"Imposible negar que la novela y el drama, por ejemplo, aportan un conocimiento social e incluso que la intuición del artista suele calar más hondo que las sistematizaciones científicas".
D. L. Garasa,
Literatura y sociología
Tras el recorrido teórico que hemos desarrollado hasta aquí, donde hemos
procurado analizar, bajo un punto de vista sociológico, las distintas formas en las que sociología y literatura se vienen progresivamente relacionando, una cuestión que subyace más o menos explícitamente en las propuestas de los autores analizados es la de la literatura como conocimiento social. Si en los análisis desarrollados por Lukács, Goldmann, Bourdieu y González García encontramos claramente esta idea, la atención que dedica Norbert Elias a la literatura como conocimiento social es más difusa. En Lukács y Goldmann esta consideración se ilustra en su defensa de que la obra literaria refleja la estructura y las contradicciones de la sociedad, es decir, que la literatura es un vehículo artístico que trasmite conocimiento social sobre un mundo hasta ahí oculto y opaco a los ojos de los individuos. Si ambos autores parten del análisis de la estructura de la obra para desvelar lo que ésta nos dice sobre el grupo social que refleja, Pierre Bourdieu parte del análisis del campo literario, es decir, del análisis de las estrategias y de las opciones del escritor, para explicar la estructura de la obra; lo prioritario en su perspectiva es pues el origen, la emergencia y constitución del campo literario que determina las distintas posiciones de los actores integrantes y que atribuye un valor estético y comercial diferencial al conjunto de bienes artísticos que en él se crean y circulan. En González García la idea de que la literatura constituye un tipo de conocimiento social específico se adivina claramente en su planteamiento: si la literatura es capaz de influir en el quehacer sociológico - tal y como demuestra la recepción que Weber hace de la obra de Goethe - o efectuar descubrimientos independientes de determinadas cuestiones sociales al margen de la sociología; también es capaz de generar conocimiento social que luego puede ser o no re-elaborado sociológicamente, como es el caso, de nuevo, de Weber con Goethe. En línea con la estética de la recepción desarrollada por el autor, se daría, en casos extremos, una
circularidad continua entre los conocimientos producidos por la literatura, que pasando por la sociología volverían de nuevo a la literatura, tal y como es ilustrado en la tríada Goethe-Weber-T.Mann1. Por último, la utilización que Norbert Elias hace de la literatura permite vislumbrar un reconocimiento implícito de la importancia de su naturaleza como conocimiento social; pensamos, sobre todo, en el momento en el cual este reconocimiento alcanza mayor precisión - The Germans - obra donde el autor atribuye un estatuto privilegiado a la literatura como fuente de conocimiento social, que casi sería, en último grado, un objeto al que la sociología podría recurrir para abordar aquellos temas olvidados o no desvelados por el pensamiento social científico. En este caso, Elias se sumaría al grupo formado por Lukács, Goldmann, Bourdieu y G. García, autores en los que la noción de literatura como fuente de conocimiento social constituye una idea trasversal en sus teorías2.
Esta referencia a los autores anteriormente estudiados es importante para fijar los objetivos que a partir de aquí nos planteamos. Ante la diversidad de géneros literarios existentes, nos centraremos a partir de ahora y hasta el final de este trabajo en el análisis de la novela como forma de conocimiento social específico del mundo. Tal opción se explica por ser la novela la “gran forma de la prosa en la que el autor, mediante egos experimentales (personajes), examina hasta el límite algunos de los grandes temas de la existencia3”. En la creación de esta narración ficcional, es permitido al escritor simular un mundo de sentido con mayor o menor correspondencia con el mundo empírico, que sirve como respuesta a las dudas e inquietudes existenciales y sociales que amparan el espíritu humano; la utilización de unos personajes que protagonizan una serie de venturas y desventuras como forma de poner a prueba una serie de temas y de cuestiones sobre la realidad del mundo no es más que la representación ficcional de las acciones y comportamientos reales que llevan a cabo los actores sociales en el mundo cotidiano. El lenguaje estético narrativizado en la novela permite encerrar una verdad o un modelo del mundo que permanece inmutable con el paso del tiempo una vez que traduce no sólo la visión personal del escritor sobre su
1 Nos referimos aquí al ya citado ejemplo de la apropiación del mito de Fausto por parte de estos tres
autores y analizada en González García, op. cit., 1992, 162-187.
2 En el caso de Escarpit, ese interés por la literatura como conocimiento social es inexistente. No
contemplar tal posibilidad es corolario lógico que se deriva de su enfoque, una vez que los intereses de investigación del sociólogo francés son otros. Su perspectiva positivista-funcionalista aplicada al hecho literario supone asumir que tal posibilidad es sinónima de aceptación de determinados juicios de valor, es decir, de la aceptación de un criterio estético, que ha de mantenerse alejado de la actividad propiamente científica que caracteriza la sociología de la literatura.
propia concepción de la vida humana, sino que esta misma concepción es una ilustración del mapa espiritual perteneciente a un tiempo y a un lugar en los que el escritor habita. La perpetua contemporaneidad de la novela como arte puede "ser revivida y recuperada en otro instante histórico en que un lector, el conjuro del poema, vuelve a amar, a encenderse de ansia mística, a indignarse, a padecer, a extasiarse ante la naturaleza o a plegar el ceño ante la incertidumbre del destino humano4". Por lo demás, en la misión creativa que impulsa el escritor no solo contribuyen sus motivaciones estéticas para escribir, sino que también participa una cierta preocupación por representar los acontecimientos socio-históricos que atraviesan la sociedad de su momento y contribuir con ello a dotar el lector de una estrategia más para entender la realidad social. La recreación de esa misma realidad - al contrario de lo que suele pasar en las ciencias sociales – reniega la utilización de un lenguaje abstracto, desarrollándose mediante un discurso estéticamente apelativo en el que nos son presentados ciertos fenómenos sociales e individuales que contribuyen a aumentar nuestro autoconocimiento del mundo.
Pero partir del supuesto de que la novela es conocimiento social, nos obliga a enfrentarla tanto con otro tipo de conocimiento social científico - la sociología -, como con un conocimiento social más vasto e intuitivo como pueda ser él del sentido común. Las cuestiones que se pueden plantear a la hora de relacionar las especificidades de estos tres tipos de conocimiento social son, pues, ¿dónde ubicar, en una línea epistemológica, el conocimiento social proveniente de la novela frente al sociológico o frente al de sentido común? ¿Sustituye la novela a la ciencia social en los conocimientos que produce sobre la realidad social?, o más bien, ¿la sociología demuestra una objetividad científica que es negada a la propia literatura?, ¿es la ciencia social superior en los conocimientos que produce sobre el mundo?, y si lo es, ¿para que fines es superior?
Este es pues un espacio al que dedicaremos un análisis sobre estas cuestiones. Es importante aclarar desde este momento, que no pretendemos ceñir nuestros argumentos a una sola perspectiva sociológica, sino que más bien aspiramos a desarrollar una interpretación analítica transversal a las diversas expresiones que puedan asumir cualquiera de éstas formas de conocimiento social. Con este objetivo de desvincularnos de una lectura especializada y monolítica sobre la novela como conocimiento social, la
estructura de las páginas que siguen se divide así en dos momentos fundamentales. En un primer momento, procuraremos aclarar a modo de introducción las diversas acepciones que ha merecido la noción de conocimiento en la historia de las ideas (3.1), para centrarnos a continuación en cómo la sociología se ha venido construyendo por oposición al conocimiento de sentido común de los actores sociales (3.1.1). En un capítulo siguiente, que pretende ser breve, identificaremos el momento en el que nace la novela, el porqué de su aparición – es decir, a qué necesidad social vino a responder - y cuales son sus características y especificidades internas que hacen que la denominemos una estrategia concreta de conocimiento social (3.1.2). Los argumentos que desarrollaremos después tienen por misión evaluar si el punto de vista del sujeto del conocimiento social - sea éste el novelista sea éste el sociólogo – condiciona la naturaleza subjetiva comúnmente asociada al conocimiento novelístico y la naturaleza objetiva a que aspira el conocimiento sociológico (3.1.3). En un segundo momento, confrontaremos aquellos rasgos específicos capaces de caracterizar, de una forma genérica, estos tres tipos de conocimiento social; en esta lectura recurriremos a algunas categorías heurísticas – trasversales, según creemos, a cualquier forma de conocimiento - que nos permita llegar a una clasificación taxonómica de la sociología, la novela y el sentido común (3.2). Pero esta clasificación constituye tan solo el punto a partir del cual se reflexiona en torno a los puntos de contacto (3.2.1) y de alejamiento (3.2.2) entre la sociología y la novela como estrategias de conocimiento del mundo; el análisis de aquellos elementos que sirven para aproximar o distanciar una y otra, permite retomar aquí la hipótesis ya inicialmente ilustrada de W. Lepenies de que la sociología constituye una forma de conocimiento del mundo ubicada entre la ciencia y la literatura. Adoptando una lógica paralela a la del autor alemán, el objetivo que pretendemos alcanzar a lo largo de esta segunda parte es situar la novela como forma particular de conocimiento del mundo, en un plano que, una vez identificadas sus fronteras epistemológicas, la ubique entre el conocimiento sociológico y el conocimiento de sentido común. Este estatuto intermedio que atribuimos a la novela será por lo demás ilustrado en un capítulo final (3.3) mediante el análisis del acoplamiento existente en las sociedades actuales de la producción y de la utilización social de los conocimientos sociológicos y de los conocimientos novelísticos. Esta última reflexión pretende así demarcar la presencia de un espacio compartido donde el
productor del conocimiento social (sociólogo o novelista) es a la vez consumidor de otras formas de conocimiento sea cual sea su proveniencia; en un mundo donde sociólogos leen a novelistas y novelistas leen a sociólogos y en donde los actores comunes leen a ambos, se torna cada vez más visible el entrelazamiento de distintas fuentes de conocimiento que pasan a formar parte del mismo imaginario cognitivo.