2. Análisis exploratorio
2.2 Situación del estado de salud
A nivel general, a medida que aumentan los años de vida se tiende a percibir de peor manera el estado de salud, congruente con el deterioro físico a mayor edad (Salgado-de Snyder y Wong, 2007). Así, se aprecia que 7 de cada 10 individuos entre 18 y 29 años se identifican con un buen estado de salud. En contraste, tan solo 4 de cada 10 personas de 60 años y más tienen una percepción positiva de su salud (Ver gráfico 15).
Gráfico 15. Percepcióndel estado de salud según grupo de edad y quintil, año 2012
Fuente: INEC y MSP, (2012)
Elaboración: Tarina Amaguaña
En función de los ingresos, se observa que a mayor quintil, la percepción de salud mejora. En tal virtud, en la población de menor renta (quintil 1), el 54% de individuos se percibe con un buen estado de salud frente al 76% en el quintil de mayor ingreso (quintil 5), una brecha de 20 puntos (Ver
73% 64% 55% 44% 27% 36% 45% 56% 0% 20% 40% 60% 80% 100%
18 a 29 años 30 a 39 años 40 a 59 años 60 años y más
Grupos de edad Bueno 54% 55% 59% 65% 76% 46% 45% 41% 35% 24%
Quintil 1 Quintil 2 Quintil 3 Quintil 4 Quintil 5
Quintil de ingreso
80 gráfico 15). Estos elementos manifiestan la mayor vulnerabilidad de los grupos menos favorecidos económicamente y denota la estrecha relación entre los ingresos y la percepción de salud de la población (Tovar, 2005).
Asimismo, los datos (INEC y MSP, 2012) revelan que la población soltera percibe una participación mayor del buen estado de salud (70%) respecto a los casados (60%), divorciados (57%) y los viudos (46%); congruente con la mayor adquisición de responsabilidades y preocupaciones al contraer algún tipo de compromiso que pueden desfavorecer la percepción que se tiene del capital de salud (Jewell, Rossi y Triunfo, 2006).
En cuanto a las diferencias que se derivan del sexo, el hombre tiende a percibir una mejor salud en comparación con la mujer. En congruencia, cerca del 66% de la población masculina está satisfecha con su estado de salud frente al 60% en el caso de la mujer (Ver gráfico 16). Si bien la brecha no es sustancial, las diferencias entre estos dos actores se agudizan según la etnia. Así, según información de la Ensanut (INEC y MSP, 2012), en los grupos indígenas esta diferencia en la percepción positiva de salud llega al 10%, exponiendo que el 60% de las mujeres indígenas consideran tener un buen estado de salud frente al 70% en el caso de su par varón. De igual forma, para el grupo afro ecuatoriano, la mujer percibe un buen estado de salud en el 50% de los casos, 10 puntos inferior a lo registrado por su contraparte (INEC y MSP, 2012).
Gráfico 16. Percepción del estado de salud según sexo, año 2012
Fuente: INEC y MSP, (2012)
Elaboración: Tarina Amaguaña
De otra parte y congruente con lo expuesto anteriormente; se tiene que la presencia de enfermedad tiende a incrementarse en los grupos más adultos y a reducirse en los quintiles de mayor riqueza. En tal virtud, cerca del 35% de la población entre 18 y 29 años reporta algún tipo de enfermedad (INEC y MSP, 2012). El comportamiento es creciente y en el grupo más longevo (60 años y más) 6 de cada 10
66% 59% 34% 41% 0% 20% 40% 60% 80% 100% Hombre Mujer Bueno Malo
81 individuos reportan algún tipo de enfermedad. En cuanto a los ingresos, se revela que el 45% de la población del quintil 1 reporta alguna clase de padecimiento frente al 38% en el caso del quintil más favorecido (INEC y MSP, 2012).
Respecto a la desagregación según sexo, se tiene que la mujer manifiesta algún mal en un 47% de los casos, 9 puntos por encima de lo registrado para el hombre (38%). Según investigaciones en diferentes países (Palència, Malmusi, De Moortel, Artazcoz, Backhans, Vanroelen, Borrell, 2014), esta mayor presencia de enfermedad y peor percepción de la salud de la mujer se da un contexto, que paradójicamente exhibe una esperanza de vida mayor para la población femenina (OPS, 2011), como se profundizó en el capítulo anterior. Sin embargo, estas tendencias sugieren que a pesar de que la mujer tiende a vivir más, no necesariamente vive mejor. La pregunta en este sentido, es ¿por qué suscitan estas diferencias? De acuerdo al Proyecto Europeo SOPHIE (2014), organismo que busca evaluar los impactos de las políticas estructurales (sociales y económicas) en las desigualdades sociales en salud, estas brechas entre hombres y mujeres suscitan en mayor medida en países con políticas familiares tradicionales. En contraste, estas desigualdades no se observa en lugares que i pulsa est ategias pa a p o o e la a o pa ti ipa ió de la uje e el e ado la o al (formal) y una redistribución equitativa en el cuidado fa ilia P o e to Eu opeo “ophie, : . Estos elementos permiten identificar los posibles retos que aún le quedan por enfrentar al país respecto a la equidad de género en salud.
Por otro lado, se tiene que la presencia de enfermedad exhibe una participación cada vez menor a medida que el nivel de instrucción es más alto, fenómeno que suscita en ambos actores (hombre y mujer) (INEC y MSP, 2012). Así, el grupo de mujeres más vulnerable es aquel que no tiene ningún nivel de educación (que incluye la primaria incompleta), segmento en el cual más del 50% reporta algún tipo de padecimiento. Esta cifra tiende a la baja conforme avanzan los años de escolaridad, y en el nivel más alto de instrucción (tercer nivel o posgrado) la presencia de enfermedad se reduce al 44% de los casos (Ver gráfico 17).
Gráfico 17. Presencia de enfermedad según sexo y nivel de instrucción, año 2012
Fuente: INEC y MSP, (2012)
Elaboración: Tarina Amaguaña
47% 39% 38% 36% 54% 48% 42% 44% 0% 10% 20% 30% 40% 50% 60% Ninguna y Primaria Incompleta
Primaria Completa Secundaria Completa Superior o posgrado
82 Las estadísticas expuestas sugieren que la mayor escolaridad se relaciona con la disminución de enfermedad en la mujer (INEC y MSP, 2012). Si bien los ingresos no necesariamente mejoran a mayores niveles de instrucción para este grupo (Carrillo, 2013); este escenario se puede explicar a través del efecto directo que tiene la mayor educación en la disponibilidad de más información y con ello la posibilidad de concientizar acerca de varios aspectos de la vida, entre ellos, cuidar la salud (Gerdtham y Johannesson, 2004; Mejía, Sánchez y Tamayo, 2007). Por su lado, el varón registra el mismo comportamiento decreciente de enfermedad a mayor escolaridad. Sin embargo, en todos los niveles de instrucción muestra menor presencia de padecimientos respecto a la mujer con los mismos niveles de educación (INEC y MSP, 2012), cuadro que evidencia, como ya se ha mencionado, la mayor vulnerabilidad de la población femenina.
Finalmente, respecto a los padecimientos que enfrentan hombres y mujeres, se aprecia que en ambos actores los problemas respiratorios51 son la principal causa de enfermedad. No obstante, su participación tiende a disminuir conforma avanza la edad, dando paso a la aparición de enfermedades crónicas52 que en la mujer presenta una participación del 24% de la población mayor a 60 años. Esta cifra es más alta que el hombre del mismo rango de edad, para quien las enfermedades crónicas se presentan en un 15% de los casos (Ver tabla 11). De igual forma, los padecimientos cardiovasculares53 y problemas óseos54 aparecen comúnmente en los rangos más adultos, y son más frecuentes en la población femenina (Ver tabla 11).
Tabla 11. Padecimiento reportado según sexo y grupo de edad, año 2012
Padecimiento Mujer Hombre 18 a 29 30 a 39 40 a 59 60 y más 18 a 29 30 a 39 40 a 59 60 y más Respiratorio 46% 40% 29% 24% 58% 47% 38% 26% Cardiovascular 2% 2% 5% 7% 2% 2% 4% 8% Digestivo o vómito 12% 10% 13% 8% 14% 18% 14% 11% Neuromuscular 5% 7% 8% 7% 5% 7% 8% 8% Problemas óseos 2% 4% 9% 15% 3% 5% 8% 11% Fracturas, heridas 1% 1% 1% 2% 3% 2% 2% 2% Enfermedades crónicas 1% 3% 10% 24% 1% 3% 8% 15% Propias de su sexo 17% 15% 11% 2% 1% 2% 3% 4% Otros 13% 16% 14% 12% 14% 14% 15% 15% Total 100% 100% 100% 100% 100% 100% 100% 100% Fuente: INEC y MSP, (2012)
Elaboración: Tarina Amaguaña 51
Tales como: gripe común, sinusitis, rinosinusitis, faringitis/adenitis, laringitis y neumonía. 52
Entre las que se encuentran: Hipertensión arterial, diabetes, obesidad, cáncer y artritis. 53
Como por ejemplo: Infartos, derrames, insuficiencia cardiaca, soplos al corazón y enfermedades cerebro vasculares. 54 Tales como: artrosis y osteoporosis
83 En cuanto a las enfermedades derivadas de las singularidades del sexo, se tiene que la mujer padece de ellas en mayor medida que su par varón, para quien este tipo de anomalías representa en promedio el 2% de los padecimientos. En contraste, para la mujer estas enfermedades representan en promedio el 12%, siendo más evidentes en los grupos más jóvenes.