En los primeros años de la posguerra predominó un teatro có- mico destinado a la burguesía, aunque en los 40 comienza a escribirse un teatro de humor más intelectual, entre cuyos principales autores destacan Enrique Jardiel Poncela, Eloisa
está debajo de un almendro y Miguel Mihura, Tres sombreros
de copa.
AÑOS 50
Al igual que en poesía o narrativa, aparece un teatro social
que intenta reflejar los problemas del país que inicia con el estreno de Historia de una escalera de Antonio Buero Vallejo.
AÑOS 60-70
Se impulsó la experimentación escénica, concediendo mayor importancia al espectáculo y a la interacción con el público. De entre los autores innovadores destaca Fernando Arrabal y grupos independentistas como Els Joglars o La Fura dels Bus, uno de los grupos más sorprendentes de los últimos años, de- fensores de la idea del teatro como espectáculo total.
Fanny y Dionisio
FANNY. Eso es verdad... (Suena el timbre del teléfono.) ¿Un tim- bre? ¿El teléfono?
DIONISIO. Sí. Es un pobre...
FANNY. ¿Un pobre? ¿Y cómo se llama?
DIONISIO. Nada. Los pobres no se llaman nada...
FANNY. Pero ¿y qué quiere? DIONISIO. Quiere que yo le dé pan. Pero yo no tengo pan, y por eso no puedo dárselo... ¿Usted tiene pan?
FANNY. Voy a ver... (Mira en su bolso.) No. Hoy no tengo pan. DIONISIO. Pues entonces, ¡anda y que se fastidie!
FANNY. ¿Quiere usted que le di- ga que Dios le ampare?
DIONISIO. No. No se moleste. Yo se lo diré. (Con voz fuerte, desde la cama.) ¡Dios le ampare! FANNY. ¿Le habrá oído?
DIONISIO. Sí. Los pobres estos lo oyen todo.
Tres sombreros de copa. Mihura
En lo que esté en mi mano, no me pienso dormir, cariño, déjate de que estrangulo su personalidad, ahí tienes al otro, charlando con el portero a todas horas, ya ves qué personalidad, que si la personalidad consiste en negarse a llevar luto por un padre, mejor que no la tengan. Después de todo, mis ideas no son tan malas y o poco valgo o mis ideas han de ser las de mis hijos, querido, y si Mario [tu hijo] quiere pensar por su cuenta y razón, que lo gane y se vaya a pensar donde una patrona, que mientras viva bajo mi techo, los que de mí dependan han de pensar como yo mande. Bueno está lo bueno, o se es o no se es, que diría la pobre mamá, porque tú me dirás qué provecho puede sacar mi hijo de dar palique al señor Abundio, en la garita además, [...], que es verte a ti, Mario, que es tu vivo retrato, hijo, acuérdate del viejo chocho de Bertrán, cada vez que venía con la paga, tú venga de darle carrete, que si gana- ba mucho o ganaba poco, tú dirás, con un bedel, que de unas cosas pasabais a otras, que se lo oí, no te creas que no, bien claro lo dijo que si todavía estaba útil, sobre todo cambiando de jaca, imagínate esa momia, sordo ade- más, que vosotros por presumir de hombres cualquier cosa. Estoy cansada de decírtelo, Mario, que a esta gente le das confianzas y no sabe hasta dónde puede llegar, que das la mano y se toman el pie.
ApuntesMareaVerde.org.es 4º ESO Pág. 120
La familia de Pascual Duarte
Había llegado la ocasión, la ocasión que tan- to tiempo había estado esperando. [...] Estuve escuchando un largo rato. No se oía nada. Fui al cuarto de mi mujer; estaba dor- mida y la dejé que siguiera durmiendo. Mi madre dormía también a buen seguro. Volví a la cocina; me descalcé; el suelo estaba frío y las piedras del suelo se me clavaban en la punta del pie. Desenvainé el cuchillo, que brillaba a la llama como un sol.
Allí estaba, echada bajo las sábanas, con su cara muy pegada a la almohada. No tenía más que echarme sobre el cuerpo y acuchi- llarlo. No se movería, no daría ni un solo grito, no le daría tiempo... Estaba ya al alcance del brazo, profundamente dormida, ajena — ¡Dios, qué ajenos están siempre los asesina- dos a su suerte!— a todo lo que le iba a pa- sar. Quería decidirme, pero no lo acababa de conseguir; vez hubo ya de tener el brazo levantado, para volver a dejarlo caer otra vez a lo largo del cuerpo.
Pensé cerrar los ojos y herir. No podía ser; herir a ciegas es como no herir, es exponerse a herir en oí vacío... Había que herir con los ojos bien abiertos, con los cinco sentidos puestos en el golpe.
C. J. Cela
TEXTOS DE LA UNIDAD 8
Doña Rosita, la soltera o el lenguaje de las flores
Acto primero
Habitación con salida a un invernadero. TÍO. ¿Y mis semillas?
AMA. Ahí estaban. TÍO. Pues no están.
TÍA. Eléboro, fucsias y los crisantemos, Luis Passy violáceo y altair blanco plata con puntas heliotropo. TÍO. Es necesario que cuidéis las flores.
AMA. Si lo dice usted por mí... TÍA. Calla. No repliques.
TÍO. Lo digo por todos. Ayer me encontré las semillas de dalias pisoteadas por el suelo. (Entra en el invernadero.) No os dais cuenta de mi invernadero; desde el ochocientos siete en que la condesa de Wandes obtuvo la rosa muscosa, no la ha conseguido nadie en Granada más que yo, ni el botánico de la universidad. Es preciso que tengáis más respeto por mis plantas.
AMA. ¿Pero no las respeto? TÍA. ¡Chist! Sois a cual peor.
AMA. Sí, señora. Pero yo no digo que de tanto regar las flores y tanta agua por todas partes, van a salir sapos en el sofá.
TÍA. Luego bien te gusta olerlas.
AMA. No, señora. A mí las flores me huelen a niño muerto, o a profesión de monja, o a altar de iglesia. A cosas tristes. Donde esté una naranja o un buen membrillo, que se quiten las rosas del mundo. Pero aquí... rosas por la derecha, albahaca por la izquierda, anémonas, salvias, petunias y esas flores de ahora, de moda, los crisantemos, despeinados como unas cabezas de gitanillas. ¡Qué ganas tengo de ver plantados en este jardín, un peral, un cerezo, un kaki!
Bujías
Sí, cuando quiera yo la soltaré. Está presa aquí arriba, invisible. Yo la veo en su claro
castillo de cristal, y la vigilan (cien mil lanzas) los rayos
(cien mil rayos) del sol. Pero de noche, cerradas las ventanas
para que no la vean
(guiñadoras espías) las estrellas, la soltaré (Apretar un botón.). Caerá toda de arriba
a besarme, a envolverme
de bendición, de claro, de amor, pura. En el cuarto ella y yo no más, amantes eternos, ella mi iluminadora
musa dócil en contra
de secretos en masa de la noche (afuera)
descifraremos formas leves, signos, perseguidos en mares de blancura por mí, por ella, artificial princesa, amada eléctrica.