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La transmisión de la crisis al resto del mundo

6.3. LA GRAN DEPRESIÓN DE LOS AÑOS TREINTA

6.3.3. La transmisión de la crisis al resto del mundo

Los desequilibrios acumulados en las relaciones económicas internacionales en la década de los años veinte actuaron como canales para la transmisión de la crisis. Por un lado, los países exportadores de bienes primarios habían aumentado su endeudamiento por la caída de los precios mundiales de los alimentos y de las materias primas. Por otro lado, la mayor parte de los países europeos se enfrentaban a los problemas financieros derivados de las deudas y reparaciones de guerra y a la pérdida de competi- tividad de sus economías. De modo que, la contracción del crédito internacional desde Estados Unidos afectó doblemente a sus economías, dificultando devolver sus deudas y mantener sus importaciones.

El comercio había experimentado una efímera recuperación entre mediados de los años veinte y 1929. Entre 1925 y 1929, el comercio mundial se incrementó en un 50%, mientras que la producción lo hizo sólo en un 25%. En torno a 1928, se observó una notable contracción del crédito de los Estados Unidos hacia el resto del mundo. Esto puso fin a la expansión comercial, pues gran parte de las expor- taciones mundiales de productos primarios se habían financiado con capital norteamericano. Adicio- nalmente, la contracción de las importaciones estadounidenses redujo la disponibilidad de medios de pago en los países exportadores y estos a su vez redujeron sus compras en el exterior, entre ellas las de productos norteamericanos.

La primera medida de política comercial se tomó en Estados Unidos, con el establecimiento del Arancel Smoot-Hawley en 1930, en respuesta a las demandas de protección del sector agrario ante la caída de precios. En la negociación parlamentaria las subidas arancelarias se hicieron también exten- sivas a los productos manufacturados y a los productos primarios. A partir de ahí la aceleración de la espiral contractiva del comercio mundial estaba asegurada, pues en 1929 los Estados Unidos represen- taban el 12,5% de las importaciones mundiales. El resto de países tomaron represalias en forma de una política comercial del mismo signo, de modo que en 1931 unos 60 países habían elevado sus aranceles. Las posturas proteccionistas triunfaron incluso en Gran Bretaña, país de tradición librecambista, y ni siquiera las conferencias internacionales celebradas entre 1930 y 1931 para buscar soluciones a la crisis consiguieron frenar la avalancha proteccionista.

Además de las represalias hubo otras razones para elevar los aranceles. Por un lado, la reserva del mercado a los productores nacionales animaba la producción y el empleo doméstico. Pero la política arancelaria se utilizó, ante todo, para restablecer el equilibrio de la balanza comercial, para mantenerse

dentro de la disciplina del patrón oro. La contracción del volumen de comercio y el recorte drástico en las entradas de capital estaban provocando una pérdida de reservas de oro y de divisas. El drenaje de reservas llevaba implícita la pérdida de confianza en las monedas, con la consiguiente presión sobre su tipo de cambio. Las políticas proteccionistas buscaban, por tanto, contraer el volumen de importacio- nes y frenar la salida de reservas. De hecho, los países que desplegaron mayores subidas de aranceles y mayores controles cuantitativos a las importaciones, fueron también los países que más tardaron en devaluar sus monedas o en salirse del patrón oro, como Francia, Holanda, Bélgica o Suiza. Mientras que los países que lo abandonaron antes, fueron los que menos endurecieron su política comercial, como Gran Bretaña.

Gráfico 6.5

Evolución del PIB y de las exportaciones en 27 países, 1929=100

Nota: Exportaciones Totales y PNB en dólares USA de 1990. Los países incluidos son: Argentina, Australia, Bélgica, Brasil,

Canadá, Dinamarca, Francia, Alemania, Grecia, India, Indonesia, Italia, Japón, México, Países Bajos, Nueva Zelanda, Noruega, Filipinas, Portugal, España, Sri Lanka, Suecia, Suiza, Reino Unido, Estados Unidos y Uruguay.

Fuente: Grossman, R.S. y Meissner, C.M. (2010), “International aspects of the Great Depression and the crisis of 2007: similarities, differences and lessons”, Oxford Review of Economic Policy, Volume 26(3), pp. 318-338.

La espiral de trabas al comercio continuó con otras barreras no arancelarias como los controles de tipos de cambios, las restricciones crediticias, la contingentación de las importaciones, los acuerdos bilaterales o la eliminación de la cláusula de la nación más favorecida. Como consecuencia de ello, unos 40 países perdieron más de la mitad de sus ingresos por exportaciones, otros 35 países perdieron entre el 50 y el 75%, y en los países exportadores de bienes primarios la caída fue del orden del 70%.

Entre 1929 y 1933, el volumen del comercio mundial en términos reales se contrajo en torno a un 40%, mientras que el aumento medio de las barreras fue de un 25% y la caída del PIB osciló entre el 30% de los Estados Unidos y el 15% de Francia y Alemania (por citar los casos en donde la depresión fue más profunda). Aunque tradicionalmente se haya identificado el declive del comercio internacional entre 1929 y 1933 con el Arancel Smoot-Hawley y la reacción proteccionista del resto de países, las investigaciones más recientes revelan que la caída del nivel de renta fue un factor determinante en la severa contracción del comercio mundial durante los años treinta (Gráfico 6.5).

El aumento de los desequilibrios financieros internacionales a lo largo de los años veinte, ayudó también a la rápida difusión de la crisis. La subida de los tipos de interés por parte de los Estados Uni- dos y la no renovación de sus préstamos con el exterior deterioró la solvencia de muchos bancos co- merciales de las economías deudoras. Los problemas fueron más graves en aquellos países con monedas débiles, pues la escasa confianza en ellas provocaba la fuga de capitales hacia otros países con monedas más seguras. El resultado fue el cierre de algunos bancos, siendo el caso más importante la quiebra del Credit-Anstalt de Austria (1931). Al igual que estaba ocurriendo en los Estados Unidos con las quiebras bancarias, se produjo cierto efecto contagio entre los sistemas financieros de los países con monedas sujetas a presiones especulativas. La consecuencia más destacada fue el agravamiento de la recesión por la contracción del crédito en Europa, con los consiguientes efectos sobre el consumo y la inversión.

Adicionalmente, la pertenencia al patrón oro atenazaba a los países a la hora de tomar medidas para luchar contra la recesión. Según el esquema del “trilema de política macroeconómica” presentado an- teriormente, la pertenencia al sistema implicaba perder la autonomía en materia de política macroeco- nómica, ésta quedaba al servicio del restablecimiento de la paridad oro de la moneda. Por consiguiente, tendieron a adoptarse políticas dirigidas a contraer la demanda doméstica y, con ello las importaciones, mediante políticas monetarias contractivas y políticas comerciales proteccionistas dirigidas a evitar la devaluación del tipo de cambio. El resultado fue una mayor caída del nivel de gasto doméstico, y el agravamiento de la recesión. Y, aunque los gobiernos eran conscientes de esta situación, la pertenencia al patrón oro les impedía actuar de otro modo. Una solución al problema pasaba por la cooperación monetaria entre los países para ayudar a aquellos con monedas más débiles, tal y como había ocurrido en el sistema de patrón oro de antes de la guerra. Sin embargo, la escalada de tensiones entre las po- tencias europeas por el tema de las deudas y las reparaciones, y la falta de liderazgo por parte de los Estados Unidos, impidieron llegar a ningún tipo de acuerdo.

A pesar de la adopción de políticas deflacionistas, las presiones sobre las monedas persistieron y muchos países se vieron forzados a abandonar el patrón oro. Los primeros en hacerlo, a lo largo de 1931, fueron aquellos con una posición deudora a corto plazo más crítica, como era el caso de Aus- tria, Hungría, Alemania, o con una mayor presión sobre sus reversas, como Gran Bretaña, debido a la incompatibilidad entre su creciente déficit comercial y su condición de moneda de reserva. Entre los factores que condicionaron la capacidad de cada país para mantenerse dentro del sistema de patrón oro estaban: el retorno en los años veinte a paridades insostenibles (Gran Bretaña), la presión de las reparaciones (Alemania), el elevado endeudamiento de posguerra (Austria, Hungría) o los problemas asociados a la estructura del comercio mundial de posguerra (países exportadores de bienes primarios).

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