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Segunda etapa: El conflicto de las interpretaciones I La hermenéutica del símbolo

Función simbólica de los mitos del origen del mal y acción humana

2. Segunda etapa: El conflicto de las interpretaciones I La hermenéutica del símbolo

Resumiendo lo expuesto hasta aquí, en La simbólica del mal Ricoeur experimenta un cambio de metodología en el curso de sus trabajos mediante el tránsito de una eidética a una empírica de la voluntad, lo que implica a la vez una determinada organización jerárquica en el análisis: el simbolismo aventaja al mito. De ahí el plantear la necesidad de un recurso a la hermenéutica como instrumento de estudio, puesto que es a través de su uso que el lenguaje simbólico puede ser descifrado. Es menester estudiar el lenguaje cifrado, el símbolo, ya que es el vehículo por el cual el hombre confiesa el hecho de que es un ser caracterizado por su labilidad: es hombre porque tiene la posibilidad de cometer una falta. Así, se produce el denominado “injerto” de la hermenéutica en la fenomenología.

§6

Hermenéutica amplificadora y hermenéutica reductora

Ante todo, al hablar de “hermenéutica” en Ricoeur, debemos distinguir dos concepciones130: 1) la hermenéutica concebida como interpretación de los símbolos; 2)

la hermenéutica concebida como interpretación de los textos escritos. La primera concepción puede ser abordada de acuerdo con dos etapas:

a) Cuando Ricoeur establece como objeto de la hermenéutica la interpretación del simbolismo religioso. La reflexión filosófica debe asumir el sentido de este simbolismo religioso.

b) Cuando Ricoeur, tras una profunda lectura de Freud, modifica la concepción del símbolo y surge el llamado “conflicto de las interpretaciones”.

Ahora bien, en la sección anterior hemos expuesto la primera etapa de esta hermenéutica que consiste en la interpretación de los símbolos y que se expresa,

130 Seguimos, en líneas generales, la esquematización planteada en Fidalgo Benayas, L. Hermenéutica y

existencia humana. El pensamiento de Paul Ricoeur. Valladolid: Secretariado de Publicaciones e

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fundamentalmente, en La simbólica del mal. Así, en esta obra, la hermenéutica era, sustancialmente, según nuestro autor, “interpretación amplificadora” en el sentido de que, por un lado, centraba su interés en el exceso de sentido implícito en el simbolismo del mal y de que, por el otro, podía obtener plenitud significante mediante la reflexión. Dentro de esta concepción, la analogía era una nota definitoria del símbolo, según vimos. Pero esta relación tan estrecha entre analogía y símbolo es suprimida cuando Ricoeur entra en contacto con la obra freudiana.

De este modo, Ricoeur descubre que esta “interpretación amplificadora” entraba en relación dialéctica con un nuevo tipo de interpretación de los símbolos, la “interpretación reductora”, que en lo que se refiere a la culpabilidad, ya había sido tratada por Freud de manera crítica. Cuando Ricoeur se refiera, con posterioridad, a esta etapa de sus trabajos, será explícito en cuanto a la oposición entre tradición y crítica que supone la lectura de la obra freudiana:

“Es verdad que la lectura casi integral de Freud que yo emprendí entonces me reveló enseguida que se trataba de algo muy diferente de un conflicto limitado al tema de la culpabilidad. La apuesta, como Freud había visto claramente, era una filosofía de la cultura tomada en toda su amplitud, en la que, como había sucedido en el siglo XVIII en la época de la Ilustración, se volvía a poner en escena el conflicto entre tradición y crítica. Mi lectura de la simbólica del mal era una lectura tradicional; la de Freud era una lectura crítica”131.

Quizá esa apreciación, aunque -como lo hacía en La simbólica del mal- sigue sosteniendo que el doble sentido o segundo sentido es atribuible tanto al símbolo religioso como al símbolo onírico, es la que impulsa a Ricoeur a dar paso (en Freud: una interpretación de la cultura, 1970) a una concepción plural de la hermenéutica. Así, la hermenéutica no es exclusiva para la interpretación del símbolo religioso. Más aún, se puede afirmar que “no hay una hermenéutica general, ni un canon universal para exégesis, sino teorías independientes y hasta opuestas, relativas a las reglas de la interpretación” (FI, 35).

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Es dentro de este panorama donde debemos plantearnos un “simbolismo de la acción” en la obra de Ricoeur, puesto que al redefinirse la metodología se reformula el objeto de estudio y su campo de extensión: el acto voluntario, caracterizado por la dualidad dramática de lo voluntario y lo involuntario, debe ser ahora estudiado en el territorio del lenguaje desde distintas perspectivas hermenéuticas que aborden el símbolo en su totalidad. De esta manera, se podrá entender el acto voluntario de “confesión”, a su vez, de un acto voluntario previo, caracterizado por la caída en el mal debido a la desproporción humana.

Dentro de la hermenéutica concebida como interpretación de los símbolos, Ricoeur distingue entre lo que llama la “hermenéutica amplificadora” propia de la reflexión filosófica, representada por la fenomenología de la religión y por la ontología del lenguaje de Heidegger, y lo que llama la “hermenéutica reductora” característica de los filósofos de la sospecha, que estaría plasmada en las figuras emblemáticas de Marx, Nietzsche y Freud. Lo que diferenciaría, esencialmente, a estas dos hermenéuticas de signo dispar sería el hecho de que, mientras que la primera se caracteriza por un tipo de interpretación que consiste en la “recolección del sentido”, la segunda manifiesta una desconfianza en el sentido a través del “ejercicio de la sospecha”. Evidenciar las relaciones entre una y otra hermenéuticas y encontrar su vínculo con el acto voluntario es el propósito de las siguientes páginas.