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Teoría y técnica de la terapia conductual

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aplicada al grupo

Existen dos grandes aproximaciones a la comprensión y el tratamiento de los trastornos de la conducta que han dominado a la psicología clínica desde los co- mienzos de este siglo, éstas son la psicodinámica, desarrollada como consecuencia de la obra de Freud, y la conductista, que surgió a partir de la obra de Pavlov. La aproximación psicodinámica se ha caracterizado por su énfasis clínico y porque la ponen en práctica personas entrenadas en medicina y psicólogos quienes no poseen una inclinación experimental. La aproximación conductista aplica métodos y controles de laboratorio, para el estudio y la modiflcación de formas anormales de compor- tamiento, con una base estrictamente experimental.

El desarrollo histórico de la terapia conductista puede considerarse como la confluencia de varias tendencias un tanto distintas, como la ejercida, en un inicio, por la psicología rusa, con los experimentos de condicionamiento clásico, realizados por Iván Pavlov y Bechterev (citados en Eysenck, 1967), y después con el condicio- namiento instrumental. Ambos fueron importantes en los primeros 30 años del siglo XX, ya que sus procedimientos experimentales comenzaron a aplicarse (hasta donde fue posible) casi de inmediato al área del comportamiento anormal. Pavlov, además de publicar los resultados de sus experimentos de laboratorio con animales, hizo extensas publicaciones acerca de la aplicación de sus técnicas y teorías al comportamiento anormal, tales como la histeria (1933), la neurosis obsesiva y la paranoia (1934). De la misma manera, Bechterev editó sus estudios experimentales generales (1932), considerando su aplicación a la psiquiatría. El inicio de la aproximación objetiva (basada en experimentos) a las anormalidades del comportamiento, partió del conocimiento de los principios del condicionamiento.

En el decenio de los 30, en el siglo XX, se intentó explorar la naturaleza de la neurosis al inducir comportamientos neuróticos en animales como perros, ovejas,

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ratas, cerdos y gatos; todo esto con la finalidad de saber si los principios básicos encontrados podían ser o no aplicados de manera eficaz a los seres humanos.

Tanto en la ex Unión Soviética como en Estados Unidos, surgió el interés por aplicar los principios del condicionamiento a la comprensión y el tratamiento de los trastornos de la conducta. No se limitaron a investigar fenómenos periféricos simples, sino que abarcaron formas más complejas de perturbaciones del comportamiento, tales como ansiedad, temores de la infancia, depresión, homosexualidad, histeria y otros. De manera posterior, se empezaron a desarrollar teorías del aprendizaje que también fueron importantes para la consolidación de la terapia conductual. De hecho, estos modelos teóricos abarcan una gama mucho más amplia de fenómenos que las situaciones de condicionamiento.

La obra de Hull, basada en gran parte en los hallazgos de los instrumentalistas estadounidenses como Thomdike, fue determinante pues los constructos teóricos definidos con rigor capacitaban a los psicólogos en el empleo tanto de la teoría como de los hechos empíricos, en el campo del comportamiento anormal, en donde el término "teoría del aprendizaje" se aplicó cada vez más.

Años después en Inglaterra, Eysenck (1967), en el entonces Instituto de Psiquia- tría del que era director general de departamento, encontró que en la sección clínico-docente las actividades del psicólogo clínico se reducían casi de manera exclusiva a la labor del psicómetra; por lo que criticó la validez y confiabilidad de las técnicas proyectivas, y de la aproximación psicodinámica en general. Este autor ejerció una gran influencia en la delimitación del rol básico del psicólogo clínico, al concebirlo de modo fundamental como investigador, al mismo tiempo que rechazó el rol de seudopsiquiatra que con frecuencia adoptaban. Por otro lado, definió las dimensiones de la personalidad en extroversión, introversión, neuroticismo y psicoticismo; concibiéndola con una estructura jerárquica dividida en cuatro niveles, a saber, de tipo, de rasgo, de respuesta y de respuesta específica.

Por su parte, Wolpe (1968), en Sudáfrica, rechazó la teoría y técnica psicoanalí-ticas, lo cual culminó en la aparición de su libro sobre psicoterapia por inhibición recíproca; la aplicación que hace de este principio es de naturaleza clínica. El hecho de que Wolpe haya formulado una teoría general neurofisiológica con miras a una aplicación clínica, hizo que algunos críticos se refirieran a una Escuela Eysenck-Wolpe, como si ésta fuera representativa de un tipo de terapia del comportamiento.

La teoría del condicionamiento operante fue desarrollada por Skinner (citado en Yates, 1973) en Estados Unidos, él se interesó en la observación de las áreas de la conducta más plásticas y maleables, donde fuera posible introducir cambios. Para Skinner, las leyes que rigen la conducta son científicas, una síntesis de ellas propor- cionaría un cambio completo del organismo, pues éste se percibe como un sistema de conductas. Skinner concibe iguales a la conducta normal y anormal en cuanto a su desarrollo, pero para lograr la modificación de la segunda son necesarios la observa- ción y el condicionamiento operante.

En la actualidad, se puede considerar que la terapia conductual consiste en la aplicación de principios experimentales establecidos para lograr la superación de los hábitos no adaptativos y persistentes, escudriñando, en caso de ser necesario, toda la gama de las ciencias de la conducta para así obtener los principios pertinentes. En los procedimientos de teorización e investigación de esta terapia se insiste en el rigor de las normas de comprobación y en el sometimiento de los procesos terapéuticos a un análisis experimental.

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