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Spinoza en los albores de la Ilustración alemana: Thomasius contra Tschirnhaus

Spinoza o la Ilustración en debate María Jimena Solé

1. Spinoza en los albores de la Ilustración alemana: Thomasius contra Tschirnhaus

La primera polémica a la que haré referencia fue iniciada por Chris- tian Thomasius, considerado uno de los impulsores de la Ilustración en Alemania principalmente por haber fundado un periódico literario y filosófico, los Monatsgespräche, que tuvo gran circulación y significó una importante contribución al proceso de formación del público lector.6

En una reseña publicada allí en marzo 1688, denuncia a Walther von Tschirnhaus –discípulo de Spinoza, autor de un libro titulado Medicina

de la mente y también considerado un precursor de la Ilustración– por

difundir ideas afines al spinozismo.7 Para ello, pone en paralelo algunas

páginas de ese libro con una selección de proposiciones de la Ética, que reproduce a lo largo de tres páginas sin nombrar a su autor. Las dos pri- meras proposiciones citadas apuntan, significativamente, a su monismo metafísico: “Todo lo que es, es en Dios y sin Dios nada puede ser ni con- cebirse. Dios es la causa inmanente de todas las cosas, no trascendente”.8

En otro artículo publicado en ese mismo número de su revista men- sual, Thomasius hace referencia a la Ética demostrada según el orden

5 Israel no hace referencia a esta polémica en su libro al que se hizo referencia. Al res- pecto, pueden verse: Wurtz, J.-P., “Tschirnhaus und die Spinozismusbeschuldigung:

die Polemik mit Christian Thomasius”, Studia leibnitiana 13 (1981), pp. 61-75; Idem.,

“Tschirnhaus et Spinoza” en Müller, K., Schepers, H. y Totok, W. (ed.), Theoria cum

Praxis. Studia Leibnitiana Supplementa. Volumen XX, Franz Stiner, Wiesbaden, 1988;

Schröder, Spinoza in der deutschen Frühaufklärung, op. cit., pp. 22-25; Otto, op. cit., pp. 83-91; Czelinsky-Uesbeck, op. cit., pp. 136-141, Solé, op. cit., pp. 76-85.

6 Christian Thomasius (1665-1728) fue Profesor de Derecho Natural primero en la Uni- versidad de Leipzig y luego en la Universidad de Halle, en cuya fundación participó. Su figura presenta diferentes rasgos que pueden ser conectados con el espíritu del movimiento ilustrado. Es considerado el padre del periodismo alemán, por la creación en 1688 de la revista mensual titulada Pensamientos sinceros, cómicos y graves, aunque

racionales o Diálogos mensuales sobre libros de toda clase, pero especialmente sobre libros nuevos [Freimütige, lustige und ernsthafte, jedoch vernunftmässige Gedanken oder Monatsgespräche über allerhand, fürnehmlich aber neue Bücher], usualmente

denominada Monatsgespräche, que apareció hasta 1690.

7 Walther von Tschirnhaus (1651-1708) nació en Alemania y se trasladó en 1669 a Leiden para iniciar sus estudios en leyes. Gracias a la mediación del médico Schuller, había conseguido entrevistarse varias veces con Spinoza. Además, se sabe por sus cartas que poseía un manuscrito fragmentario de la Ética (cf. Ep. 59, p. 168) que estudió su sistema con profundidad y que le planteó interesantes objeciones (véanse Ep. 57, 59, 65, 80 y 82). La obra a la que hace referencia la crítica de Thomasius fue publicada en Amsterdam en 1687 con el título Medicina mentis.

de los geómetras9 y denuncia su primera parte como “la más peligrosa” ya que establece el ateísmo, que Thomasius ve plasmado en “la infame definición de sustancia”. Según él, de esta definición se sigue que sólo existe una sustancia, denominada Dios, que consiste en las creaturas tomadas en conjunto.10 Los motivos por los cuales Thomasius rechaza

el ateísmo se encuentran explicitados en otro texto, donde afirma que “el ateo cree que él es más noble que las otras criaturas que lo rodean y no honra a nadie, no ama a nadie, no confía en nadie ni teme a nadie más que a sí mismo”.11 Su crítica al ateo se basa en el hecho de que éste

reemplaza a Dios por sí mismo. Por consiguiente, sostiene Thomasius, si un ateo se comporta del mismo modo que lo hacen los hombres creyentes y virtuosos es porque su razón le enseña que llevar una “vida irracional” lo haría muy infeliz. Pero Thomasius sostiene que aquel que en vez de actuar de modo virtuoso porque la fe en Dios y la piedad se lo exigen, lo hace únicamente según los dictámenes de su facultad racional, “no se distingue de un simio”12 pues simplemente imita el comportamiento

exterior de los otros hombres. Interiormente, sin embargo, su acción no tiene ningún valor moral.

Tschirnhaus se defendió reprochando a su crítico no haber expuesto conceptualmente el contenido de la doctrina de la cual lo acusa.13 La

respuesta de Thomasius, publicada en el número de junio de su revista, continúa el debate. Sostiene que el acuerdo fundamental entre Spinoza –a quien nombra ahora explícitamente– y Tschirnhaus reside en que ambos identifican la virtud con la búsqueda de la propia utilidad según la razón, lo cual implica que el perfeccionamiento del entendimiento es la vía que conduce al fin ético del hombre. Además, afirma que lo carac- terístico del pensamiento de Spinoza, que lo distingue de pensadores

9 La Ética de Spinoza había aparecido incluida en el volumen de sus Obras póstumas. Cf. B. d. S., Opera posthuma, quorum series post praefationem exhibetur. O. O., Jan

Rieuwertsz, Amsterdam, 1677.

10 Thomasius, Monatsgespräche, marzo 1688, pp. 340-341. Al respecto, véase el artículo de Gawlick, Günther, “Thomasius und die Denkfreiheit” en Schneiders, W. (ed.), Christian

Thomasius.1655-1728. Interpretationen zu Werk und Wirkung, Meiner, Hamburgo, 1989,

pp. 256 y ss..

11 Thomasius, Christian, Einleitung zur Sittenlehre, Halle, 1692, p. 149, citado en Cze- linsky-Uesbeck, op. cit., p. 137.

12 Ibídem.

13 Tschrinhaus, W. von, “Reflexiones apresuradas contra las objeciones” [“Eilfertigen

Bedenken wider die Objectiones”] en Thomasius, Monatsgespräche, junio de 1688,

como Hobbes y otros naturalistas, es su doctrina de la inmanencia.14

Pues sólo esta doctrina puede fundamentar la posición según la cual el conocimiento, particularmente el conocimiento de las leyes físicas, conduce al ser humano a participar de la naturaleza divina.

Tschirnhaus se transformó de esta manera en el primer alemán públicamente acusado de “spinozist”. Este término fue utilizado por el renombrado Profesor alemán, por primera vez en el contexto de esta controversia, para referirse a quien piensa que el entendimiento está en los seres humanos “tal como se encuentra en la mente infinita de Dios”.15

El rechazo del spinozismo por parte de Thomasius se basa, pues, en la identificación de esta doctrina con un ateísmo, el cual se fundamenta en la doctrina de la inmanencia que conduce a una concepción de la razón humana como ilimitada por ser similar a la divina y, por lo tanto, como la vía para conquistar la virtud y la salvación.16

De modo que el auténtico núcleo problemático de esta polémica, que refleja excepcionalmente las tensiones propias del momento de gestación de la Ilustración en Alemania, es la cuestión del poder y el límite de la razón humana frente a la fe o la creencia. Mientras que Spinoza –y según Thomasius, también su discípulo– consideran a la razón como la máxima autoridad en el ámbito de la investigación de la verdad y le atribuyen además la capacidad de inspirar una vida virtuosa, él mismo permanece un fiel representante de la posición pietista ortodoxa, según la cual hay determinadas cosas que la razón no puede conocer y determinados actos y sentimientos que no puede inspirar.

14 Thomasius, Monatsgespräche, junio de 1688, p. 827.

15 “ (…) tamquam in mente infinita seu Deo.” (Ibid., p. 841). Cf. Walther, M., “Machina civilis oder Von deutscher Freiheit” en Cristofolini, P. (editor), L’Hérésie Spinoziste. La

discussion sur le Tractatus Theologico-Politicus 1670-1677, et la Réception immédiate du spinozisme, Apa-Holland University Press, Ámsterdam y Maarssen, 1995, p. 202.

16 Como sostiene Otto, lo que Thomasius encuentra inaceptable en el Medicina de la

mente y que conecta con la doctrina metafísica spinoziana y en particular con la tesis

de la inmanencia de Dios respecto del mundo, es la posibilidad de una divinización del hombre gracias a su razón. Cf. Otto, op. cit., pp. 88-89.

2. El racionalismo conduce al spinozismo:

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