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LOS TRASTORNOS DE LA FLUIDEZ

El habla normal posee un ritmo y una duración característicos, y las palabras fluyen naturalmente, con determinadas variaciones de la velocidad y de acento y con las pausas apropiadas. Los trastornos de la fluidez interrumpen ese flujo natural y regular del habla con pausas, dudas y repeticiones inadecuadas. Hay otro tipo de trastornos de la fluidez que se conoce como confusionismo, en que el habla es muy veloz, con sonidos superfluos o mal pronunciados, y que pueden tornar el discurso totalmente ininteligible.

Pero el trastorno de la fluidez más conocido (y quizás el peor comprendido) es la tartamudez, que se caracteriza por "repeticiones muy rápidas de consonantes o vocales, especialmente al comienzo de las palabras, y de partes enteras de las palabras" (Jonas, 1976. p. 7). No se conoce la causa de la tartamudez, aunque ha sido muy estudiada y se ha llegado a algunas conclusiones interesantes. La tartamudez es mucho más común entre los hombres que entre las mujeres, y se da con más frecuencia en los gemelos. La prevalencia de la tartamudez es casi la misma en todos los países occidentales, y con independencia del idioma, alrededor del 1% de la población sufre tartamudez. La tartamudez se observa con mucha mayor frecuencia en niños que en adultos, y se estima que su prevalencia en la población escolar es del 5% aproximadamente (Ham, 1986; Martin y Lindamood, 1986). La tartamudez está considerada como un trastorno de la infancia; rara vez se presenta después de los 6 años (Emerick y Haynes, 1986), y según Jonas (1976) aparece casi siempre entre los 3 y los 5 años, "después de que el niño ya ha avanzado mucho en la adquisición de la fluidez (...) El problema comienza luego, cuando el lenguaje deja de ser una hazaña para convertirse en hábito".

Todos los niños experimentan trastornos de la fluidez mientras adquieren los modelos lingüísticos normales, como repeticiones e interrupciones, y es importante no reaccionar excesivamente ante ellas ni obligarles a hablar a la perfección. Algunos especialistas piensan que la tartamudez puede deberse a las presiones que sufre el niño cuando sus padres y profesores califican de tartamudo a los niños que muestran dudas y repeticiones normales del habla. Lingwell (1982) explica que la tartamudez no es un solo trastorno, sino muchos, y ésta puede ser la razón de que existan tantas teorías contradictorias sobre su origen. Según Lingwell, la tartamudez puede ser provocada por factores neurológicos, psicológicos o alérgicos, del control del ritmo vocal o por patrones defectuosos de aprendizaje.

La tartamudez depende de las situaciones, y parece relacionarse con el entorno y las circunstancias en que se genera el discurso. Es posible que un niño tartamudee cuando está hablando con las personas cuyas opiniones más le interesan, como los padres y los profesores, o cuando debe hablar delante de sus compañeros de clase. La mayoría de las personas que sufren tartamudez hablan fluidamente el 95% del tiempo, y los niños que la padecen pueden no mostrarla en absoluto al catar, al hablar con un animal doméstico o al recitar un poema junto con otros. Las reacciones y expectativas de los padres, profesores y compañeros pueden ejercer una importante influencia en el desarrollo personal y comunicativo de los niños.

Diversos trabajos experimentales han estudiado los efectos de la presión social en la tartamudez, examinando su incidencia en culturas no occidentales. Gerald Jonas, un investigador que sufría tartamudez, logró útiles datos mediante la comparación de tribus indígenas de los EE.UU. y observó que

algunas de ellas, como los utes y los bannock de la región de las Montañas Rocosas, que suelen tener una actitud permisiva ante el habla infantil, casi no muestran problemas de tartamudez, pero que otras, como los cowichan del noroeste del Pacífico, que son muy competitivas, y cuyos niños, deben participar en complicados rituales desde muy pequeños, muestran una alta incidencia de tartamudez. Jonas (1976) sugiere que la razón de que los niños ute y los bannock no tartamudeen puede ser que nadie trata de "hacerles hablar correctamente", aunque reconoce que su teoría no explica "por qué en tantas otras culturas algunos hijos de padres autoritarios sufren tartamudez y otros no".

En el siguiente pasaje, Van Riper (1972) reflexiona sobre la importancia de las actitudes culturales hacia la tartamudez:

Una vez, en las islas Fiji del Pacífico, encontramos a toda una familia de tartamudos. Como lo expresó nuestro guía e intérprete: "Mamá kaka; papá kaka; y kaka, kaka, kaka". El habla de los seis miembros de la familia mostraba marcadas repeticiones y prolongaciones, pero eran muy felices y su tartamudez no les provocaba complejo alguno; se trataba sólo de una manera de hablar. No pudimos evitar comparar su tranquila aceptación de la tartamudez con la actitud que hubiera mostrado una familia de tartamudos de nuestro país, donde el ritmo de la vida es más rápido, donde existe rechazo por los trastornos de la comunidad, un trastorno del habla constituye una discapacidad tan grave como ser cojo en una tribu nómade que vive de la caza.

LOS TRASTORNOS DEL LENGUAJE

Los trastornos del lenguaje suelen clasificarse en receptivos y expresivos. Como explicamos antes, los trastornos receptivos del lenguaje interfieren con la comprensión del mismo. Por ejemplo, un niño puede ser incapaz de comprender frases orales o seguir una secuencia de órdenes, tener un vocabulario limitado, usar términos incorrectos o no hablar en absoluto, comunicándose sólo por medio de gestos. Los niños pueden tener un buen lenguaje receptivo junto con un trastorno expresivo, o sufrir una combinación de trastornos expresivos y receptivos a la vez.

Los niños con retrasos del lenguaje no sufren necesariamente un trastorno del mismo. Como explica Reed (1994), los retrasos del lenguaje significan que el niño es lento en el desarrollo de las capacidades lingüísticas, pero que las está adquiriendo con la misma secuencia que los niños normales, y en general, todos los componentes de la lengua sufren igual retraso. En cambio, los trastornos del lenguaje son una perturbación de la velocidad y la secuencia de ciertas capacidades lingüísticas específicas. Es posible que un niño con dificultad para responder a las preguntas: "¿quién?", "¿ qué"? y "¿ dónde?", pero que por lo demás muestra capacidades lingüísticas apropiadas para su edad, reciba un diagnóstico de trastornos del lenguaje.

Chaney y Frodyma (1982) enumeran factores que contribuyen a estos trastornos: • Limitaciones cognitivas y retraso mental

• Carencias ambientales • Trastornos auditivos

• Carencias emocionales o trastornos de conducta

• Anormalidades estructurales de los mecanismos del habla.

Se piensa que las influencias ambientales desempeñan un importante papel en el retraso, los trastornos o la ausencia del lenguaje. A algunos niños se les estimula para que hablen, pero lamentablemente a otros se les castiga por hablar o por hacer gestos u otros intentos para comunicarse. Los niños que han recibido poca estimulación en el hogar y que han tenido pocas oportunidades para hablar, escuchar, explorar el entorno e interactuar con otras personas pueden carecer de motivaciones para la comunicación y desarrollar patrones de lenguaje anormales. La participación activa en las experiencias proporciona a los niños oportunidades de aprender y utilizar un vocabulario adecuado.

LA AFASIA

Algunos trastornos graves del lenguaje expresivo y receptivo se originan en anomalías cerebrales. El término afasia se utiliza con frecuencia para describir "una incapacidad para formular o recuperar y decodificar los símbolos convencionales que constituyen el lenguaje" (Holland y Reinuth, 1982. p. 428). La afasia es una de las causas más frecuentes de los trastornos del lenguaje de los adultos, y casi siempre aparece súbitamente como consecuencia de crisis cardiovasculares (infarto). Se considera que los daños craneoencefálicos constituyen una causa significativa de la afasia en los niños. La afasia puede ser expresiva o receptiva, aunque esta última es menos común. Los niños que sufren afasia ligera muestran patrones lingüísticos cercanos a los normales, pero pueden tener dificultades para recordar ciertas

palabras, y suelen necesitar más tiempo de lo normal para comunicarse (Linebaugh, 1986). Sin embargo, la mayoría de los niños con afasia grave tienen un acervo de palabras y formas verbales marcadamente reducido, y suelen ser incapaces de "utilizar el lenguaje para establecer intercambios comunicativos apropiados".

CUESTIONARIO

1. Cuándo se convierten en trastornos las diferencias en el desarrollo de la Comunicación? 2. Qué son los trastornos del Habla?

3. Qué son los trastornos del Lenguaje?

4. Qué son los trastornos de la Articulación y cuáles son los errores de articulación más frecuentes?

5. Cuáles son las causas de los trastornos de la Comunicación?

6. Cuáles son las características de los trastornos de la Fonación y de la Resonancia? 7. Cuál es el trastorno de la Fluidez más conocido y cómo se manifiesta?

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