5. LOS TESTIMONIOS
5.1 TESTIMONIOS DE LA CULTURA MATRIARCAL
5.1.1 LA PRIMERA ÚRSULA
Para evidenciar la cultura matriarcal que aún se presenta en la Costa Caribe, se escogieron tres mujeres que representan, cada una de una manera distinta, a la enigmática Úrsula Iguarán. En el municipio de Mompox, Bolívar, está una de ellas, Faiza Gutiérrez de Piñeres.
Esta mujer de 83 años es un reflejo del personaje de Cien años de soledad, ya que, al igual que Úrsula, ha sido desde que enviudó hace casi tres décadas, el sostén económico de la familia y la verdadera cabeza del hogar. A pesar de su edad, controla todo desde su casa y no permite que nadie le diga qué hacer. Es evidente con el testimonio a continuación que esto es verídico.
“Mija, en esta casa mi marido terminó casi dependiendo de mí. Yo iba siempre al lado de él, haciendo las cuentas, acompañándolo en sus giras de hasta tres días para lograr llevar los 900 novillos que mandábamos semanalmente a distintos puertos ribereños, dirigiendo cuanto empleado se necesitara dirigir. Encima, yo eduqué a mis seis hijos, a una nieta y a un hijo natural que Germán tuvo antes de que nos casáramos. Mi marido nunca supo qué era eso, él se dedicaba honradamente al trabajo. Yo, en cambio, hacía ambas cosas. Tuve cinco empleados para que me ayudaran, pero siempre todo iba bajo mi orden. A todos mis hijos los mandé a estudiar a Bogotá, inclusive mandé a Barranquilla a estudiar a los dos hijos de una de mis empleadas de confianza. A Germán hasta le enseñé a comer, pues él no tenía idea de lo que era alimentarse como se debía y yo eso también se lo di. Por eso, aunque me dolió en el alma perderlo, cuando me dejó hace 28 años, yo tenía ya todo organizado y sabía exactamente cómo manejarlo todo, pues, en últimas, siempre he sido yo la que lo he controlado”.
5.1.2 LA SEGUNDA ÚRSULA
La segunda Úrsula Iguarán fue encontrada en el municipio de El Piñón, Magdalena, y se llama Antonia Brochero Meléndez. A pesar de que murió en el mes de abril del 2012, se entrevistaron tres de sus cinco hijos, Roberto Zambrano Brochero, Ruby Zambrano Brochero y Edith Zambrano Brochero, quienes
contaron las anécdotas que la hicieron llegar a hacer parte del conjunto de crónicas.
Esta mujer, que murió a sus 93 años, es considerada la segunda Úrsula, por cuanto durante su vida siempre tuvo mucho contacto con personas consideradas locas por su forma de actuar y su forma de ser, y fue muy generosa con ellas. La locura y la cultura matriarcal son dos temáticas que se entrelazan en esta crónica. En el siguiente testimonio de la hija mayor, Ruby Zambrano Brochero, se puede justificar lo anteriormente escrito.
“Mi madre era la madre de los locos. Durante toda su vida, su casa, tanto en El Piñón como en Barranquilla, se caracterizó por tener las puertas abiertas de par en par. Por eso, allí entraba el que fuese y a todos los aceptaba como hijos. Los locos comenzaron desde que nosotros éramos pequeños. Estaba la Niña Carranza que se enloqueció después de perder a una hija y llegaba a la casa gritando porque había soñado con hombres desnudos que cargaban botas y comenzaba a limpiar el patio mientras les rezaba a los dioses para que dejaran todo limpio”.
También se puede demostrar que Antonia era una muestra de una Úrsula Iguarán con la siguiente historia acerca de la loca de la calle, Luz. Esta anécdota fue contada por su segundo hijo, Roberto Zambrano Brochero.
“Luz era un personaje verdaderamente macondiano. Entraba a la casa cuando se escondía el sol y, sin importar que estuviese Raimundo y todo el mundo en la casa, ella se quitaba toda la ropa, se echaba encima dos tarros de polvo Mexana y se sentaba en el comedor a rezarles a sus dioses. Le pedí mil veces a mi mamá que semejante espectáculo no lo podía hacer en el comedor enfrente de todo el mundo, pero mi mamá, como siempre, autoritaria y dueña de su vida, no aceptaba y dejaba que Luz continuara con su ritual nocturno. Luz pasaba todo el día recolectando cosas y al final de la tarde llegaba y se las entregaba a mi mamá. No eran cosas de valor, sino cosas que encontraba en el piso. No sabemos cuándo llegó, pero sabemos que se quedó hasta que murió mi mamá. Luego, como parte de una promesa que le hicimos a mi mamá, la metimos en un sanatorio en Puerto Colombia y allá sigue rezando, solo que sin el polvo”.
5.1.3 LA TERCERA ÚRSULA
Quizás la más parecida de todas las versiones de este personaje macondiano es la tercera, Berta Pérez de Caro. Las anécdotas contadas por ella y tres de sus cinco hijos, Mireya, Roberto y María Ángelica, ejemplifican con su forma de ser tan autoritaria la cultura matriarcal que tanto se ha discutido en esta tesis. Con el siguiente texto se busca probar el parecido de esta piñonera de nacimiento, pero barranquillera de corazón, con el personaje centenario.
“Yo marché y les hice política a todos los candidatos presidenciales de mi partido. Fui una mujer revolucionaria para la época, ya que no muchas mujeres se le medían a eso. Yo iba en contra de los ideales políticos de mi marido y casi siempre estábamos en desacuerdo en esos temas. Además, encontraba el tiempo para criar a mis cinco hijos, mientras mi querido esposo iba a encargarse de las tierras que teníamos en el Magdalena. Él podía mandar allá en la finca, pero yo mandaba aquí en la casa. Y no le digas a él, pero hasta el sol de hoy puedo decir que sigue siendo así”.