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1.1 Antecedentes del Problema

2.1.7 Teoría del Costo de Agencia

“La teoría de la agencia describe a la empresa como una mera ficción legal que sirve como nexo de relaciones contractuales entre agentes económicos individuales. Estos contratos

denominados de agencia [permiten] que una persona llamada principal (accionistas, prestamistas o inversores en general) atribuya a otra llamada agente (directivos) la realización de las decisiones empresariales quedando obligado en su nombre y por cuenta del principal a la realización de las mismas y a rendir cuentas” (Vendrell, 2007, p. 41). El problema de la relación agente principal se presenta cuando el agente toma decisiones que vayan en su propio beneficio y no en el de los dueños de la compañía. La falta de alineación entre los objetivos de la gerencia y de los propietarios trae consigo problemas que pueden ser controlados por parte de los propietarios incluyendo mecanismos de control. Estos mecanismos conllevan costos adicionales para la compañía denominados de agencia (Krause, 2000). Los costos de agencia pueden definirse como la suma de los costes de formalización y seguimiento de los contratos: costes de supervisión por parte del principal, costes de garantía o fianza por parte del agente y la pérdida residual (Vendrell, 2007).

El planteamiento realizado por la teoría financiera de la agencia aporta nuevos efectos positivos y negativos de la deuda sobre el valor de la empresa. En este enfoque, las relaciones contractuales que se establecen entre los prestamistas y los accionistas internos y externos a la dirección de la empresa se interpretan como relaciones de agencia. A este respecto Azofra y Fernández (1992, p. 123) plantean que:

La incertidumbre acerca de las posibilidades de comportamiento oportunista por parte de la dirección, la [imperfección] de los contratos financieros y la inclusión en los mismos de cláusulas de responsabilidad limitada se traducen en problemas de «observabilidad» e información asimétrica que determinan el efecto de las decisiones de endeudamiento y dividendos sobre el valor de la empresa, bien porque los sistemas de incentivos incorporados a las relaciones contractuales financieras no inducen a la dirección de la empresa a adoptar actitudes frente al riesgo similares a las de los aportantes de fondos, bien por la dificultad de transmitir al mercado, información creíble acerca de las expectativas de la empresa, información necesaria para la valoración de ésta por aquélla.

Vendrell, (2007), permite complementar este planteamiento al indicar que: en los conflictos de intereses entre los accionistas y los directivos el aumento del nivel del capital propio aumenta los costes de agencia; por tanto, la emisión de deuda puede atenuar los conflictos de intereses entre los directivos y los accionistas porque disminuye los costes de agencia. Al contrario, en los conflictos de intereses entre los accionistas y los acreedores financieros, los costes de agencia serán mayores cuanto mayor sea el nivel de endeudamiento; dado que dichos conflictos están

relacionados con la diferencia de derechos económicos, es decir, dado el diferente riesgo asumido en la relación contractual empírica. A este respecto Vendrell, (2007, p. 50) plantea que:

En cuanto a los propietarios o accionistas, la relación mantenida con la empresa suele caracterizarse por la responsabilidad limitada al capital aportado ante las operaciones societarias. Después de remunerar a los diferentes factores productivos, incluida la dirección, pueden disponer de la renta residual o beneficio resultante de la actividad empresarial que puede llegar a ser ilimitado; mientras que la cuantía de las pérdidas soportadas, en caso de liquidación, es siempre limitada al capital aportado. De modo que, en caso de darse una situación de dificultad financiera en la empresa, los accionistas deben responden de las deudas contraídas por la empresa hasta un nivel máximo igual a la cuantía del capital aportado a la misma.

Por el contrario, los acreedores financieros u obligacionistas aportan unos recursos financieros que son remunerados a un tipo de interés fijado, lo cual implica que tanto las pérdidas como las ganancias sean de carácter restringido, en el sentido de estar perfectamente delimitadas. Sin embargo, los acreedores disfrutan de una ventaja frente a los accionistas: la prioridad al recibir el reembolso de las aportaciones y en el reparto del patrimonio empresarial en procesos de insolvencia financiera o quiebra en los cuales los recursos generados por la empresa son insuficientes para atender el pago de intereses y el reembolso del principal.

La confirmación de la existencia de potenciales conflictos de agencia entre accionistas y acreedores financieros contribuye a la teoría del tradeoff, dado que la posibilidad de que la empresa pase a tener problemas financieros puede implicar cambios en las decisiones operativas y de inversión de la empresa (Myers, 2001).

El modelo de Jensen y Meckling (1976 citados por Vendrell, 2007) presupone la existencia de una estructura financiera óptima que se obtiene al compensar los costes de la deuda con los beneficios de la deuda surgidos en las relaciones de agencia. Es decir, existirá un nivel de endeudamiento para el que se producirá un valor mínimo de los costes totales de agencia o, de otro modo, un valor máximo de la empresa.

Leland (1998 citado por Vendrell, 2007), incorpora al modelo de la teoría financiera de la agencia el efecto impositivo de la deuda y el efecto de los costes de dificultades financieras con lo que consigue una reformulación, actualizada con los costes de agencia, del modelo tradeoff. Bajo este modelo las empresas alcanzan el nivel de deuda óptimo, que maximiza el valor de la empresa,

marginales de las dificultades financieras y de agencia asociados. Es decir, en este nuevo modelo las ventajas procedentes del ahorro fiscal de la deuda se ven contrarrestadas por los costes de dificultades financieras y los costes de agencia.