• No se han encontrado resultados

TEMOR AL FRACASO

In document Descubra Sus Fortalezas - Libro 8 COMPLETO (página 136-140)

¿Existen obstáculos que me impidan desarrollar mis fortalezas?

TEMOR AL FRACASO

Casi siempre éste es el sospechoso, en el sentido de que, como el fracaso no tiene nada de agradable, algunos optamos por no correr riesgos. Pero dentro del contexto de los retos de una vida sólida, este temor al fracaso se torna especialmente adaptable y difícil de desalojar. No todos los fracasos son iguales. Algunos son más fáciles de digerir, generalmente los que podemos explicar sin herir nuestro amor propio. Es diferente decir a los cuatro años: "¡Oiga, no estaba listo!", que cuando siendo adultos en el trabajo decimos: "Me temo que ésa no es mi especialidad", pero el principio es el mismo. Cuando la causa del fracaso aparentemente no tiene nada que ver con lo que somos, es fácil de aceptar.

Sin embargo, algunos fracasos se pegan a la garganta y se alojan allí. Los más persistentes y dañinos son los que sufrimos cuando apostamos a una de nuestras fortalezas, afirmamos algo, ponemos todo nuestro empeño y, aún así, fracasamos. La angustia asociada con esta clase de fracaso puede ser muy intensa. ¿Recuerda la escena de la película Carros de fuego en la cual el corredor Abrahams se vuelve hacia su novia tras perder una carrera para la cual había entrenado con tesón y, atónito, le confiesa en un susurro: "Creo que sencillamente no puedo correr más rápido"?

Ya sea que tengamos un espíritu competitivo como el de Abrahams o prefiramos compararnos contra nuestros propios estándares, la

PONGASUSFORTALEZASENACCIÓN

sensación de fracaso siempre es más intensa cuando recurrimos a nuestras fortalezas y éstas nos fallan. A pesar del consejo bien intencionado de la sociedad que nos dice: "trata, trata de nuevo", en momentos como ése la desesperación se puede apoderar de nosotros. "Identifiqué un talento, lo cultivé hasta convertirlo en fortaleza, me lo apropié, practiqué y aun así fracasé. ¿Qué puedo hacer ahora?". Otro aspecto de este temor al fracaso emanado de una fortaleza es que la sociedad reserva sus burlas más punzantes para quienes se apoyan en sus fortalezas y después fracasan. Pensemos en lo cerca que estuvo Donald Trump de la quiebra de sus negocios a principios de los años 90. Pensemos en las dificultades de Richard Branson con su lanzamiento de la marca de gaseosas Virgin Cola. Pocas personas hay que puedan decir, con la mano en el corazón, que no sintieron un cosquilleo de placer al ver tambalear semejantes esfuerzos. Nuestros instintos más bajos nos empujan a disfrutar de las desgracias de los demás; infortunadamente, nuestro placer parece crecer en proporción directa con el ego de la otra persona. Mientras más grande sea ese ego, mayor es nuestro placer frente a su fracaso. Por estas dos razones, muchos de nosotros nos cuidamos de exponernos públicamente al desarrollar nuestras fortalezas. Preferi- mos permanecer encerrados en nuestra sala de trabajo sellando las grietas. Ese es el camino que la sociedad respeta porque implica diligencia y humildad. Infortunadamente, como ya lo dijimos, corri- giendo las debilidades jamás llegaremos a la excelencia. ¿Entonces qué podemos hacer? ¿Cómo podemos vencer este temor intenso de fracasar al apostar a nuestras fortalezas?

Bueno, lo más probable es que nunca podamos disolver totalmente el temor a nuestro fracaso personal o el pequeño placer por el fracaso de los demás. Los dos parecen ser parte integral de los aspectos de la naturaleza humana comunes a la mayoría de nosotros. Sin embargo,

SUSPREGUNTAS

si los examinamos de cerca, podemos al menos desmitificarlos hasta el punto de que ninguno de los dos se convierta en impedimento para desarrollar las fortalezas.

Comencemos con el problema del ego. ¿Es egocentrista querer dedicar la vida a desarrollar las fortalezas? Todo lo que hemos aprendido a través de nuestra investigación lo niega. Desarrollar las fortalezas no es sinónimo de egocentrismo. Egocentrismo es reclamar la excelencia sin un asidero real para nuestras afirmaciones. Esta postura rimbombante y de apariencia ante la vida es presa fácil de la burla.

Pero desarrollar las fortalezas no es necesariamente cuestión de ego. Es cuestión de responsabilidad. No debemos enorgullecemos de nuestros talentos naturales como no debemos enorgullecemos de nuestro sexo, nuestra raza, o el color de nuestro cabello. Nuestros talentos naturales son dones de Dios o accidentes del nacimiento, dependiendo de lo que cada quien crea. No tuvimos nada que ver con ellos. Sin embargo, tenemos la gran responsabilidad de moldearlos para convertirlos en fortalezas. Es nuestra gran oportunidad de transformar nuestros talentos naturales, a través de la atención, la práctica y el aprendizaje, en desempeños consistentemente casi perfectos.

Visto de esta manera, evitar las fortalezas y concentrarse en las debilidades no es señal de humildad diligente. Es casi un acto de irresponsabilidad. Por otro lado, el acto de mayor responsabilidad, de mayor desafío y, en el sentido de ser fiel a uno mismo, el de mayor honestidad, es reconocer el potencial de fortaleza inherente en los talentos y encontrar la forma de realizarlo.

¿Podríamos fracasar en el intento? Por supuesto que sí. Llegar a tener una vida sólida implica dejar que el desempeño sea el juez último de nuestras fortalezas. El desempeño, correctamente medido, es implacable e inmisericorde y habrá ocasiones en que el veredicto será desfavorable.

PONGASUSFORTALEZASENACCIÓN

¿Entonces qué? ¿Qué es en realidad lo peor que podría suceder? Identificamos un talento, lo cultivamos hasta convertirlo en fortaleza y no logramos desempeñarnos según lo esperado. Claro que duele, pero no tiene por qué aniquilarnos. Es una oportunidad para aprender e incorporar ese aprendizaje en la siguiente actuación, y en la siguiente. ¿Y qué sucede si estas actuaciones fallan nuevamente? Bueno, pues hay más sufrimiento. Pero también nos dice algo: quizás estemos buscando nuestras fortalezas en el sitio equivocado. A pesar del sufrimiento, por lo menos quedamos libres para orientar la búsqueda por un camino más productivo. Como aconsejó el ingenioso W. C. Fields: "Si la primera vez fracasa, trate de nuevo. Después tire la toalla. No tiene sentido hacer el ridículo".

Este consejo se da fácilmente pero es difícil de aplicar porque, cuando desarrollamos nuestras fortalezas, a veces progresamos rápi- damente y a veces retrocedemos, y debemos consolarnos sabiendo que ésa es la manera de vivir una vida sólida. Este proceso de actuar, aprender, perfeccionar, actuar, aprender y perfeccionar, por torpe que pueda ser, es la esencia del proceso de vivir una vida sólida. Para ello debemos ser atrevidos, perceptivos, oír la retroalimentación del mundo frente a nuestro desempeño y, por encima de todo, continuar investigando nuestras fortalezas, a pesar de la multitud de influencias que tratan de apartarnos de ellas. Para citar nuevamente a Cari Jung con una frase muy acertada: "La fidelidad a la ley de nuestro propio ser es... un acto de valentía lanzado al rostro de la vida".

Una advertencia: cuidado con el único peligro amenazador que podría atentar contra usted: el engaño. Este se produce cuando insistimos en actuar, fracasamos una y otra vez, y no nos damos cuenta de ello. Usted cree tener la fortaleza de la Oratoria y, no obstante, no se da cuenta de que su público se desconecta. O imagina que es un vendedor superestrella pero no comprende por qué nadie le compra

SUSPREGUNTAS

nada. O piensa que es el mejor gerente de personal desde Vince Lombardi y, no obstante, no observa que los empleados lo evitan cuando lo ven patrullando los pasillos. O, lo que es más peligroso de todo, usted tiene una ligera noción de su mal desempeño pero busca millones de razones para explicar que no es cosa suya. El engaño sumado a la negación es una combinación letal.

Si tiene esta afección, nada de lo que lea en este libro le servirá de cura. Lo único que podemos decirle es que quien sale más perjudicado (a) es usted mismo (a). El filósofo Baruch Spinoza dijo que "el único propósito en la vida es ser lo que somos y convertirnos en lo que somos capaces de llegar a ser". Usted podría no estar de acuerdo con esta forma de ver las cosas, pero no cabe duda de que una de las metas de la vida es descubrir y aplicar las fortalezas. Si el engaño y la negación han adormecido sus sentidos, usted dejará de buscar sus fortalezas verdaderas y terminará viviendo una versión de segunda de la vida de otra persona en lugar de una versión notable de la suya propia.

In document Descubra Sus Fortalezas - Libro 8 COMPLETO (página 136-140)