el punto de parecerse a un erizo (ut quasi hericlus videretur)>>. <<El cuerpo del bendito mártir estaba lleno de saetas, como un erizo. >>
Pero al contrario de lo que asegura un error muy difundido, no murió por ello, se salvó, igual que san Juan del baño en el aceite hirviente.
La viuda Irene, que quería levantar su cuerpo para darle sepultura, advirtió que aun respiraba, vendó sus heridas y le salvo la vida. Después de su curación reapareció ante Diocleciano para reprocharle su crueldad contra los cristianos. Entonces fue flagelado, se le dio muerte a palos en el circo y su cadáver fue arrojado a la cloaca Máxima.
Por lo tanto hay que diferenciar dos martirios de san Sebastián: el primero, el más popular, del cual escapa, y el último, menos noble y pictórico, que los artistas han preferido ignorar.
San Sebastián se aparece a santa Lucila mientras esta duerme, para revelarle el sitio donde se encuentran sus restos, y le pide que le dé sepultura en las catacumbas, junto a los restos de los apóstoles (vestigia Apostolorum).
ICONOGRAFÍA:
Su iconografía es extremadamente rica por tres razones. Durante toda la Edad Media, el miedo a la peste y la devoción de las cofradías de arqueros
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multiplicaron sus imágenes. El Renacimiento lo adoptó porque su martirio era un cómodo pretexto para glorificar la belleza del cuerpo desnudo.
Según que predominara uno u otro designio, se lo ha representado de muy diferente manera: ya viejo y barbudo, ya con los rasgos de un efecto imberbe, a veces vestido, y otras desnudo.
El tipo anciano y barbudo prevaleció hasta el siglo XV, y está justificado por la leyenda que hizo de san Sebastián un capitán de la guardia del emperador. Con este aspecto se lo represento en el mosaico de la iglesia de San Pietro in Vincoli, que sin duda se encargo como exvoto después de la peste de 680, al igual que en los frescos romanos de la iglesia de San Saba (hacia 700) y de la iglesia de Santa María Pallara, sobre el Palatino (siglo XI).
Este tipo vuelve a encontrarse en el siglo XIII, en el ábside de la iglesia de san Giorgio in Velabro, en el siglo XV en un retablo de Marcal de Sa, en la puebla de Vallbona, cerca de Valencia, y sobrevivió todavía en el siglo XVI (P. Veronés) e incluso en el siglo XVII (pacheco).
No obstante, a partir de de finales del siglo XV se impuso el tipo juvenil. La misma evolución se observa, paralelamente, en la indumentaria. En sus orígenes, san Sebastián siempre aparecía vestido a la manera antigua, según la moda de su época.
Siglo VII. Mosaico de San Pietro in Vincoli, Roma.
S. XIV: Escuela Provenzal. Retablo de Thouzon, Louvre. –Perugino. Mueso de Nantes. El santo sostiene una flecha como si fuese un juguete, con la gracia de un joven paje de Umbría o de Florencia, vestido con unas calzas rojo escarlatas que destacan sus formas. – Benozzo Gozzoli, 1464. Iglesia de San Agustín, San Gimignano.
S. XV: Jean Mirailhet. Retablo de la Virgen de Misericordia, hacia 1425. Museo Masséna, Niza. – Vidriera de la iglesia de Chamelet en Beaujolais. – Pedro Alemany. Retablo de santa Tecla y san Sebastián. Claustro de la catedral de Barcelona.
S. XVI: Mathis Nithardt. Retablo de las Antonitas de Issenheim. Museo Colmar. Este tipo se implanto en la escuela española que casi siempre representa a san Sebastián vestido, por escrúpulo de decencia. Pero en vez de atribuirle un traje militar o una armadura – lo cual, tratándose de un centurión romano, sería lo
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más lógico- los pintores españoles lo disfrazaron de doncel equipado para la caza, con arco y flechas36 en la mano.
El renacimiento italiano rompe con esta tradición y difunde el tipo pagano del Apolo desnudo (Sodoma). El arte de los países del Norte se adhirió tímidamente a esa línea. El san Sebastián de Memling es solo un semidesnudo, hasta la cintura, que todavía conserva las calzas. Pero el paganismo italiano acabo por triunfar, incluso contra el pudor español, al menos en Cataluña y en valencia, en donde pueden citarse numerosos ejemplos de san Sebastián desnudo. El santo esta casi siempre de pie, atado a un árbol a un poste o a una columna a causa de una contaminación con Cristo atado a la columna, o la flagelación de Cristo. […]
A partir del siglo XV, el atributo casi constante de san Sebastián es una gavilla de flechas. Se citan solo uno o dos ejemplos de omisión de tal emblema: una estatua de Rossellino, en Empoli, y un cuadro de la escuela de Guido Reni, en la iglesia de Meudon. Pero lo que debe subrayarse es que, a diferencia de los otros santos, casi nunca tiene los instrumentos de su martirio en la mano, al menos cuando está desnudo. Por una excepción infrecuente en la iconografía cristiana, que se explica por su carácter de intercesor contra la peste, que pretendía traducirse visualmente de una manera impresionante, está representado en el momento del suplicio, atado y atravesado por las flechas.37 Las flechas que lo traspasan suelen ser tres, pero a veces está erizado como un acerico, con los dardos ya repartidos en todo el cuerpo, ya agrupados en el pecho. Excepcionalmente, sostiene un arco.
La escuela de escultura champañesa del siglo XVI le hace llevar el gran collar de la orden de san Miguel, insignia de la cofradía de los arqueros. Recordemos que el arcángel san miguel también era invocado contra la peste.
36 En su Pictor christianus eruditus, el redentorista español Juan Interian de Ayala se opone a la inconveniencia de las
imágenes desnudas de san Sebastián “omnino nudus a capite ad calcem”.
37Santa Úrsula, que padeció del mismo suplicio, cuando está representada aisladamente, lleva, por el contrario, las flechas en la mano.
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A causa de una contaminación con el tema de la Virgen de Misericordia y de santa Úrsula, en un fresco de Benozzo Gozzoli que se conserva en San Gimignano, se lo ve proteger con su manto a los fieles de las flechas de la peste. Con frecuencia aparece asociado con los exvotos con otros santos antipestosos: […]
Réau, Louis. Iconografía del arte cristiano. Iconografía de los santos. De la P a la Z. (Tomo 2 – Volumen 5) páginas. 193-202.
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