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CAPÍTULO 3. Aprendizaje colaborativo y comunidades de aprendizaje

3.1. Aprendizaje colaborativo

3.1.4. Trabajo en equipo

Hay varios tipos de aprendizaje. Por ejemplo, se puede aprender una serie de contenidos específicos según el área académica de estudio (reglas gramaticales, tablas de multiplicar, etc.) o también una serie de competencias que están presentes en diversos ámbitos de estudio sin reducirse a ninguno (resolución de problemas, pensamiento creativo, etc). En la

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sociedad actual, éstas últimas se reclaman de manera constante a los profesionales y a los ciudadanos en general, ya que requerimos dominar destrezas y habilidades específicas en diversos contextos, y campos. Por ello, surge un doble escenario: formar sobre esas competencias en el ámbito profesional o desarrollarlas en el ámbito académico previo al laboral (Villa, Poblete Ruiz, & García Olalla, 2007).

Las competencias, o igual, el aprendizaje basado en competencias, a pesar de su recurrencia e insistencia en los escenarios de formación a docentes, es un tema que aún despierta mucha controversia y en el que no es muy común el consenso. Aunque consideramos pertinentes las reflexiones sobre este tema y creemos que las mismas enriquecen las discusiones teóricas y prácticas del sector educativo, aquí no nos adherimos a ellas en la medida que decidimos asumir un enfoque específico al momento de presentar ese tema, no somos fundamentalistas conceptuales en ese tema y en diversas ocasiones es usada como sinónimo de habilidad. La decisión anterior responde más a un asunto pragmático: entrar en detalle en las discusiones que giran alrededor del discurso sobre las competencias implicaría irse por linderos que desbordan con creces los estrechos límites que configuran este trabajo12.

Por lo anterior, es importante saber primero qué se entenderá en este proyecto de investigación por competencia. Apelando a la definición dada por los investigadores españoles Villa, Poblete Ruiz y García Olalla (2007), entenderemos por competencia el buen desempeño en contextos diversos y auténticos basado en la integración y activación de conocimientos, normas, valores, técnicas, procedimientos, habilidades y destrezas, actitudes y valores (p. 23-24). Estos autores clasifican las competencias en tres grandes categorías: instrumentales, interpersonales y sistémicas. Las primeras suponen una combinación de habilidades manuales y cognitivas. Incluyen destrezas para manipular ideas y el entorno en que se desenvuelven las personas, habilidades artesanales, destreza física, comprensión cognitiva, habilidad lingüística y logros académicos (o sea, pueden hacer referencia a competencias de índole cognitivo: pensamiento sistémico, analítico, crítico,

12 No obstante, para una interesante discusión y contextualización sobre este tema, véase el trabajo ya clásico

de los profesores Frida Díaz Barriga Arceo y Gerardo Hernández Rojas, Estrategias docentes para un

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etc. De índole metodológica: resolución de problemas, planificación, etc. O tecnológico: Uso de las TIC o utilización de bases de datos. O lingüístico: comunicación verbal y escrita, y manejo de otro idioma). Las segundas suponen habilidades personales y de relación. Se refieren a la capacidad, habilidad o destreza de expresar los propios sentimientos y emociones del modo más adecuado y aceptando los sentimientos de los demás, posibilitando la colaboración en pro de objetivos comunes. Estas destrezas implican capacidades de objetivación, identificación e información de sentimientos y emociones propias y ajenas, que favorecen procesos de cooperación e interacción social (o sea, pueden hacer referencia a competencias de índole individual: adaptación al entorno, sentido ético, automotivación, etc. O de índole social: comunicación interpersonal, tratamiento de conflictos y negociación, entre otras). Las últimas suponen destrezas y habilidades relacionadas con la totalidad de un sistema. Requieren una combinación de imaginación, sensibilidad y habilidad que permite ver cómo se relacionan y conjugan las partes en un todo (o sea, pueden hacer referencia a competencias de índole organizativo: gestión por objetivos y proyectos, etc. O por capacidad de emprendimiento: creatividad, espíritu emprendedor e innovación. O referidas al liderazgo: orientación al logro) (Villa et al., 2007). En este marco, el trabajo en equipo es una competencia genérica interpersonal de índole social.

Este tipo de competencias son muy demandadas por las empresas y los estudiantes, luego de su proceso formativo, las valoran con creces, ya que es necesarias en contextos que están más allá del escolar. No obstante, la Escuela en general ha priorizado no sólo el fomento de otro tipo de competencias, particularmente de índole cognitivo, sino también dinámicas de aula que involucran unas interacciones poco colaborativas entre los estudiantes y los mismos profesores. En suma, la tendencia en la Escuela, desde el currículo, pasando por el trabajo durante la clase, hasta el pensamiento de los docentes, ha sido la de exaltar los logros individuales y la competencia por encima del trabajo en equipo y la colaboración (Díaz-Barriga Arceo & Hernández Rojas, 2010)

Muchos autores, incluyendo al propio Aristóteles, han afirmado que los humanos somos sociales por naturaleza ya que tendemos a formar grupos para todo: investigar algún

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fenómeno en particular, practicar algún deporte, convivir con otras personas, producir artefactos tecnológicos, defenderse de peligros externos, etc. Para que esos grupos funcionen y perduren en el tiempo, se debe saber trabajar en grupo. Pero, a pesar de nuestra aparente tendencia natural a formar grupos, la habilidad de trabajar en equipo se debe entrenar con juicio, y ojalá desde los primeros grados escolares. Es como el acto de hablar. Aunque es natural que hablemos, no por ello debemos dejar de practicar las habilidades orales. Un buen discurso oral es el resultado de un adecuado entrenamiento, no un efecto natural de nuestra especie. Igual pasa con el trabajo en grupo. Un buen entrenamiento en este tipo de competencias conduce a mejores resultados grupales, así exista una tendencia natural a agruparnos con otras personas. Como bien lo señalan Villa et al. (2007), “el trabajo en equipo no se improvisa, sino que debe ser preparado previamente y cuidado en sus detalles de procesos y de estructura” (p. 241)

Una adecuada definición de esta competencia podría ser: El trabajo en equipo es “integrarse y colaborar de forma activa en la consecución de objetivos comunes con otras personas, áreas y organizaciones” (Villa et al., 2007, p. 244). De esta competencia, se aconsejan tres niveles de dominio. Por el tiempo dedicado a este proyecto, los alcances del mismo y los perfiles de los estudiantes participantes, nosotros nos quedaremos en el primero de ellos, el nivel que “corresponde a la responsabilidad que tienen las personas integrantes del equipo en la realización de tareas, en el cumplimiento de los plazos, en la consideración de que los objetivos comunes son prioritarios en relación a los objetivos propios, a nivel individual” (Villa et al., 2007, p. 241).

Así mismo, con el fin de reconocer y evaluar el aprendizaje y avance en estos tres niveles, se tendrán en cuenta cinco (5) indicadores:

● Trabajo ● Participación ● Organización ● Cohesión

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El indicador trabajo hace referencia a la realización de las tareas que son asignadas tanto por el grupo docente como por el equipo de trabajo como tal. Se espera que éstas se realicen de manera completa y de buena gana, según los plazos de tiempo estipulados con anterioridad.

El indicador participación hace referencia al hecho de participar de manera activa en los espacios de encuentro del equipo de trabajo así como al hecho de compartir información, recursos, saberes, técnicas y, en suma, todo tipo de experiencias que pueden resultar de útiles no sólo para los propósitos conjuntos del equipo sino también para los intereses de los demás miembros.

El indicador organización hace referencia al hecho de colaborar, organizar y distribuir las tareas del equipo de trabajo. De no limitarse a aceptar de manera pasiva las dinámicas grupales inherentes sino en tratar de sugerir otras en caso de considerar que así se puede mejorar tanto el desempeño individual como el grupal.

El indicador cohesión habla sobre la importancia de comprometerse con los objetivos comunes del grupo así como de conseguir acuerdos, por encima de sus intereses individuales, al interior del grupo para así mejorar el mismo.

El indicador valoración social de la actividad rescata la importancia de tener en cuenta los puntos de vista de los demás y de retroalimentar los mismos de manera constructiva y respetuosa.

Con lo anterior en mente, en el capítulo Metodología se presentará la matriz de valoración que se diseñó para observar el trabajo en equipo en las sesiones presenciales, mientras trabajaban en el entorno Wiki.