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Cuadro III

3. El desafío del comité de auditoría y de los auditores externos

3.2 A u ditores externos

A pesar de que en la actualidad se opina m ucho acerca de las funciones de los audi­ tores externos y de las regulaciones a que se sujetan, pocos entienden cabalm ente cuál es su verdadero papel y m enos aun cuáles son las lim itaciones de éste. E s así com o se les suele asignar una m isión de garantes, prácticam ente infalibles, de la esta­ bilidad económ ico-financiera de una empresa.

N o hace mucho, A pple, em presa líder en el rubro de los com putadores personales, acum uló récord de ventas y utilidades que le valieron tod o tipo de reconocim ientos y prem ios a la com pañía y a su presidente, Steve Jobs. Curiosamente, en ese m ism o m om ento Jobs reunía a su directorio, que aún celebraba los éxitos cosechados, para com unicarle que A p p le entraría en un proceso de bancarrota en un período de dos años, a m enos que se realizara un cam bio de rumbo muy marcado. ¿Q ué había ocu­ rrido? ¿A caso estaban falseados los estados financieros? ¿Se habían equivocado garrafalmente los auditores? En absoluto. La fotografía del m om ento reflejaba una empresa con un sólido balance y saludables resultados y los auditores acertadam ente habían em itido su clásica opinión ratificando la bonanza.

La explicación de esta situación es que Steve Jobs, fundador de esa em presa, co ­ nocía y percibía magistralm ente el mercado. Jobs se había dado cuenta de que, a pesar del éxito presente, los productos y sistem as operativos que introducirían a la breve­ dad sus com petidores en el m ercado de com putadores personales les auguraban drás­ ticas pérdidas de mercado, las que inevitablem ente llevarían a la em presa a una posi­

ción muy delicada, com o efectivam ente ocurrió. Jobs en esa m isma oportunidad de­ claró la necesidad de un plan de em ergencia. É ste no sólo sacaría más adelante a A p p le de su situación de bancarrota, sino que volvería a proyectarla muy favorable­ m ente en el mercado.

E ste ejem plo refleja la volatilidad del m ercado y el papel de los auditores, quienes, aun sin equivocarse, no pueden prever la estabilidad, ni siquiera de corto plazo, de la em presa auditada. Es obvio preguntarse, si tal es el caso, qué relevancia tienen los auditores para el gobierno corporativo y para el mercado. A l auditor externo le co­ rresponde la m isión de dar una opinión externa, técnica, consistente, independiente y normada, que se funda en principios contables y normas de auditoría de general aceptación, acerca de los estados financieros, balances, estado de resultados y estados de flujos de una entidad en una fecha determ inada.

U sualm ente las normas de auditoría velan por acotar los riesgos asociados a la in- certidumbre, la que puede afectar tanto la validez de las cifras históricas sobre las que debe pronunciarse el auditor, cuanto a lo que ocurra inm ediatam ente después de la fecha de cierre del estado financiero, teniendo aquél que emitir su opinión en forma oportuna. A l auditor se le torna cada vez más problem ático el tem a de estabilidad y continuidad de la em presa auditada. Pensam os que la salida de fondo está en inser­ tarse en un proceso continuo que permita analizar la evolución del ente auditado más allá de una fotografía instantánea del mismo. Para eso el mejor aliado del auditor ex­ terno debe ser el com ité de auditoría. É ste tiene que ser fuerte y efectivam ente cons­ tituir un veedor con autoridad e idoneidad para poder disponer de un plan de acción que contem ple m ejoram ientos en los tres procesos clave: la inform ación, el control in­ terno y la administración de riesgo.

Es interesante observar que el B R C , en 1999, dos años antes de los m egaescánda- los contables de Wall Street, em itió una serie de proposiciones sobre el com ité de auditoría y sus relaciones con los auditores externos. M uchas de estas normativas del

B R C fueron recogidas por reguladores com o la S E C , la N Y S E y la N A S D , y entidades

profesionales com o el C onsejo de Norm as de Auditoría (Auditing Standards Board,

A S B ) . E ste últim o dispone que los auditores externos deben entregar al com ité de

auditoría m ayor inform ación sobre sus revisiones internas en tem as com o ajustes sig­ nificativos, juicios y contingencias, estim aciones contables de la adm inistración, n ue­ vas políticas contables y desacuerdos con la gestión.

Sin em bargo, lo que constituye un hito histórico es la disposición por la cual los auditores externos deben discutir con el com ité de auditoría no sólo la aceptabilidad de los principios contables em pleados en los estados financieros de la em presa, sino tam bién la calidad de los mismos. En un escenario de estabilidad, el control interno de la em presa aparece com o la base sobre la cual garantizar la validez de los estados financieros, poniéndolos a resguardo de los dos m ayores peligros com o errores e irre­ gularidades. A hora bien, es necesario poner en perspectiva cuál es la posición de los auditores externos sobre los controles internos. A un cuando éstos revisan el funcio­ nam iento del control interno de la em presa, sólo utilizan esta revisión para definir el alcance de sus procedim ientos de auditoría. Si concluyen, por ejem plo, que los con­ troles internos que afectan las cuentas que están revisando operan, entonces limitan

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las pruebas directas sobre los saldos contables. D e lo contrario, deben ampliar la muestra. E n consecuencia, no es su m isión pronunciarse sobre el control interno de la em presa en su operatividad integral.

La ley Sarbanes-O xley incluyó una exhaustiva revisión del control interno, obli­ gando a la alta gerencia a pronunciarse sobre su operatividad p e r se y a los auditores externos a validar el proceso de revisión. E sta normativa se conoce com o “sección 404” y representa un cam bio significativo en el enfoque sobre control interno. H asta ahora no está claro cóm o operaría esta normativa en siniestros corporativos com o los del año 2000, y si ayudaría significativam ente a evitar los colapsos en los m ercados de valores. L os prim eros efectos de estas costosísim as revisiones pueden verse en el h e­ cho de que em presas m edianas com ienzan a delistarse de las bolsas de Estados U n i­ dos y, probablem ente, em presas extranjeras listadas en las mismas se delistarán de estos mercados. E sto último, a pesar de que los plazos para dar cum plim iento a los procedim ientos de la sección 404 para las em presas extranjeras se han postergado va­ rias veces.

Sin embargo, a pesar de los beneficios derivados de la ley Sarbanes-Oxley, han sido frecuentem ente m encionados los elevados costos de cumplirla. U na encuesta a ejecutivos publicada en agosto de 2003 por la revista C F O M agazine indicó que 70% de los encuestados estim aron que los beneficios no justifican los costos. O tro sondeo de opinión calculó que para un conjunto de 224 em presas listadas, los costos direc­ tos de cumplir con la sección 404 de la ley Sarbanes-O xley representaron casi 3 m i­ llones de dólares, al requerir para ello aproxim adam ente 26.000 horas de trabajo in­ terno y 5.000 horas de trabajo externo (Zhang, 2005).

En todo caso, la consideración del control interno integrado a la luz de la ley Sar­ banes-O xley implica un nuevo desafío que supera con creces la norm ativa tradicional de auditoría externa, ya que se la amplía a un desem peño funcional orientado a p o ­ tenciar su alcance y profundidad, con el objeto de justificar las pruebas del auditor externo. Aunque no esté claro cuál pueda ser el efecto que esta normativa tendrá en el resto del mundo, el auditor externo necesita fortalecer su entendim iento sobre el control interno. U na vez más, y al igual que en los Principios de Contabilidad G en e­ ralm ente A ceptados ( P C G A ) , parece evidente que un com ité de auditoría fuerte resul­ ta fundam ental al considerar el m ejoram iento del control interno com o parte de un proceso continuo.

A unque resulta conceptualm ente im posible que el auditor de estados financieros pueda hacerse responsable de prevenir sobre la continuidad del negocio auditado, no es m enos cierto que tales siniestros pueden com plicar gravem ente al auditor externo y expandir la probabilidad de que éste sea dem andado. Por tal razón las empresas auditoras están haciendo cada vez más estrictas sus norm ativas de aceptación y conti­ nuidad de clientes. La discutida y discutible legislación Sarbanes-O xley ha introduci­ do alguna singularidad en el tem a, al poner el énfasis de la independencia del auditor en las lim itaciones relativas al tipo de trabajos que éste realiza internam ente con el cliente, para el cual desem peña la función de auditor de sus estados financieros.

E n este sentido, la ley Sarbanes-O xley norma ocho tipos de servicios prohibidos, más un noveno referido a “todo otro servicio que la P C A O B determ ine por regulación

com o inadm isible”.6 Cinco de estas ocho prohibiciones ya estaban dispuestas ante­ riorm ente por la S E C y, por tanto, no son el producto de dicha ley; éstas conciernen a servicios contables, valuación, actividades, selección de recursos hum anos y servicios de corretaje y financieros. La novedad la introduce con los sistemas de inform ación financiera que incluyen diseño e instalación, externalización de auditoría interna y servicios legales y periciales no relacionados con la auditoría.

La discusión en torno a la validez de estas prohibiciones y al nivel de transparen­ cia que agregan al gobierno corporativo constituye un favorito para los dialécticos realm ente no involucrados en los problem as de fondo del gobierno corporativo. En efecto, la com plejidad del entorno y la sofisticación de los instrum entos y negocios g e­ nerados dem andan que los auditores cuenten en su equipo perm anente con profesio­ nales de m últiples especialidades: informática, administración financiera, impuestos, legislación y administración de riesgo, cibernética y ciencias del control, y otras sin las cuales un trabajo de auditoría eficiente y eficaz difícilm ente puede ser realizado. Mal puede una em presa auditora contar con estos especialistas si no pueden ejercer sus funciones profesionales en las áreas de su especialidad.

Pero lo más preocupante de esta discusión bizantina y dañina es que aleja el d e­ bate de aquello que efectivam ente configura el tem a más grave: la falta de indepen­ dencia del auditor. Para abordarla en forma precisa es necesario referirse a una nor­ ma de administración básica y casi elem ental que curiosam ente se practica poco y se vulnera perm anentem ente. Ésta establece que la función de contraloría en una orga­ nización no debe depender de la administración o gerencia, sino, por el contrario, del directorio. ¿Ocurre esto realm ente en el m undo corporativo? En los organigramas y m anuales de organización es probable que así sea, pero no es lo que sucede en la práctica. En realidad, los departam entos de auditoría interna, financiera u operacio- nal, dependen de las gerencias que supuestam ente esos entes están llamados a con ­ trolar.

Esta grave enferm edad corporativa, fruto particularmente de la desidia y com odi­ dad de los directorios, que prefieren prescindir de entenderse con gente que habla de principios contables, normas de auditoría y control y otros tecnicism os, acaba por transferir la dependencia real a las gerencias, particularmente las de finanzas que tienen especialistas que “hablan el m ism o idiom a”. E ste verdadero desastre corpora­ tivo se ha encarnado en la dependencia real del auditor externo, quien termina rela­ cionándose con la gerencia para discutir el contenido de los hallazgos y revelaciones,

6 E l C o n se jo d e S u p e rv isió n d e la C o n ta b ilid a d d e las E m p re s a s P ú b lic a s (P u b lic C o m p a n y A c c o u n tin g O v e rsig h t B o a rd , PCAOB) es u n o rg a n ism o c re a d o p o r la leg islac ió n S a rb a n e s-O x le y co n el fin d e a c ­ tu a r c o m o v e e d o r d e las a c tiv id a d e s c o n ta b le s y d e a u d ito ría d e las e m p re sa s públicas. S e g ú n K a p la n (2004), la id e a d e q u e e s n e c e s a rio a u d ita r a los a u d ito re s n o es n u e v a . E l PCAOB sim p le m e n te su s titu ­ yó a u n a o rg a n iz a c ió n re v iso ra q u e te n ía u n n o m b re sim ilar, el C o n se jo d e S u p e rv isió n P ú b lic a (P u b lic O v e rsig h t B o a rd ). E n la v isión d e K a p la n , el PCAOB se lim ita rá in e v ita b le m e n te a u n e x a m e n am p lio d e las e m p re sa s d e a u d ito ría . P e ro es im p ro b a b le q u e in v e stig u e en p ro fu n d id a d las d e c isio n e s p r o b le ­ m á tic a s q u e las c o m p a ñ ía s d e a u d ito ría h a n to m a d o .

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así com o sus honorarios. ¿Q ué fiscalización relevante puede tener lugar en esta situa­ ción?

E l desafío real del auditor en m ateria de independencia y de conflictos de interés está en afirmar su dependencia efectiva respecto del directorio, en relación con todos los tem as relevantes de discusión de sus hallazgos y de negociación de sus honorarios. En esta cruzada por la verdadera independencia del auditor externo, la única res­ puesta es el verdadero com ité de auditoría: aquel que representa al directorio y está com puesto por profesionales independientes e idóneos.7 Y, por sobre todo, aquel que persigue el mism o objetivo del auditor externo, a saber, la transparencia, objetividad y perm anencia de las revelaciones económ ico-financieras de la empresa.

4.

Conclusiones

A l observar los nuevos desafíos planteados en m ateria de gobierno corporativo, son varios los aspectos a considerar. En primer lugar, no es conveniente dejarse llevar por los m odelos de regulación surgidos a partir de la ley Sarbanes-O xley y sus disposi­ ciones. La claridad de los m odelos em anados de la Com isión Treadway / el C O S O y otros, entre los que se incluyen el C om ité Cadbury y el Com ité B lue R ibbon, sigue siendo la mejor brújula para guiar las acciones de políticas, regulación, fiscalización y autorregulación.

A sim ism o, las entidades reguladoras no deben situarse en el centro de la genera­ ción de leyes y disposiciones adoptadas para mejorar el gobierno corporativo. Por el contrario, éstas han de emanar de órganos m ultiagentes con m isión perm anente. El

C O S O es un m odelo a seguir en los países de Am érica Latina. La autorregulación debe

ser apoyada por todos los agentes con decisión, seriedad y convicción. E l sector priva­ do necesita m overse con m ayor responsabilidad y asignando los recursos necesarios. Es tarea del regulador incentivar a que esto últim o ocurra. E n un entorno donde la administración de riesgo asume una función vital, la coordinación de los entes regula­ dores (valores, industrias, m edio am biente y otros) constituye un imperativo.

Los com ités de auditoría deben ser apoyados con decisión, tanto por reguladores com o por regulados y otros agentes interesados, en su calidad de veedores centrales de los procesos de inform ación y com unicaciones financieras; control interno; au­ ditoría integral, y administración de riesgo. Peor a que no exista ninguno resulta un com ité de auditoría débil, lim itado o fragmentado, sin representación total del direc­ torio, ya que desvirtúa y confunde el proceso de m ejoram iento del gobierno corpora­ tivo y no perm ite una autorregulación efectiva.

Las bolsas de valores deben asumir un papel principal y activo, definiendo m edi­ das concretas de m ejoram iento del gobierno corporativo que se hagan obligatorias

7 Q u e el c o m ité d e a u d ito ría c u e n te c o n p ro fe s io n a le s id ó n e o s es u n a e x ig en cia q u e in clu y e n o só lo a a q u e llo s q u e so n p a r te d e l c o m ité , sin o a to d a la re d d e p ro fe s io n a le s in te rn o s d e c o n tro l, a u d ito re s in te rn o s, a d m in istra d o re s d e rie sg o s y o tro s q u e ta m b ié n d e p e n d e n d e l d ire c to rio y d e los c u a le s el co m ité d e a u d ito ría es el g ra n v e e d o r.

para las em presas cuyos valores se transan en éstas. Los auditores externos han de participar activam ente, pronunciándose acerca de la calidad de los Principios de C on­ tabilidad G eneralm ente A ceptados y no sólo sobre su aceptabilidad. Los auditores externos deben definir con precisión cuál va a ser su función en la revisión del con­ trol interno de la em presa, sobre tod o luego de la irrupción de los procedim ientos re­ lativos a la sección 404 de la ley Sarbanes-Oxley, los que están agregando más confu­ sión que claridad sobre el tema.

L os auditores externos han de apoyar con decisión el fortalecim iento de los com i­ tés de auditoría en las em presas que ellos auditan. Es más, deben condicionar la exis­ tencia real y no sólo formal de éstos a sus normas de aceptación y continuidad de clientes. Los auditores externos, por su parte, deben definir con claridad su función en relación con el proceso de adm inistración de riesgo de la em presa auditada, com o form a central de entender la calidad de su continuidad y estabilidad. La independen­ cia real del auditor externo se consigue fundam entalm ente gracias a su vinculación principal con el directorio por m edio de su com ité de auditoría, vinculación cuyo pro­ p ósito es discutir sus resultados y hallazgos, y fijar sus honorarios y com pensaciones.

Bibliografía

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C a p í t u l o Y

E s t r a t e g i a s c o r p o r a t i v a s y d e

INTERNACIONALIZACIÓN D E G RAN DES