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CAPITULO II. MARCO TEÓRICO.

3. Tráfico Ilícito de Drogas y el proceso de seguritización.

Establecidos los conceptos de Estado débil, nuevas amenazas y zonas grises, consideramos necesario continuar con la construcción de otro término relevante en nuestra tesis, el de tráfico ilícito de drogas (TID), a los fines de nuestro trabajo la definiremos en base a la Convención de las Naciones Unidas contra el Tráfico Ilícito de Estupefacientes y Sustancias Psicotrópicas (ONU, 1988) -a necesidad de fortalecer y complementar las medidas previstas en la Convención Única de 1961 sobre Estupefacientes, en esa Convención enmendada por el Protocolo de 1972 de Modificación de la Convención Única de 1961 sobre Estupefacientes y en el Convenio sobre Sustancias Psicotrópicas de 1971- donde la define en su artículo 3 como los delitos penales en los derechos internos de los Estados partes cuando se comentan intencionalmente:

a) i) La producción, la fabricación, la extracción, la preparación, la oferta, la oferta para la venta, la distribución, la venta, la entrega en cualesquiera condiciones, el corretaje, el envío, el envío en tránsito, el transporte, la importación o la exportación de cualquier estupefaciente o sustancia sicotrópica en contra de lo dispuesto en la Convención de 1961, en la Convención de 1961 en su forma enmendada o en el Convenio de 1971;

ii) El cultivo de la adormidera, el arbusto de coca o la planta de cannabis con objeto de producir estupefacientes en contra de lo dispuesto en la Convención de 1961 y en la Convención de 1961 en su forma enmendada;

iii) La posesión o la adquisición de cualquier estupefaciente o sustancia sicotrópica con objeto de realizar cualquiera de las actividades enumeradas en el precedente apartado i); iv) La fabricación, el transporte o la distribución de equipos, materiales o de las sustancias enumeradas en el Cuadro I y el Cuadro II, a sabiendas de que van a utilizarse en el cultivo, la producción o la fabricación ilícitos de estupefacientes o sustancias sicotrópicas o para dichos fines;

v) La organización, la gestión o la financiación de alguno de los delitos enumerados en los precedentes apartados i), ii), iii) o iv);

b) i) La conversión o la transferencia de bienes a sabiendas de que tales bienes proceden de alguno o algunos de los delitos tipificados de conformidad con el inciso a) del presente párrafo, o de un acto de participación en tal delito o delitos, con objeto de ocultar o encubrir el origen ilícito de los bienes o de ayudar a cualquier persona que participe en la comisión de tal delito o delitos a eludir las consecuencias jurídicas de sus acciones;

ii) La ocultación o el encubrimiento de la naturaleza, el origen, la ubicación, el destino, el movimiento o la propiedad reales de bienes, o de derechos relativos a tales bienes, a sabiendas de que proceden de alguno o algunos de los delitos tipificados de conformidad con el inciso a) del presente párrafo o de un acto de participación en tal delito o delitos;

De la definición se desprende que por tráfico ilícito de drogas entendemos a las acciones ilícitas que desarrolla, fomenta y provee el consumo ilegal de drogas tóxicas, estupefacientes o sustancias psicotrópicas, mediante el cultivo, la manufactura, distribución y venta de las mismas.

En cuanto a su esquema organizacional, tomaremos el esquema planteado por Michael Kenney (2003; 2007) a fin de analizar el TID, el autor - aunque basándose en el análisis de las estructuras de narcotráfico en Colombia, especialmente en la del cartel de Pablo Escobar de Medellín- es pertinente para examinar al Neosenderismo, ya que asegura que la estructura organizativa es más difusa como usualmente se entiende por cártel, en base a una organización verticalista, por el contrario sostiene que la estructura organizativa del narcotráfico tiene una alta adaptabilidad, siendo la fluidez y la resilencia una de sus características peculiares. En ese sentido, considera pueden presentarse bajo dos formas, en cadena o como rueda (hub and spoke), la rueda tiene un eje circular central de control y poder mientras que la organización en cadena no opera linealmente, sino que lo hace desde la desconcentración territorial, es más horizontal. Ambas formas tienen varios cluster o nodos en su estructura descentralizada.

En ese sentido, se asocia al TID con el concepto de nuevas amenazas esbozado en acápites anteriores, de esta manera, la amenaza de los grupos criminales que manejan la industria del tráfico ilícito de drogas no se reduce a la violencia asociada al desarrollo de mercados ilegales. Se entiende que esta industria ilícita se convierte en una amenaza para la seguridad nacional de los Estados y al sistema internacional en su dimensión transnacional, cuando existe por parte de grupos criminales la intención de perjudicar al Estado y afectar

sus capacidades de gobernabilidad y atributos de poder en el orden sociopolítico, económico o militar, erosionando de esta forma el control del Estado, creando estructuras paralelas que desplazan la presencia efectiva del Estado en las zonas donde se desarrollan.

En base a la postura norteamericana inaugurada en 1972 por Richard Nixon (1969- 1974) como la “Guerra contra las Drogas”, luego impulsada por Ronald Reagan (1981- 1989) y continuada por las sucesivas administraciones en el poder en Estados Unidos, hasta lo que actualmente se conoce como “Lucha contra las Drogas” –reformulada por Barack Obama (2009) - la concepción del TID no ha tenido grandes cambios desde entonces. Las drogas ilícitas son vistas como una amenaza para la seguridad nacional estadounidense, por lo que se focaliza el control de drogas en los países de origen, basados en la hipótesis de que al reducir la oferta de estupefacientes, los precios en el mercado norteamericano se incrementarían, reduciendo de esta forma la demanda y la violencia derivada por su uso.

Al encasillar al TID como un problema de seguridad nacional se torna hacia una

seguritización6 (Waever, 1998; 2003) de la problemática en el plano internacional y

nacional. El vocablo refiere a un proceso en el que se toma a un conflicto que ponga en peligro la noción de supervivencia de diferentes entes (desde individuos hasta al mismo Estado), otorgándole un carácter de seguridad para su resolución. Esto produce que las respuestas por parte del Estado sean en base a posturas realistas y neorrealistas, en donde la amenaza funciona como un otro del que hay que protegerse, lo que a su vez reproduce las lógicas de confrontación y enemistad propias del comportamiento interestatal desde la perspectiva del discurso realista (Borda, 2002: 292). Frente a ello, la Escuela de Copenhague de Relaciones Internacionales, otorga un énfasis en el aspecto social de la seguridad, de esta forma, para Ole Waever (2000), la seguritización provoca la sensación de urgencia y más importante, otorga al Estado el poder de utilizar medios extraordinarios en un marco de legitimidad –como por ejemplo la instauración de Estados de emergencia o de excepción de garantías constitucionales, como en el caso peruano-.

Desde la perspectiva de la Escuela, no se trata de desechar los focos de los objetos referentes a la seguridad de las teorías de Relaciones Internacionales, sino de tener una

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El término resulta de un anglicismo, ya que proviene del vocablo securitization, y se utiliza como neologismo en el ámbito académico al carecer de una traducción al español.

visión multidimensional. De esta manera, las concepciones realistas producirán el foco en la amenaza al Estado y el peligro para su supervivencia, por lo que se primará respuestas relativas a la capacidad militar. Los institucionalistas por su parte, podrán el foco en la amenaza que reviste para el individuo, buscando respuestas colectivas desde los regímenes internacionales y, finalmente los constructivas, priorizarán políticas de seguritización en torno a las identidades de los grupos sociales frente a esa nueva amenaza.

La multidimensionalidad de la seguridad, como respuesta propuesta a la seguritización, parte de entender a la seguridad como sectores, un conflicto puede amenazar a un sector, pero la mayoría de las veces afecta a varios. Los sectores pueden ser el militar, propio de la unidad del Estado –donde se va a desplegar la capacidad militar para la seguridad e integridad territorial-; otro es el sector político, en base a la identidad nacional de un Estado y de su estructura política organizacional pero también ideológica, la amenaza se percibe cuando se estaría desintegrando un sistema político; el sector societal, el conflicto afectaría al patrimonio cultural –lengua, cultura, religión, etnia- para la conservación de una determinada sociedad; el sector económico, en cuanto a la base material de existencia de un Estado y supervivencia de la población; y, el sector medioambiental, el cual hace referencia a todos los recursos necesario para garantizar la sustentabilidad material y del medio ambiente global. Lo que deriva que para la Escuela de Copenhague es necesario desnaturalizar los procesos de seguritización, entendiendo que la “realidad” es una construcción social, y como tal, se inserta dentro de las categorías sociales de esa misma sociedad. Eso implica que las teorías se encuentran dentro de ese juego de poder y que, como tal, responden a unas necesidades concretas y a expectativas precisas (Orozco Restrepo, 2006: 145-158).

Por tal, nos basaremos en esta aproximación de seguridad para desnaturalizar los procesos de seguritización, para un análisis exhaustivo de nuestro objeto de estudio en la dimensión de seguridad. Con esto no estamos afirmando que desecharemos la aproximación realista ni constructivista, sino que la complementaremos con la postura de la Escuela de Copenhague.