1. Zacatecas y su región minera
1.3 Sociedad y vida cotidiana
La demografía de los reales de minas era dinámica, muchas personas migraban de un sitio a otro en busca de trabajo o realizar intercambios comerciales. Aunque el número de habitantes estaba determinado en gran medida por los auges y crisis en la producción de minerales. La riqueza y la producción propiciaban una inmigración muy heterogénea; llegaban españoles, mestizos, mulatos, negros e indios: “en primer lugar tarascos de Michoacán, mexicas, tlaxcaltecas y otomíes del centro de la Nueva España, tecuexes de Tonalá y otros indios del Occidente”,72 así como peninsulares de varias regiones de España, sobre todo vascos,
andaluces, extremeños y asturianos. Formando así una sociedad más diversa de la que existía en otros centros mineros localizados al sur, en donde predominaban los indígenas nativos o de pueblos aledaños; en cambio, en los sitios norteños donde habitaban pocos indios de los cuales solamente algunos se habían insertado en la sociedad española, era necesario atraer mano de obra de otras partes del virreinato.
71 Miranda Ojeda, “Geodemografía inquisitorial…”, consultado el 27 de octubre de 2014). 72 Hillerkuss, “Élite y sociedad en la segunda mitad del siglo XVI…”, p. 389.
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Parece ser que durante el siglo XVI la mano de obra indígena forzada (chichimecas esclavos) también se empleó en estos lugares, sin embargo, los centros mineros del norte se caracterizaron más bien por contar con mano de obra por medio de la paga de un salario; usar indios chichimecas libres se tornaba casi imposible debido a la renuencia de los nativos a adaptarse al nuevo modelo de sociedad que se pretendía imponer, incluso en el caso de ser aprehendidos, éstos buscaban casi siempre la forma de escapar, huyendo así a la dinámica social impuesta en la que serían de los menos favorecidos. Más bien se planeaba brindar comodidad sobre todo a las familias españolas; por tal motivo, estos indios insurrectos no pudieron ser persuadidos ni por los propios indios “domesticados” o culturizados que venían del centro del virreinato.73
Debemos tener en cuenta que las condiciones de movilidad no eran muy óptimas, siempre se tuvo el problema de que los caminos eran precarios, sobre todo en un inicio cuando se descubrieron las minas y estos apenas se estaban construyendo (eso fue un problema que se extendió incluso hasta finales de la colonia); por otro lado estaban los indios chichimecas y los saltacaminos; además del costo que representaba hacer un viaje tan largo, limitaban a que cualquier individuo se trasladara libremente y sobre todo las familias, mayormente si eran de escasos recursos. Pese a esto la migración se daba, sobre todo al surgir estos nuevos centros en donde las ricas minas ofrecían la oportunidad de un trabajo bien remunerado.
Lo que aquí se denomina como “población flotante” se refiere de manera general a este tipo de personas, sobre todo hombres, que iban de un lugar a otro en busca de empleo, mayormente eran barreteros, sin embargo, la riqueza y la necesidad de hacer crecer el intercambio de bienes y comercio abrían camino a otros sectores productivos, por tal motivo:
También arribaron personajes que querían desempeñar un oficio, como albañiles, carpinteros, herreros, zapateros, sastres, gorreros, toneleros, plateros, panaderos, cocineros y hortelanos. Siempre estaban presentes arrieros, carreteros, tendederos, cantineros, chocolateras, personal doméstico y, seguramente, había parteras, curanderos/-as, sacamuelas y gente con conocimientos más formales para curar a humanos y animales. También se hallaban los del mal vivir, los vagos, saltadores de caminos, aquellos que se ganaban su sustento con juegos de azar prohibidos, mujeres que ofrecían sus servicios, etc. Dependiendo de la importancia del real se asentaban entre uno y varios escribanos examinados y algunos escribientes, la Corona enviaba a alcaldes mayores o corregidores.74
73 Flores Olague, et al., Breve Historia de…, p. 67.
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Fue así como pronto se convirtieron estos lugares en espacios donde se podía encontrar casi todo lo que se necesitara, y lo que no existía se importaba en gran parte porque había recursos para hacerlo. A pesar de que la razón del establecimiento de estos reales mineros era la extracción de mineral, no todo era la minería, a la par se fueron formando las estructuras sociales y económicas que permitieron el establecimiento en algunos casos definitivo, de ciudades, villas y pueblos. “Por ende, todos estos reales eran microcosmos sociales cuya estabilidad dependía de la calidad de las vetas, del tiempo que éstas eran explotables y del momento en que se inundaban los tiros y galerías.”75
Zacatecas y su región minera aledaña, de donde también tenemos casos, estaba pues determinada por un modo de vida que giraba alrededor de la minería. Pronto se hizo un centro de intensa actividad económica y, además, “Zacatecas llegó a convertirse en el núcleo poblacional más importante de la Nueva Galicia durante buena parte del siglo XVI; su vertiginoso desarrollo económico y su activa oligarquía minera generaron una dinámica, muchas veces conflictiva, a la que el poder real intentó siempre someter y ordenar”,76 aunque como sabemos, el orden y la ortodoxia fue algo difícil de imponer.
El real de mina era un espacio de interacción preponderante en esta región de estudio, sin embargo, existían otros centros (como los núcleos poblacionales: villas, haciendas de beneficio, pueblos de indios, estancias ganaderas, ranchos, entre otros), que aunque consideramos estaban hasta cierto punto influenciados por el estilo de vida de la mina, tenían otras dinámicas sociales y de convivencia, y se hubiera tenido mayor control de algunas actitudes como la embriaguez, los escándalos, entre otras conductas derivadas de ese ambiente de laxitud, al menos en el caso de las villas en donde se encontraba ya alguna representación de las autoridades civiles y religiosas o, como en las y de las nacientes grandes haciendas, un poderoso y a veces estricto dueño.
Fue así que la vida en las estancias, haciendas y ranchos que se formaban en la región, parece no haber sido tan mala, la esclavitud en estos sitios no era un fenómeno extendido, al menos hablando del caso de los indígenas, pues sí había esclavos negros. Y los peligros que
75 Ibidem.
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implicaba su trabajo eran menos que el de los operadores de minas; la esperanza de vida de éstos últimos era muy baja a causa de enfermedades provocadas por los polvos y gases inhalados y el riesgo inherente de estar en los túneles o en las haciendas de beneficio, además de que las personas que vivían en las haciendas de campo tenían también garantizado su alimento. Para mantener en pie una empresa de este tipo y de tamaño de un latifundio, con el tiempo era necesario emplear gran cantidad de personas.
[…] estos militares-terratenientes instalaron verdaderos señoríos. […] Seguramente fueron los primeros en todo el virreinato que levantaron en sus propiedades edificaciones que tenían el aspecto de haciendas de campo clásicas: una casa bastante grande para vivir […], trojes para guardar enseres de trabajo, armas, pólvora, mercancía muy variada, pieles, cebo y la cosecha de sus tierras de siembra y de sus extensos huertos donde tenían árboles frutales y manejaban gran variedad de verduras; caballerizas techadas y abiertas para los numerosos animales de su propio uso y aquel de sus vaqueros; establos para el ganado; viviendas para sus peones, vaqueros, oficiales de los más variados oficios y al menos una casa para el personal administrativo. Tampoco podían faltar un templo, norias, pozos, aljibes, estanques de agua para el ganado y tal vez una acequia que conectaba con un río, arroyo u ojo de agua perenne.77
Con ello se establecía la infraestructura necesaria para llevar a cabo las labores propias de una hacienda de campo, con todos los servicios, desde los básicos como disponer de agua y producir víveres para todos los que ahí radicaban, hasta lo que sobraba para el comercio; por otro lado, la casa del dueño que contaba con todo lo indispensable para que él y su familia vivieran cómodamente. No obstante, para lograr que estos lugares fueran una especie de oasis, era necesario tomar las medidas pertinentes para asegurarlos:
Todas estas construcciones tenían un carácter defensivo, con muros tan altos que los chichimecas no los podían escalar. Seguramente había alguna torre de vigilancia. Si existían ventanas, con preferencia éstas daban hacia un patio interior, eran pequeñas y estaban protegidas con rejas. Las puertas y portones las hicieron con madera gruesa y fueron reforzadas con herrería. Un casco construido y estructurado de esta manera, con líneas de defensa escaladas, a cualquier atacante tenía que parecerle inaccesible. Lo más protegido en esta estructura arquitectónica militar eran los dormitorios del amo mismo y de sus hijas.78
Durante las primeras décadas de asentamiento en el norte de la Nueva Galicia, el temor ante los ataques chichimecas era una constante, pues los indios que en un inicio se mantuvieron al margen ante la llegada de los nuevos habitantes, con una mirada curiosa y observando los
77 Hillerkuss, “Élite y sociedad en la segunda mitad del siglo XVI…”, p. 401. 78 Ibid., pp. 401-402.
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pasos de los españoles, pronto se volvieron un peligro. Una vez que éstos últimos se establecieron, los nativos actuaron para tratar de desalojar a los recién llegados y quitarles sus víveres, bienes e incluso sus vidas.79 Ante tal problema nos encontramos con que los
“militares-terratenientes”, al tener la formación y experiencia necesaria y al querer proteger tanto sus propiedades como a su gente, llevaban a cabo grandes empresas de construcción en sus lugares de residencia, con muros altos y gruesos, convirtiendo a sus haciendas en auténticos fuertes donde su gente y aquella de los ranchos y pequeños reales vecinos podían estar seguras y en los que se tenía garantizado el pan de cada día. Muchas de estas edificaciones no resistieron el paso del tiempo, sin embargo, existen aún algunas que nos muestran vestigios de su esplendor.80
A manera de comentarios finales podemos afirmar que: la cantidad de habitantes variaba dependiendo de los auges mineros. La población era ecléctica y a muy tempranas fechas se dio el mestizaje, pero no tanto como en el centro y sur del virreinato. El problema de los indios insurrectos durante los primeros años de la colonia en el norte novohispano provocó estragos en varios asentamientos y, aunado a otros inconvenientes, condicionaron la dinámica de la vida cotidiana. El trabajo indígena (sobre todo de los indios culturizados) fue en su mayoría asalariado. Con respecto a los servicios y bienes: pronto se diversificaron los oficios y las ocupaciones, lo cual significó que estos asentamientos contaran con mayor número de servicios, brindando así cierto grado de comodidad y no tener que salir lejos a buscar a quien les hiciera cierto trabajo o comprar algún producto, aunque por supuesto se tenía que importar muchas cosas y los precios eran sumamente elevados. El comercio se daba de manera tal que, a pesar de la precariedad de los caminos y las limitaciones en la comunicación, el abastecimiento casi siempre era suficiente.