3. MARCO TEÓRICO
3.2. Marco conceptual: Delimitando las discusiones constitutivas del campo 1 Relación Comunicación Educación
3.2.1.5. Sociedad y medios de comunicación convergiendo en la era digital Es importante destacar que todos estos nuevos procesos, sin lugar a duda están
relacionados con la economía global que para Castells (1997) es esa nueva capacidad institucional, organizativa y social en donde las empresas relacionadas con las
telecomunicaciones, internet y software son las de mayor preponderancia. Es una economía que incluye y excluye a partir de acciones sociales, económicas y de conocimiento. Respecto a lo anterior, es pertinente mencionar que el capital cognitivo, es decir, la forma cómo el conocimiento adquiere valor de cambio, tiene un rol sumamente importante en los esquemas que condicionan el orden social y las políticas públicas que lo orientan, particularmente en lo que tiene que ver con los procesos regulados de comunicación mediada masiva y
de los contenidos escolares y sus formas instrumentales que los hacen medibles: las competencias.
Desde la perspectiva de Zukerfeld (2008), el capitalismo cognitivo, al lado de la Sociedad del Conocimiento, se encuentra en una pugna bastante fuerte, no sólo por la formulación de sus campos semánticos (medios de comunicación, políticas públicas, economía y organismos internacionales), sino por cómo desde estos lograr desnaturalizar el hecho de que dicha sociedad no está exenta de unas luchas de poder, estructuradas desde unas ideologías políticas y que, por tanto aún no se ha logrado constituir democráticamente, es decir, que no es
inclusiva y que no rompe del todo la linealidad vertical de la comunicación vista en su perspectiva más tradicional.
Castells (2000) propone la estructura de la sociedad como una red en donde la
comunicación y las relaciones son fundamentales. Para entender esto las relaciona con lo que internet hace para la época en diferentes ámbitos: en la economía, orientado a los procesos empresariales que están adelantando software, programación, pero además las que se
relacionan con sus empleados, proveedores y clientes por este espacio; en la sociabilidad, de allí se desprenden las temáticas de las relaciones online, sociedades virtuales e incluso de movilización social; la actividad política, en donde se mueven varias opiniones y el tema publicitario es bastante fuerte como para generar discusiones en red; la privacidad individual y organizacional, la cual se ve afectada en el momento en que la información tiene un valor económico y estos datos son vendidos a empresas dedicadas a la publicidad, lo cual refleja disposiciones políticas y económicas en el manejo y circulación de contenidos por diferentes personas y colectividades; y por último un escenario de interacción social, donde los medios cambian sus dinámicas de producción y distribución de tales contenidos.
Todo lo anterior configura unas transformaciones del entorno de acuerdo al procesamiento y publicación de la información en tiempo real y lo que podríamos denominar, siguiendo la propuesta de Jenkins (2006), como convergencia de medios, entendida por el autor como la migración de los medios como los conocíamos (televisión, radio, prensa, etc.), tecnología, industria, cultura y sociedad a otros espacios, en este caso virtuales. En este último aspecto, cabe resaltar cómo la migración de plataformas trae consigo cambios no sólo técnicos sino transformaciones sistémicas, sobre todo en lo relacionado con el lenguaje, en las nuevas configuraciones de producción de sentido y en las nuevas dinámicas de interacción que esto supone, lo que deviene en diversas formas de construcción de la propia subjetividad, y en los desarrollos sociales.
Los medios son instrumentos de los que la sociedad en su conjunto dispone para crear o recrear realidades o mundos posibles, formas de pensar distintas, así como mitigar u homogeneizar el pensamiento, de ahí que, al ser estos elementos de transformación e información, sus usos y concepciones no puedan ser enmarcados en un lugar distinto que el de la colectividad. Son los medios entonces, vistos desde esta discusión, más que invenciones técnicas, objetivaciones del propio devenir cultural de las sociedades.
3.2.1.6. Cibercultura
En relación con los medios, lo humano, su empleo y las nuevas formas de entender la innovación, Lévy (1997) ofrece una alternativa epistemológica basada en dos fundamentos: el ciberespacio y la cibercultura, dos ideas que dan a su vez origen a lo que conocemos hoy como la cultura de la sociedad digital.
Para entender más ampliamente los conceptos anteriores, Lévy (1997) presenta la
cibercultura como el “conjunto de técnicas (materiales e intelectuales), de las prácticas, de las
el crecimiento del ciberespacio” (p.1). De esta manera, la cibercultura se encuadra en todas
las prácticas tanto humanas como de conocimiento que las sociedades de hoy originan, gracias al tipo de interacción digital que suscita el ciberespacio, este último descifrado como un nuevo medio de comunicación formado gracias a la interactividad, los ordenadores y la interconexión que permite la internet. Así pues, la reunión de la cibercultura y el ciberespacio brindan a la sociedad la capacidad de generar nuevas interacciones sociales a partir de las posibilidades que las TIC4, concebidas como elementos que posibilitan la inmediatez y oportunidades de desarrollo, ofrecen a los individuos para su crecimiento personal y profesional.
Los espacios de comunicación y estas relaciones que ahora convergen en lo digital bajo la concepción de cibercultura, son un desplazamiento de diferentes prácticas, lo que en palabras de Lévy (1997) es descrito como “un universo sin totalidad donde todos los saberes tienen cabida [...] elemento esencial a la cibercultura” (P. 1). La descripción que el autor hace acerca
de la red permite el inicio a una era en la que el conocimiento se encuentra descentralizado, hecho que da lugar a evaluar el rol totalitario en materia de educación y de acceso al
conocimiento que se le había otorgado a la escuela y al libro hasta entonces. De ahí la necesidad de reflexionar sobre las prácticas de los sujetos con relación a las tecnologías, al trabajo en conjunto y a la variedad de actividades que se pueden desarrollar en el
ciberespacio.
Por otra parte, Rueda (2008) plantea la cibercultura como un campo de estudio, desde el cual se pueden leer las transformaciones sociales relacionadas con la introducción a la vida de
4Concepto que hace referencia las Tecnologías de la información y la comunicación en los años 90 por la
las tecnologías digitales en las sociedades contemporáneas y especialmente en América Latina en un ejercicio del poder, en la acción colectiva y en la experiencia estética, en donde se pueden evidenciar nuevas formas de relación en el contexto de un capital que está
enfocado a la producción y difusión del conocimiento.
De estas nuevas relaciones, la inteligencia colectiva como término ideado por Lévy (1997) es entendida como la multiplicidad de acciones que los diferentes individuos son capaces de hacer con la información, los medios y el internet en aras de construir, crear, compartir, proponer e innovar. Este término posee un agregado potencial, el cual se establece como la capacidad de poder colaborar en proyectos conjuntos o individuales gracias
únicamente a la conexión que brinda la internet, así como a la necesidad e interés por nuevas formas de conocer el mundo. La inteligencia colectiva a su vez les permite a los sujetos poner a disposición su saber particular en aras de transformar su entorno, idear nuevas formas de desarrollo, descentralizar y democratizar el conocimiento, acciones que como lo propone el mismo autor deben propender por el bien de la humanidad.
En la escuela como institución donde la comunicación toma su forma y se desarrolla más ampliamente actúan distintos elementos cuyo componente común es la era de la información; estos elementos son descritos según Mead (1971) desde los cambios generacionales como tres tipos de cultura: la cultura postfigurativa, cultura cofigurativa y cultura prefigurativa. La primera establece que los menores aprenden su saber principalmente de sus mayores; la segunda se caracteriza por concebir a la sociedad contemporánea como guía experiencial por encima de los mayores, mientras que la última comprende a los pares como modelo que reemplaza a los padres, hechos que en su totalidad forjan en sí una brecha generacional en cuanto a maneras de acercarse al conocimiento y formas de aprender.
Con respecto a la brecha generacional que separa a los sujetos en sus formas de hacer y aprender, Prensky (2001) describe dos tipos de individuos cuyas características varían
ampliamente con respecto a sus acercamientos y prácticas en lo que a lo digital se refiere: los nativos digitales y los inmigrantes digitales. Los primeros según el autor se caracterizan por aprender de forma diferente a la tradicional, procesar diferentes tipos de información, realizar distintas tareas, moverse en el ciberespacio y sus componentes de formas autónomas y
sencillas haciendo uso en su mayoría de hipertextos5, además de trabajar en línea con otros colaboradores, todo esto según el autor, desde el inicio de su vida. Los inmigrantes digitales por otro lado, en su mayoría son percibidos como individuos de mayor edad, conectados aún al pasado y a sus hábitos tradicionales de enseñanza- aprendizaje, son sujetos que realizan una tarea a la vez, su acercamiento a lo digital se media por la práctica constatada con la teoría y no conciben los procesos escolares como dinámicos y lúdicos.
En cuanto a los sujetos que hacen parte de los procesos que se enmarcan dentro del campo Comunicación - Educación y que a su vez hacen parte de los anteriores tipos de cultura, según Piscitelli (2006) los nativos e inmigrantes digitales son los individuos quienes fluctúan en una gran brecha generacional y cognitiva. El autor menciona tales brechas desde la
preocupación de los adultos y docentes en aras de comprender a los jóvenes y sus dinámicas, dejando de lado el objetivo de la enseñanza de contenidos, de tal forma que se buscan ya no respuestas al qué enseñarles en términos de contenidos sino a un cómo estos llegan al
aprendizaje o a la apropiación de estos además de las formas de divisar el mundo, los valores y los conceptos que le rigen. Así pues, se evidencia claramente una gran distancia
generacional, de enseñanza y de aprendizaje.
5Término acuñado por vez primera en 1965 el cual, según Theodore Nelson, hace referencia a un sistema en el
Pese a la descripción de los nativos e inmigrantes digitales que provee Prensky (2001), en el espacio latinoamericano algunas voces inmersas en el campo Comunicación - Educación continúan con la discusión acerca de estas definiciones problematizando cómo no todos los jóvenes y niños de las actuales sociedades cumplen tales características, tal es el caso de Ramírez-Cabanzo (2012) quien de forma muy clara enuncia cómo los llamados nativos digitales no constituyen una generación renovada que trae consigo el manejo, conocimiento y adiestramiento innato de las tecnologías de la información y la comunicación ni tampoco la destreza que todos los elementos electrónicos requieren. Por el contrario, la autora refiere que el término no cobija del todo los contextos de precariedad en los que los sujetos de hoy deben
vivir y aprender a ser e interactuar, por lo tanto, “no es cierto que todos los niños, niñas y jóvenes de hoy hayan nacido con las tecnologías bajo el brazo, y por el otro, que no todos
conforman una subjetividad mediática de la misma manera” (p. 49).
No es posible desconocer que, según lo anterior, existen procesos escolares en los que los jóvenes y sus necesidades educativas, sociales y profesionales no han sido satisfechas de manera acorde durante su paso por la academia gracias no sólo a los adultos sino también a factores de desigualdad social, injusticia, falta de inversión, conciencia social y legislación. Sin embargo y pese a tales dificultades varios estudios han retomado estos debates
empezando así a problematizar más el campo de la educación y algunos autores como
Martín-Barbero (1987) quien explica cómo los destiempos en la educación en América Latina han fraguado una gran brecha tecnológica y de desarrollo en términos académicos y
científicos al tiempo que nos habla de la deslocalización de saberes encontrados en lugares tan impensables como los barrios, las esquinas y la ciudad.
Las necesidades antes enunciadas encuentran su base en algunas actitudes propias de la escuela identificadas por Martín-Barbero (1997) hablamos de la negación, a nuevos
dispositivos de acceso a la información, la satanización de los mismos como culpables del alejamiento del libro, la falta de educación en la transformación de modos de lectura entre otros. Tales prácticas y concepciones erradas han hecho que los medios, la tecnología y la misma escuela entren en un conflicto que pasa por encima del bienestar que los medios podrían brindarles a los individuos para su crecimiento intelectual.