Este efecto está basado en uno de esos principios matemáticos que tan útiles son en cartomagia. Creía que estaba basado en el principio de Gilbreath, pero gra- cias a Max Maven, me enteré de que la idea básica pertenecía a Karl Fulves, que la aplicó en "Unmatch" publicado en septiembre de 1971 en la revista PALLBEARERS.
Tras conocer ese dato, releí varios libros de Fulves, y en SELF WORKING CARD TRICKS aparece un efecto titulado "Opposites Attract" sospechosamente parecido al mío; lo que viene a confirmar lo que dije en la Introducción: En magia muchas veces creemos inventar algo que en realidad habíamos leído y olvidado. No obs- tante, el tiempo que dediqué a crearlo no fue perdido, sino tiempo "ganado", por lo mucho que disfruté y lo satisfecho que quedé con el resultado final.
Lo que más he cuidado es la manera de presentarlo como una especie de premonición o agudeza psicológica por parte del mago, para adivinar la futura elección de un espectador.
E
FECTOSe retiran de la baraja seis cartas negras y seis cartas rojas, que no sean Ases ni figuras, y se dejan sobre la mesa mientras se explica: Supongamos que estas seis cartas rojas son asesinos, ya que el rojo es el color de la sangre, y que las car- tas negras son seis policías encargados de vigilarlos; un policía por cada asesino...
Se barajan las doce cartas, se dejan boca abajo, en un paquete, sobre la mesa, y un espectador corta y completa el corte.
Del paquete de doce cartas, se cuentan las Seis de arriba y se colocan, bien cuadradas, sobre la mesa en un montón.
Las restantes seis cartas se dejan, también en un paquete, a la derecha del primero. Y ahora —dices- y después de haber barajado y cortado, sería estupendo y tranquilizador, que si en este paquete, la carta de arriba es un asesino, en el otro paquete, la carta de arriba fuese un policía que pudiese vigilarlo.
Mientras dices esto, levantas ambas cartas superiores, una con cada mano, y efectivamente, una de ellas es roja y la otra es negra. Las juntas y las dejas boca arriba sobre la mesa. Pero sería mucho más difícil, aunque también estupendo y tranquilizador, que cada vez que en un paquete apareciera un asesino o carta roja, en el otro hubiese para vigilarlo un policía o carta negra.
Y mientras lo dices, vas levantando a la vez, con ambas manos y una a una, las seis cartas de ambos paquetes, que efectivamente son siempre una roja y una negra. Y tras enseñarlas las vas dejando en parejas sobre la mesa, boca arriba.
Haz una levísima pausa, para que los espectadores se den cuenta de que ha habido un efecto mágico y después recoge las doce cartas mientras dices: Pero cla- ro, lo que ha ocurrido podría haber sido cuestión de suerte y no de magia, o alguien puede sospechar que con cierta habilidad yo he provocado que esto ocurriese. Por tanto vamos a hacerlo de nuevo, pero esta vez uno de vosotros, va a decidir las seis cartas que irán al paquete de la derecha y las seis cartas que irán al paquete de la iz- quierda. Y yo creo que volverá a ocurrir el milagro: siempre habrá un policía para vigilar al asesino correspondiente. Por ejemplo, tú que pareces intuitiva...
Señalas a un espectador o espectadora. Yo, al hacerlo, suelo mirarle a los ojos, como si tratase de averiguar lo que piensa. Y con las doce cartas en abanico ha- cia mí, de manera que los espectadores sólo vean los dorsos, comienzo a cam-
biarlas de sitio. Lo hago simulando pensar, vacilando, volviéndolas a cambiar hasta quedar satisfecho, mientras voy diciendo: Como ya sé las seis cartas que vas a elegir para el montón de la derecha, voy a colocarlas de tal manera que el ex- perimento funcione. .. Ésta va aquí, ésta va aquí, no... no, va aquí...
Después, el mago extiende en su mano el abanico con las cartas boca aba- jo, y pide al espectador que señale las seis cartas que quiere que vayan en el pa- quete de la derecha. Cada vez que el espectador señala una carta -y sin sacarla del abanico- se hace sobresalir hacia adelante, hasta que el espectador haya com- pletado su selección de seis cartas. Luego se van sacando, una a una, las seis car- tas elegidas, que sobresalen del abanico, y se dejan boca abajo en un paquete a la derecha; se cierra, clara y lentamente, el abanico con las restantes seis cartas y se colocan, también bien cuadradas, boca abajo a la izquierda.
Mientras, se ha ido diciendo: Fíjate bien para que yo no haga trampa, las voy sacando una a una, tal como están y las voy poniendo a la derecha; recuerda quepo- días haber elegido otras... Y las otras seis, naturalmente irán en el otro paquete, cie- rro el abanico muy lentamente para que todo sea muy claro. Pero si la magia y mi gran intuición no fallan, y si tú has sido también intuitivo al elegir... si esta carta es roja, ésta será negra, y así sucesivamente... Roja, negra, roja, negra, roja, negra.. .Y vas levantando a la vez, con ambas manos, una carta de cada paquete, que son en efecto roja y negra, y las vas dejando en parejas boca arriba sobre la mesa.
E
XPLICACIÓNEs un efecto automático. Al principio, cuando hay seis de cada color sobre la mesa, se recogen tal como están, primero las seis rojas y luego las seis negras, o viceversa, y se baraja en falso. Yo suelo emplear la mezcla Charlier que con pocas cartas es muy despistante. Pero puedes emplear cualquier otra que siga dejando las cartas sin que se entremezclen rojas con negras.
No importa cuántas veces se corte, por tanto aprovecha para que el espec- tador lo haga si lo desea. Tras el corte se hacen los dos paquetes, pero las seis primeras cartas se cuentan sin invertirse y se dejan sobre la mesa. Las seis res- tantes, tal y como están, formarán el otro paquete. Después, no hay más que ir levantando a la vez una carta de cada paquete, y siempre que en un montón hay una roja, en el otro habrá otra negra. Cuando en uno levantas una negra, en el otro levantarás una roja, ya que los colores están en espejo.
La segunda vez, cuando es el espectador el que decide qué cartas van en cada montón, la colocación es la misma. Las seis rojas seguidas de las seis negras o
viceversa. Pero en esta ocasión no se puede cortar, han de estar seis y seis. Y lo más importante: cuando el espectador señala las cartas que van a colocarse en el montón de la derecha, no hay que sacarlas del abanico (fig. 1).
Figura 1
Hay que hacerlas sobresalir sin que cambien de posición, y una vez que hay seis cartas que sobresalen, se van sacando, una a una, de arriba abajo y se colo- can, una a una, en el montón de la derecha. De esta manera se ha invertido su orden de un modo elegante y de lo más honesto. Luego... ¡a levantar cartas y comprobar que el asunto sigue funcionando! Siempre que en un montón hay una roja, en el otro habrá una negra, y viceversa.
Compruébalo.
D
ETALLES IMPORTANTES Y ALGUNOS CONSEJOSPresenta el efecto como asesinos y policías, o cualquier otra cosa que se te ocurra, pero que no sea simplemente como rojas y negras, porque un efecto en el que al aparecer en un montón una carta roja, aparece en el otro una negra, o viceversa, no es un efecto que quede muy claro.
Sí quedaría mucho más atractivo si fuese una coincidencia de colores. Por tan- to, con la disculpa de asesino-policía, o cualquier otra historia que te inventes, clarificas la situación y creas un interés, para que el efecto funcione mejor.
La primera parte no es importante en sí misma; sólo es una especie de an- ticipo del efecto final, ya que si no se ha explicado bien, no se entiende.
Yo, a veces, para la primera coincidencia doy a barajar las doce cartas a un espectador y él mismo hace los dos paquetes. Luego, y a modo de explicación,
voy levantando cartas diciendo que sería bueno que, cada vez que en un paquete hubiese un asesino, en el otro apareciera un policía.
Si por suerte ocurre así (pasa con cierta frecuencia) es una estupenda de- mostración de magia y además ilustra lo que va a ocurrir después. Y si no su- cede, sirve de explicación de lo que vendrá, y es así como lo presento, como una demostración de lo difícil que es que suceda. Por tanto los estoy condicionan- do para que queden asombrados ante el efecto final.
En ciertas ocasiones, no muy a menudo, cuando falla la demostración, re- cojo las cartas hago los bloques de rojas y negras, y a continuación las dos fa- ses del efecto tal como se ha descrito.
Muy importante: Aunque lo que dices es que, cuando en un montón hay una negra, habrá una roja en el otro, y no que en un montón están todas las ne- gras y en el otro todas las rojas, ésa es la impresión que debería quedar, de una manera vaga, en las mentes de los espectadores.
Para conseguirlo, al levantar una carta en cada mano y volverlas boca arri- ba, coloco siempre la roja bajo la negra cuando las junto.
Luego, arrojo en esa posición ambas sobre la mesa, sin tener en cuenta de qué montón proviene cada una.
Debes saber que si, por ejemplo, la primera roja proviene del montón de la derecha, y la segunda roja viene del de la izquierda ya no habrá más cambios.
A partir de ese momento todas las rojas vendrán del montón de la izquier- da. Resumiendo, que sólo cambias una vez el orden en que muestras las cartas.
Por tanto, si en tu charla lo que dices es siempre asesino-policía, asesino-po- licía, asesino-policía... o roja-negra, roja-negra, roja-negra... la impresión final es que todas las del mismo color salen del mismo montón. Aunque si no con- sigues dar esa impresión, el efecto sigue siendo muy fuerte.
Y a veces todavía más difícil.
El espectador ha decidido qué cartas van a ir al montón de la derecha, y tu tienes las elegidas sobresaliendo del abanico.
Si el espectador ha elegido tres de las cartas de la mitad de arriba del abani- co (de la 1 a la 6) y las otras tres de la mitad de abajo (de la 7 a la 12), puedes todavía desconcertarlo más. Le preguntas, si sigue deseando que por cada ase- sino haya un policía, o si por el contrario quiere que cada asesino encuentre a un asesino, y cada policía a un policía. Es decir que puede escoger que a cada roja en un montón corresponda una roja en el otro montón, y a cada negra otra negra. O que a cada negra corresponda una roja y viceversa.
Verás la cara que se les pone ante lo imposible de lo que intentas pues en ese momento las cartas ya están elegidas, y tú vas a sacarlas una a una a la vista de todos. Pero tú lo tienes muy fácil. Para que salgan del mismo color en ambos montones las retiras una a una, pero de abajo arriba, es decir que no las inviertes.
Y si sigue insistiendo en asesino-policía, sonríes sabiamente y las retiras de arriba, con lo que inviertes el orden, como en el ejemplo.
Otra nota: En ocasiones y para el efecto final, pido al espectador que escri- ba en un papel, sin que yo lo vea, las seis cartas que desea que vayan al montón de la derecha —por ejemplo, la número 2,4,7,9, ] 0 y 11. Cojo el papel, sin abrir- lo, me concentro, y con las caras hacia mí, voy ordenando las cartas en abani- co mientras manoseo el papel cerrado, como intentando averiguar lo que ha pensado el espectador. Luego al abrir el papel y leer los números se van sacan- do las cartas, en el orden escrito, una a una.
Y otra cosa más, este efecto se puede hacer con toda la baraja, o con el nú mero de cartas que quieras, siempre que sea el mismo número de cada color.
¡A disfrutarlo si es que os gusta! Y si no... pues a otra cosa.