1.4 Marshall Mcluhan: las extensiones del ser humano y la ―aldea global‖
1.4.2 La Temperatura de los medios y su condicionamiento histórico
Ahora, McLuhan realiza una división de los MCM según un criterio bastante particular que lo lleva a distinguir entre medios fríos y medios calientes. Esta división de los medios
según su ―temperatura‖ se refiere al tipo específico de características relacionales que cada medio, por su propia condición, implica para las relaciones humanas y las relaciones establecidas con ese medio. Esta división gira en torno a dos factores base:
La definición del medio en cuanto cantidad de información que contiene (en una referencia tomada de la televisión se refiere a medios con alta definición y medios con baja definición).
La participación que el medio permite o exige de los que participan en él, relacionado por supuesto a la definición de un medio, pues a mayor definición menor será la participación que el medio exija o permita:
El medio caliente es aquel que extiende, en «alta definición», un único sentido. La alta definición es una manera de ser, rebosante de información. Una fotografía es, visualmente, de alta definición. La historieta es de «baja definición- simplemente porque aporta muy poca información visual. El teléfono es un medio frío, o de baja definición, porque el oído sólo recibe una pequeña cantidad de información. (McLuhan 1996, 43)
En este sentido, hay medios que poseen una cualidad informativa ―abundante‖, transfieren
un sentido único que no está abierto a una proporción alta de participación y no necesita ni permite ser ―completado‖ o complementado por los participantes en alto grado, estos son
53
los medios calientes y la participación o uso de ellos suele ser intenso, de allí el adjetivo de
―caliente‖. Por otro lado, los medios fríos transmiten pequeñas cantidades de información, en baja definición, que exigen una actitud de ―complementariedad‖ o ―compleción‖ por parte de los individuos. En este sentido los medios calientes tienen una tendencia excluyente y los medios fríos una incluyente, es por esto que McLuhan afirma que los medios calientes son poco participativos y los medios fríos altamente participativos:
Así, pues, los medios calientes son bajos en participación, y los fríos, altos en participación o compleción por parte del público. Es obvio que, para el usuario, un medio caliente como la radio tiene efectos diferentes de un medio frío como el teléfono (…) Un medio caliente permite menos participación que uno frío: la lectura deja menos lugar a la participación que un seminario, y un libro menos que un diálogo. Con la imprenta, fueron eliminadas de la vida y del arte muchas formas anteriores y otras muchas se vieron dotadas de una extraña y nueva intensidad. Nuestra época también está repleta de ejemplos del principio de que los/medios calientes excluyen y los fríos incluyen. (McLuhan 1996, 43 y 44)
En relación a la intensidad de las relaciones y experiencias que implican los medios según su temperatura es muy interesante observar las reflexiones de McLuhan en torno al papel del olvido y la memoria en la constitución de las estructuras mentales y las actitudes individuales. Esta interpretación supone también un impacto estructurante de las tecnologías mediáticas sobre elementos psíquicos como el mantenimiento de la identidad moral, las estructuras de conocimiento y de observación, e incluso los entramados biológicos como la red neuronal y el sistema nervioso. McLuhan supone también que es posible que nuestro cuerpo y nuestra mente no estén en condiciones de recibir la cantidad de información en sus diversas formas a la que los medios nos exponen, sin poseer estructura de mediación:
La intensidad, o alta definición, engendra especialización y fragmentación, en la vida y en los entretenimientos; ello explica por qué una experiencia intensa ha de ser «olvidada», «censurada» y reducida a un estado muy frío antes de poder ser «aprendida» o asimilada. El «censor» freudiano es menos función moral que requisito indispensable
54
para el aprendizaje. Si tuviéramos que recibir, plena y directamente, todos los choques contra nuestras diversas estructuras de conocimiento, acabaríamos nerviosamente destrozados, actuando con retraso y apretando cada cinco minutos el botón del pánico. El «censor» protege nuestro sistema central de valores, y nuestro sistema nervioso físico, con sólo enfriar considerablemente la manifestación de una experiencia. Este sistema de enfriamiento produce, en mucha gente, un estado psíquico vitalicio de rigor mortis, o de sonambulismo, muy fácil de observar en las épocas de innovaciones tecnológicas. (McLuhan 1996, 44 y 45)
Ambos tipos de medios tendrán impactos diversos en la historia humana y, dependiendo
del tipo de medios ―hegemónicos‖, en una época habrá relaciones sociales específicas. Veremos más adelante cuáles serían estas para nuestra época, relaciones que terminarían desembocando en lo que McLuhan llamó la aldea global. Hay que decir que los medios pueden alterar su intensidad de acuerdo a los cambios tecnológicos que sufran, este es el caso de la escritura que puede ser tanto un medio frío en los jeroglíficos como uno caliente con el alfabeto fonético. La aparición de tecnologías novedosas puede tener impactos tanto individualizantes como retribalizantes: medios calientes sumamente especializados de intercambio o información como el dinero, la rueda o la escritura pueden hacer explotar un orden tribal como ilustra este relato de McLuhan:
En The Rich and the Poor, Robert Theobald da un ejemplo del impacto perturbador de una tecnología caliente que sucede a otra fría. Cuando los misioneros dieron hachas de acero a los aborígenes australianos, se desmoronó su cultura basada en el hacha de piedra. Ésta, además de ser un bien escaso, siempre había sido un símbolo básico de la categoría e importancia de los varones. Los misioneros llevaron grandes cantidades de afiladas hachas de acero que repartieron a mujeres y niños. Los hombres tenían que pedírselas prestadas a las mujeres, y ello provocó el colapso de la dignidad masculina. Una jerarquía tribal o feudal de tipo tradicional se colapsa rápidamente al toparse con cualquier medio caliente de tipo mecánico, uniforme y repetitivo. (McLuhan 1996, 45)
55
Por otro lado, medios fríos no especializados tales como la energía eléctrica, que actúan a velocidades sumamente altas generan patrones de retribalización, unificando aquello que previamente fue fragmentado y quebrado, por medios en otra hora novedosos y dominantes como la imprenta:
Asimismo, una gran aceleración, como la que produce la electricidad, puede restablecer pautas tribales de intensa implicación, como ocurrió en Europa con la introducción de la radio, y como está ocurriendo ahora en América del Norte con la televisión. La tecnología especializada destribaliza. La tecnología eléctrica no especializada retribaliza. (McLuhan 1996, 46)
La emergencia de las tecnologías eléctricas genera una forma nueva de tribalismo: ahora gatillado por las actitudes, los cambios en la percepción y en la sensibilidad que produce la era eléctrica que ya en la década de 1960 McLuhan veía concretarse. Esta nueva era generada por las tecnologías eléctricas hace que los vínculos instaurados por las viejas tecnologías se transformen radicalmente: el peso que una vez cayó sobre el individuo y dio lugar a su protagonismo durante siglos empieza a menguar, y el acento se pone una vez más sobre la totalidad. La humanidad se convierte en una enorme tribu conectada por las
―redes neuronales y nerviosas‖ de la tecnología eléctrica, estas redes se expanden infinitamente en el planeta como en un organismo. El espacio y el tiempo se contraen y posteriormente implosionan logrando que este cambio no solo se dé como un cambio tecnológico más, sino como un cambio en la propia orientación del desarrollo tecnológico en la historia humana; desarrollo que con esto parece estar llegando a sus etapas finales:
Tras tres mil años de explosión mediante tecnologías mecánicas y fragmentarias, el mundo occidental ha entrado en implosión. En las edades mecánicas extendimos nuestro cuerpo en el espacio. Hoy, tras más de un siglo de tecnología eléctrica, hemos extendido nuestro sistema nervioso central hasta abarcar todo el globo, aboliendo tiempo y espacio, al menos en cuanto a este planeta se refiere. Nos estamos acercando rápidamente a la fase final de las extensiones del hombre: la simulación tecnológica de la conciencia, por la cual los procesos creativos del
56
conocimiento se extenderán, colectiva y corporativamente. (McLuhan 1996, 25)
A este momento último del desarrollo tecnológico, comunicativo y cognitivo de la civilización McLuhan llama aldea global, un estado de la sociedad que si bien contiene patrones de organización previamente experimentados en la historia humana (como el orden tribal) también contiene, fundamentalmente, dinámicas sociales jamás antes experimentadas e imaginadas antes de nuestra era. La velocidad, la presencia obnubiladora de la información a nivel global, las sensibilidades y pautas de pensamiento y comportamiento que generan las tecnologías, etc., nos dejan liberados en un mundo eléctrico descentrado que late con una aceleración inusitada combinando pautas culturales provenientes de diversos momentos históricos y ante el cual ―estamos indefensos‖:
Estamos tan desamparados ante el nuevo mundo eléctrico como el nativo involucrado en nuestra cultura alfabetizada y mecánica. La velocidad eléctrica mezcla las culturas de la prehistoria con la hez de la comercialización industrial, al analfabeto con el medio alfabetizado y el postalfabetizado. Colapsos mentales de varios grados de intensidad son un resultado muy frecuente del desarraigo y de la inundación con nueva información y un sinfín de nuevos patrones de información. (McLuhan 1996, 37)
Al no poder preveer los infinitos impactos que esto tendría en nuestra sociedad mundial, se desata una dinámica reunificadora que tenderá a generar una nueva forma de humanidad: una aldea global.
57