revisión de su papel y de su parte en la responsabilidad por la derrota en 1976, y se empeña en una búsqueda de alternativas.
A unque este proceso tenga lugar dentro del campo intelectual argentino, tiene proyecciones que lo trascienden, pues com o ya había señalado, buena parte de los problemas que Sarlo aborda para la Argentina tienen sus correlatos y m om entos de coincidencia en otras áreas del campo intelectual y político latinoamericano, a pesar de la diferencia de tradiciones y circunstancias. Entre otros, m e refiero especialmente a su crítica a la elisión de los límites entre discurso intelectual y discurso político, así como al nacionalismo populista y a la Teoría de la Dependencia que funcionan com o perspectivas hegemónicas en la formulación de discursos sobre la cultura en la Argentina de las últimas décadas.
N o hay que esforzarse demasiado para reconocer la presencia en diverso grado de estas mismas perspectivas en varios de los más im portantes proyectos de crítica latinoamericana de la pasada década, ni para reconocer la diferente medida en que ellas afectan la eficacia de tales discursos. Me interesa especialmente leer los aspeaos problemáticos de Rama a la luz de las críticas de Sarlo. Y ello me interesa teniendo en cuenta que el discurso de Rama y en particular su discurso sobre la
Transculturación, sigue siendo una de las mayores contribuciones al desarrollo de teorizaciones sobre la cultura en Hispanoamérica. El reconocimiento de restricciones metodológicas en el discurso de Rama no niega sus aportes. Más bien tiene com o mira la búsqueda de alternativas. D e ahí el interés en las propuestas de Sarlo. Si Rama es uno de sus interlocutores y en qué grado lo sea, queda planteado como problema abierto. El hedió es, sin embargo, que estos aspeaos polémicos de Rama resultan devastadoramente criticados por el discurso de Sarlo.5
“Intelectuales: ¿escisión o mimesis?" 25, 1985, pp. 1-6; “U na mirada política: defensa del partidismo en el ane", 27, 1986, pp. 1-4.
5 El discurso de Rama es atravesado por concepciones nacionalistas, muchas veces estrechas, que en diverso grado minan su sutileza y lucidez críticas, creándole problemas metodológicos. U n ejemplo de ello es su incomodidad al abordar las literaturas de vanguardia que Rama, claro está, no estigmatiza torpemente, pero para las que tampoco encuentra espacio dentro de lo que él considera el paradigma propiamente nacional de la literatura latinoamerica na: la literatura transculturadora. Rama no se distancia de la ya arraigada lectura que articula (reductoramente) nuestra producción literaria a dos ejes: uno internacional, “cosmopolita”, y o tro local, asociado a las culturas tradicionales, ellas sí portadoras del carácter “nacional”, aunque Rama no lo diga abiertamente. En este polo se produce la literatura transculturadora. La fórmula nacional de Rama, esa “peculiaridad cultural desarrollada en lo interior” (ver Transculturación narrativa en Am érica Latina, Siglo XXI, México, 1982, p. 12), se circunscribe a las culturas tradicionales, rurales. Para sostener esta lectura de lo nacional, Rama se ve precisado a recurrir a categorías míticas, entre otras, la organicidad cultural del interior del continente (ibid., p. 20), o al hablar de los transculturadores, su «esfuerzo por m anejar auténticam ente (el subrayado es m ío) los lenguajes sim bólicos desarrollados por los hombres am ericanos...» (ibidem., p. 19.) (Ver también “Sistema literario y sistema social en Hispanoamérica”, en A. Rama et a l, Literatura y praxis social en América Latina, Caracas, M onte Ávila, 1974, pp. 99, 106, 107). Con el uso de este lenguaje mistificador Rama idealiza espacios culturales convirtiéndolos en modelo único nacional (auténtico), reduciendo la diversidad. N o es casual el hecho de que el interés de Rama por la cultura popular se centre alrededor del ám bito rural y que en ningún m om ento se extienda a la producción cultural popular urbana y a los procesos de intertextualidad que puedan darse entre ella y los discursos literarios, po r ejem plo. El discurso sobre la transculturación reveía agudam ente no sólo la resistencia de las culturas populares rurales americanas frente a las presiones homogeneizadoras del modelo modernizador, sino la capaci dad de articular discursos contrahegemónicos y de constituirse en alternativas de modernización. Sin embargo, la rigidez de su concepción de lo nacional le impide encontrar discursos críticos o de resistencia a la dominación, que se puedan estar construyendo en los espacios de mayor empuje y penetración de la modernización.
N o m enos cieno es que Una modernidad periférica puede leerse en buena medida como propuesta que nace de la búsqueda de alternativas a los problemas que los legados ideológicos de los años sesenta y setenta creaban al trabajo del intelectual en general y del crítico en particular.
Sarlo pane de la problematización del lugar, la identidad y la función del intelectual de izquierda en relación al campo político y cultural tal y com o éstos habían sido establecidos a lo largo de los sesenta y setenta en la Argentina. En estos años el discurso del intelectual habría sido subordinado, “canibalizado” (dirá Sarlo) por el de la política; habría tenido lugar un proceso de borram iento de las tensiones entre estas esferas y ello habría llevado a una pérdida de la dim ensión crítica.6 Estas tensiones deben reconocerse y encararse si se pretende restituir al intelectual su identidad y su función crítica. Sarlo reivindica la tensión y la diferencia entre estas instancias, en contra de una perspectiva totalizante que pretende homogeneizar lo heterogéneo y borrar las fisuras y los conflictos.7 Lo que a Sarlo le interesa no es una marginación de la política respecto del trabajo del intelectual, sino una redefinición de sus relaciones, del concepto mismo de política y del lugar de su discurso en la esfera pública. Lo que le interesa es la búsqueda de un nuevo espacio para el discurso del intelectual, y en particular para su discurso crítico, donde no reniega de su responsabilidad política, pero tampoco delega su identidad específica com o intelectual.8
La raigambre y persistencia de perspectivas nacionalistas en la crítica argentina es para Sarlo ejemplo por excelencia de la disolución de los límites entre ideología política y discurso sobre la cultura, y responsable de numerosas versiones reduccionistas de los procesos literarios en particular. Más aún, lo más im portante de la producción crítica de Sarlo examina las relaciones entre nacionalismo y cultura en el campo intelectual argentino a partir de la Generación del Centenario. Su trabajo se desarrolla sobre el presupuesto de que este eje nacionalista acom paña el proceso de formación cultural de la Argentina. Sin pretender dar respuesta definitiva al porqué de esta particularidad de la historia cultural argentina, Sarlo se propone desplegar los diferentes proyectos de cultura nacional formulados por su literatura y explicarlos bien en térm inos de su carácter hegemónico dentro del campo intelectual, o bien en térm inos de su coexistencia conflictiva y de sus esfuerzos algunas veces contrahegemónicos, y otras sim plem ente de ganar un espacio dentro del campo cultural.9 Entre los aportes más interesantes de Sarlo habrá que tener en cuenta su lúcida distancia crítica respecto de las diferentes formulaciones nacionalistas objeto de su discurso, distancia que le perm itirá realizar un m uy aprovechable y necesario desm ontaje del contenido m ítico de categorías y paradigmas centrales a estos discursos nacionalistas, a partir de los cuales se han diseñado lecturas extremadamente reductoras de los procesos literarios. Más aún, lo que Sarlo hace es cuestionar incluso la legitimidad de estas categorías y paradigmas para funcionar como tales. M e estoy refiriendo a dudosas nociones tales com o “literatura cosmopolita” o “no nacional” y aun “antinacional”, que suelen enfrentarse a “literatura nacional” no sólo dentro de la crítica argentina, sino dentro de la
6 Ver Sarlo, “Intelectuales...", op. cit., p. 2. 7 Ibid., p. 6.
* Para una exposición de su concepción sobre la postura política del artista y del crítico, ver su artículo "U na mirada política...“, op. cit.
’ Ver especialmente B. Sarlo y C . Altamirano, “La Argentina del centenario: campo intelectual...", Hispanoaméri ca, IX, 25-26, 1980, pp. 35-39. “Vanguardia y criollismo” y, naturalm ente, Una m odernidad periférica, op. cit.
latinoamericana cn general, al igual que otra sim ilarmente dudosa idea de que sólo las culturas populares rurales pueden ser portadoras de lo nacional, mientras que las urbanas habrían sido “desnacionalizadas” por el cosmopolitismo de su ám bito.10 En efecto, Sarlo proporciona una alternativa de lectura respecto de estas estrategias de construcción (mítica) de linajes y tradiciones. Com o veremos cuando discutamos Una modernidadperiférica, no resulta aventurado afirmar que Sarlo clausura esta línea de debate, ofreciendo una muchísimo más fértil perspectiva sobre la dinámica de los procesos culturales.
Esta tenaz presencia de discursos nacionalistas no es peculiar exclusivamente a la Argentina. Es rasgo constante dentro del pensamiento latinoamericano también desde el inicio de la formación de las repúblicas independientes en el siglo XIX. Es igualmente, eje que articula algunos de los discursos críticos más importantes de Hispanoamérica, entre ellos los de Roberto Fernández Retamar, A ntonio Cornejo Polar, Alejandro Losada y Angel Rama.
A diferencia de Sarlo, Rama no está solamente preocupado por entender la perseverancia de los enfrentamientos entre los diversos proyectos nacionalistas en la producción literaria y cultural. Su discurso, de hecho, se articula a estos debates, com o proyecto nacionalista que él mismo es. N o es fácil hablar del nacionalismo de Rama. Para comenzar, no se le puede reducir a un solo discurso nacionalista. Com o he mostrado en otra ocasión,11 hay al menos dos, uno anterior al año 74 y cuyo paradigma sería su libro Darío y el Modernismo,’2 y otro, el que articula los trabajos que recogiera en su libro Transculturación narrativa en América Latina.13 Este últim o es el que me interesa discutir a la luz de la crítica de Sarlo al nacionalismo populista de la izquierda argentina de las dos últimas décadas. D e nuevo debo reiterar que de ninguna m anera pretendo asimilar a Rama a la historia cultural argentina y que, m enos aún, paso por alto la coyuntura desde donde Sarlo formula su discurso: inicios de los años ochenta, desde la izquierda de un campo intelectual que em prende la revisión de su participación en la experiencia revolucionaria de la década anterior y su trágica derrota. Su postura frente a la relación entre nacionalismo y cultura no es independiente de su cuestionamiento del nacionalismo populista de la izquierda argentina. En él se apoya su distancia. Es necesario reiterar también que Sarlo jamás proyecta su crítica al campo intelectual latinoamericano. Sin embargo, resulta difícil ignorar la relevancia que ella pueda tener para la lectura de los proyectos de crítica latinoamericana de los años setenta, y para la búsqueda de salidas a los problemas metodológicos que los entorpecen.
M uy diferentes a las de Sarlo son las circunstancias donde se produce el discurso de Rama. Sus trabajos sobre la transculturación cn América Latina se escriben en la segunda m itad de la década del setenta, en un ámbito que no ha experimentado la brutalidad de la derrota argentina y careciendo aún de la perspectiva que da el tiempo y con la que cuenta Sarlo; para no mencionar la experiencia de una izquierda que hace su autocrítica, com o es el caso de la argentina. Indudablem ente el
10 Beatriz Sarlo. “La izquierda ante la cultura: del dogmatismo al populismo”, op. cit., pp. 24 y 25.
11 “Hacia una crítica latinoamericana; el discurso de Angel Rama", charla realizada en el Institute o f Latin American Studies, Londres, el 24 de noviembre de 1988.
12 Angel Rama, D arío y el Modernismo, Caracas, Universidad Central de Venezuela, Ediciones de la Biblioteca, 1 9 7 0 .