CAPÍTULO 2: PERSPECTIVAS DE LA INTERPRETACIÓN TEOLÓGICA DE
2.2.1. Ser en Cristo
La “vida en Cristo” corresponde al eje transversal de la teología espiritual121, dicha dimensión
se afinca en la posibilidad que tiene el discípulo de no solo “estar en”, sino “permanecer” en esta dinámica de inmanencia reciproca. Por ello, “no se puede hablar del seguimiento de Cristo, del discernimiento espiritual, del proceso de la vida cristiana, de la fraternidad, de la oración, de la espiritualidad cristiana en general sin entrar a fondo en lo que es la vida en Cristo”122. Esta realidad señala el planteamiento ontológico del ser cristiano: su ser volcado
a vivir en las entrañas del maestro.
La vida en Cristo es evidenciada de manera sistemática por Pablo bajo la fórmula “ser en Cristo”, mencionada de manera recurrente al menos en 164 ocasiones123. En la
119 Brown, El evangelio según Juan, 1621.
120 Ver: Collins, C. J. "Abiding in the Vine: True Branches have no Choice but to Stay Connected to Christ.",
48.
121 Ver: Gamarra, Teología espiritual, 53. 122 Ibíd., 54.
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comprensión paulina la existencia del cristiano acontece en Cristo (1Cor 1, 30; Rom 8,1); renueva su ser como nueva criatura en Cristo (2Cor 5, 17) siendo uno en Cristo (Gál 3, 28) y santificándose en Cristo (1Cor 1, 2). Es evidente que, para el apóstol, la vida que se engendra en el discípulo tras la vivencia del ser en la persona de Jesús, genera una transformación no solo en su actuar, sino también ontológica124.
La vida nueva a partir del encuentro con la figura de Jesús, transformando el ser del discípulo de manera integral, tiene su punto de encuentro en las expresiones joánicas de “nacer de nuevo” (2, 19; 3, 9; 4, 7; 5, 1. 18) y el campo semántico “permanecer”, no solo dentro de la paroimía de la vid, el viñador y los sarmientos, sino a lo largo del mismo cuerpo evangélico. Esto nos lleva a afirmar con Saturnino Gamarra que, “al pensar en el sentido de una fundamentación ontológica del ‘vivir en Cristo’ nos encontramos con que el cristiano está llamado a la comunión con Jesucristo”125.
Esta permanencia recíproca que proporciona la “vida en Cristo”, o como la expresión paulina lo denomina einai en Christo, apunta a una “connaturalidad ontológico- existencial”126, apoyado en la contundente afirmación que hace el cuarto evangelio cuando
señala “sin mí no pueden” (15, 5). Lo único que le puede esperar al sarmiento fuera de la vid es que se seque y arda (15, 6). En otras palabras, el discípulo “fuera” del maestro lo único que puede esperar es la muerte; por ello, dicha relación vida-sarmiento (maestro- discípulo/Dios-creyente) acontece en el marco de la vitalidad, el maestro alimenta la existencia del discípulo cuando él permanece, siempre que su ser sea en Cristo.
Santiago Arzubialde señala, a partir de su reflexión en torno al seguimiento de la persona de Cristo, que la finalidad del ser en Cristo como disposición del creyente se concreta en la “divinización, en cuanto configuración con el Señor”127 ya que este hecho tanto en Juan
como en Pablo constituye la “unión íntima del creyente con la identificación con el misterio del Señor”128. Allí opera la vocación del discípulo: ser configurado por Cristo, en Cristo.
124 Ver: Ibíd. 125 Ibíd. 126 Ibíd., 56.
127 Arzubialde, “Configuración (Rom 8, 29) y vida en Cristo”, 95. 128 Ibíd., 99.
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La vida del discípulo no puede ser entendida lejos de la realidad divina manifestada en la figura de Cristo. Ello constituye el fundamento de su ser como “quien sigue”. Esta permanencia que genera el proceso de configuración del discípulo en las entrañas de Jesús, proporciona vitalmente al creyente la suficiente capacidad de operar divinamente:
Estar en Cristo significa entonces estar bajo el influjo del poder de Cristo glorificado en persona y movido por la dinámica del poder del espíritu (…), el estar unido a, o en comunión vital con él son los dos aspectos del vínculo misterioso que une a Cristo y al creyente. La formula en Cristo describe entonces los rasgos nuevos de la existencia cristiana129.
Por su parte, el aporte de Secundino Castro con base en la paroimía de la vid, el viñador y los sarmientos, ilumina y abre el panorama de la expresión “ser en Cristo” o “vida en Cristo”. El discurso en el cual se ve enmarcada la perícopa rompe con los esquemas establecidos entre maestro y discípulo. No se queda en la mera intercomunicación personal, sino que transciende la relación y la hace vital/existencial, “mística”130. Ello en
contraposición a Brown, cuando señala que esta “inhabitación divina” como concepto joánico bien entendida, dista del “misticismo exaltado como el de Teresa de Ávila o Juan de la Cruz”131.
Ciertamente la posición de Brown y su concepto de “misticismo exaltado” difiere de aquello que podremos entender hoy como “mística”:
Así, pues, con la palabra mística nos referimos a experiencias interiores, inmediatas, fruitivas, que tienen lugar en un nivel de conciencia que supera la que rige en la experiencia ordinaria y objetiva, de la unión -cualquiera que sea la forma en que se la viva- del fondo del sujeto con el todo, el universo, el absoluto, lo divino, Dios o el Espíritu132.
No es posible separar la experiencia neotestamentaria de la vida mística, mucho más de la tradición evangélica que condensa en sí la figura de Jesús133. Elementos de interioridad,
129 Ibíd., 120.
130 Castro, Evangelio de Juan, 334. 131 Brown, El evangelio según Juan, 1623. 132 Velasco, El fenómeno místico, 23. 133 Ver: Ibíd., 211.
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experiencia fecunda y la unión como finalidad no son extrañas a las formulaciones que hemos ido señalando desde el campo semántico “permanecer”, como ser en Cristo134. Mucho más
cuando la centralidad de la mística cristiana es constituida por su talante cristológico, como lo señala Juan Martín Velasco: “donde este nuevo elemento brilla de manera inequívoca es en la ineliminable dimensión cristológica de todas las formas de mística cristiana”135. Así
como para el sarmiento es de central, fundamental y vital importancia la vid como principio de su adhesión a él, la figura de Cristo constituye la razón de ser de la existencia del discípulo.
Por esta razón Santi Grasso, señala que el propósito de la invitación de permanecer en Jesús, vid verdadera, es el hecho de poder dar razón de su identidad como discípulo adherido a la cepa: “Lo scopo dell’adesione all’invito è infatti proprio quello di restare con lui. Questo verbo quindi porta a stabilire non solo l’origine di Gesù, ma anche l’ambito in cui il discepolo acquisisce la sua identità, il che è possibile unicamente in relazione a lui”136.
Es la teología del seguimiento joánico un paradigma evidente de la vital relacionalidad entre el discípulo y Jesús el Cristo, siendo este el origen fontal de la experiencia mística. Whitmore, citando a Lesslie Newbigin, lo sintetiza de la mejor manera, es “the hidden life of the soul with God”137. Allí cobra sentido el campo semántico
“permanecer”, al ser la acción constante de aquel que “sigue” en disponerse a ser en Cristo; facultad innegable que plasma el cuarto evangelio en la figura del discípulo a quien Jesús tanto amaba, siendo aquel que encuentra su deleite en el pecho de su maestro (Jn 13, 25).