2. Desesperación 3. Desapego
ǡÓDzdzǡ ǡ gran ansiedad. Buscaban a sus madres y parecían inconsolables, a pesar de que otra persona les intentaba aliviar. Mostraban instantes de ira hacia sus madres, pero cuando el tiempo pasaba y éstas no venías, se resignaban y entraban en un periodo de depresión.
En esta fase estaban apáticos y aislados, y se mostraban indiferentes a los intentos del personal de la guardería de relacionarse emocionalmente con ellos. Sin embargo, si pasaba el tiempo suficiente, los bebés salían de su periodo de depresión y formaban otros vínculos.
Si la madre volvía, el bebé entraba en la tercera fase, el desapego, y estaba frío con ella o no mostraba ningún interés. Sin embargo, si el tiempo pasaba, el desapego del niño desaparecía y el bebé volvía a vincularse a su madre de nuevo. El bebé se volvía ǡDz vinculación dz Ǥ
Bowlby afirma que este patrón de ansiedad, desesperación y desapego es universal. Ésta es la respuesta que todos los niños pequeños muestran cuando se separan de sus madres. Asimismo, esto ocurre en todo el reino animal. No sólo los bebés humanos sino también los recién nacidos de todas las especies animales muestran el mismo patrón. La universalidad de esta conducta implica una predisposición biológica.
personas, Lindsay, parecen nacer con la capacidad de experimentar este ciclo de emociones con un nivel de intensidad mayor al habitual. Cuando se produce la separación, la ansiedad, el dolor y la ira que sienten es tan intensa que son incapaces de tranquilizarse por sí mismo y se sienten totalmente desunidos y desesperados. Pueden distraerse de estos sentimientos por poco tiempo, ya que si la persona no está presente, no se sienten tranquilos y seguros. Son extremadamente sensibles a la posibilidad de perder a quienes quieren. Sus relaciones con los demás son profundas -‐ es como uno de sus premios-‐, pero no toleran la soledad.
Las personas que responden a la separación de esta manera tan intensa y que son capaces de tranquilizarse ante la ausencia de un ser querido, es posible que tengan más probabilidades de desarrollar el abandono como trampa vital. Pero esto no significa que todas las personas que tengan la predisposición biológica desarrollen la trampa vital. Depende en parte del ambiente de los primeros años de la infancia. A pesar de que esté biológicamente predispuesto, si ha tenido relaciones emocionales estables en la infancia, particularmente con su madre, pero también con otras
personas importantes, podría no desarrollar la trampa vital. En cambio, en ciertos ambientes inestables o de muchas pérdidas, aunque uno no esté biológicamente predispuesto, puede desarrollar la trampa vital.
No obstante, es más probable que una persona con esta tendencia biológica ponga en funcionamiento la trampa vital con un trauma de menor intensidad y que el terapeuta se dedique a examinar en vano el pasado del paciente sin encontrar motivos que justifiquen el trauma.
LOS ORÍGENES DE LA TRAMPA VITAL DEL ABANDONO
1. Puedes tener una predisposición biológica a la ansiedad de separación o dificultades para estar solo.
2. Uno de tus padres murió o se marchó de casa cuando eras joven.
3. Tu madre fue hospitalizada cuando eras niño o te separaron de ella durante un tiempo prolongado.
4. Tuviste una sucesión de figuras maternas porque fuiste criado por niñeras, en una institución o te enviaron a un internado cuando eras muy pequeño.
5. Tu madre era inestable. Se deprimía, se enfadaba, debía o hacía cualquier cosa que impedía tu estabilidad emocional.
6. Tus padres se divorciaron cuando eras joven o se peleaban tanto que temías que tu familia se separara.
7. Perdiste de manera significativa la atención de unos de tus padres. Por ejemplo, un hermano o hermana nació o tu padre volvió a casarse.
8. Tu familia estaba excesivamente cerca de ti y te sobreprotegieron. Nunca aprendiste a manejar las dificultades propias de un niño.
Desde luego, la muerte de un padre cuando uno es pequeño, como le ocurrió a Abby, es el origen más dramático de la trampa vital. También pudo ocurrir que uno de tus padres se pusiera enfermo y tuviese que estar lejos de ti durante un largo periodo de tiempo o quizá tus padres se divorciaron y uno de los dos se marchó lejos y poco a poco se olvidó de ti. La muerte de un padre, las enfermedades, la separación y el divorcio pertenecen a la misma categoría de relaciones importantes que terminan en separación. La pérdida de un padre es especialmente devastadora en el primer año de vida: cuanto más pronto se da la pérdida, más vulnerable es el niño y más potente será la trampa vital.
El nivel en que afecta la pérdida de uno de los padres depende de distintos factores. Evidentemente, es importante la calidad de las otras relaciones íntimas. Abby, por ejemplo, tenía una relación cariñosa y estable con su madre, lo que permitió soportar la pérdida y que disminuyera la amplitud de su trampa vital, de manera que sólo la reprodujo en sus relaciones afectivas con los hombres. Establecer una relación con una persona que asuma las funciones del padre que has perdido, como por ejemplo un padrastro, también puede ser beneficioso, de la misma manera que una padre
enfermo se recupera y vuelve a casa, o unos padres divorciados vuelven a unirse o cuando un padre adicto al alcohol deja de beber y se mantiene abstemio, ya que se establece la figura paterna. Hay muchos tipos de experiencias que pueden ayudar a curar la trampa vital, pero los recuerdos de ser abandonado, aún persisten. Si has logrado superar tu trampa vital, se requerirá acontecimientos dramáticos tales como la pérdida de una persona querida para que se active de nuevo el patrón. Si perdiste a uno de tus padres en tu juventud eres muy consciente de lo que significa sufrir una perdida y la posibilidad de revivir ese dolor de nuevo resulta espantosa.
Ésta es la diferencia esencial entre el abandono y la privación emocional como trampas vitales. Con la privación emocional el padre estaba físicamente siempre allí, pero la calidad de la relación emocional era deficiente. Los padres no sabían cómo ǡ ÓǤ × Dz ×dzǤǡ ×perdió. También se podría dar el caso de que el padre volviera, pero que siguiera siendo impredecible. Desgraciadamente, para algunos niños los dos padres son emocionalmente
insuficientes e impredecibles. En este ambiente, que es bastante común, los niños suelen desarrollar las dos trampas vitales, la de la privación emocio nal y la del abandono.
Además de la pérdida de un padre, otro origen del abandono es la ausencia de una persona que haga de manera consecuente de figura maternal para el niño. Algunos de los ejemplos de este origen son los niños que no reciben dedicación de sus padres y que son criados por una sucesión de niñeras, de guarderías o son enviados a
instituciones donde el personal cambia constantemente. El niño necesita la presencia estable de un cuidador, especialmente durante los primeros años. Éste no tiene que ser necesariamente el padre. Sin embargo, si hay un constante cambio de la persona que ejerce este papel, se crea un trastorno porque para el niño es como vivir en un
El siguiente caso es más sutil. Puede existir una figura materna estable, pero se relaciona con el niño de manera inestable. Por ejemplo, la madre de Patrick, adicta al alcohol, a veces lo quería mucho y se relacionaba con el, pero luego, en cuestión de pocas horas volvía a mostrarse indiferente. Otro ejemplo sería la madre de Lindsay, , quizá con la misma predisposición biológica que su hija, cuyo estado de ánimo estaba sujeto a intensas fluctuaciones. Estaba físicamente allí, pero el tipo de relación que tenía con Lindsay era impredecible.
LINDSAY: mi madre estaba por mí, o mejor dicho, estaba presente, algunas veces estaba feliz y contenta e interesada en mí, pero otras veces estaba profundamente deprimida, Àǥ Ǥ Este origen refleja la interacción del momento a momento que ocurre en te madre e hijo. Si estas interacciones son inestables, el niño puede desarrollar la trampa vital del abandono.
Cuando la madre de Patrick bebía, no le maltrataba, se mostraba indiferente. No son necesariamente los padres abusivos quienes dan lugar al abandono como trapa vital. Si uno de tus padres, con problemas de temperamento o de adicción, alternaba entre quererte y maltratarte, no necesariamente habrá provocado que desarrolles esta trampa vital. Esto depende de si experimentaste el abuso como una pérdida de la relación emocional. Para un niño, que poca cosa más puede obtener de un padre, incluso el castigo puede ser experimentado como una relación. Los padres abusivos pueden relacionarse con su hijo o distanciarse. Esto explicaría porque el abuso y el abandono no son necesariamente la misma cuestión.
Hay otras situaciones de la infancia que favorecen el desarrollo del abandono como trampa vital. La primera sería que tus padres se pelearan continuamente, lo que te convenció de que tu familia era inestable y que podía disolverse. La segunda, consistía en el divorcio de los padres, y que uno de los dos o ambos se volvieran a casar y formaran otras familias con niños. Si es así, podrías haber experimentado la
implicación de tu padre con los nuevos miembros de la familia como un abandono. Por último, es posible que tus padres te retiraron su atención y su cariño para dárselo a un hermano más pequeño. Naturalmente, no todos los nuevos nacimientos en la familia son traumáticos para el niño mayor. Estos acontecimientos no siempre crean la trampa vital, ya que ésta depende del nivel de desconexión. Para crear la trampa vital, los acontecimientos deben activar intensos sentimientos de abandono.
A menudo, un niño que se siente abandonado por su padre lo sigue a todos lados y procura no separase de él. Un observador externo diría que el padre y el niño mantienen una relación intensa, pero en realidad el niño no pierde de vista al padre para asegurarse de que la relación se mantiene. En este caso, mantener la relación con el padre puede llegar a ser lo más importante en la vida del niño e impedir su relación con otras personas de su entorno.
Finalmente, como hemos apuntado antes, la trampa vital puede surgir de un ambiente sobreprotector y conectarse con la dependencia. El niño dependiente teme el
ABBY: después de que mi padre muriera, mi madre no quería que me alejara de su lado. Tenia miedo de que me ocurriera algo y que también me perdiera. Yo siempre quería estar cerca de ella. Recuerdo que no quería ir a la escuela y que estaba más en casa que fuera jugando con mis amigos.
La necesidad de Abby de estar cerca de su madre saboteó su autonomía. No era libre para explorar el mundo ni para cuidarse a sí misma. Dependía de su madre tanto en la guía como en la dirección. En realidad, era lo que probablemente su madre también quería, ya que no podía encarar otra pérdida.
Otro niño respondería a la pérdida de un padre volviéndose más autónomo. Puesto que nadie se cuida de ellos, aprenden a cuidarse por sí mismos.