Características de la tierra, campos comunales y comparaciones de eficiencia
TABLA 6.6 PATRONES DE USO DE LA TIERRA Y RENDIMIENTOS DE LOS CULTIVOS
Régimen Régimen Régimen parcialmente
abierto cercado abierto División principal (acres)
Hierba 70 148 143 201 275 556
Cultivo 177 148 130 956 290 111 Distribución de los cultivos (%)
Trigo 22 768 18 788 22 061 Cebada 17 144 16 997 20 950 Avena 9 471 16 593 9 873 Guisantes 10 976 5 754 8 633 Judías 5 917 2 699 7 032 Nabos 8 488 11 964 11 214 Trébol 4 286 11 507 6 281 Barbecho 20 950 15 698 13 956
Rendimientos de los cultivos (bushels por acre)
Trigo 24 519 22 470 25 756
Cebada 36 185 30 723* 33 511
Avena 40 667 36 371* 47 489
Guisantes 20 815 21 440 20 800
Judías 30 467 27 947 27 107
* La diferencia entre esta media y la correspondiente a la de los open fields es estadística- mente significativa al nivel del 5 %.
Conclusiones
IV. CONCLUSIONES
Los datos recopilados por Arthur Young en sus viajes por inglaterra nos permiten obtener dos conclusiones. En primer lugar, sólo la mitad de los excedentes generados por las granjas en open field correspondía al terrateniente, en forma de arrendamiento, y a la iglesia y al Estado, en forma de diezmos y tasas. Por lo tanto, la introducción de la libre compe- tencia en el mercado de arrendamientos de las granjas multiplicaría por dos aproximadamente la renta por arrendamiento y disminuiría sustancial- mente los ingresos del explotador directo. En segundo lugar, los cerca- mientos no dieron lugar a un incremento de la eficiencia. De hecho, las pri- meras comparaciones que se llevaron a cabo mostraron que las explotaciones cercadas eran menos eficientes que las abiertas. Sin embargo, cuando en las comparaciones se iban incorporando las caracte- rísticas de la tierra (considerando los derechos comunales como una de esas características), entonces era posible aceptar la hipótesis estadística de que ambos tipos de explotaciones agrarias eran igual de eficientes. Los datos sobre rendimientos de las cosechas y sobre los patrones de uso de la tierra apoyan esta conclusión. La conclusión general a la que apuntan los resultados es que la principal consecuencia económica del cercamien- to de los cultivos en open field en el siglo xviiifue la redistribución de la renta agrícola existente, no la creación de renta adicional causada por un incremento de la eficiencia. La limitación más importante de tal conclusión es que los datos corresponden a granjas localizadas en sitios donde la estrategia óptima de uso de la tierra suponía un fuerte compromiso con su cultivo y donde los suelos eran lo suficientemente ligeros para permitir el cultivo de nabos. En otras condiciones ambientales, la agricultura en open fields podría no haber sido tan exitosa en comparación con los cerca- mientos.
El resultado de que los cercamientos no elevaron la eficiencia con- tradice el prestigioso trabajo de algunos historiadores de principios del siglo xx, como Ernle (1912 [1961]), quien defendía la idea de que el cer- camiento era un requisito previo para la adopción de métodos modernos en la agricultura. Aunque esta visión se convirtió en el enfoque convencio- nal, ha sido seriamente minada por historiadores recientes especialistas en agricultura, que han demostrado que los agricultores de las tierras sin cercar también adoptaron de hecho prácticas modernas (Havinden,
El resultado de que las explotaciones cercadas y sin cercar eran igual de eficientes es una conclusión interesante a la luz de los recientes trabajos sobre la eficiencia de la agricultura en los países en vías de desa - rrollo. En su momento fue general la creencia de que la agricultura de cam- pesinos a pequeña escala era ineficiente. Sin embargo, gran parte de la investigación reciente sobre el tema ha demostrado que esos campesinos son, en la práctica, tan eficientes como los granjeros capitalistas a gran escala (por ejemplo, Yotopoulos y Nugent: 1976, 87-106). Aunque los paralelismos con el siglo xviiiinglés son vagos, se está llevando a cabo de manera análoga una rehabilitación del agricultor de las tierras sin cercar, tan denostado en su día. Si llevamos el paralelismo más lejos, la oleada de cercamientos puede ser considerada la primera reforma de la tierra promovida por el Estado. Como tantas otras desde entonces, fue justifica- da con argumentos de eficiencia, cuando su efecto principal (de acuerdo con los datos analizados aquí) fue redistribuir la renta en favor de los ya ricos terratenientes.
El resultado más difícil de justificar en el presente capítulo es la valoración de los arrendamientos en las tierras de campos abiertos por debajo de su valor. Este patrón sería incompatible con un mercado com- petitivo para unas tenencias cuyos arrendamientos eran renegociados con frecuencia. Las instituciones de las zonas de campos abiertos, sin embargo, parecen haberse apartado de estos acuerdos por dos vías. En primer lugar, parece que una parte de las tierras se concedía para un plazo bastante largo y con arrendamientos normalmente bajos. De hecho, se daba el caso de que las leyes de cercamientos incluían cláu- sulas que cancelaban los arrendamientos existentes y permitían así negociar los nuevos a unas rentas competitivas. En segundo lugar, pare- ce que la negociación bilateral entre explotadores directos como grupo y terratenientes fue importante a la hora de establecer los arrendamientos en las zonas de campos abiertos. Tal negociación debió surgir a partir de la discusión sobre la adopción de nuevos patrones de cultivo. A finales del siglo xviii fueron los arrendatarios (no los propietarios) quienes eli- gieron el patrón de cultivo (Yelling, 1977: 147). Los granjeros no habrían tenido incentivos para modernizar las explotaciones, a menos que hubie- ran recibido parte de los beneficios. Como el cercamiento de las tierras, proceso que rompió el control de la aldea sobre los cultivos, era costo- so, los terratenientes pensaron que era ventajoso conceder parte de los beneficios a los arrendatarios en forma de arrendamientos bajos. Por
Apéndice
desgracia, Young no dice nada acerca de estos acuerdos en las aldeas que visitó; por lo tanto, no podemos verificar tales conjeturas a partir de sus datos.
APÉNDICE
El objetivo de este apéndice es describir los principios y procedimientos fundamentales que se han utilizado a la hora de manejar el conjunto de datos. Allen (1979) lo explica de una manera más completa en un trabajo que está disponible a petición.
Para recopilar los datos, era necesario determinar el precio y la cantidad de cada input y de cada output para todas las explotaciones agrarias. Los ingresos de los agricultores con- sistían en las ventas de los productos procedentes de los cultivos y del ganado. Los costes consistían en los costes de las semillas, cabezas de ganado, costes laborales y herramientas. Descontando alguna excepción de menor importancia que se explica en Allen (1979), se esti- maron estas magnitudes tal como sigue:
1) Cultivos y semillas
Young apuntaba la superficie de cada explotación dedicada a trigo, cebada, avena, gui- santes, judías, trébol, nabos y barbecho. Siguiendo a Marshall (1796: vol. ii, 140) y realizando alguna revisión, se supuso que todas las granjas eran autosuficientes en forraje, con lo que los ingresos de los cultivos se igualaban a las ventas de trigo, cebada, avena, guisantes y judías. Las demandas de producción y semillas de estos cultivos se estimaron multiplicando la super- ficie de la granja por las tasas de siembra y los rendimientos medios asociados a los cultivos en la aldea donde estaba situada la explotación. Para los precios de los productos cultivados se consideraron los precios medios de la Gaceta de Londres en 1771, en los mercados de las poblaciones principales del condado al que pertenecía la propiedad. Se supuso un mismo pre- cio de venta para los guisantes y las judías. Se consideró que los precios de las semillas eran los mismos que los de los cultivos correspondientes, añadiendo un 5 % para incluir el interés de la inversión en semillas.
2) Ganado
Young recogió para cada granja el número de vacas lecheras, ovejas, animales de engorde, terneros y animales de tiro. Los cuatro primeros tipos de animales generaban ingre- sos. El ingreso derivado de las vacas lecheras se contabilizó como el número de vacas multi- plicado por el «valor medio de los productos procedentes de una vaca» para la aldea en la que se encontraba la explotación agraria. Las vacas lecheras se consideraron bienes de capital y se les asignó el valor de 5 libras. Los precios de los arrendamientos anuales se contabilizaron sobre la base de un tipo de interés del 5 % y una tasa de depreciación del 15 %.
y 3 libras, respectivamente. En el caso de las ovejas, el ingreso asignado fue de 12 chelines más el «beneficio por oveja», dato que Young recogió para cada aldea; el ingreso de los ani- males de engorde fue de 5 libras más el correspondiente beneficio unitario, también incluido en los datos de Young; el valor asignado a la venta de los terneros fue de 5 libras.
Para los precios de los diferentes tipos de los productos procedentes del ganado se han tomado los precios que regían en la aldea en la que se encontraba la granja, para el queso (productos derivados de la leche), para la lana (productos de las ovejas) y para la ternera (pro- ductos de los animales de engorde y de los terneros).
A los animales de tiro se les asignó un valor de 10 libras más los intereses y la depre- ciación a tasas del 5 y del 15 %, respectivamente. En cuanto a los caballos, se contabilizó el coste de la avena y del herraje restando el summer joist (suponiendo que se calculara en otra parte) del coste anual de mantener un caballo. Se registraron estos valores por cada aldea y fueron asignados a todas las unidades de explotación agraria de una misma aldea.
3) Herramientas
Las herramientas fueron consideradas bienes de capital. Como Young no recopiló deta- lles acerca de las cantidades, se utilizaron las minuciosas descripciones de Young de las gran- jas para estimar el número de carros, carretas, carros de rueda ancha, carretas de tres rue- das, gradas, rodillos y sacos, así como mobiliario de lechería, arreos y equipamientos diversos.
Afortunadamente, Young recopiló los precios de compra de estas herramientas para cada aldea. Se les asignó un tipo de interés y una tasa de depreciación del 20 %.
4) Trabajo
Young registró el número de criados, mujeres ocupadas en las ta reas de la lechería, niños y trabajadores contratados en las granjas. Los tres primeros tipos de trabajadores se contrataban anualmente, y además se les proporcionaba habitación y comida, aparte de la paga monetaria. Young recogió esos pagos monetarios por aldea. Para los criados se valoró la pensión de habitación y comida en 9 libras al año, para los niños en 6 libras, para las muje- res en 5 libras, según Young (1967: vol. 4, 356). Para calcular la tasa salarial de los trabaja- dores contratados se multiplicó por 52 el salario semanal medio en cada aldea a partir de los datos de Young.
También se hizo necesario estimar la cantidad y los costes de oportunidad del trabajo familiar. Se consideró que las haciendas administradas por terratenientes no utilizaban traba- jo familiar (Young, 1770: vol. 1, 246-280). Para otro tipo de explotaciones familiares se supu- so que aportaban un criado de primera clase, una mujer y un niño. Este trabajo se valoró al salario monetario local más el coste de habitación y comida.
Para estimar la cantidad de trabajo inherente a la cosecha, siguiendo a Young (1771b: vol. 4, 460), se supuso que éste suponía el 25 % del número de trabajadores contratados. En cuanto al salario, se consideró el mismo que el del resto de trabajadores.
Apéndice
5) Diezmos e impuestos
Los impuestos locales se estimaron multiplicando el arrendamiento de cada granja (datos de Young) por el impuesto correspondiente a la aldea. Donde los diezmos eran com- puestos, se utilizó la composición de la aldea para calcular la carga imputable a los diezmos. Para estimar la carga correspondiente a cada granja en la que se cobraban los diezmos en especie, se calcularon las composiciones medias para cada condado.
6) Variables medioambientales
Se tomó la medida de precipitaciones como las precipitaciones anuales en pulgadas para los años 1916-1950, como vienen recogidas en el Servicio Oficial de Topografía (Ordnance Survey, 1967). Para determinar el tipo de suelo se utilizó Bickmore y Shaw (1963: 40). Los gra- dos por día (en cientos de grados Fahrenheit) se obtuvieron de Gregory (1954: 65).
Debemos hacer notar otros aspectos relacionados con los datos. Young no indicaba siempre si la aldea estaba cercada o no. Por lo tanto, era necesario examinar fuentes impre- sas y archivos para clasificar las propiedades agrarias. La fuentes impresas más útiles fueron los mapas de los condados del siglo xviiia gran escala, muchos de los cuales se dibujaron
hacia 1770, ya que en los mapas se indicaba, a través de un símbolo que identificaba un cami- no, si éstos atravesaban campos cercados o abiertos. Además, se examinaron archivos de las aldeas en las que estaban localizadas la mayor parte de las granjas. Se visitaron veintisiete archivos y oficinas de registro. El principal objetivo era estudiar mapas manuscritos realizados hacia 1770, para descubrir los patrones predominantes de los campos. También fueron útiles ocasionalmente las descripciones sobre las propiedades de los registros de la iglesia, infor- mes sobre haciendas, hipotecas, escrituras, transmisiones y arrendamientos.