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El tiempo en el relato.

5 El discurso narrativo

5.13. El tiempo en el relato.

Formalización literaria y valor sémico. El cronotopo16

No es posible objetivar directamente el tiempo, porque no subsiste por sí mis- mo, ni tampoco permanece en las cosas, sino que actúa como una condición del sujeto. Acaso podría pensarse que el tiempo es sólo una categoría de la acción, o una de sus condiciones formales, desde el momento en que las acciones de los personajes si sitúan en un tiempo, como los fenómenos de la realidad. I. Kant ha explicado que el tiempo no subsiste por sí mismo, ni pertenece a las cosas, como determinación objetiva que per- manezca en el ser en sí. El tiempo y el espacio, como formas apriorísticas de pensa- miento, son las condiciones formales de todos los fenómenos, incluso sin objetos reales. La obra de M. Bajtín constituye, desde este punto de vista, uno de los referentes más importantes, en lo que se refiere al análisis formal y funcional del tiempo y del espacio (cronotopo) en el discurso narrativo.

M.C. Bobes (1985: 148), en el marco de la evolución de los conceptos narrato- lógicos, señala dos tipos de relaciones temporales en el discurso narrativo:

1) El tiempo de la historia (o trama) : Es el tiempo de la historia contenida en el discurso, que sigue el modelo del tiempo físico, cronológico, objetivo, lineal, y que sin embargo puede presentarse en el discurso de forma alterada por el narrador, quien lo presenta y manipula en el relato como cree conveniente, en sus formas de expresión, de relación, de sucesividad, de simultaneidad, etc...

2) El tiempo del discurso (o argumento) : Es el resultado de la adaptación, reali- zada por el narrador mediante recursos diversos, del tiempo de la historia.

La conciencia del tiempo en el discurso narrativo no se manifiesta propiamente hasta el siglo XVIII, salvo en excepciones como la novela autobiográfica de la antigüe- dad, los géneros hagiográficos, u otras formas de cronotopo señaladas por M. Bajtín

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Cfr. AA. VV. (1990), A.I. Alonso Martín (1986), E. Anderson Imbert (1979, reed. 1992), M. Bal (1977, trad. 1985), M. Baquero Goyanes (1970, reed. 1989), M. Baquero Goyanes (en G. y A. Gullón [1974; 231-242]), M.C. Bobes Naves (1985, 1991), R.H. Castagnino (1967), F. Delgado León (1973, 1988), E.M. Forster (1927, reed. 1970, trad. 1983), G. Genette (1972, trad. 1989; 1983), W.W. Holdheim (1984), R. Ingarden (1931, trad. 1983; 1937, trad. 1989), F. Kermode (1967, trad. 1983), J. Kristeva (1994), A. Martín Jiménez (1989), A.A. Mendilow (1952, reed. 1972), H. Meyerhoff (1955, reed. 1968), M. Picard (1989), K. Pomian (1984, trad. 1990), J. Pouillon (1946, trad. 1970), J.M. Pozuelo (1988), G. Prince (1982), P. Ricoeur (1983-1985, trad. 1987), S. Rimmon-Kenan (1983), F.K. Stanzel (1979, trad. 1986), M. Sternberg (1978), P.D. Tobin (1978), D. Villanueva (1977, reed. 1994; 1989, 1991), M. Vuil- laume (1990), H. Weinrich (1964, trad. 1968, reed. 1974), A. Yllera (1974, reed. 1986). Vid. los siguien- tes números monográficos de revistas: L’espace perdu et le temps retrouvé, en Communications, 41 (1985); Temps et récit romanesque. Actes du 2ème Colloque International du Centre du Narratologie

(1979). La novela de educación incorpora el tiempo histórico al discurso, al que otorga determinados sentidos en el desarrollo de la intriga. Bajtín advierte que este fenómeno se aprecia en Rabelais y en la novela del Renacimiento, para alcanzar una expresión más eficaz en la obra de W. Goethe y J.J. Rousseau, y llegar hasta los siglos XIX y XX con las novelas de Ch. Dickens y Th. Mann.

En este sentido, I. Tinianov (1923: 85-88) distingue entre el material narrativo (fábula) y su configuración artística (trama). G. Müller había hablado de tiempo narran- te y tiempo narrado. Tz. Todorov (1972) distingue entre tiempo del relato o de los per- sonajes, tiempo de la escritura o enunciación, y tiempo de la lectura o recepción. G. Genette (1972) propone distinguir los tiempos de la historia (material o significado), del relato (significante o historia configurada formalmente en el texto enunciado), y de la narración (enunciación o proceso que permite el paso de la historia al relato).

P. Ricoeur (1983) propone una división triádica: a) Tiempo prefigurado (míme- sis I), que representa el tiempo de la existencia real, el tiempo material sobre el que se ejerce la actividad artística; b) Tiempo configurado (mímesis II), que alude a la manipu- lación y organización del tiempo según las convenciones propias del arte, y designa el tiempo del texto; c) Tiempo refigurado (mímesis III), que es el tiempo reconstruido a través del acto de lectura, y estrechamente vinculado a las condiciones particulares de cada proceso de recepción.

El análisis del tiempo del discurso permite establecer el orden de la historia, señalar una sintaxis temporal del discurso por relación a la historia, y establecer un có- digo temporal cuyas unidades adquieran sentido en el conjunto y los límites de la nove- la. El tiempo del discurso narrativo está determinado por las relaciones entre el acto de enunciación, que transcurre siempre en un presente convencional (yo cuento que...), y el discurso enunciado, que puede transcurrir en presente (los personajes hablan direc- tamente, la palabra del narrador discurre en un tiempo simultáneo al de los hechos...), o en pasado, si el narrador transcribe lo ocurrido en discursos indirectos, referidos o en sumario diegético.

Convencionalmente se acepta que el tiempo de la enunciación se mantiene siempre en presente (estoy contando), incluso si hay un narrador interpuesto (estoy con- tando que me contaron...), y que el tiempo de la historia —enunciado— puede variar del presente al pasado (sucede que / sucedía que), según haya simultaneidad o anterio- ridad respecto al tiempo de la enunciación (discurso). El presente es la temporalidad que sirve de canon para señalar la relación de presente entre la enunciación (que siem- pre se identifica con un tiempo presente, como el sujeto hablante siempre se identifica con la primera persona “yo”) y el enunciado, que puede situarse en el presente (simul- taneidad) o en el pasado (anterioridad), mas nunca en el futuro (posterioridad). El pro- ceso de comunicación narrador-narratario se realiza siempre en un presente convencio- nal.

En sus estudios sobre las figuras del relato, Genette ha elaborado un modelo desde el que pretende identificar formalmente los diferentes procedimientos o figures del tiempo en el relato. En su obra de 1983, Nouveau discours du récit, Genette trató de

actualizar algunos de sus argumentos, y dar respuesta a varias de las objeciones que la crítica le había planteado. Genette distingue tres aspectos de la temporalidad (orden, duración y frecuencia), con objeto de conocer la disposición del tiempo en el discurso y su organización en la historia.

Algunos autores han negado la existencia del tiempo como unidad de sentido y de estructura en la obra literaria. K. Hamburger (1957) sostiene que el pretérito épico, forma verbal específicamente narrativa, se destemporaliza y pierde su valor denotativo de pasado desde el momento en que se utiliza desde la tercera persona en un discurso de ficción, mientras que en las narraciones autobiográficas, y en los discursos enunciados desde la primera o segunda personas (yo/ tú) el pretérito conserva sus valores específi- cos. H. Weinrich (1964) sostiene, al igual que Hamburger, que las formas verbales ca- recen de referente temporal en el discurso de ficción. Weinrich trata de identificar en los adverbios temporales el sentido del tiempo en el relato, y considera que las formas verbales sólo expresan la actitud del hablante ante el objeto del enunciado.

P. Ricoeur (1983-1985), por su parte, considera que la mayor parte de los estu- dios narratológicos sobre el tiempo se caracterizan por cierta abstracción que desembo- ca en falta de atención hacia la experiencia creativa (autorial) e interpretativa (lecto- rial). Desde el punto de vista de Ricoeur, la obra literaria no puede considerarse desde una autonomía absoluta (estructuralismo), ya que en todo relato está contenida una de- terminada concepción temporal, resultado de una experiencia literaria que representa un lugar de encuentro para el autor y sus lectores reales, de forma que el tiempo vivido actúa decisivamente en la comprensión e interpretación del tiempo literario. Tal es la tesis recogida en sus estudios sobre el tiempo y la narración, al abordar la etapa de refi- guración (Mímesis III) del fenómeno estético por medio de las formas del arte.

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