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En este apartado ilustraremos la segunda dimensión de la utilización sistemática de la literatura por parte de la sociología definida en la parte inicial de este trabajo. Aquí, tanto la sociología como la literatura son asumidas como dos dominios de conocimiento social válidos y legítimos per se que compiten con estrategias distintas aunque convergentes en la interpretación de la sociedad.

Para ello, analizaremos la aportación teórica de J. M. González García, autor que señala que tal competencia, más que antagónica, permite entrever afinidades, puntos de contacto o paralelismos entre ambas disciplinas en la producción de ciertas metáforas acerca de la realidad social. Estas afinidades o elementos comunes se centran en la elaboración de ciertos temas sociales, por lo que la orientación que guía el análisis del autor se desmarca de visiones más ortodoxas de la sociología de la literatura cuyo enfoque prioriza las relaciones recíprocas existentes entre la sociedad y la literatura, para reclamar una nueva forma de leer la literatura y la sociología en la que se reconozca "tanto el valor de testimonio de una época que nos puede ofrecer la literatura, como el valor que cierta sociología puede tener como obra de arte, como género literario, como literatura114". Las hipótesis investigadas por el autor le conducen a perfilar dentro de las relaciones sostenidas entre una y otra tres tipos de afinidades electivas - descubrimientos independientes, influencia de la sociología en la literatura e influencia de la literatura en la sociología -, inscribiéndose estas dos últimas en una estética de la recepción centrada en cómo un lector específico (sociólogo o escritor) lee explícita o implícitamente a otro (sociólogo o escritor), cómo lo interpreta y cómo se inspira en sus enseñanzas para construir su propia teoría. La idea central en este tipo de abordaje es, pues, el entendimiento del sentido que el receptor-lector atribuye a una obra concreta y cómo esa lectura influye en la formación de su conciencia individual y en la orientación de su perspectiva científica o literaria.

Pero si otras propuestas en el ámbito de la estética de la recepción suelen adoptar un punto de partida privilegiado desde un dominio científico concreto - la

114 González García, J. M., La máquina burocrática (Afinidades electivas entre Max Weber y Kafka),

Madrid, Visor, 1989, 13-14. Una recesión crítica de este texto nos es ofrecida por J. E. Rodríguez Ibáñez en el apartado “Crítica de Libros”, Revista Española de Investigaciones Sociológicas, op. cit., 1990.

sociología115 -, la propuesta esbozada por González García abre la posibilidad de que literatura y sociología sean situadas en un plano horizontal de conocimiento, en el que mediante un análisis de sus relaciones epistemológicas mutuas (o, como las designa el autor, afinidades electivas) se emprenda una evaluación de las interpretaciones sociológicas y literarias como dos registros legítimos y autónomos de conocimiento social. Esto significa pues, que el camino, dentro de la estética de la recepción, seguido por el autor, abre espacio no sólo al análisis sobre los efectos de la lectura de ciertas obras sociológicas en la escritura literaria sino también al modo en el que la lectura de ciertas producciones literarias han influido y determinado la construcción de ideas y teorías sociológicas. El análisis de estas relaciones mutuas - sociólogos que influencian a escritores y escritores que influencian a sociólogos - es desarrollado por el autor dentro de un contexto cultural decimonónico en el que, como ya hemos visto con W. Lepenies116, las fronteras entre uno y otro tipo de conocimiento se encontraban aún epistemológicamente difuminadas, y en el que el proceso de especialización e institucionalización de la sociología como ciencia era todavía incipiente. No sorprende pues que en este entramado de relaciones mutuas de la sociología a la literatura y de la literatura a la sociología, se sumaran entre ambas ciertos descubrimientos independientes sobre temas sociales y visiones del mundo; esta coincidencia temática refuerza la idea de la existencia histórica de un contexto cultural compartido, cuya herencia se refleja tanto en producciones literarias como sociológicas. Ubicando, así, frente a frente el conjunto de aportaciones nacidas en el seno de la sociología y de la literatura, González García trata, en primer lugar, de rastrear la presencia independiente de teorías comunes, para posteriormente adentrarse en los terrenos de una estética de la recepción que dé cuenta del modo según el cual ciertos lectores - sociólogos o escritores - se han analizado e interpretado mutuamente.

115 Dentro de la tradición de estudios sociológicos que se centran en la relación entre literatura y lector, y

de los cuáles la vía abierta por R. Escarpit tan sólo ayudó a enmarcar los hábitos y gustos del público, se destaca el trabajo de Pierre Józsa y Jacques Leenhardt Lire la lecture, resultado de una encuesta entre grupos de lectores de edad semejante, en el que los autores han concluido la existencia de distintas maneras de interpretar la misma obra. Ya en un dominio de la estética de la recepción más próximo a la filosofía que a la sociología, resalta la propuesta de Hans Robert Jauss, autor que defiende que la obra literaria no posee una única interpretación sino infinitas por parte de diferentes lectores, y que esa misma interpretación diverge, además, en función del periodo histórico en que es valorada. Véase Leenhardt, J. y Józsa, P., Lire la lecture. Essai de sociologie de la lecture, París, Le Sycomore, 1983; y Jauss, H. R.,

Experiencia estética y hermenéutica literaria. Ensayos en el campo de la experiencia estética, Madrid,

Taurus, 1986.

2.5.1 - Las afinidades electivas entre sociología y literatura

"Imagínese una A íntimamente unida a B, de la que no es posible separarla por medio alguno, ni aun por la fuerza; imagínese igualmente una C que se comportase de idéntica

manera con una D; ponga usted ahora las dos parejas en contacto: A se lanzará sobre D y C sobre B, sin que pueda decirse quién abandonó primero al otro, ni quién fue el primero en

unirse nuevamente al otro”. J. W. von Goethe, Las afinidades electivas

Desde hace poco más de una década, José María González García, tras la huella dejada por Wolf Lepenies en su obra Las tres culturas117, viene adoptando una sugerente postura teórica en el acercamiento a la relación existente entre sociología, literatura y filosofía. Este autor se preocupa por reflexionar críticamente en torno a las influencias mutuas existentes entre sociología y literatura, bien sea desde la sociología a la literatura, bien desde la literatura a la sociología, argumentando que este doble movimiento está basado en la apropiación de ciertas metáforas comunes tanto en una disciplina como en otra118.

El análisis de las metáforas en el pensamiento de González García es central para postular lazos de afinidad entre uno y otro dominio de conocimiento. El autor es rotundo a la hora de aclarar que no sólo utilizamos metáforas para hablar, sino también para pensar y actuar; lenguaje, pensamiento y acción son así conformados por una estructura metafórica constitutiva, que va en contra de la idea de que su utilización se restringe meramente a componentes retóricos o estilísticos del propio discurso. Estas metáforas constitutivas pueden ser, según el autor, tanto explicativas en el caso de servir para ejemplificar o maleabilizar ciertos componentes pertenecientes al lenguaje, como estructurales en el caso de ocupar una posición central en el texto que dirija todo el contenido del discurso. Llevando la metáfora al terreno de las ciencias sociales, defiende que "muchos enfoques científicos toman su punto de partida en una metáfora, la unilateralizan y la llevan hasta el final, extrayendo de ella todo un potencial

117 Lepenies, W., op. cit., 1994.

118 Aunque adoptando un punto de vista estético, también Richard Brown analiza en algunas obras

sociológicas el valor heurístico de las metáforas y de la ironía en el discurso sociológico. Véase Brown, R., Clefs pour une poétique de la sociologie, Arles, Actes Sud, 1989.

explicativo de la realidad social"119. El análisis de la existencia de metáforas comunes a la literatura y a la sociología presupone un alejamiento respecto a la sociología de la literatura tradicional, para evaluar cómo una y otra se interrelacionan e influyen. Para ello, el autor se apropia del término weberiano de afinidades electivas120 – concepto explicativo de las relaciones entre el pensamiento y la realidad social - para acometer transversalmente el análisis de la relación entre tres culturas distintas: la sociológica, la literaria y la filosófica. Este punto de partida conduce al autor a identificar en las relaciones mantenidas entre sociología y literatura tres tipos de afinidades electivas concretas: 1) tanto una como otra pueden producir descubrimientos independientes toda vez analicen el mismo tema ignorando las producciones ajenas; 2) las teorías sociológicas pueden tener una influencia explícita o implícita en la realización de ciertas obras literarias - influencia de la sociología en la literatura, y 3) la propia obra u obras de un escritor concreto pueden ejercer una influencia directa o indirecta en la concreción y desarrollo de cierto pensamiento sociológico - influencia de la literatura en la sociología121.

La exploración analítica de cada uno de estos puntos se encuentra detallada a lo largo de dos obras que siguen alguna de estas lógicas. En La máquina burocrática (afinidades electivas entre Max Weber y Kafka), el autor español empieza por aclarar el primer tipo de afinidad electiva afirmando que "las relaciones entre sociología y literatura son bastante complejas. Hay influencias mutuas claramente reconocibles, pero también existen, a veces, caminos paralelos e incomunicados. En más de una ocasión ha habido interpretaciones sociológicas y literarias de una época que han coincidido plenamente y que, sin embargo, han permanecido en la ignorancia mutua. Sociología y literatura son, pues, dos registros diferentes de análisis de la realidad

119 González García, J. M., Metáforas del poder, Madrid, Alianza, 1998, 17-18. Algunos sociólogos

clásicos también utilizan explícitamente metáforas a la hora de construir su corpus teórico. En el caso de E. Goffman, toda su obra se encuentra articulada en torno a ciertas metáforas como 'teatro', 'ritual', 'juego' y 'armazón', siendo su uso teórico y metodológico directamente formalizado en Frame Analysis, obra donde el autor justifica la importancia de la utilización reflexiva de las metáforas en la labor sociológica. Véase Goffman, E., Frame analysis - An essay on the organization of experience, New York, Harper Colophon Books, 1974.

120 Fue Max Weber el autor que introdujo en la sociología el concepto de afinidades electivas. Utilizado

por primera vez en un tratado de química de Torbern Bregman en 1775, el término fue trasladado a la literatura por Goethe en 1809 en su obra Las afinidades electivas. Véase Weber, Max, La ética

protestante y el espíritu del capitalismo, Barcelona, Península, 1997; y von Goethe, J. M., Las afinidades electivas, Madrid, Cátedra, 2000, 113-114. Para un análisis de la historia del concepto y de su tratamiento

por la sociología weberiana, léase Howe, R. H., "Max Weber's Elective Affinities: Sociology within the Bounds of Pure Reason", American Journal of Sociology, 1978, 84, 2, 366-385.

social que pueden influirse mutuamente, pero que también, y por desgracia es lo más frecuente, pueden ignorarse122”. En esta obra el autor analiza los puntos comunes presentes entre la teoría sociológica de Max Weber y la obra literaria de Franz Kafka (1883-1924), destacando cuáles son las metáforas utilizadas por ambos en el análisis del fenómeno de la burocracia, sin que hubiera habido un conocimiento mutuo de sus respectivos trabajos. Iniciando su análisis por las afinidades biográficas de Weber y Kafka - súbditos de dos imperios centroeuropeos, alemán como idioma común y juristas de profesión -, González García explota cómo el fenómeno de la burocracia, en sus procesos y efectos, es un tema común en sendos autores, alrededor del cuál elaboraron un modelo de burocracia convergente que se encuentra materializado tanto en la obra sociológica de uno como en la literaria del otro. Ambos modelos reflejan cada uno de los factores que motivan el creciente proceso de burocratización desencadenado por el avance del capitalismo - taylorización y nueva organización del trabajo en la empresa capitalista, dando origen a grandes empresas; aumento de la burocracia administrativa en la regulación de los problemas sociales motivada por el desarrollo de la legislación social; aumento del intervencionismo estatal mediante la nacionalización de ciertos sectores; y burocratización progresiva de los partidos de masas como forma de asegurar el éxito de los votos en las campañas electorales -, poniendo a descubierto las tensiones y contradicciones sócio-históricas de la Alemania Guillermina en el caso de Weber y la decadencia de la monarquía austrohúngara en el caso de Kafka123.

En capítulos finales de esta obra, González García, adoptando ya claramente una estética de la recepción, focaliza su análisis en la lectura e interpretación de las ideas sociológicas de Max Weber por Franz Kafka, a través de un intermediario concreto, Alfred Weber, el hermano de Max, - influencia de la sociología en la literatura. La lectura del artículo de Alfred Weber, El funcionario (1910), permite a Kafka redefinir ficcionalmente en La colonia penitenciaria (1919) su propia experiencia personal como burócrata. Los planteamientos que A. Weber desarrolla en este artículo, muy en consonancia con la identificación hecha por su hermano de la burocracia como aparato

122 González García, J. M., op. cit., 1989, pág. 23.

123 Cf. González García, J. M., op. cit., 1989, 57-123. En esta obra, González García ejemplifica

brevemente cómo la Ética protestante de Max Weber y Los Buddenbrook de Thomas Mann constituyen

descubrimientos independientes sobre el tema de las relaciones entre el capitalismo y el ascetismo

religioso, llamando la atención sobre el hecho de que Doktor Faustus, La muerte en Venecia y José y sus

mecánico insostenible124, se centran en las ventajas y en los peligros que ésta acarrea al individuo: si el avance de la burocracia trae una mayor seguridad y comodidad a la existencia humana, sus contrapartidas abocan, en última instancia, a una identificación del individuo con el aparato burocrático, aprisionándole física y psíquicamente dentro de una jaula de hierro semejantes a una cárcel de la que es imposible escapar. Tomando de El funcionario la idea del aparato burocrático como cárcel, en La colonia penitenciaria Kafka noveliza las últimas consecuencias del proceso de burocratización, usando la metáfora de la burocracia convertida en una máquina de exterminio que castiga y mata al oficial-burócrata dentro de una institución penitenciaria. Aparte de esta metáfora, Kafka recurre, para reforzar el absurdo de la racionalización del sistema burocrático que ahoga la libertad y la espontaneidad del individuo, a una serie de imágenes y expresiones inspiradas en el texto de Alfred como la idea de la rígida jerarquía existente en el aparato burocrático, el sentimiento de deber y de obligación en el cumplimiento de las funciones laborales, la salvación del alma por el trabajo profesional y las reglas del ritual de ascenso burocrático al cuál esos individuos- funcionarios tendrán de someterse125.

En Las huellas de Fausto (la herencia de Goethe en la sociología de Max Weber), González García analiza la influencia de la literatura en la sociología. Inspirado por la estética de la recepción, el autor desvela cómo Max Weber leyó a Goethe (1749-1832), lo interpretó y transformó sus temas para elaborar su propia teoría, es decir, se trata ahora "de estudiar la recepción sociológica de la obra literaria de Goethe, de analizar a Max Weber como receptor y como 'lector explícito' de Goethe126". Esta metaforología de la ciencia social, como la designa el autor, se encuentra formalizada en varios textos de Max Weber en los que "junto al lenguaje científico propio del logos, podemos encontrar en pasajes claves recurrencias constantes al lenguaje simbólico y alegórico a mitos culturales, del daimon, del diablo, de los dioses, los demonios o el destino. Y tal vez no pueda ser de otra manera, porque el orden del discurso científico topa necesariamente con lo inexpresable en sus propios términos y necesita recurrir a la alegoría, a la metáfora, a un tipo de lenguaje, en

124 Véase Weber, M., Escritos políticos, México, Folio Ediciones, 1982, Vol. 2, 464-469.

125 Cf. González García, J., M., op. cit., 1989, 205-222. Sobre F. Kafka, léase además la interpretación

desarrollada por R. Ramos Torre a propósito de El proceso, obra en la que son analizados temas como la disolución del tiempo del espacio y la búsqueda de un sentido para la existencia humana. Cf. Ramos Torre, R., “José K. o el mundo como azar dichoso”, Revista de Occidente, 1989, 92, 109-120.

suma, que sólo es interpretable desde las coordenadas de una larga tradición cultural127".

Efectivamente, el clasicismo de Goethe influyó sobre las claves fundamentales de la construcción de la teoría de Max Weber, influencia ésta que se comprueba a través de algunos de los temas analizados por Weber: la imposibilidad de la personalidad total al uso romántico y la noción de la política como pacto con el diablo. En lo que se refiere a la primera cuestión, entiende Weber que en el mundo contemporáneo ya no es posible ese concepto de personalidad total tan caro al Romanticismo que de modo paradigmático encarnaría Fausto, el personaje creado por Goethe; las palabras de Fausto - "lo que está repartido en la humanidad entera quiero yo experimentarlo en lo más íntimo de mi ser128" - dan una idea precisa de ese deseo por la personalidad total. Weber viene a certificar la defunción de este anhelo con la progresiva complejidad social y la creciente división del trabajo: el ser humano se fragmenta, no puede aspirar a la totalidad de antaño y deviene en una suerte de especialista cuyo conocimiento nunca es ya de conjunto sino fragmentado129. En lo tocante a la segunda cuestión, la noción del daimon adviene como categoría central; el significado del daimon tanto para el sociólogo alemán como para el escritor, “tiene que ver con el fatum, con la fatalidad, con la inevitabilidad del destino del que no podemos escaparnos, con la individualidad concreta y la inmutabilidad del individuo, con lo más íntimo y personal de su carácter que, al mismo tiempo, es su destino. El daimon de cada uno es lo más característico suyo, aquello en virtud del cual se diferencia cada individuo de todos los demás130”. Ya Goethe admite que en la búsqueda del daimon, el hombre puede extraviarse por caminos erróneos, siendo esta idea recogida por Weber y aplicada a la política131. En este ámbito, el individuo se encuentra con la posibilidad de dominio, de la fuerza, de la violencia y cuando deja de estar al servicio de una causa para perpetuarse en el puro ejercicio del poder, la búsqueda de su daimon se transforma en un pacto con el diablo. Y es que Weber entiende la política, en gran parte, como un pacto de tal naturaleza que el político habrá de suscribir cuando percibe las intrincadas relaciones entre el Bien y el

126 González García, J. M., Las huellas de Fausto. La herencia de Goethe en la sociología de Max Weber,