3. Establecimiento del corpus
3.2. Tem´ atica principal
3.2.2. Los Signos del Juicio Final
3.2.2.2. Los Signos del Juicio Final en Castilla
Resulta llamativa, especialmente en comparaci´on con la conservaci´on, difusi´on y recepci´on de este tema, la enorme diferencia que existe entre los fondos franceses y los fondos espa˜noles. Los manuscritos espa˜noles que tratan el tema de los Signos del Juicio Final se reducen a dos manuscritos: BNE, 13149, fol. 55v-59, que contiene
el poema De los signos que apares¸ceran ante del juicio de Gonzalo de Berceo
y el manuscrito BRAH29 C. 101, fol. 100r-101r, editado por Guadalajara Medina
(1996: 476). A esto se le a˜nade el incunable de Mart´ın Mart´ınez de Ampi´es (Gilbert, 1999: 5-6), que contiene una versi´on moralizada de los Signos del Juicio Final, y un fragmento de la General Estoria de Alfonso X que forma parte de la profec´ıa de la Sibila Tiburtina donde se narran brevemente los Signos del Juicio Final que aparecen en los Evangelios (S´anchez Prieto, 2009: 490-492).
El caso de Francia, al menos en cuanto al n´umero de manuscritos con este tema apocal´ıptico que se conserva, no es la norma sino la excepci´on. En el resto de pa´ıses de su entorno, el n´umero de manuscritos que contienen el tema de los Signos del Juicio Final es francamente reducido: tres versiones conocidas en Castilla, una versi´on en Italia —Il Cantare del giudizio30de Brancaleone di Faenza (Fontanella, 1983: 43-71)31— y algunos fragmentos del mismo tema en catal´an y occitano.
28A finales de la Edad Media el tema est´a pr´acticamente agotado y empiezan, incluso, a
aparecer parodias del mismo (Shields, 1964).
29Se trata de la Biblioteca de la Real Academia de la Historia, donde se conservan ciertos
manuscritos relevantes (Guadalajara, 1996: 465).
30Este poema italiano se divide en dos partes: la primera, m´as breve, sobre los Quince Signos;
y la segunda, sobre el Juicio Final, en la l´ınea del poema de Gonzalo de Berceo.
31Al ´ambito italiano tambi´en se circunscribe el serm´on I de Ruggiero da Piazza, que fue no
Cap´ıtulo 3 Establecimiento del corpus 53 Nada permite pensar que Gonzalo de Berceo conociera las versiones francesas de los Quince Signos, ni siquiera a trav´es del Camino de Santiago, que conoci´o uno de sus momentos ´algidos en vida del poeta riojano. En caso de que s´ı las hubiera conocido, dicha influencia no se deja sentir en modo alguno. A pesar del t´ıtulo del poema, el tema de los Signa Iudicii s´olo ocupa un tercio del poema: de las 77 estrofas en cuaderna v´ıa que tiene, s´olo las 25 primeras hablan inequ´ıvocamente de este tema apocal´ıptico; el resto, se dedican al Juicio Final. As´ı, Berceo insiste m´as en el aspecto pedag´ogico, moralizador y edificante del Juicio Final, esperando seguramente influir en su auditorio, que en la espectacularidad de los signos celestes que se describen y que marcan, como veremos en el cap´ıtulo 4, una pauta muy clara y muy reveladora del fin del mundo.
El caso del poema de Berceo es significativo desde el punto de vista documental. Ninguna de las obras de Berceo, salvo la Vida de Santo Domingo y Del Sacrificio de la Misa, se conservan completas en manuscritos medievales. Los otros poemas, inclusive De los signos que apares¸ceran ante del juicio, se han conservado mediante transcripciones hechas durante el siglo XVIII. Una de las dos copias que transmi- ten el texto se conserva gracias a Diego de Mecolaeta, quien, en 1741-1742, hizo transcribir un manuscrito del siglo XIII (conocido actualmente como manuscrito M y conservado en la Biblioteca Nacional, BNE 13149) que se encontraba entonces en el monasterio de San Mill´an de la Cogolla (La Rioja), el mismo monasterio en el que vivi´o Gonzalo de Berceo. La otra copia es la que Tom´as Antonio S´anchez hizo en 1780, cuando public´o, por primera vez, las obras de Gonzalo de Berceo, de la que habla el propio editor:
En el monasterio de San Mill´an hay dos manuscritos, uno en quarto y otro en folio, copiados uno del otro, escritos en el siglo XIII, como dice el Rmo. Sarmiento, los cuales son una copia uno de otro, y en cada uno se contienen dichas poes´ıas [los poemas de Gonzalo de Berceo]. El Rmo. Ibarreta, que posee una copia moderna de ellas, se ha servido franque´armela para cotejar algunas que yo ten´ıa, y copiar las que me faltaban (S´anchez, 1780)32.
Uno de estos dos manuscritos de los que habla Tom´as Antonio S´anchez fue re- descubierto a principios del siglo XX, concretamente el manuscrito in folio, m´as
54 Cap´ıtulo 3 Establecimiento del corpus conocido como manuscrito F. Este manuscrito estaba dividido en dos partes y la primera fue descubierta en una librer´ıa de Madrid, r´apidamente adquirida por la Academia de la Lengua en 1925 y posteriormente publicada por Marden, quien se˜nala que
contiene 30 folios en pergamino, de letra de principios del siglo XIV [...] No est´a encuadernado y los folios est´an atados o cosidos firme, pero toscamente, formando un librito (Marden, 1928: 5).
El mismo a˜no de la publicaci´on de los poemas en la Revista de Filolog´ıa Espa˜nola, Marden descubre la segunda parte del manuscrito en Santo Domingo de la Calzada (La Rioja), completando el manuscrito F, que data, aproximadamente, de 1325. Tambi´en del siglo XVIII es la tercera y ´ultima copia, conocida como la copia I, de las obras de Berceo, que se basa a su vez en el manuscrito Q, al que se le perdi´o la pista a principios del siglo XIX, coincidiendo con la desamortizaci´on de Mendiz´abal. Esta compilaci´on es obra de Domingo Ibarreta, que los edit´o entre 1774 y 1779 un poco antes que Tom´as Antonio S´anchez.
Por su parte, el segundo manuscrito, el de la Real Biblioteca de Historia, es un documento del siglo XV que contiene, de forma sumaria, en la l´ınea de las versio- nes previas, la relaci´on de los Signos del Juicio. Las dos primeras partes de este volumen est´an formadas por la Scala Coeli de Jer´onimo (fol. 1r-56v) y una selec- ci´on de cap´ıtulos del Lucidiario (fol. 56v-85r). La tercera parte es un compendio de doctrina cristiana (fol. 85v-167v) que, a su vez, est´a dividido en tres partes: en primer lugar, los mandamientos (fol. 85v-129r); en segundo, un Quicumque vult en espa˜nol (fol. 129r-131r); y en tercer y ´ultimo lugar, un serm´on sobre el adveni- miento del Anticristo (fol. 131v-167v). Como se observa por la foliaci´on, Los signos del juicio es un subapartado de poco m´as de un folio (100r-101r), dentro del texto principal, dedicado a los mandamientos (Ruiz Garc´ıa, 1997: 486).
Fuera ya del ´ambito de los manuscritos medievales, el incunable de Mart´ınez de Ampi´es, de finales del siglo XV, tambi´en trata el tema de los Signos del Juicio Final. Su Libro del jui¸cio postrimero, incluido en El libro del Anticristo. Dado que hemos hablado previamente de este texto, se˜nalaremos aqu´ı el segundo de los textos que lo componen, el Libro del juicio postrimero si quier final, con los quince signos que han de venir ante el d´ıa del juicio. Este segundo libro consta de dos
Cap´ıtulo 3 Establecimiento del corpus 55 partes: la primera y m´as extensa est´a dedicada a los Signos del Juicio, mientras que el final del texto hace referencia al Juicio Final.
En contraste con el resto de documentos que contiene el tema de los Signos del Juicio, el desarrollo de Mart´ınez de Ampi´es introduce dos caracter´ısticas nunca vistas previamente: la amplificatio del tema y el aspecto moralizador. La primera de ellas es que no se limita a enumerar los signos y describirlos brevemente, como han hecho todos los que han escrito sobre el tema, sino que desarrolla cada uno de ellos, separ´andolos tipogr´aficamente; la segunda es que asocia cada uno de los signos a un pecado capital o una conducta licenciosa o reprobable, incidiendo as´ı en el aspecto doctrinal y moralizante del texto, lo que sigue en parte la tendencia instaurada por Gonzalo de Berceo y su poema.
No nos detendremos en la fortuna de las versiones conservadas del libro de Mart´ınez de Ampi´es, y s´olo indicaremos que ´este, en su totalidad, no ha sido nunca editado. El Libro del anticristo, su primera parte, ha sido editado una ´unica vez, en versi´on facs´ımil (Ram´on Alba, 1982) desde 1530, fecha de la ´ultima publicaci´on —hecha en Burgos por Juan de Junta—. Fran¸coise Gilbert escogi´o, en 1999, dos de los textos que forman el incunable para su edici´on, el Libro del Anticristo y la Declaraci´on del Serm´on de Sant Vicente Ferrer (Gilbert, 1999).